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Sep 04, 2016 Hugo De Marinis Opinión Comentarios desactivados en Antología dominguera de algunas lecturas de los medios (4/9/16)
He aquí una pequeña selección de partes de notas que creo merecen la pena echarles un vistazo, discutirlas, comentarlas o reflexionar sobre ellas. Ya se sabe, vale más aún más la pena la lectura completa de los artículos, cuyo enlace se encuentra al final de cada trozo. La razón de los cortes obedece a que lo que proponen los autores me llamó la atención. Al final de cada fragmento, comparto un breve comentario.
Escribe Mario Wainfeld:
El oficialismo manotea dos tipos de antídotos para replicar a las muchedumbres opositoras. El primero es redoblar, en yunta con los medios dominantes, las denuncias contra la “corrupción kirchnerista”. Todo vale en ese juego, por ejemplo, sacar del frízer acusaciones ya rechazadas o maquillarlas para presentarlas como nuevas. De cualquier modo, parece que el manejo es todavía eficaz, por lo menos en el universo del cincuenta por ciento que votó a Macri en la segunda vuelta electoral (negritas mías) (“Cuando la sociedad viene marchando”).
Debe sorprender a los de este lado de la grieta que el recurso berreta de camuflar los graves problemas devenidos de las medidas económicas con el ropaje de la corrupción siga siendo útil a los neoliberales oficialistas. Sorprende que se conserve una mitad de votantes del presidente creyendo a lo masoquista, sin ningún rezongo, tamaño cuento. ¿No ven? ¿No piensan? ¿Son fanáticos? ¿Son ingenuos?
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Más abajo en la misma nota, este periodista insignia de Página 12, señala con respecto al golpe contra Dilma:
La reacción popular ante el despojo pareció escasa, medida con ojos argentinos. El sociólogo Waldo Ansaldi explicó ayer (en el programa Gente de pie que se emite por Radio Nacional) que es bajo el “coeficiente histórico” de movilizaciones políticas populares en el gigante vecino. Las hubo, por cierto, en demanda de elecciones directas en los ‘80 y en la promoción de impeachment al ex presidente Fernando Collor de Mello en los primeros ‘90. El PT cambió en parte ese comportamiento pero no contó con apoyo contundente en la hora decisiva (Ídem).
Alarma que el pueblo no haya salido a defender con uñas y dientes a su presidente. ¿Dónde se metieron los nuevos incluidos?
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Luis Bruschtein encara a su vez el tema de la destitución, pero por el lado de las alianzas del PT:
Es probable que en Brasil, esa alianza haya sido un factor importante de la derrota. Pero lo real es que también que el PT ganó por esa alianza, igual que en Argentina. El PT ganó las elecciones porque cometió la herejía para una fuerza de izquierda de usar a su favor prácticas del mismo sistema político que se proponía transformar. El hecho de haber ganado demostró que era correcto, no porque el fin justifica los medios, sino porque es la única forma de ganar que deja abierta el sistema. Quedarse como fuerza testimonial en la oposición es hacerle el juego a un sistema que está armado para que las fuerzas populares jueguen siempre en ese lugar (…) De esa estrategia surgió la alianza con un PMDB mayoritariamente conservador y prebendario, (…) Esa alianza sirvió para ganar, pero se demostró que no fue buena para gobernar. De allí surgió la traición que llevó al juicio político contra Dilma. Se ganó por esa alianza, pero también se perdió por ella. (…) En esos años no hubo estrategias para transformar la naturaleza de esa alianza, y de la misma manera se aceptaron, sin generar alternativas ni transformarlos, otros mecanismos que se heredaron del viejo sistema de partidos, con lo cual cada votación en el Congreso se convertía en un mercado persa de intercambio de favores y venta de votos. El debate que se abre no puede ser nunca para reducir otra vez a las fuerzas populares a meras expresiones testimoniales, impotentes ante el saqueo del neoliberalismo. En democracia, la meta principal de las fuerzas populares es construir mayoría y no perderla nunca, lo que implica el diseño de alianzas lo más amplias posibles. Pero al mismo tiempo, la experiencia de los gobiernos populares demuestra que una vez en el gobierno, esas alianzas y muchos de los mecanismos que hacen funcionar al viejo sistema de partidos, se convierten también en un escenario de disputa para transformarlos en herramientas más democráticas. (“Judas y Caínes”)
Cría cuervos y te sacarán los ojos parece insinuar este artículo, como también el de Guillermo Almeyra, que reproducimos en esta edición. Te pone en guardia en cuanto a una metodología electoral generalizada entre los gobiernos populares del puñado de países sudamericanos que algunos observadores llaman posneoliberales y otros populistas, y que crearon una alternativa al capitalismo salvaje. El fragmento también te lleva a reflexionar sobre el tema de lo “testimonial” mencionado por el autor dos veces en el fragmento. Si el resultado es el mismo (o sea, la caída o el fracaso del gobierno popular), ¿qué se gana con estas non-sanctas alianzas?
