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Ene 16, 2011 La Quinta Pata Mundo Comentarios desactivados en Buenos modales en la era de WikiLeaks
(Traducción: Hugo De Marinis)
Joker quiere revelar la verdad escondida bajo la máscara, convencido de que eso destruirá el orden social. ¿Cómo lo deberíamos llamar? ¿Terrorista? The Dark Knight es efectivamente una nueva versión de aquellos westerns clásicos, Fuerte Apache y The Man who shot Liberty Valance, que muestran que para civilizar el salvaje oeste la mentira tiene que ser elevada a verdad: la civilización, en otras palabras, debe ser fundada en una mentira. La película ha devenido extraordinariamente popular. La pregunta es ¿por qué, en este preciso momento, hay la renovada necesidad de una mentira para mantener el sistema social?
Consideremos también la renovada popularidad de Leo Strauss: el aspecto de su pensamiento político que es tan trascendente hoy en día es su elitista noción de democracia, la idea de la “mentira necesaria”. Las élites deben gobernar, conscientes del actual estado de cosas (la lógica materialista del poder) y alimentar las fábulas de la gente para mantenerla contenta en su bendita ignorancia. Para Strauss, Sócrates era culpable de lo que se le imputaba: la filosofía es una amenaza para la sociedad. Cuestionar a los dioses y al ethos de la ciudad deteriora la lealtad de los ciudadanos y, de esa manera, la base de una vida social normal. Aún así, la filosofía es la más elevada, la más valiosa de las actividades humanas. La solución propuesta fue que los filósofos mantuvieran sus enseñanzas secretas, como de hecho hicieron, pasándolas solo “entre líneas”. El verdadero y escondido mensaje contenido en la “gran tradición” de la filosofía desde Platón a Hobbes y Locke es que no hay dios, que la moralidad es meramente un prejuicio y que la sociedad no se funda en la naturaleza.
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La reinscripción no necesariamente alude a la “colusión corporativa” – por ejemplo, el negocio que WikiLeaks cerró con cinco grandes periódicos, dándoles selectivamente el exclusivo derecho a publicar los documentos. Mucho más importante es el modo conspirativo de WikiLeaks: un grupo secreto “bueno” ataca a otro “malo”, que tiene la forma del Departamento de Estado de los Estados Unidos. De acuerdo a esta manera de ver las cosas, los enemigos son esos diplomáticos estadounidenses que ocultan la verdad, manipulan al público y humillan a sus aliados en la despiadada búsqueda de sus propios intereses. Al “poder” lo tienen los malos en la cúspide y no se concibe como algo que impregna el cuerpo social entero, determinando cómo trabajamos, pensamos y consumimos. WikiLeaks por sí mismo obtuvo el gusto de esta dispersión de poder cuando Mastercard, Visa, PayPal y el Banco de América unieron fuerzas con el estado para sabotearlo. El precio que uno paga por meterse en cuestiones conspirativas es ser tratado acorde a la lógica de estas cuestiones (No es sorpresivo que abunden las teorías acerca de quién está “realmente” detrás de WikiLeaks – ¿la CIA?)
Las cuestiones conspirativas se complementan con su aparente opuesto, la apropiación liberal de WikiLeaks como si fuera otro capítulo de la historia gloriosa de la lucha por el “libre fluir de la ‘información’ y el derecho de los ‘ciudadanos’ a saber”. Esta perspectiva reduce a WikiLeaks a un caso radical de “periodismo de investigación”. Aquí, estamos a un pasito de la ideología de los éxitos de taquilla de Hollywood como las películas All the President’s Men y The Pelican Brief, en las que un par de tipos comunes descubren un escándalo que alcanza al presidente y lo obligan a renunciar. La corrupción se muestra como que puede alcanzar lo más alto, pero la ideología de tales trabajos reside en su alegre mensaje final: ¡qué gran país debe ser el nuestro, cuando un par de tipos comunes como usted y yo pueden destituir al presidente, el hombre más poderosos del mundo!
