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Dic 21, 2008 La Quinta Pata Opinión Comentarios desactivados en La esquizofrenia latinoamericana
Por un lado, en los medios académicos, mientras las reacciones de los gobiernos, empezando por el de Washington, ante la crisis mundial muestran incluso a los ciegos el papel de clase del aparato estatal y exponen con luz cruda el carácter de clase de sus políticas destinadas a salvar a los capitalistas, hay quienes, impertérritos, siguen castigando los cerebros de sus desdichados alumnos con las elucubraciones de Toni Negri sobre la desaparición de las clases y los estados o las de Ernesto Laclau sobre un “populismo” fuera de las relaciones de clase y de la historia o con las charlas sobre lo nocivo que es el vicio de la política y lo dañino que puede resultar el tratar de quitarles el poder a los que lo están utilizando para acabar con todos nosotros y, además, con el planeta.
Por otro lado, en el terreno de los gobiernos calificados de “progresistas”, se dan pasos muy importantes, como la convocatoria de la reunión de Unasur con Cuba y los países caribeños, pero sin Estados Unidos ni Canadá (ni Uribe y Alan García, los perritos falderos de Bush), o la incorporación de Cuba al Grupo de Río, rompiendo una cuarentena diplomática de 46 años, y la protesta unánime contra el bloqueo estadunidense a Cuba (que Cristina Fernández romperá simbólicamente con su visita a La Habana del mes próximo). También hacen declaraciones fuertes e importantes sobre la necesidad de reformar la ONU o hay quienes defienden la posición ecuatoriana sobre el no pago de la deuda ilegítima o formulan duras críticas al capital financiero, que precipitó al mundo en la crisis. Pero, mientras tanto, no sólo siguen trabajando en orden disperso y cada país cuida su huertito, sino que también se mantiene una actitud fratricida, como la de Montevideo, que sigue vetando la candidatura del ex presidente argentino Néstor Kirchner a la secretaría general de Unasur.
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En cuanto al plan de inversiones masivas en obras públicas, aparte de que 80 por ciento del mismo ya estaba en marcha, efectivamente podría crear cientos de miles de empleos (unos 330 mil, según los cálculos más optimistas), pero a costa de reforzar la actual dependencia del petróleo, del gas y del transporte por autopistas y en camiones fabricados por las trasnacionales. Tanto en la academia como en los gobiernos hay una manifiesta incapacidad para ver la realidad de frente y desprenderse de los vendajes ideológicos del capitalismo que los ciegan.
Sin embargo, si las automotrices cierran, es posible ocuparlas y mantenerlas en producción y el Estado puede financiar el cambio de la producción de autos individuales para fabricar vehículos y maquinarias agrícolas de bajo costo y potenciar el transporte público, del mismo modo que, en vez de subsidiar a las petroleras extranjeras, es posible desarrollar la energía eólica de la Patagonia o la utilización de las mareas patagónicas (hay estudios al respecto desde hace casi 80 años, que fueron saboteados por las compañías eléctricas privadas). Y si se trata de hacer un plan anticrisis, ¿por qué no hacer una consulta, con las poblaciones rurales y urbanas y especialistas universitarios, sobre las prioridades y la factibilidad y costo de los proyectos que ellos presenten, para formular un plan nacional de desarrollo, en vez de dejar todo a la merced de la improvisación de los tecnócratas y de los aventureros y corruptos que plagan el supuesto sistema de control público de los gastos?
Si para hacer frente a la crisis y, aún más, a lo que pudiera venir en los años próximos, se sigue dependiendo del libre mercado mundial para determinar qué producirán los campos argentinos y de la apuesta a que China no producirá soya y seguirá importándola, el país, por rico o por gran productor de alimentos que sea, estará en manos de un puñado de grandes exportadores de granos, de un mercado de productores rurales parecido a una ruleta, no tendrá ni siquiera firme su seguridad alimentaria y en las ciudades podrían estallar incluso hambrunas y motines: la multitudinaria marcha obrera en Buenos Aires del 12 de diciembre no por casualidad se hacía “contra el hambre”. Financiar a los bancos y a las grandes empresas y supermercados (todos ellos, para colmo, trasnacionales), como muestra el ejemplo estadunidense, equivale a tirar dinero por el inodoro porque unos y otros seguirán despidiendo si sus trabajadores se lo permiten y si no hay trabajo garantizado y un futuro previsible, nadie gasta en cosas superfluas. Lo realista, en cambio, es invertir en un desarrollo alternativo, no guiado por el lucro capitalista, y dar la voz a quienes “los progresistas” consideran sólo objetos de las políticas ministeriales.
La Jornada, 21 – 12 – 08
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