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Oct 07, 2009 La Quinta Pata La Pata Semanal Comentarios desactivados en El amor de la Negra por Mendoza
Fue un día, allá por el ’53, con esa imaginación que tenía el Armando, viene y me dice: «Negro, nos han invadido con su canto y poesías -zambas, chacareras y bagualas- los norteños al rescoldo de Los Chalchaleros, Jaime Dávalos, los Saravia y los Cabeza». De esta estirpe el folclore se había esparcido por todos los rincones como tratando de recuperar los rasgos más profundos de nuestra identidad, ultrajada por los colonizadores de toda laya. Y el Armando que seguía diciéndome: «Negro, nos han invadido y tenemos que responderles con nuestra propia avanzada de cuecas y tonadas en su propio territorio. Así que nos vamos para allá con el Oscar Mathus y el Tordo Nieto y vos también tenés que venir» y yo respondí «qué carajo voy a ir yo… a hacer qué si no canto ni guitarreo ni de oído siquiera…».
Finalmente no fui y ellos sí se fueron, pero yo me quedé melancólico y triste, como en el tango, que en ese entonces era lo que me apasionaba. Debió haber pasado un año, hasta que regresaron y de tres vinieron cuatro. El cuarto, la cuarta, era una mujer joven, compañera y pareja del Mathus, la Mercedes Sosa. Era delgada, con cabello corto, melena, como le decían las mujeres en aquella época a ese peinado. Sus rasgos eran notablemente criollos y muy buena moza. De inmediato descubrimos que también cantaba y se acompañaba con el Mathus y el Tejada. En las tenidas que teníamos acá de guitarreadas y asados entre nosotros, ella siempre cantaba. Hasta que en un momento determinado empezaron a tener, con toda legitimidad, mayores ambiciones en lo que venían haciendo, que era el canto, la poesía y la música. El Mathus le daba a la composición y ya habían empezado a tener una colaboración íntima con la poesía del Armando, y claro, la Mercedes con su voz les deba la luz y la belleza a las composiciones de ambos.
Llegados a cierto punto quisieron buscar nuevos horizontes y se les abrieron a partir del triunfo de Frondizi en el ’58, cuando fue al Ministerio de Educación y Cultura de la Nación un mendocino, que era más o menos de la barra, el Nino Salonia, y por ello recalaron en la Metrópoli y les hizo dar un conchabo de celadores en una Escuela. A partir de ahí, una cuestión que era la lógica, debieron haber empezado por los lugares donde se cantaba y así tomaba cada vez más relevancia la voz de la Mercedes, hasta que alcanzó el pináculo del éxito y la fama.
Desde su desembarco en esta tierra de huarpes, la Mercedes se enamoró de Mendoza. Resonancias profundas de ese amor será para siempre su canto y su alma que estará siempre aposentada en esta tierra de sol y vinos, cuecas y tonadas. ¡¡¡A tu salud, Negra !!!
La Quinta Pata, 06 – 10 – 09
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