La última muestra de poder de parte de la ideología dominante es permitir lo que parece ser una vigorosa crítica. No hay falta de anticapitalismo hoy en día. Estamos sobrecargados de críticas acerca de los horrores del capitalismo: libros, periodismo investigativo y documentales de televisión que ponen al descubierto a compañías que están contaminando sin compasión nuestro medio ambiente, los banqueros corruptos que siguen recibiendo abultados bonos mientras sus bancos son rescatados por el dinero público, fábricas explotadoras en las que niños trabajan como esclavos, etc. Pero hay una trampa: lo que no se cuestiona en estas críticas es el marco liberal democrático de la pelea contra estos excesos. El (explícito o implícito) objetivo es democratizar el capitalismo, extender el control democrático a la economía a través de la presión de los medios, informes parlamentarios, leyes más duras, investigaciones policiales honestas, y así. Pero el montaje institucional del estado democrático (burgués) nunca se cuestiona. Esta situación se mantiene sacrosanta aún en las formas más radicales de “anticapitalismo ético” (el foro de Porto Alegre, el movimiento de Seattle, etc.)
WikiLeaks no puede ser visto de la misma manera. Desde el principio ha habido algo acerca de sus actividades que va más allá de las concepciones liberales sobre el libre fluir de la información. No deberíamos buscar estos excesos en el nivel del contenido. La única cosa sorprendente acerca de las revelaciones de WikiLeaks es que no contienen sorpresas. ¿No sabíamos acaso exactamente qué esperábamos aprender? La preocupación real estuvo en el nivel de las apariencias: ya no podemos hacer como que no sabemos lo que todo el mundo sabe que sabemos. Esta es la paradoja del espacio público: aunque todo el mundo sepa sobre un hecho desagradable, decirlo en público cambia todo. Una de las primeras medidas tomadas por el gobierno bolchevique en 1918 fue hacer público el cuerpo entero de la diplomacia secreta zarista, todos los acuerdos secretos, las cláusulas secretas de los acuerdos públicos, etc. Allí también el blanco fue el funcionamiento total de los aparatos de estado del poder.
Lo que WikiLeaks amenaza es el funcionamiento formal del poder. Los verdaderos blancos aquí no fueron los detalles sucios y los individuos responsables de ellos; no los que están en el poder. En otras palabras, tanto como el poder mismo, su estructura. No deberíamos olvidar que el poder comprende no solo instituciones y sus reglas, sino también formas legítimas (“normales”) de desafiarlo (la prensa independiente, ONGs, etc.) – que como el académico indio Saroj Giri lo postula, [WikiLeaks] “desafió el poder desafiando los canales normales para desafiar el poder y revelar la verdad” (1). El objetivo de las revelaciones de WikiLeaks no solo fue para avergonzar a los que están en el poder sino para liderarnos a la auto movilización para producir un funcionamiento diferente del poder que pueda llegar más allá de los límites de la democracia representativa.
De todos modos, es un error asumir que revelar en su totalidad lo que era secreto nos va a hacer libres. Esta premisa es desacertada. La verdad libera, sí, pero no esta verdad. Por supuesto, uno no puede confiar en la fachada, los documentos oficiales, pero tampoco encontraremos la verdad en los chismes compartidos detrás de la fachada. La apariencia, el perfil público, no es nunca una simple hipocresía. E. L. Doctorow una vez señaló que las apariencias son todo lo que tenemos, de manera que debemos tratarlas con gran estima. A menudo se nos dice que la privacidad está desapareciendo, que los secretos más íntimos están abiertos al sondeo público. Pero la realidad es lo opuesto: lo que está efectivamente desapareciendo es el espacio público, con su acompañante dignidad. Los casos abundan en nuestras vidas diarias cuando no decirlo todo es lo apropiado. En Baisers volés, Delphine Seyrig le explica a su joven amante la diferencia entre cortesía y el tacto: “Imagina que distraídamente te metes en un baño en el que una mujer está desnuda bajo la ducha. La cortesía requiere que rápidamente cierres la puerta y digas “Pardon, Madame!, mientras que el tacto conduciría a cerrar de inmediato la puerta y decir: Pardon, Monsieur!”. Solo en el segundo caso, fingiendo que no se ha visto lo suficiente para determinar el sexo de la persona bajo la ducha demuestra un tacto verdadero.
