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Mar 31, 2013 La Quinta Pata El baúl Comentarios desactivados en Patrimonio cultural
Eduardo Paganini
Clara Abal de Russo
A continuación, se transcribe sin cambio alguno un documento de gran importancia acerca de lo que se entiende por Autenticidad, Identidad y Diferencia. Aunque está más relacionado con los bienes inmuebles, se puede aplicar a todo el Patrimonio Cultural en general.
Carta de Brasilia
Documento Regional del Cono Sur sobre Autenticidad.
Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay.
Introducción:
Los miembros de los países del Cono Sur sentimos la necesidad de plantear el tema de la autenticidad desde nuestra peculiar realidad regional, que difiere de la de los países europeos u orientales con una larga tradición como naciones, dado que nuestra identidad sufrió cambios, imposiciones, transformaciones, que generaron dos procesos complementarios: la conformación de una cultura sincrética y de una cultura de resistencia. Si partimos de que la actividad humana de conformar el ambiente que nos rodea ha sido caracterizada, algunas veces como la imagen de la realidad de una sociedad expresada a través de bienes tangibles e intangibles, deberíamos comenzar por analizar nuestros modos de analizar esas imágenes.
Verificamos de inmediato que, en ese proceso, siempre operamos en dos direcciones básicas: la identidad y la diferencia.
Así ordenamos e interpretamos nuestras acciones sobre la naturaleza y la sociedad. Sembramos nuestros cultivos, construimos nuestras casas, nuestras ciudades, nuestros paisajes; escribimos nuestros libros, pintamos nuestros cuadros. A cada una de ellas le asignamos un significado y un valor y, de este modo, vamos conformando nuestra cultura, entendida como el conjunto de acciones creativas de una sociedad. Así vamos atesorando nuestro patrimonio cultural.
Autenticidad e Identidad
Decía Juan Bautista Alberdi, a mediados del siglo pasado: “Seguir el desarrollo es adquirir una civilización propia, aunque imperfecta, y no copiar las civilizaciones extranjeras, aunque adelantadas. Cada pueblo debe ser su edad y su suelo, cada pueblo debe ser él mismo…”
En el caso de nuestros pueblos latinoamericanos, y más específicamente, de los que conforman el Cono Sur, es posible distinguir varias herencias. La primera deriva de las culturas precolombinas, es el aporte indígena; la segunda, es el legado europeo inicial; la tercera fue la criolla y la mestiza, a la que se suma el aporte africano y, finalmente, la cuarta, con el legado de las diversas inmigraciones iniciadas a fines del último siglo. Esas herencias, con nuestros genes, están siempre presentes en forma de cosmovisiones o valores, aunque solo tratemos de exaltar una o alguna de ellas en desmedro de las demás. Debemos tomar conciencia de todas ellas, conquistar con esfuerzo de su comprensión su conocimiento y su aceptación.
La autenticidad de esos valores se manifiesta, se apoya y se conserva en la veracidad de los patrimonios que recibimos y que legamos. Con ello, estamos afirmando que ese grado de autenticidad que presupone cada legado, debe ser dimensionado en función de esas herencias.
La identidad la entendemos como forma de pertenencia y de participación. Por eso, somos capaces de encontrar nuestro lugar, nuestro nombre o nuestra figura, no por oposición, sino porque descubrirnos vínculos reales que nos atan al destino de las personas con las que compartimos una misma cultura.
Lo anterior nos lleva a plantear algunas preguntas que debemos responder: ¿A dónde pertenecemos y de qué participamos? Es así que, una pregunta sobre la pertenencia nos enfrenta a la búsqueda de la identidad histórica, a la valoración de la tradición cultural de nuestros pueblos, los que se enfrentan en forma indisoluble a una doble pertenencia que viene sin duda alguna, a hacer aún más compleja la búsqueda de la propia identidad.
El tema de la Autenticidad pasa entonces por el de la Identidad, que es cambiante y dinámica y que puede adaptar, valorizar, desvalorizar y revalorizar los aspectos formales y los contenidos simbólicos de nuestros patrimonios.
En un mismo país no existe una única identidad, y pueden existir identidades que entran en conflicto. Las identidades nacionales en continuo proceso de conformación, hacen que no se puedan establecer criterios únicos e invariables para lo “auténtico”.
Se debe caracterizar la composición diversificada de la identidad de nuestros países, que no es jerárquicamente inferior a la homogeneidad de otras culturas.
Tenemos que reconocer los valores de las mayorías y de las minorías; no solo lo de las culturas dominantes, sino también los de las formas de resistir a esas fuerzas. Las diversas vertientes que integran una sociedad presentan lecturas diferentes de tiempo y de lugar igualmente válidas, que deben ser consideradas en el momento de juzgar la autenticidad.
