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Nov 03, 2019 La Quinta Pata Latinoamérica Comentarios desactivados en El “golpe urbano” de la derecha busca acabar con el Gobierno
Crónica de las jornadas que reflotaron viejas contradicciones irresueltas en Bolivia: sectores conservadores salieron a flote y se atrincheraron en las principales capitales del país donde hicieron gala de racismo y violencia. La ultraderecha usa a los jóvenes de la clase media alta para tapar la acción de sicarios y causar víctimas. La cadena estadounidense CNN se ha empeñado en inflar la “crisis boliviana” sin pudor y sin ética.
Un pico alto en las movilizaciones que propicia la derecha boliviana ha sido sin duda el chantaje del candidato de Comunidad Ciudadana, Carlos Mesa, al país. “O voy a la cárcel o voy a la presidencia”, ha señalado el último martes en una concentración que puso en evidencia los verdaderos motivos del bloqueo urbano que mantiene esa fuerza política tras su derrota en las urnas.
Aquí no hubo fraude, lo que hay es odio a Evo, al indio que gobierna Bolivia”, se escucha en las calles frente a bloqueos que se han convertido en una gimnasia señorial que permite a sus protagonistas llegar hasta los puntos de “conflicto” en sus vehículos último modelo, estirar la pita de plástico de un poste a otros y cubrirla de aparente civismo apelando a la enseña patria. Un acto de cinismo ilimitado, en realidad.
Las dos semanas de paro de los sectores de clase media alta y media -una muestra de la polarización que persiste en Bolivia- dejan constancia del contenido de clase de aquella protesta social desatada por el supuesto fraude electoral el 20 de octubre.
“Los chicos deben llevar tapabocas (barbijos), agua o algún líquido para calmar la sed, cubrir su cara con filtro solar, zapatillas deportivas para correr y, en lo posible, no deben llevar a los bloqueos celulares para no extraviarlos o que se les caiga”, explicó al detalle una elegante señora de la zona sur de la ciudad entrevistada por el canal Universitario de La Paz.
Estas declaraciones, que podrían quedar en el cajón de las anécdotas de las movilizaciones en la zona sur y otras residenciales de La Paz, grafican en gran modo la esencia de aquel conglomerado que resolvió salir a las calles no a defender la democracia ni el voto, sino su espacio, su territorio, edificado a su corte y medida, exclusivo y privado.
De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en los últimos diez años de Gobierno del MAS, el 20% de la población boliviana pasó a la clase media lo que significó -en palabras del vicepresidente Álvaro García Linera-, un “desclasamiento y reenclasamiento social, que modifica toda la arquitectura de las clases sociales en Bolivia”.

Aquella nueva configuración de la sociedad boliviana demanda por cierto una relectura de la realidad que va más allá de los programas de Gobierno y eventuales obras que estimulen al estudio o el empleo para los jóvenes, quienes se han convertido en actores ineludibles de la política boliviana.
Pero es necesario decir que aquella multitudinaria presencia de rostros jóvenes está siendo manipulada y distorsionada por viejos políticos que ya fueron parte de procesos violentos y fracasaron en la conducción del Estado. Carlos Mesa, de Comunidad Ciudadana, es un ejemplo claro, para no referirnos al tenebroso ministro de Defensa de Gonzalo Sánchez de Lozada, el “zorro” Carlos Sánchez Berzaín, que azuza desde los Estados Unidos.
Los sectores privilegiados de la pequeña burguesía urbana sacan a sus hijos para que le den el toque distinto y “generacional” al “golpe urbano” que hasta aquí ha replicado prácticas disuasivas y de inevitable contenido racista y violento. Estas van desde la consigna que resulta una sarta de insultos, previa entonación del himno nacional, y agravios hasta acciones criminales como las que protagoniza la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) financiada por el Comité Cívico Pro Santa Cruz. Ahí no son ni los jóvenes milenials ni los de zapatillas de 300 dólares los que actúan, son sicarios dispuesto a todo.
Tras la “ingenuidad” adolescente se encuentran poderosos intereses que quieren acabar con el indio Evo Morales. Y para ello no se guardan las formas.
La zona sur de la ciudad de La Paz es ya materia de observación sociológica y política en tiempos de crisis. Las jornadas del paro urbano, selectivo y particular, transcurren sin mayores novedades y no tuvieron relevancia noticiosa (salvo para CNN) a no ser por la protesta de los choferes del transporte público que se han visto altamente perjudicados.
El sol de mediodía golpeaba sin clemencia sobre las cabezas de los bolivianos. Cientos de ellos hacían fila para abordar la línea verde del teleférico en la exclusiva zona de Irpavi. Allí también se había apostado un grupo de opositores que lanzaban de rato en rato estribillos de corte racista contra el presidente Evo Morales. Por cierto, quienes hacían fila para abordar las cabinas del transporte por cable triplicaban de lejos al reducido grupo que no cesaba de gritar contra el presidente boliviano. Aquellas voces chillonas vomitan insultos a raudales, solo admisibles en un país democrático y de plenas libertades.

