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Jul 08, 2018 La Quinta Pata Literatura Comentarios desactivados en Crónicas paceñas: VII – Dale Loca
Esta crónica “es parte de una serie de textos de amor crudo, negro, perverso”, que “tiene la voz de un personaje argentino-paceño y se basa en una historia real de amor”. Y también, con valentía autobiográfica, eficacia narrativa de “un cross a la mandíbula” y poesía a destajo, el relato sobre la muchacha del puente desnuda la hipocresía del poder en un submundo de prostitución y drogas. Relaciones alteradas y la violencia que subyace en la noche completan implacablemente un cuadro intenso y perdulario.
Te estás cagando de frío loca, eso de salir del boliche todos los días a las siete de la mañana se queda en los huesos. ¿No ves?, la acera no está hecha de los espejos que reflejan tus estrellas, está llena de charcos y esas burbujas que revientan en el agua se llaman cerveza, flotando en el pis de tus clientes, no champagne.
Caminá, cruzá la calle de un salto, que mi espalda hueca no sabe jugar al príncipe. No tengo ganas de tapar la mierda del piso con mis huesos, soportando tus tacones de aguja en mis vértebras.
Me duelen los pies flaca, “a veces queman los recuerdos” dice Fito golpeando el piano, en aquel disco que tanto te gusta. Lo pirateé para vos, me acordé que te gustaba reverberar en sus melodías, con los ojos rojos como esa bossa trucha del flaco, aunque no sabías qué putas era un bondi, pero te identificabas con lo de un poco de coca y promesas de amor.
Vení, esta lluvia es sólo un espejismo que anuncia la primavera, como el aura esa que ilumina tus ojeras a las seis de la mañana. Te traje Mentisán (1) loca, te arderá un poco, pero siempre es útil para curar las lamidas en los muslos. Las del tubo de aluminio y las lenguas de lija empapadas de ron barato que seguro te caminaron anoche.
Boluda… hoy me acordé del Puente de Las Américas, de la historia de la niña que lo cruzaba arrodillada hasta el lado de Miraflores, grafiteando fragmentos de la Biblia. Me acordé de la noche en que te conté la historia del papel higiénico enredado en los tobillos y la caída explotando cráneos, siempre lo quisiste probar, me decías que seguramente tu sangre se evaporaría con el olor de las cloacas.

Tanta ficción añeja durmiendo en el cajón, tanta prosa barata hace que me acuerde de las caminatas aquellas y las ganas que te daban de tomar un café escuchando «ponme la mano aquí Macorina«, en la voz de la Chavela, en ese viejo antro con piso de madera crujiente y paredes llenas de fetiches. “Macorina” te sonaba a una mujer con celulitis decías, por la mandarina que evocaba en tu memoria.
Te gustaba, ¿te acordás?, que te mirará así todo rayado, jugando a encontrar tu inocencia en esos ojos de muchachita punk. Te reías mientras lanzabas la seria advertencia de que no contara los minutos, ni las veces que tocaba tus pechos, que preferías un presente congelado, un disco rayado repitiéndose, en el que saltaran tus piernas, en el que temblaran mis labios. Un instante eterno sin proyecciones de ningún tipo, sin jaulas muerde alas.
Acá estoy, te traje el paraguas doblado, fetiche espanta cuervos. Dejé de abrirlo en mitad de la sala para conjurar la resaca como me recomendaste, ya no funciona para ahuyentar a la luna, pero todavía es útil para espantar el viento. Ven, te agarro la mochila y las monedas que guardaste en la falda, necesitamos darnos dos sopapos y escupir esa espuma roja que últimamente tragamos al soportar la extraña sobrevivencia. Necesitamos aquellas cosas que el tiempo fue borrando en tus pupilas, fue durmiendo en mis ojos, para volver a empezar, lejos de alguna rutina gris. Volver a empezar, temblando de frío y de lluvia en las pieles, lejos de toda esta mierda.
Te traje también el sobrecito que me pediste, El Pusher (2) está cada vez más jodido con esto de llamarlo en la madrugada, ya no quiere contestar. Ten cuidado que la última vez me vendió talco con cafiaspirina y no pude «venticuatrear» (3) esperando tu retorno. Te la traje igual, no podía llegar con las manos vacías a verte, aunque luego tu tabique se llene de caspa y tu corazón reviente ácido sin mis besos.
Flaca, te lo dije tantas veces, pero te entercaste en permanecer colgada en eso de ser bailarina, en mearte los calzones cada vez que era yo quien te invitaba a bailar un tango debajo el marco de la puerta. “Mecanismos de protección e independencia” le llamabas. Ya ves, preferiste tu autonomía en este trucho night club que jugártelas a mi lado.
Te meabas cada vez que te decía que la caída del puente sería fácil. Te lo dije y preferiste el destino simplón de inflar el vientre con el hule “Pantera” (4) y contar billetes en la madrugada. No te juzgo, al final yo te lancé a esto, yo fui el que abrió la cuenta en el banco para que se llene de los bamboleos de tu cadera. Al final en esta tu libertad, seguimos clavados hueso con hueso.
Sí, ya sé que tengo la cara seca y toso como perro, tus cremas, esas que usas de noche, no sirven para maquillar mi sangre. Déjame así, penetrando algún viejo agujero mientras te espero, tengo la cara filuda porque la comida ya no me hace bien, el virus es jodido y me está comiendo y lo sé, pero si no era el puente el que nos mataba, iba ser esta joda más lenta.

