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Jun 19, 2016 La Quinta Pata Literatura Comentarios desactivados en Almas en pena- Tercera parte
Por Carlos Lucero
No terminó la frase. De Grandin se acercó hasta quedar a un paso de ella.
-Pero claro, es la señora Morte -replicó De Grandin haciéndole una reverencia, pero con la mano en su bolsillo-. « ¿Qué vamos a hacer ahora?»
Pero, ¿qué es este abuso? – Rochester se interpuso entre ellos Mire, señor francés, no tengo por qué rendirle cuenta de mis actos. Alice y yo nos amamos. Vino esta noche por voluntad propia y…
-¿Por voluntad propia? _ preguntó el francés_ ¿Y cómo vino, Rochester?
El joven contuvo el aliento.
-Yo…, salí un rato y cuando volví… -dijo con voz vacilante.
-Usted miente como un caballero, y miente mal. Yo le diré cómo entró: después de la puesta de sol, oyó un golpecito en su ventana y al asomarse, vio a la muchacha, que volvió con un mensaje de amor. Y la hizo entrar. Fue así, ¿verdad?
Los jóvenes estaban asombrados. Un tenso silencio en unos instantes; después la chica gritó al caer de rodillas ante De Grandin.
-¡Tenga piedad…! la misericordia que quizá algún día desee recibir. ¿Porque ahora soy…, la criatura maldita? -enterró el rostro en las manos ¡Todo es tan cruel…! -sollozó-. Yo no conocí el amor hasta que era demasiado tarde., No permita que me marche con las manos vacías; ¡no puede!
-Pobre niña _ De Grandin tocó su cabello-. ¡Pobre oveja que encontró al carnicero donde tenía el derecho a jugar los juegos de las ovejas! Sé todo sobre usted. Su madre me ha contado más de lo que me imaginaba. No soy cruel, la vida es cruel y la muerte lo es más. Además, ya sabe cuál será el final de todo esto si no cumplo con mi deber, ¿verdad? Si pudiera dejaría que usted viviera hasta que le llegara el momento de morir, pero…_
-¡No me importa cuál haya de ser el fin! –Exclamó la joven retrocediendo hasta quedar sentada _ me ha robado lo que toda mujer tiene derecho. He encontrado el amor y quiero disfrutarlo; ¡lo deseo!… –
Quedó ante De Grandin, suplicándole
_ Sólo le pido una gotita de sangre de vez en cuando; sólo una gotita para que mi cuerpo conserve su belleza. Si fuera como otras mujeres y Donald fuese mi amante, le ofrecería su sangre para una transfusión…
-¡Para aniquilar su cuerpo y su alma! la interrumpió el francés _ No pienso en los vivos, sino en los muertos. Cuando haya perdido su vida por usted, ¿le negaría el reposo de la tumba? ¿Le negaría el sueño apacible hasta que llegue el Gran Mañana de Dios?
-¡Oh! – sus labios gemían _ Claro, es su alma lo que debemos proteger. Mate a esa alma, como murió la mía aquella noche en los pantanos. Ardientes lágrimas se deslizaron por los dedos.
-Estoy preparada -anunció por fin_ Haga lo que debe hacer. Si tiene que ser el martillo y la estaca, golpee con mano veloz. No gritaré
De Grandin la miró con expresión bondadosa.- ¡Mi pobre, valerosa muchacha!_
Se volvió hacia Rochester.
-Usted venga _ dijo con voz seca ¿cómo anda su salud?_. Le auscultó el pecho y los latidos.
-Hum, bastante mal, amigo. Con medicinas, cuidados y suerte, podría llegar a otro mes. Pero jamás he comunicado una sentencia de muerte con tanta alegría como esta _
Todos quedamos asombrados, pero la chica fue la única que le comprendió.
-Quiere decir… _susurró con una luz en sus ojos-. … que puedo tenerle hasta que…_
De Grandin le obsequió una sonrisa.
-_Si señorita _ en su voz había alegría y miró a Rochester
_ Ustedes pueden amarse todo lo que quieran mientras la vida siga en su cuerpo. Y después, después haré lo necesario…, por los dos. Ja, señor Diablo, te he engañado bien; ¡Jules de Grandin ha dejado en ridículo al infierno!_ La chica lo cubrió de besos.
