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Jul 10, 2011 La Quinta Pata La Pata Semanal Comentarios desactivados en Juicios: “arriba las manos…la bolsa y la vida”
Los genocidas no le «hacían asco» a robar de donde secuestraban y hacían desaparecer a personas, o directamente ejecutaban en el lugar todo tipo de valores, ya sea dinero, heladeras, televisores, y todo objeto que les apeteciera, incluso automóviles. Lo dijo el ex policía, ya retirado, Alfredo Gómez Centeno, que testificó esta última semana en la causa de Paco Urondo. En uno de sus dichos afirmó, por ejemplo, que Santuccione, vice comodoro y entonces jefe de policía, había dado órdenes de que «todo los elementos que se secuestraban eran botín de guerra que todos podían llevarse». Que los vehículos «secuestrados» se utilizaban, en gran parte, en los operativos. «En cambio, Sánchez Carmargo, el jefe del D2, decía que teníamos que luchar contra la subversión pero no ser ladrones» al mismo tiempo que describía a Sánchez Camargo, imputado en las causas que se están ventilando en la justicia federal actualmente en Mendoza, pero ya fallecido como «un sádico que no podía estar sin torturar a alguien. Algunos oficiales no estaban de acuerdo con estos procedimientos».
Ya en 1975 los organismos sabían plenamente de esta forma de actuar de la represión en función de «preservar el orden, la paz y la moral de los argentinos». Un ex soldado conscripto, que había hecho el servicio militar en esa época, daba testimonio en 1984, de que «un piso del Comando (calle 9 de Julio y Pedro Molina») se destinaba a acumular todos los objetos que eran secuestrados: electrodomésticos, televisores, máquinas de escribir y fotográficas, grabadores y todo tipo de muebles y que eran repartidos de acuerdo a su valor en consonancia con el rango del receptor». Aún en la rapiña, el orden verticalista se mantenía a rajatablas.
Caso Gomez-Cerutti-Palma
Este fue un caso de personas secuestradas y desaparecidas y uno de los más paradigmáticos de aquellos años de plomo en Mendoza. El 10 de enero de 1977, es secuestrado de su estudio de abogado en Capital Federal, Conrado Gómez, asesor jurídico de la empresa Cerro Largo, de Mendoza. Del estudio se llevan al abogado y todas sus pertenencias, incluso su automóvil. En esos mismos días son secuestrados Horacio Mario Palma, Victorio Cerutti y Omar Masera Pincolini, empresarios y miembros de aquella empresa, como también productores vitivinícolas. En todos los procedimientos hubo violencia y se llevaron todo lo que pudieron, más que nada importantes sumas de dinero. Todas estas personas eran mayores, como que Cerutti tenía 77 años de edad. Meses después, las fuerzas represivas incursionaron en una propiedad de Gómez que tenía en Corrientes y donde criaba caballos de carrera. Estos caballos, en un número superior a la decena, fueron retirados por personal del Ejército y a Gómez le eran «canjeados» por promesas de que sería liberado, lo que nunca ocurrió. De igual manera, y después de 4 meses de haber sido secuestrado Cerutti, todo su patrimonio – ya robado – es adquirido por un tal Federico Williams para la empresa Will-Ri.SA». En abril del 76, un hijo de Cerutti, vende las acciones de la bodega «Francisco P. Calise» a los abogados Tamagnini, Echeverri y Mota por un valor de 200.000 dólares. A partir de ahí los intervinientes sufren una serie de peripecias a manos de los represores. Tanto los adquirentes como Horacio Cerutti, hijo de Victorio, fueron detenidos, y después de ser puestos en libertad realizan el pago de aquella suma, por intermedio de Echeverri, debiendo consignarla judicialmente en una cuenta del Banco de la Nación.
Cuando Echeverri va al dicho Banco a terminar la operación, aparecen oficiales del Ejército, o sea el capitán Carlos Alberto Villanueva y César Hunts, segundo comandante de gendarmería, y con el pretexto de que «era dinero de la subversión» se apropiaron de los 200.000 dólares y se retiraron tranquilamente de la escena y sus bolsillos abultados de dólares. Tanto Cerutti, como Palma y Pincolini siguen desaparecidos, y sus descendientes, como los hijos de Conrado Gómez peleando por recuperar lo que legítimamente les pertenece.
Los protagonistas del llamado «proceso»: FFAA, fuerzas de seguridad y sectores empresariales, asesinaron, hicieron desaparecer a personas y robaron pertenencias, dinero y gran parte del patrimonio de la nación en nombre de «la recuperación de «de la moral cristiana», para lo que no trepidaron en aquello de «arriba las manos…la bolsa y la vida», que menos sádicos, los ladrones de alpargatas practicaban: «la bolsa o la vida».
La Quinta Pata, 10 – 07 – 11
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