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May 05, 2016 Marcelo Padilla Opinión Comentarios desactivados en 5 de mayo: no se llega a fin de mes, ¡andáte a la concha de tu madre!
No. no se llega. Como si fuera una carrera contra el tiempo no se llega a fin de mes. La sensación es contradictoria: que pase rápido así llegamos, versus vivir con calma y disfrutar del tiempo lento. Hacerlo lento para envejecer suave. Ya no se trata de especulaciones políticas (el desgaste es evidente en el gobierno nacional) se trata de llegar. Llegar como en una carrera de embolsados a la meta. Si esto nos pasa a los de clase media que tenemos un trabajo con salario fijo, qué decir de los que no lo tienen. Qué decir de los que viven del apoyo de la familia que tiene un salario y no llega a fin de mes. Qué decir de los que siempre la pasaron mal, mejoraron un toquecito en los últimos 13 años, y ahora se les cae todo encima. Qué carajo decir. Vivimos desesperados. Especialmente los que tenemos hijos. Cuando hay niños la bocha cambia. Son unos hijos de puta, sin dudas, los del gobierno nacional y los del gobierno provincial, que hacen lo mismo: beneficiar a los empresarios. ¡Qué hijos de mil putas! A los de siempre. Decadentes. Encima a los empresarios que tienen muchísima guita, no a cualquier empresario, porque los hay medianos y chicos que tampoco llegan a fin de mes. Porque no les cierran cuentas para pagar los sueldos y los gastos fijos y ya están cerrando tambos y pequeñas fábricas, micro emprendimientos productivos. Agoniza el mes apenas arranca. Querés no gastar y no hay caso, hay que pagar: el alquiler, la luz, el gas, el morfi, el transporte, los medicamentos, siempre hay que pagar. Cuando voy al kiosco, el de la vuelta de mi casa donde una vez les conté se arman discusiones sobre lo que nos pasa, la gente que espera ser atendida tiene la cara por el piso. El viejo vecino que atiende, los pelos de punta de la calentura, y a eso de las ocho de la noche, ya muerto el sol y la tarde, el silencio. Ese silencio a la hora de la angustia climática. Ya escribí sobre la hora 19 una vez y, charlándolo con un psiquiatra me decía que es la hora exacta de la angustia. Bajan las fuerzas del día, no ha terminado la noche, carcome la melancolía. Hay que hacer algo a esa hora. Producir endorfinas. Algo. Correr, andar en bici, jugar a la pelota, nadar…qué se yo. O nada. Cuestiones pequeñoburguesas. A esa hora muchos ya van por el tercer porrón, anticipándose. O están viendo cómo llevar un mango a la casa. Nos empujan a la trampa. Nos invitan a transgredir. Y después los moralistas y las moralistas cuestionan el ser de los argentinos. Que somos así, que no tenemos remedio. Que estamos mal paridos culturalmente porque siempre buscamos la trampa. “Pan o libertad”, “pan o libertad”, “pan o libertad”, me decía un compañero de facultad hace un siglo atrás. “Pan”, le decía yo; “Libertad”, me decía él. “Ándate a la concha de tu madre”, le decía yo; “Así son todos ustedes los zurdos y peronistas”, me decía él. Pan. Y todo lo que ello simboliza. Libertad. Y todo lo que ello simboliza. Y ahí estamos. No se llega a fin de mes, no hay pan, y de libertad ni hablemos. Es tan abstracta la palabra libertad que tuvieron que materializarla en una estatua en EEUU y enrostrárnosla a todos los giles de los países tramposos. Se va a caer el mundo y la estatua va a estar ahí. El símbolo máximo de la explotación social y el imperialismo. La amada estatua. Y nosotros aquí que no llegamos a fin de mes, sin dioses ni diablos. Es el ocaso. Es la hora 19. Es el pan que no alcanza y la libertad como lanza. Nos caen las lanzas de la libertad y ya ni las esquivamos. Somos fantasmas. Hijos de mil putas. Decía Jauretche: «Hasta que un día el paisano acabe con este infierno, y haciendo suyo el gobierno, con solo esta ley se rija: o es pa’ todos la cobija, o es pa’ todos el invierno”. En ese párrafo, se resume toda la discusión de la argentina. No llegamos al invierno. Si no llegamos a fin de mes menos llegamos al invierno. Si no renace la solidaridad de los más necesitados no llegamos a la hora 19, no llegamos, nos hundimos, barquitos dispersos en el mar, que pescan en la noche… panes. El río se ha puesto turbio, cuesta arriba, cuesta, cuesta, arriba. Los pibes y las pibas se deprimen, toman pastillas, tienen intentos de suicidio. Pan o libertad. Andate a la concha de tu madre vos y tu maldito traje. La felicidad… ¡qué hijo de puta!
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