Un caso supremo de tacto en política fue la reunión secreta entre Alberto Cunhal, el líder del Partido Comunista portugués y Ernesto Melo Antunes, un miembro del grupo prodemocrático de las fuerzas armadas responsable del golpe que derrocó al régimen de Salazar en 1974. La situación era extremadamente tensa: de un lado el Partido Comunista estaba listo para comenzar una revolución socialista real, tomando fábricas y tierras (ya habían sido distribuidas armas al pueblo); en la otra, los conservadores y liberales estaban prontos a impedir la revolución por los medios que fueran necesarios, incluyendo la intervención de las fuerzas armadas. Antunes y Cunhal acordaron un trato sin declararlo: no había acuerdo entre ellos – en lo que se mostraba no hicieron más que discrepar – pero abandonaron la reunión con un pacto por el cual los comunistas se comprometían a no iniciar una revolución, permitiendo de esta manera que se desenvuelva un estado democrático “normal”, y así los militares antisocialistas no pondrían fuera de la ley al Partido Comunista sino que lo aceptarían como un elemento clave en el proceso democrático. Se podría argumentar que esta discreta reunión le ahorró a Portugal una guerra civil. Y sus participantes mantuvieron la discreción aún retrospectivamente. Cuando se les preguntó acerca de la reunión (un periodista amigo mío), Cunhal dijo que él confirmaría que tuvo lugar solo si Antunes no lo negaba – si Antunes lo negaba, entonces nunca ocurrió. Antunes por su parte escuchó silenciosamente mientras mi amigo le confiaba las condiciones de Cunhal . De este modo, sin negarlo, Antunes consintió a las exigencias de Cunhal e implícitamente confirmó la reunión. De esta forma es cómo los caballeros de la izquierda actúan en política.
Tanto como uno pueda reconstruir los eventos hoy en día, parece que el feliz resultado de la crisis de los misiles de Cuba también fue gestionada con tacto, los rituales corteses de la ignorancia fingida. La jugada genial de Kennedy fue fingir que una carta no había llegado, una estratagema que funcionó porque el remitente (Krushchev) le siguió el juego. El 26 de octubre de 1962 Krushchev mandó una carta a Kennedy confirmando un ofrecimiento previamente hecho por medio de intermediarios: la Unión Soviética retiraría sus misiles de Cuba si los Estados Unidos emitían la garantía de no invadir la isla. Al día siguiente, sin embargo, antes de que Estados Unidos contestase, llegó otra carta más exigente de Krushchev, añadiendo más condiciones. A las 20:05 de ese día, se mandó la respuesta de Kennedy a Krushchev. El presidente de Estados Unidos aceptó la propuesta de Krushchev del 26 de octubre, fingiendo que la carta del 27 no existió. El 28 de octubre Kennedy recibió una tercera carta de Krushchev en la que aceptaba el trato. En esos momentos en que todo estaba en juego, las apariencias, la cortesía, la conciencia de que uno “está en el medio de un juego”, es más importante que nunca.
Sin embargo, este es el único lado – engañoso – del cuento. Hay momentos – momentos de crisis por la hegemonía del discurso – en que se debe correr el riesgo de provocar la desintegración de las apariencias. Tal momento fue descrito por el joven Marx en 1843. En Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel diagnosticó el deterioro del antiguo régimen alemán en los años 1830 y 1840 como una repetición farsesca de la caída trágica del antiguo régimen francés. El régimen francés fue trágico “en tanto creyó y tuvo que creer en su propia justificación”. El régimen alemán “solo se imagina que cree en él mismo y exige que el mundo crea lo mismo. Si cree en su propia esencia, ¿podría … buscar refugio en la hipocresía y los sofismas? El antiguo régimen moderno es más bien solo el comediante de un orden del mundo cuyos verdaderos héroes están muertos”. En tal situación, la vergüenza es un arma: “La presión real debe hacerse más intensa sumándole conciencia de presión, la vergüenza debe ser más vergonzosa haciéndola pública”.
Esta precisamente la situación hoy en día: enfrentamos el cinismo desvergonzado de un orden global cuyos agentes solo imaginan que creen en las ideas de democracia, derechos humanos y cosas por el estilo. Por medio de acciones como las revelaciones de WikiLeaks, la vergüenza – la vergüenza por tolerar tal poder sobre nosotros – se hace más vergonzosa al ser hecha pública. Cuando los Estados Unidos intervienen en Irak para impulsar la democracia secular y el resultado es el fortalecimiento del fundamentalismo religioso y un Irán mucho más fuerte, este no es el error trágico de un agente sincero, sino el caso de un bromista cínico derrotado en su propio juego.
WikiLeaks beyond Wikileaks? www.metamute.org/en/articles/WikiLeaks_beyond_WikiLeaks,
London Review of Books, Volumen 33, Número 2, 20 enero 2011.
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