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Ene 27, 2013 La Quinta Pata Cultura Comentarios desactivados en “La noche más oscura”: el regalo de Hollywood al poder de Estados Unidos
(traducción: Hugo De Marinis)
He aquí, en una carta al LA Times, cómo Kathryn Bigelow justifica en La noche más oscura (Zero Dark Thirty) la descripción de los métodos de tortura utilizados por agentes del gobierno estadounidense para capturar y matar a Osama Bin Laden:
Los que trabajamos en las artes saben que una descripción no es un respaldo. Si lo fuera, ningún artista podría pintar prácticas inhumanas, ningún autor podría escribir sobre ellas y ningún cineasta podría ahondar en los temas más espinosos de nuestro tiempo.
¿A sí? No me diga. Uno no necesita ser moralista o ingenuo en cuanto a las urgencias del combate a ataques terroristas como para pensar que torturar a un ser humano es en sí mismo algo tan profundamente estremecedor que describirlo de modo neutral – para neutralizar esta dimensión estremecedora – sea de antemano una suerte de aprobación.
Imagínese un documental que describa el Holocausto de una manera fría y desinteresada como una operación logístico industrial que se centra en los problemas técnicos que involucra (transporte, eliminación de los cuerpos, impedir el pánico entre los prisioneros que luego serán gaseados). Tal film o bien encarnaría una fascinación hondamente inmoral con su tema, o contaría con la neutralidad obscena de su estilo para engendrar consternación y horror en la audiencia. ¿Dónde se halla Bigelow aquí?
Sin la menor duda, se halla en el bando que acepta la normalización de la tortura. Cuando Maya, la heroína del film, es testigo de un “submarino” [waterboarding], queda algo conmocionada, pero rápidamente aprende los gajes del oficio; más adelante, con frialdad, extorsiona a un prisionero árabe de alto nivel con: “si no confiesas, te vamos a mandar a Israel”. Su persecución fanática a Bin Laden ayuda a neutralizar cualquier prurito moral ordinario.
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El debate sobre si el “submarino” es o no una forma de tortura debe acabar de una vez ya que no es otra cosa sino un obvio sin sentido: ¿por qué, si no es causando dolor y miedo a la muerte, el “submarino” hace que curtidos sospechosos de terrorismo hablen? El reemplazo de la palabra tortura por “técnicas mejoradas de interrogatorio [N. del T.: en inglés, enhanced interrogation techniques] es una extensión de la lógica políticamente correcta: la violencia brutal llevada a cabo por el estado se hace aceptable cuando el lenguaje ha cambiado.
La más obscena defensa del film es la afirmación de que Bigelow rechaza el moralismo ramplón y que con sobriedad presenta la realidad de la lucha anti-terrorista, haciendo preguntas difíciles y así obligándonos a pensar (más, algunos críticos agregan, ella decosntruye clichés femeninos – Maya no muestra sentimentalismos, es fuerte y está tan dedicada a su tarea como los hombres). Pero con el tema de la tortura, no se debería “pensar”. Aquí se impone un paralelo con la violación: ¿qué pasaría si un film exhibiera una violación brutal de la misma manera neutral, argumentando que se debe evitar el moralismo barato y empezar a pensar acerca de la violación en toda su complejidad? La intuición nos indica que aquí hay algo que funciona terriblemente mal; a mí me gustaría vivir en una sociedad donde la violación sea simplemente considerada inaceptable, de tal manera que cualquiera que esté en su favor, aparezca como un excéntrico idiota, y no en una sociedad donde uno tenga debatir en contra de la violación. Lo mismo se aplica a la tortura: una señal de progreso ético es el hecho de que la tortura es “dogmáticamente” rechazada como repulsiva, sin ninguna necesidad de debate.
¿Entonces qué sobre la postulación “realista”?: la tortura ha existido siempre, por lo que, ¿no es mejor, al menos, hablar públicamente de ella? Esto, exactamente, es el problema. Si la tortura existió siempre, ¿por qué los que están en el poder nos hablan justo ahora de ella de modo tan abierto? Hay solo una respuesta: para normalizarla, para bajar nuestros estándares éticos.
¿Que la tortura salva vidas? Quizás, pero seguro que pierde almas – y la más obscena justificación es afirmar que el héroe verdadero no tiene ningún empacho en renunciar a su alma para salvar las vidas de sus compatriotas. La normalización de la tortura en La noche más oscura es un signo del vacío moral al que nos aproximamos de manera gradual. Si queda alguna duda de esto, trátese de imaginar una importante película de Hollywood en que se describa la tortura en forma similar 20 años atrás. Es impensable.
The Guardian, 25 – 01 – 13
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