-¡Es usted tan bueno! – nadie más habría hecho lo que acaba de hacer_
-Claro que no -dijo de Grandin – soy Jules de Grandin… Vamos, Delponte, nuestra presencia está de más. Nosotros ya hemos apurado el vino de la juventud .Vamos, vamos
Cuando nos detuvimos junto al umbral…
¡Tat-tat-tat! Algo golpeó la ventana y cuando giré, sentí cómo el aliento ardía en mi garganta. En la ventana había una silueta que parecía flotar en la niebla. Era el hombre de rostro brutal que habíamos visto en el café. Su rostro era de un diablo, y no el de un hombre perverso.
-Eh bien, señor ¿es usted, eh? -le preguntó De Grandin con voz despreocupada-. Estoy preparado para recibirle. Nadie lo invite.-. No puede entrar a menos que alguien le pida… Abrace con fuerza a su amada y tape su boca para que no le de permiso para entrar. ¡El no puede cruzar si no lo invitan ¡
_ Señor vampiro, ¿Qué nos dice, antes de que le eche de aquí? -le preguntó. Algo se movió al otro lado, pero sin palabras.
-¡Es mía! -logró chillar por fin-. La convertí en lo que es, y me pertenece. ¡Todos vosotros me pertenecéis! ¡Soy omnipotente, soy…
-Es un mentiroso, _ le interrumpió De Grandin con voz gélida Cara-de-Mono, mañana no tendrás nada, ni siquiera un trocito de tierra como tumba. Mira, mira esto, y teme su presencia!
Su mano emergió del bolsillo sosteniendo un estuche pequeño de cuero. Apretó y la tapa se abrió. Al ver el objeto, la criatura lanzó un grito:
-Ah, no te gusta -dijo el francés asintiendo apestoso indeseable, ¡veamos ahora su contacto!
Alargó el brazo hasta que el objeto casi tocó ese horrible rostro…Dio un alarido. En su frente apareció un hematoma, como si lo hubiese rozado un hierro candente.
-Cierren las ventanas, y abrácense uno a otro hasta que la mañana haga huir las sombras ordenó el francés.
-Por favor -le dije cuando volvíamos-, ¿qué significa todo esto? Usted y Rochester la llamaron Alice, y es idéntica a la chica que vimos en el café la noche pasada. Pero Alice Heatherton está muerta. Su madre nos contó cómo murió; vimos su tumba. ¿Hay dos Alice Heatherton, esta chica es su doble o…?
-En cierto modo -me respondió-. Ella era Alice Heatherton, pero no la Alice Heatherton de quien su madre nos habló, ni aquella de la tumba
-¡Déjese de acertijos, -. ¿Era o no era Alice Heatherton?_
-Tenga paciencia, Delponte. Más tarde le explicaré todo…, espero_
Amanecía cuando unos golpes en la puerta me sacaron de un sueño intenso.
-¡Arriba, Delponte! -gritó, De Grandin acentuando sus palabras _ Vámonos ahora. ¡Ha ocurrido una tragedia!
Me levanté, me puse la ropa a tientas y…: De Grandin era presa de una frenética excitación.
-¿Qué pasa? –pregunté y nos fuimos a la casa de Rochester.
-Lo peor me respondió-. Sonó mi teléfono y pensé «Será para Delponte. Algún paciente necesita un analgésico. No le despertaré,» Pero el timbre insistía, y respondí. Era Alice, El amor es fuerte pero la servidumbre lo es más. Y ella tuvo el valor suficiente para llamarnos. Recuerde eso cuando tenga que juzgarla. Vamos, apresúrese Puede que sea demasiado tarde…
Llegamos y De Grandin entró sin ceremonias. Abrió la puerta de un manotazo, corrió y llegó a la sala,
-¡Ah! -jadeó-. Veo que ha sido muy concienzudo…
La habitación estaba destrozada. Los sillones volcados, cuadros torcidos, fragmentos de adornos y objetos varios yacían por el suelo, con ceniceros y cajas de cigarrillos. Donald Rochester yacía sobre la alfombra con una pierna doblada debajo del cuerpo, el brazo derecho y la muñeca un ángulo recto…
_ Hay una posibilidad entre un millón, pero la situación apremia; _ y tomo el brazo del joven.
