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Abr 30, 2017 La Quinta Pata Nacional Comentarios desactivados en 15 años del Pozo de Vargas: la materialidad del horror
Familiares de desaparecidos realizaron un acto conmemorativo y plantaron árboles al cumplirse 15 años de trabajo en el espacio de inhumación clandestina donde se arrojaron al menos 127 cuerpos de desaparecidos por la última dictadura cívico militar. Miguel Angel Sosa recordó a su padre y su hermano con dos algarrobos y un fuerte grito de ‘presente’. Virginia Sosa, esposa y hermana de desaparecidos, reclamó el pago de los salarios adeudados a los peritos que trabajan en el pozo y denunció las pésimas condiciones de trabajo.
Miguel Angel Sosa tenía 17 años cuando secuestraron a su padre, de mismo nombre, y a su hermano Víctor Hugo, 3 años mayor que él, del domicilio familiar en la calle Libertad 939. Miguel Angel hijo trabajaba en el taller mecánico de su tío y cada tanto se escapaba a Buenos Aires a visitar a una hermana que vivía allí. Su padre era albañil y hacía alguna que otra changa para arrimar un plato de comida a la mesa. En el barrio le decían ‘el ututo’, apodo que luego trasladaron a sus hijos. Los recuerdos apuntan a Miguel Angel padre y a Víctor Hugo como personas profundamente solidarias y muy queridas en el vecindario. Tanto es así que Carlos Ahumada, un vecino de la esquina de casa que tenía una sodería, decidió entregarle su camioneta y el recorrido del reparto a Víctor Hugo para que se haga cargo del negocio. A los 13 años Miguel Angel hijo comenzó a militar en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) junto con su hermano, al que recuerda como el más politizado de la familia.
El 24 de abril de 1976 Miguel Angel Sosa es secuestrado de su domicilio por personal civil de las Fuerzas Armadas. Tenía 42 años. Dos días más tarde, el 26 de abril, volvieron a la casa de Libertad 939 a buscar a Víctor Hugo. Ese día se encontraron también con Mario Daniel Oyarzabal, un compañero del PRT que vivía temporalmente en la casa de los Sosa. Oyarzabal logró huir de la casa y se escapó en un colectivo de la línea 9. Durante la persecución recibió un disparo en una pierna. Tiempo después testigos afirmaron haber visto a los Sosa y a Oyarzabal en el Arsenal Miguel de Azcuénaga, un centro clandestino de detención. Se sabe que luego de su tránsito por el arsenal Oyarzabal fue trasladado a Campo de Mayo, buenos Aires, y desde allí no se supo más nada de él.
Una semana después del secuestro de Miguel Angel y Víctor Hugo, Miguel Angel hijo volvía entre de Buenos Aires. En la estación de tren de La Banda, Santiago del Estero, se encontró con ‘Manolo’, un vecino vendedor ambulante que vivía en frente a su casa de Tucumán. Allí ‘Manolo’ le cuenta del secuestro de su padre y su hermano y le pide que no vuelva a Tucumán porque corría peligro su vida.
El 13 de julio de 2016, a casi 40 años del secuestro de su padre y su hermano, Miguel Angel es citado por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Allí le informan que se habían identificado los restos de su padre y de su hermano. Para Miguel fue el cierre de una etapa signada por el dolor y la incertidumbre. “Esto no es terrible, lo terrible es no tener memoria”, suelta con voz firme.
***
Virginia Sosa transitaba su cuarto mes de embarazo aquella madrugada del 28 de julio de 1975. Eran las 3 de la madrugada cuando un grupo de policías, con Roberto Heriberto ‘el tuerto’Albornoz a la cabeza, irrumpieron en su domicilio del barrio San José y se llevaron a su esposo, José Zenón Ruiz. En el operativo, Virginia y sus dos hijos pequeños fueron salvajemente golpeados debajo de una mesa. En el momento del secuestro de su esposo, Virginia ya tenía un hermano y una hermana desaparecidos. Por eso tuvo que hacerse cargo de los 8 hijos de esta última. Desde aquel 28 de julio Virginia comenzó a buscar a su esposo y sus hermanos por los lugares indicados por testigos y vecinos. Logró dar con su hermana en la cárcel de Concepción, pero no tuvo el mismo éxito con su hermano y su esposo.
Actualmente, Virginia es presidenta de FADETUC (Familiares de Desaparecidos de Tucumán). “Llevamos 15 años trabajando en el Pozo de Vargas con mucho compromiso, y realmente nos cuesta mucho porque en este momento tenemos muchos problemas económicos. Hace un año y medio que los peritos del CAMIT no cobran el sueldo y tienen que buscar otro trabajo para sobrevivir”, cuenta.
El 10 de junio de 2016 Virginia declaró en la magacausa Operativo Independencia por la desaparición de su esposo y sus hermanos. La causa todavía sigue su curso en la provincia.
Fuente: www.apaprensa.com
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