Ante la indiferencia de quienes esperaban en la estación del teleférico, los manifestantes gritaban también a voz en cuello ofensivas consignas de corte político aunque anacrónico y extraviado. Aquel puñado de jóvenes, y otros no tanto, reproducían llamados propios del terrorismo mediático que advierten que los bolivianos no queremos vivir como en Venezuela ni Cuba. “Esto no es Cuba, tampoco Venezuela”, una letra bien conocida que la escribieron de manera descarnada sus creadores ultraderechistas, entre ellos el exministro del neoliberalismo, el despreciable Carlos Sánchez Berzaín, ese rostro cínico de la muerte.
Y claro, en un país donde es posible lanzar acusaciones temerarias y donde se han logrado avances sociales innegables, resulta fácil lanzar ese cántico alegórico que asegura que: “No tenemos miedo, carajo”.
Y es cierto, hace tiempo que el pueblo boliviano dejó de tener miedo. Hace más de tres décadas de vida democrática que el país aprendió a no tener miedo. Miedo no solo a las balas del Estado violento, a la tortura y la cárcel, al exilio, sino también el miedo a la libertad, algo que, quizás, solo quienes vieron de cerca la cara del fascismo pueden entender.
Aquel mediodía, 24 horas después de las elecciones generales en Bolivia que dieron la victoria al binomio del Movimiento Al Socialismo, Evo Morales-Álvaro García Linera, con el 47,08% de los votos frente a 36,51%, del candidato de Comunidad Ciudadana, Carlos Mesa, la zona sur de La Paz presentaba cortes de cinta en vías consideradas claves para el tránsito vehicular y la estación de la línea verde del teleférico no fue la excepción pues se ha convertido en un punto de gran afluencia de personas que se conectan entre esta parte de la ciudad y El Alto, de donde llegan cientos de obreros y comerciantes. Estos han inundado las zonas residenciales del sur paceño, no para pedir limosna, por cierto, sino para ganarse la vida con su trabajo.
El reloj marcaba las 12 y los manifestantes se arroparon por unos minutos de civismo mojigato y entonaron el himno nacional, aquellas estrofas que emocionan más cuando juega la selección nacional. Entonces, tras entonar con evidente fervor las sagradas estrofas patrias, volvían a su cántico de barra brava: “Evo, Evo cabrón, sos un hijo de puta….bla bla bla”. Ni pacíficos ni democráticos.

Todo aquel teatro singular, que se fue reproduciendo en las esquinas como burda calca, era seguido nada menos que por la cadena estadounidense CNN, cuya reportera participó entusiasta del relax light. Se la pudo ver firme, marcial diríamos, con el micrófono pegado a la pierna derecha, los ojos fijos en la cámara, el rosto pegado por el sol y la melena amarilla agitada. Así, la CNN mostraba al mundo la “crisis boliviana”.
El Movimiento Al Socialismo (MAS) ganó las elecciones generales del 20 de octubre con 47,08% de los votos, más de 10 puntos de diferencia sobre Comunidad Ciudadana (CC), del candidato Carlos Mesa, que obtuvo el 36,51%, recordó el lunes el presidente Evo Morales en una multitudinaria concentración en El Alto.
En la emblemática ciudad defensora del gas, el Jefe de Estado reafirmó la victoria incuestionable en las urnas. “¡Ya hemos vencido!”, dijo a los miles de trabajadores, mineros, campesinos, jóvenes y mujeres de distintos sectores que se dieron cita en la celebración de la victoria electoral.
“Lamento mucho que algunos grupos no reconocen el triunfo del pueblo boliviano, no son las mayorías, son pequeños grupos, algunos anuncian sus paros hasta que se vaya Evo, unos dicen nuevas elecciones, otros dicen segunda vuelta. Hermanas y hermanos, tienen que entender que hemos ganado en la primera vuelta”, sostuvo el líder indígena que enfrenta una dura resistencia de grupos conservadores atrincherados en las capitales de departamento.
Los sectores sociales que sustentan el Estado Plurinacional y que sintieron renacer el desprecio de los grupos conservadores, a tiempo de señalar que “Evo no está solo”, anunciaron que defenderán no solamente los logros de los 13 años de Gobierno, sino que también protegerán al presidente que es blanco de ataques por todos los medios. Morales inició su discurso con la frase que ha caracterizado la lucha del movimiento obrero y popular y que a la vez la sintetiza: “Patria o muerte”, exclamó en un ambiente festivo que iluminó la noche alteña.
“Si dicen que hay fraude y por eso piden la anulación, quiero decirles que demuestren y que traigan pruebas de dónde está el fraude (…) Pedimos nuevamente que vayamos a una auditoría, voto por voto, mesa por mesa, que revisen, no tengo ningún miedo, estamos con la verdad”, afirmó el Presidente.

Ante el bloqueo que sostienen los sectores medios en las ciudades, las organizaciones sociales reunidas en la Coordinadora Nacional por el Cambio (Conalcam) anunciaron emergencia nacional para defender el voto rural y la democracia.
La máxima instancia de dirección política y sindical emitió un manifiesto en el que rechaza las amenazas de Comunidad Ciudadana y la denominada CONADE, que buscan consolidar el “golpe cívico-político” que activaron tras conocer su derrota en las urnas.
CONALCAM respalda además la iniciativa del Gobierno de realizar una auditoría que revise acta por acta el cómputo electoral del pasado 20 de octubre y transparente el proceso.
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