Bajo el estimulante, los párpados de Rochester se movieron levemente. Ladeó la cabeza con esfuerzo. Al lado de De Grandin comprendí cuál era la causa de su sopor. Le habían roto la espina dorsal, dejándole paralizado.
-Señor -susurró el pequeño francés-, usted se está muriendo… Cuéntenos qué ha ocurrido_
Volvió a inyectar estimulante…El joven se mojó sus labios e intentó tragar aire, pero el esfuerzo era excesivo.
-Fue…, aquel al que usted ahuyentó _ murmuró con voz enronquecida-. Cuando ustedes se fueron, Alice y yo nos acostamos sobre la alfombra, contando los minutos de estar juntos. Puse más carbón en el fuego, pero no sirvió de nada. Empezó a atragantarse, y dejé que tomara un poco de mi aliento. Al sorber sangre de mi garganta se reanimó, pero no tenía pulso.
Antes del amanecer oí un ruido en la ventana y un grito pidiendo que le abran. Recordé su advertencia y traté de sujetar a Alice…Pero ella escapó gritando “Entra, amo; ahora no hay nadie que te detenga.» Esa cosa se lanzó sobre mí y cuando Alice trató de impedírselo, la lanzó contra la pared. Oí crujir sus huesos. A mí me rompió los brazos, las piernas y volvió a arrojarme al suelo. Ya no sentí más dolor. Pero pude ver cómo Alice y él salían por la ventana sin mirar hacia atrás._
Se quedó callado durante unos momentos.
-! ¡Oh, Alice…, yo que te amaba tanto!_
-No se atormente, -le dijo De Grandin-. Ella no pudo hacer otra cosa. Ese demonio la domina con un poder al que no puede resistir. Usted debe irse pensando que ella le ama. Sepa que nos llamó, y sus últimas palabras fueron de amor hacia usted. ¿Me oye? morir sabiendo que se ama y se es amado es algo que no es para todos. Muchos hombres cambiarían todos los años de su vida por esos minutos que vivió ayer… Rochester, ¿me oye? – el rostro del joven había cobrado el gris cercano a la muerte.
-S, sí. Me ama…, me ama. ¡Alice! Esto brotó en su último suspiro. Luego sus ojos adoptaron una fijeza vidriosa. Inmediatamente De Grandin se puso a ordenar la habitación.
-Usted firmará el certificado de defunción. Este joven padecía angina pectoris. Se cayó del sillón cuando quiso tomar su medicina: y se fracturó. ¿Comprendió?
_ Usted sabe tan bien como yo que…
_Que la policía nos hará muchas preguntas incómodas -me recordó Si les decimos la verdad, ¿piensa que nos creerían?_
Seguí sus órdenes aunque me disgustara. Rochester no tenía familia por lo que De Grandin asumió el papel de amigo más cercano y: ordenó que fuera incinerado. A las cuatro de la tarde yo estaba agotado, pero De Grandin, parecía fresco como un amanecer. Cuando yo me disponía a caer en mi sillón me dijo:
Aún queda algo por hacer. ¿Recuerda la promesa que le hice al tal Palenzke?
-¿promesa?_
Fuimos a la pequeña iglesia ortodoxa. Enfrente esperaba la carroza: De Grandin subió, entró en la iglesia y volvió acompañado por el cura.
-Vamos chofer, nosotros le seguiremos_
Llegamos al Crematorio del Norte, pero no lograba comprender la alegría que De Grandin apenas podía contener. Estaba todo preparado. El cura Apostolakos recitó la plegaria del entierro y el ataúd se fue lentamente por el ascensor… De Grandin me hizo una seña.
-Venga Del ponte, le enseñaré algo.
Bajamos a la cámara de incineración. De Grandin detuvo todo antes de que el cajón entrara en la cámara. Se inclinó sobre el ataúd, y me llamó. Reconocí los rasgos del hombre al que habíamos visto con Alice en aquel café: el mismo rostro bestial que anoche nos había maldecido desde la ventana de Rochester. Quise retroceder pero De Grandin me sujetó para que oyera lo que decía.
