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May 25, 2009 La Quinta Pata Nacional Comentarios desactivados en Con la ayuda de los medios amigos, los sojeros no se rinden y siguen agrediendo
La apertura de la campaña fue una excelente oportunidad para que los dirigentes y productores sojeros, opuestos al gobierno, fueran candidatos y buscaran el voto en democracia. En cambio, están apostando a la violencia.
«Huevos, patadas, puñetes, escupitajos y agresiones verbales debió soportar el legislador», cronicaba «Gaceta Ganadera» lo ocurrido al diputado santafecino Agustín Rossi luego de asistir a reuniones en Reconquista. Los grupos que lo patotearon – ya lo habían hecho en febrero en Laguna Paiva – fueron productores sojeros. El legislador kirchnerista vendría a ser un «traidor a la Patria» por haber votado y argumentado en la Cámara de Diputados de la Nación a favor de la resolución 125. Defender las retenciones a las exportaciones de soja, se convierte en el peor de los pecados para aquellos patrones.
Otro columnista del mismo vocero de la Sociedad Rural, aseguraba que «la gente de campo no parece vengativa, pero sí memoriosa». Eso sonó a una justificación de los ataques, como la que dieron Eduardo Buzzi y Hugo Biolcati luego de la agresión de Laguna Paiva.
Rossi no fue el único blanco de la furia. La presidenta de la Nación, que había sido hostigada semanas atrás en Paraná, tuvo inconvenientes con ese mismo sector pudiente en Coronel Suárez, en tanto Néstor Kirchner pasó lo suyo en Chacabuco. Daniel Scioli fue apremiado en Chascomús, impidiéndosele inaugurar un jardín de infantes en los pagos natales del extinto Alfonsín.
La gran burguesía agropecuaria que está furiosa contra el gobierno, lo quiere hacer responsable de todos los problemas, incluso de la sequía. ¿Creen que los Kirchner son dueños del clima y manejan las nubes y el sol? En realidad esa es una excusa. La verdadera razón es que los sojeros no quieren compartir, retenciones mediante, parte de la rentabilidad de la leguminosa, aún cuando tienen socios mayores como Monsanto y los exportadores, a los que no les hicieron ningún lock out. Al gobierno, en cambio, le fabricaron diez.
En este sentido el ex presidente Kirchner tuvo razón cuando se quejó de esos escraches: «las patronales rurales quieren continuar enfrentando a los argentinos».
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¿Será que cualquier debate serio les arrojaría un resultado en contra? En este caso no tendrían a un Julio Cobos para desempatar, como en la madrugada del 17 de julio pasado. Menos aún en el contexto de una crisis internacional que dio argumentos aquí y en el mundo para que los Estados tengan un rol más importante en la economía, con derecho a intervención y hasta expropiación de activos privados.
Los conflictos sociales
La situación argentina, aunque con matices, no escapa a esos dramas que reventaron en Wall Street a fines del año pasado. Incluso las estadísticas proporcionadas por el Indec, siempre retrasadas respecto a las verdaderas, han admitido que en el primer trimestre del año hay unos 126.000 argentinos más con dramas laborales que el año pasado. Una parte son desocupados absolutos y el resto, la mayor, son subocupados que trabajan menos de 35 horas semanales y quieren trabajar más. En total son más de 2 millones los compatriotas que ya están en el agua, cuando aún la mayor creciente no llegó a nuestras playas.
Incluso trabajadores que mantienen el empleo y no ganan los peores salarios, como los bancarios y los judiciales, han estado con planes de lucha a nivel nacional (los primeros) y en varias provincias, como Córdoba, los segundos.
Esos gremios piden una recomposición salarial del 25 por ciento, lo que da una idea de cuán desfasados están sus ingresos según la óptica de esos sindicalistas. La temperatura debe estar a punto de horno para que burócratas muy condescendientes con el gobierno, como Juan José Zanola, ahora se mantengan firmes en el planteo original y no acepten el 17 por ciento ofrecido por los prósperos y angurrientos banqueros.
Los vientos adversos de la crisis mundial y las insuficientes medidas adoptadas en la Casa Rosada, permiten predecir que empresas – sobre todo pequeñas y medianas – pueden llegar a riesgo de cierre, amén de los oportunistas vaciadores que en las crisis huelen negocios cual tiburones a la sangre. Empieza a retomar impulso el fenómeno de fábricas recuperadas, donde el personal se niega a bajar las persianas y engrosar la lista de desocupados.