Necesito tu vitamina, por eso vine temprano, luego de recordar tus lunares en el insomnio, pensando en las manos callosas que los tocan en mi ausencia. Vine para darte mi abrazo y desearte suerte. Te compré también dos anticuchos (5), no te preocupes, la gorda es buena onda y me presta los platos y no tenemos que caminar hasta la esquina a devolverlos. Podemos comer despacio mientras vamos a Miraflores.
Vení, no seas terca, come algo y contame cuántas historias de políticos te bancaste anoche, cuantas pulseritas besaron tu muñeca. Vení, estás cagando de frío, no te voy a tocar si no querés, aunque la verdad merecerías que te arranque los pétalos de tela tan kitsch con los que te disfrazas para calentar al gordo del ministerio. Te haría bien que te muela a palos como te gusta, aunque en el fondo sabes que mi machismo muere en el olor de tus piernas.
Merecés eso y más, lo sabés, por haber caído en la recurrencia de ser independiente con el billete fácil, pero tranquis que sólo nos fumaremos algo hasta que te ronques y yo vuelva a las mil pajas mentales de pensar qué hago acá velando tus pesadillas.
Tú, la niñita de papá, hoy salís del boliche de neones y perfume dulzón, con el jean que te regalé y los tacos aguja tan falsos. Te miro, cansada mientras disfruto cómo me mordés los labios con tu sabor cargado de bocas de derechistas y me bañás con tu aroma de dólares húmedos.
Vení mi changuita, igual estoy acá, aunque dicen que un par de patadas te vendrían bien. Los amigos me dijeron ayer que porqué sigo contigo, que debería irme a España para aprender a patearte sólo en el tatuaje. Dicen que ahí no se nota y luego no me acusarás con eso de la violencia familiar.
Tranquis loca, sabes que sólo divago porque recuerdo cómo roncabas ayer y no me dejas leer tu libro de feministas. “Ninguna mujer nació para puta”, ya lo sabía, y yo tampoco nací para jugar a tu alcahuete. Pero loca estamos así, al menos la casa tiene living nuevo y podemos pensar en el viajecito ese a tu pueblo que tanto esperas. Le contaremos a tu vieja la mamada esa de tu pega de secretaria, de que estás terminando tus cursos de computación y de que su nieto ya dice “mamá”.
Compré un estante para tus libros loca, y esta 22 larga en la Feria de El Alto, ése fin de semana que te fuiste al lago ¿Te acuerdas? Pensaba que hoy podríamos tirarnos en la alfombra y besar las sombras, leyendo esa poesía tan refrita del Oliverio Girondo que te encanta, antes de apagar la luz y volver a morder la ausencia.
Sí, lo sé, me lo dijiste tantas veces, que eran sólo unos meses de mirar el techo y de pinchar la espalda en el colchón del privado, pero es que me da impaciencia ver que el laburo no da y que te estás gastando y yo muriendo. Con esto de la inflación y las pastillas ya no da.
Entiendo lo que dijiste, “la poesía no llena la panza”, pero al menos me paga el trago mientras espero tu salida. Entraría a mirarte bailar en la barra, pero el gordo de la puerta me tiene bronca y, lo sabes, prefiero mirarte con luz de día y caminar luego cagando de frío a tu lado, es menos cursi, más real.
Loca vení, estás temblando, te apareció otra mancha en el cuello. Y sí, también yo tengo los pies helados. ¿Querés subir el puente?, traje un rollo de papel higiénico para lanzarnos si te animás. ¿Mejor no?, bueno está bien.
Apoyate en mi hombro flaca, más tarde pensaremos en cómo recuperar la guagua. Ya verás que la monja se aburrirá pronto y, si no, un mejor destino que con nosotros seguro que tendrá. Vení, pasame las llaves y cerrá los ojos, una punta de coca nos va a hacer bien. Sentime y no mires el charco, ya te dije que es pis y no el espejo de tus estrellas.
Dale flaca, despertá, esta coca no tiene vidrio, aspira hondo y no tiembles, que yo agarro bien la pistola. Confía en mí flaca, si el tiro falla igual seguiremos juntos.
Glosario
(1) “Mentisán”: ungüento tipo “Vick”, muy tradicional en La Paz.
(2) Pusher: dealer, vendedor de drogas.
(3) Venticuatrear: neologismo que refiere al estar despierto 24 horas por el efecto de la cocaína.
(4) “Pantera”: marca de preservativo genérico de mala calidad.
(5) Anticuchos: brochetas de corazón de vaca en vinagre y asado a la parrilla, comida común en la ciudad al amanecer en inmediaciones de los bares.

Paul Tellería Antelo (1970), narrador paceño de la generación post Macondo. Licenciado en Psicología de la Universidad Católica Boliviana y Escritor de Oficio. Ha caminado y respirado la hoyada paceña capturando sus rincones y personajes los últimos veinticinco años. Publicó tres libros con Editorial 3600: De las especies innombrables (2003), Trajines y Haceres (2008) y El acto de agua (2015). Participó como invitado en las antologías: Warikasaya, Cuentos Stronguistas (2009); Conductas Erráticas, Crónicas de No Ficción (2009); Domingos por la Tarde, Antología de Cuentos Futboleros (2014); y Una espuma de música flota, Antología de Cuentos de Bolivia y Ecuador (2015).
En 2017 fue responsable en calidad de compilador de la antología Sed y Sangre, Cuentos de la Guerra del Chaco. Fue colaborador por más de diez años de diferentes suplementos literarios como Fondo Negro y Letra Siete. Ha publicado en revistas literarias de Bolivia y Latinoamérica como Pie Izquierdo, Letralia y Otro Arte. Actualmente tiene en preparación un libro de cuentos y otro de poesía.
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