-Señor cadáver – murmuró_ ¿qué piensa? Usted iba a ser emperador de todos los muertos, y nadie podría detenerle… Yo le prometí que no tendría ni un pedazo de tierra como tumba, homicida inmundo, ¿dónde está ahora su poder? Váyase, váyase al horno… directo al infierno_
Luego escupió en el cadáver. Quizá fueran mis nervios cansados o una ilusión óptica, pero creí ver cómo aquel cuerpo temblaba. De Grandin dio un paso hacia atrás, hizo una seña y el ataúd se deslizó hacia el horno. Luego oímos el rugir de los quemadores. De Grandin encogió de hombros.
-Todo ha terminado_
Volvimos al cementerio a la medianoche. De Grandin me guió hasta el mausoleo de la familia Heatherton. Abrió las enormes puertas de bronce y me pidió que montara guardia. Llevaba un paquete debajo del brazo. Luego oí un ruido de metal contra metal como algo arrastrado por el suelo; Me puse nervioso, y por fin, un grito ahogado, Otro silencio, roto por el deslizarse de objetos pesados que eran llevados de un lado para otro, y el francés emergió de la tumba con lágrimas en el rostro.
-Paz –dijo_ Le he dado la paz, amigo qué doloroso fue oírla gemir, y ver cómo su hermoso cuerpo se estremecía en la muerte. Ver morir a los vivos es difícil pero…! ver morir a los muertos…! ¡Mierda, cada vez que piense en lo que la clemencia me ha obligado,… son tormentos infinitos!_
Jules de Grandin encendió un cigarro.
-Admito que todo ha sido extraño Pero, amigo, todo lo que está fuera de nuestra cotidianidad, parece raro. Si no ha estudiado biología, una ameba es un espectáculo raro; los esquimales encontraron rarísimo al aeroplano. Ja, ja, nosotros opinamos que lo visto estas noches es extraño. Lo es, por suerte para toda la humanidad.
Escuche, hoy existen ciertos protozoos que probablemente sean idénticos a las primeras formas vitales que hubo y, todavía existen restos de un mal muy antiguo,. En una época, la tierra estaba infestada de diablos, duendes, sátiros, demonios elementales, licántropos y vampiros…El vampiro es un alma atada a la tierra, un espíritu pecador y contradictorio, por lo cual, se encuentra sujeto al mundo y no puede desplazarse hacia donde le corresponde. Hay vampiros, en todo el mundo, parecen medrar donde la civilización es vieja y decadente. A veces roba un cuerpo que ya ha muerto; a veces permanece en el cuerpo que tuvo en vida y necesita alimento. El vampiro subsiste por la fuerza vital de los que aun no han muerto, la absorbe a través de su sangre. Debe chupar el aliento y beber sangre o morirá de hambre. Ese es el peligro de un suicida, del que muere bajo una maldición o a quien le han inoculado el virus vampírico. Se convierte en vampiro cuando muere. Aunque no haya cometido mal alguno, y de hecho eso es lo que suele ocurrir, aún así estará condenada a vagar alimentándose de los vivos, reclutando nuevos miembros para su tribu. ¿Comprende lo que le digo?
Piense en este Palenzke, al asesinar y suicidarse quizá a causa de sus antepasados eslavos, u otras culpas, se convirtió en un vampiro. El informante de la Señora Heatherton no se equivocó: Palenzke se había destruido a sí mismo, pero su cuerpo y su alma, seguían unidos, amenazando a la humanidad.