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El director de Le Monde Diplomatique en español le prestó su pluma al Página del domingo 4 para aportar lo suyo desde una perspectiva histórica y que tiene que ver con las peculiaridades únicas de Brasil, distintas de las del resto de América Latina:
…la forma en que cayó Dilma se explica también por una tradición brasilera que se remonta al inicio de su historia nacional. En contraste con las guerras sangrientas que marcaron la independencia de la América española, Brasil se separó de Portugal por una decisión política de Pedro I, el príncipe heredero, aceptada sin resistencia por su padre, y más tarde, en 1889, se convirtió en república mediante una disposición no menos administrativa (esto ha hecho que la historia brasileña sea una historia desprovista de héroes y estatuas, sin un Bolívar o un San Martín a los que venerar). Del mismo modo, la versión brasileña del populismo, el varguismo, fue un movimiento redistributivo e incluyente pero en el que el componente movilizatorio estaba notablemente atenuado (digamos: un peronismo sin 17 de Octubre). Mucho más tarde, la ebullición de los 60 creó un movimiento guerrillero entusiasta pero disperso y sin fuerza, al menos en comparación con Argentina, Uruguay o Chile, y luego la dictadura, aunque desde luego torturó y mató, no creó un sistema de campos de concentración al estilo argentino(…) La recuperación de la democracia se realizó también de manera negociada, “segura”, según la famosa definición de Geisel (…) a punto tal que el primer presidente democrático, Tancredo Neves, no fue elegido por voto directo sino mediante el viejo sistema de colegio electoral creado por los militares. (“Brasil, la razón y la historia”)
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No de este lado de la grieta sino del otro, unas frasecitas sobre Brasil, del empresario periodístico de Perfil, Jorge Fontevecchia:
La definitiva salida de Dilma de la presidencia votada por el Senado esta semana sumada a que hace dos meses la economía de nuestro vecino dejó de caer preanuncia que para 2017 volverá a crecer, y es la mejor noticia que Macri podría recibir (…) Argentina y Brasil volverán a crecer en 2017 también porque ya decrecieron mucho. (“Nunca la noche es más negra que al estar por amanecer”).
Que la economía de Brasil haya dejado de caer por el golpe contra Dilma es un dato que ni siquiera me voy a molestar en buscar porque definitivamente no lo creo: ¡malo de mí! Si algún amigo/lector/colega lo quisiera referenciar como corresponde, adelante. Por otro lado, que en 2017 Brasil vaya a crecer parece coincidir con lo que más abajo – volviendo al Página – afirma Alfredo Zaiat:
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Los índices de producción industrial, consumo y actividad económica difícilmente seguirán marcando variaciones negativas tan pronunciadas en los próximos meses. Como por ahora no hay indicios de que la recesión se convierta en depresión, la supuesta mejora será simplemente por una cuestión estadística: la comparación interanual será contra meses de menor actividad. Esos números servirán para la construcción de la estrategia oficial de que la situación está mejorando (“Industricidio”).
No hay más remedio, peor no se va a poder estar de acuerdo al columnista, aunque ojo con esto, siempre es posible caer más abajo. Si en efecto esto que tenemos a la vista es el fondo, los propagandistas de la realidad virtual – como también dice Zaiat en otra parte del artículo – pretenderán hacer creer al soberano que se mejora. Boludos los que se la vayan a creer…
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