El gobierno de los Kirchner tendría que decir algo sobre esto, después de años de postergar el tratamiento de una ley de expropiación. No obstante, en algunas provincias, como Neuquén, la larga resistencia de los ceramistas de Fasinpat (ex Zanón), ha logrado por fin que el Ejecutivo eleve un proyecto de esa índole a la Legislatura. Eso debería ocurrir a nivel nacional, donde hay varias iniciativas cajoneadas por la oposición de la Unión Industrial Argentina y la conciliación del oficialismo.
En este marco no era de extrañar que la CTA lanzara el primer paro nacional, para el 27 de mayo. Se dirá que tendrá más impacto en el sector estatal que en el privado, y menor aún en el fabril. Pero aún con esos límites, será una señal que no puede pasar desapercibida. Los trabajadores no quieren que la crisis se pague con el salario y el empleo. ¿Serán escuchados?
¿Cuál antisemitismo?
Como en este país cualquiera que se atreva a criticar las políticas expansionistas del teocrático Estado de Israel y el genocidio que comete contra los palestinos, es acusado sistemáticamente de «antisemita», este cronista comienza por aclarar lo obvio. No es antisemita. Condena el Holocausto y los millones de crímenes cometidos por el nazismo contra la población judía de Alemania, con la aclaración de que los soviéticos, que liberaron a la humanidad del Tercer Reich, aportaron 25 millones de muertos. Punto y aparte.
El domingo 17 de mayo la embajada de Israel en Buenos Aires y la Organización Sionista Argentina (OSA) festejaban con los sectores de la colectividad que les son fieles, el aniversario número 61 de la creación del Estado de Israel. Cabe puntualizar que esa creación significó la apropiación de más de la mitad de la tierra palestina y la expulsión de sus habitantes, en un proceso de expansión que se combinó con matanzas de esos pobladores (Deir Yassim, en 1948) y continuó posteriormente con guerras, como en 1967 y 1973.
Un grupo de no más de quince militantes de izquierda fueron ingenuamente a repartir volantes críticos al sionismo a aquella concentración y fueron golpeados, corridos a patadas y reducidos por la guardia de seguridad del acto, donde bajo la cobertura de la OSA debe haber más de un agente del Mossad israelí.
Cinco militantes quedaron heridos y detenidos por la Policía Federal, bajo acusaciones tremendas que pueden terminar con un juicio y pedidos de cárcel por cuatro a doce años.
Los defensores de Daniel Gazit, embajador israelí en Buenos Aires, salieron a acusar a las víctimas de ser casi un grupo armado antisemita. Morales Solá lso describió así: «una horda de militantes antisemitas provocó enfrentamientos en el acto conmemorativo de la creación del Estado de Israel».
Esa deformación del matutino ruralista apuntó a conectar la supuesta «horda» con el gobierno K, por el hecho de que otros diez detenidos en un allanamiento posterior trabajan en una cooperativa textil del MTR que provee de guardapolvos al Ministerio de Desarrollo Social.
Para que la mentira adquiriera tamaño mayúsculo, esas plumas de la falsificación mediática intentaron «pegar» a Hugo Chávez con el supuesto accionar violento antiisraelí. Sólo pudieron mentar la mala relación que tiene el presidente venezolano con el lobby israelita en Caracas. Pero el argumento es tan falaz como inconsistente. Es que si fueran sospechosos por esa circunstancia, de los 192 países afiliados a la ONU al menos 150 podrían ser acusados ya que son críticos del considerado «portaaviones de EE UU en Medio Oriente».
Lamentablemente los ministros del PEN, en vez de desarticular esta campaña orientada por el sionismo y por los medios opositores al gobierno de Cristina Fernández, optaron por acusar a la parte más débil de esta historia. Se refirieron a esta como nutrida de «loquitos», «pequeño grupo de inadaptados», «seres menores», etc., dando pábulo a las maquinaciones del embajador Gazit y sus periodistas amigos.
La mayor parte de los detenidos sigue en esa condición, y el juez Claudio Bonadío no les ha concedido las excarcelaciones. Uno de los magistrados de la servilleta de Carlos Corach saca patente de juez justo siendo impiadoso con los débiles, acaso aguardando alguna condecoración del Departamento de Estado y el extremista gobierno de Benjamin Netanyahu y Avigdor Lieberman.
La Arena, 24 – 05 – 09
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