Palenzke se alzó del pantano con poderes sobrenaturales, emboscó a Alice, atacó a su chófer y se la llevó a la ciénaga para someterla, satisfaciendo la sed de sangre y venganza por haber sido rechazado. Así fue como la convirtió en otra criatura como él. Así la consiguió dominar completamente. Era su juguete, sin voluntad propia, por mucho que odiara hacerlo. Recuerde que le dijo a Rochester que debía obedecerle aunque le odiara. Fíjese que le permitió entrar en el apartamento cuando ella y su amado estaban juntos, aunque significara la perdición de Rochester…
Sin embargo amigo Delponte, todo vampiro está sujeto a leyes invulnerables. No puede cruzar solo un río, necesita que alguien le lleve; no puede entrar en ningún hogar a menos que alguien lo invite desde dentro; puede volar por los aires, entrar por el agujero de una cerradura, la rendija de una ventana o el quicio de una puerta, pero sólo de noche…, entre el crepúsculo y el canto del gallo. Durante el día es solo un cadáver indefenso como cualquier despojo mortal y debe yacer en su tumba, sumido en la inmovilidad de los muertos. En esos momentos se le puede matar con facilidad, utilizando ciertos métodos. Hay que atravesarle el corazón con una estaca de fresno y cercenarle la cabeza: el vampiro habrá muerto y no podrá volver a levantarse de la tumba. Hay que quemar su cuerpo, convertirlo en cenizas: pues el fuego limpia las cosas.
Ahora que sabe esto, encaje las piezas del rompecabezas.
Cuando estábamos en el Café Cachañare aquel hombre no me gustó nada. Tenía rostro de muerto, rasgos de villano, y ojos de pez. La belleza de su compañera, era irreprochable pero ella también tenía un aspecto extraño, como ajena a todo. Empecé a sentir curiosidad, y vi que no comían ni bebían nada. Lo cual no sólo era extraño sino amenazador. La gente normal no hace tales cosas.
Cuando Palenzke salió, dejó sola a la chica después de apuntarle al joven Rochester. Yo pensé que era un robo… ¿Cómo lo describió usted? Juego sucio…Claro…por eso pensé en seguirles. Y ocurrieron muchas cosas, ¿verdad?
Con el joven Rochester en el cementerio, comprendí qué tipo de enemigo teníamos enfrente, pero no sabía que Alice era una víctima. La señora Heatherton confirmó mis temores. Lo que vimos aquella noche en el apartamento de Rochester ratificó lo que me había imaginado.
Al cura Apostolados le conté todo. Comprendió inmediatamente e hizo los arreglos para exhumar el cadáver del malvado Palenzke, ordenando que fuese incinerado. También me prestó un icono sagrado, una imagen bendita de un santo con facultades para repeler a los demonios. ¿Se fijó en que cuando me acerqué a Alice, con la reliquia en mi bolsillo se apartó de mí? ¿Vio cómo el alma en pena que era Palenzke huyó ante ella como huye la carne ante el hierro caliente?
Muy bien. Rochester amaba a esa mujer que ya había muerto y él mismo era un moribundo. ¿Por qué dejar que disfrutara con el espectro de la mujer que amaba, lo que le quedaba de vida? Cuando muriera, estaba preparado para no poder hacer ningún daño, aunque los besos vampíricos recibidos por su garganta casi le hubieran convertido en vampiro.
Eso es lo que he hecho amigo. Acabar con Palenzke. Además, me juré hacerlo por la pobre Alice, cuando su felicidad terrestre llegara a su fin. Se lo prometí, y he cumplido mi palabra.
No podía hacerle mucho daño. Cuando fui a buscarla con la estaca y el cuchillo, traje una jeringuilla con morfina y se la puse antes de cumplir con mi deber. No sufrió mucho. Su gemido de disolución y el retorcerse fueron meros actos reflejos, no un sufrimiento consciente_
-Pero si Alice era vampira pudiendo recorrer el mundo de noche _ protesté-, ¿por qué estaba en su ataúd cuando fuimos a verla?
-Ay amigo _ dijo _ ella estaba esperándome. Teníamos un compromiso; ella yacería en su ataúd aguardando el cuchillo y la estaca que la liberarían de su servidumbre. En cuando la saqué de la tumba me sonrió y sus dedos me apretaron la mano_
Se limpió los ojos y alzo la copa de cognac.
-Por usted, joven Rochester, y su hermosa dama_ Allí donde está ahora el matrimonio no existe, pero espero que sus pobres almas en pena encuentren la paz y el descanso eterno…, juntas.
Bebió y arrojó con fuerza, la copa a la chimenea.
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