Autenticidad y mensaje
El significado de la palabra autenticidad está íntimamente ligado a la idea de verdad; es auténtico aquello que es verdadero, que se da por cierto, que no ofrece dudas. Los edificios y sitios son objetos materiales, portadores de un mensaje o argumento cuya validez, en el marco de un contexto social y cultural determinados y de su comprensión y aceptación por parte de la comunidad, lo convierten en patrimonio. Podríamos decir, en base a este principio, que nos hallamos ante un bien auténtico cuando existe correspondencia entre el objeto material y su significado.
Es interesante insistir en el tema del significado y de mensaje cultural del bien. El objetivo de la preservación de la memoria y de sus referentes culturales debe plantearse en función de servir al enriquecimiento espiritual del hombre más allá de lo material. El soporte tangible no debe ser el único motivo de la conservación.
Debe conservarse el mensaje original del bien cuando no fue transformado y por lo tanto, permaneció en el tiempo así como la interacción entre el bien y sus nuevas y diferentes circunstancias culturales, que dieron cabida a otros mensajes distintos, pero tan ricos como el primero. Esto es asumir un proceso dinámico y evolutivo. Por lo tanto, la autenticidad también alude a todas las vicisitudes que sufriera el bien a lo largo de su historia y que no desnaturalizaron su carácter.
Es necesaria la sensibilización de las comunidades acerca del tema de la autenticidad del patrimonio cultural, dando pautas para su conocimiento y valorización, para su conservación y protección, promoviendo a su goce artístico, espiritual y a su uso educativo, donde la memoria histórica, los testimonios y la comunidad cultural sean la raíz común.
Autenticidad y contexto
La conservación de la autenticidad de los conjuntos urbanos de valor patrimonial presupone el mantenimiento de su contexto socio cultural, mejorando la calidad de vida de sus habitantes. Es fundamental el equilibrio entre el edificio y su entorno, tanto en el paisaje urbano como en el rural; su ruptura sería atentar contra la autenticidad. Por eso, es necesario crear normativas especiales para mantener el entorno original, cuando sea posible, o generar relaciones armónicas de masa, textura y color.
Autenticidad y materialidad
Una parte importante de nuestro patrimonio, especialmente la referida a la arquitectura vernácula y tradicional, está conformada por materiales que son efímeros por naturaleza, como la tierra, los elementos vegetales, la madera, etc. En estos casos, la renovación de prácticas evolutivas en continuidad cultural, como la sustitución de algunos elementos con las técnicas tradicionales, resulta una respuesta auténtica. También consideramos esta acción válida para aquellas zonas o áreas de riesgo climático o telúrico.
Gradación de la autenticidad
Otro aspecto que debemos tener en cuenta es la gradación de la autenticidad de un bien y la calificación de las autenticidades: En el aspecto espacial, constructivo, funcional, decorativo, etc., en función de las ideas que dieron o rigen al bien. Distinto será para la arquitectura colonial, la industrial, la académica, la eclética, la moderna, etc., todo esto retroalimentado por medio de una correcta interpretación del bien, fundada en la investigación, la consulta y la discusión.
Conservación de la autenticidad
Como pautas para una estrategia de la conservación de la autenticidad, debemos tener en cuenta la identificación de las tradiciones culturales locales; el reconocimiento y la valoración tanto general como pormenorizada de sus componentes, y el estudio de las técnicas más adecuadas para conservar esa o esas autenticidades.
La intervención contemporánea debe rescatar el carácter del edificio o del conjunto rubricando de ese modo su autenticidad sin transformar su esencia y equilibrio, sin caer en arbitrariedades, sino exaltando sus valores.
La adopción de nuevos usos en aquellos edificios de valor cultural es factible siempre que exista previamente un reconocimiento del edificio, y un diagnóstico certero de cuáles intervenciones acepta o soporta. En todos los casos, es fundamental la calidad de la intervención, y que los elementos nuevos introducidos tengan carácter reversible y armonicen con el conjunto.
En edificios y conjuntos de valor cultural, el fachadismo, lo meramente escenográfico, los fragmentos, el collage, los vaciamientos, son desaconsejables en tanto producen la pérdida de la autenticidad intrínseca del bien.
Reflexión final
Estas últimas décadas, inmersas en la cultura de la posmodernidad, y caracterizadas por la globalidad y la homogeneización, el consumo masivo, la calidad superficial y la segmentación, han dado como resultado una fuerte cultura de masas, que debilita nuestras identidades nacionales y regionales.
Esta situación nos presenta desafíos muy graves para la conservación de la autenticidad en el patrimonio edilicio, urbano y rural, que tenemos que afrontar para asegurar este legado de mensajes y productos a aquéllos que nos sucedan.
Brasilia, 8 de diciembre de 1995.
Introducción al Patrimonio Cultural , Dirección de Patrimonio e Infraestructura Cultural, Instituto Provincial de la Cultura, Mendoza, febrero de 1997.
Baulero: Eduardo Paganini
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