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Nov 16, 2021 La Quinta Pata Quintaesencias Comentarios desactivados en Sebastián
En noviembre de 2020 la familia de Sebastián Moro convocó a un conversatorio por Zoom para conmemorar el primer año de su asesinato durante el golpe de Estado en Bolivia. Hoy, La Quinta Pata que perdió ese mes a dos de sus principales pilares, se suma a la Campaña por Memoria, Verdad y Justicia en el nombre de Sebastián y de todas las víctimas del golpe.
A continuación transcribo con algunas correcciones lo que leí en el aquel conversatorio:
“Este conversatorio nos desarma porque perdimos a un compañero, a un amigo, muy temprano, antes de su tiempo. Pero también hoy nos convoca la celebración de su compromiso, el tipo de periodismo que hacía y su vida intensa. Nos alegra enormemente habernos contado entre sus afectos.
“Como sucede con las amistades hermosas que nos hemos labrado no puedo precisar cuándo conocí a Sebastián. Puede ser que se haya iniciado en la casa de una amiga común – Betty García – que cada vez que llegaba a Mendoza organizaba generosamente una juntada a la que invitaba a mis conocidos setentistas y a una serie de jóvenes que estaban al final de sus carreras universitarias.
“De estos chicos me acuerdo de las caras de casi todos y hasta de algunos nombres. Entre ellos estaba Sebastián a quien la memoria me lo dibuja tímido, inquieto y más o menos silencioso. Vaya a saber si era exactamente así pero a mí esas características – el silencio, la inquietud y la timidez – me conmueven y ambos las debemos haber interpretado como señales de espíritus compatibles. Nuestra amistad comenzó a crecer desde esos tres parámetros: timidez, inquietud y silencio.
“Ese es el recuerdo inicial al que le doy prioridad sobre otros posibles. Como dije no puedo precisar si tal vez primero lo vi en Radio Nacional o en la Radio de la Universidad. O sea, la precisión del comienzo deja de ser un factor, al menos para mí, cuando hay de por medio una relación que se consolidó en poco tiempo y fue muy significativa.
“Un poco esta amistad se parece a la que tuve con otra gran persona a quien perdí (a quien perdimos) casi en simultáneo al asesinato de Sebastián. Por lo menos en el plano de las edades, estas amistades se parecían. Ramón Ábalo era bastante mayor que yo; Seba bastante menor.
Seba sabía que en los setenta me fui a Bolivia siguiéndolo al Negro, quien con una generosidad sublime me puso bajo su ala. En una nota que se publicó en La Quinta Pata para el cumpleaños número 90 de Ramón, Seba cuenta que antes de mandarse él mismo para Bolivia lo fue a consultar sobre su plan de viaje, y así como el Negro me había dicho a mí “venite” 40 años atrás, al Seba, sabiendo bien lo que lo motivaba, le dijo “andate”.
Seba, todos sabemos, participó en muchos medios alternativos y comunitarios en Mendoza siempre con una óptica comprometida y dentro del campo popular. En La Quinta Pata tuvo una participación importantísima desde 2009 hasta bien entrado 2019. Publicó muchísimos artículos picantes sobre los más diversos temas – culturales, políticos, económicos, literarios – que tuve el placer de leer primero que nadie mientras dirigí la publicación. Tengo presente varias de sus colaboraciones pero todavía me hace ruido una nota de 2010, titulada “Bichito de luz”, sobre Camilo Blajaquis (César González) un pibe que buscó salvar el destino cantadamente trágico de aquel que crece en la villa por la agencia de la literatura. Como Seba, ese chico Camilo de la nota ponía el hombro para cambiar el margen desde el margen.
Seba tenía una fijación con el asunto de la luz. Si algo le apetecía, ahí estaba la luz. A mí me hizo una nota que la llevo siempre puesta, “Luz de la historia” para el periódico Universidad, en ocasión del libro que escribimos con mi compañera sobre mi madre. Él mismo participó solidario con Ramón Abalo y con mi hermana Dora en la presentación en la Feria del Libro de Mendoza en 2013.
Cuando se hizo cargo Évelin Torre de la dirección de La Quinta Pata, seguimos mandándonos escritos para conversarlos, discutirlos – discutíamos mucho – y a veces no nos poníamos de acuerdo, pero el calor de la amistad nunca se resintió, al contrario; así como tampoco nunca se resintió con Ramón Abalo porque había esa amistad, esa hermandad que se siente por los seres íntimos de nuestro alrededor.
Al irse a Bolivia, desde La Quinta Pata, lo apoyamos lo mejor que pudimos y él nos reciprocó en su estadía allá con notas exclusivas, exquisitas y además reprodujimos sus colaboraciones con los medios bolivianos con los que había comenzado a trabajar, como Prensa Rural.
Además de sus notas, nos mandábamos correos electrónicos que más que de la era electrónica pertenecían al género epistolar, donde nos animábamos a sobrellevar nuestras distintas etapas de destierro. Los primeros meses fueron muy bravos para él, como lo son para todo aquel que aterriza en otro país, por más que la elegida haya sido la Bolivia plurinacional de Evo y del MAS, que tanto quisimos.
Pero pese a las mishiaduras del desterrado apenas se instaló nos contaba la seriedad del compromiso con su nuevo espacio. Decía:
Todavía no alcanzo a la semana en Bolivia y cada minuto me siento más deslumbrado en todos los sentidos, materiales y no, sociales, políticos y profundamente históricos. Cada vez estoy más decidido a vivir y trabajar aquí.
Lo mortificaban los reveses burocráticos, pero la persistencia de su decisión de participar en el proceso boliviano costara lo que costara lo llevaban a transmitir una euforia contagiosa en medio de sus estrecheces:
Estoy feliz (…) he vuelto a escribir y el entusiasmo nuevamente me carcome los dedos. Sé que no intervenís ahora en la edición de La Quinta Pata, pero no puedo dejar de enviarte primero a vos en agradecimiento a las puertas siempre abiertas que valoro más que cualquier ayuda material. Nobleza obliga. Ahora defino las fotos y le escribo y envío a Eve.
Un año después, en abril de 2019, reafirmaba:
De momento sigo acá, con laburo, haciendo lo que me gusta y subsistiendo con lo justo, o sea, el paraíso en comparación a si me hubiera quedado.
Y si el compromiso de su decisión de estar en la Bolivia de Evo se mantenía firme, también se esforzaba en el compromiso de trabajar el estilo, sobre lo cual conversábamos a menudo. Voy a citar uno de estos intercambios, la parte de él porque tiene que ver precisamente hacia dónde deseaba marchar con la forma de su escritura. Dice:
Después de años de escribir en tercera persona sobre los mil y un testimonios, he optado por darme un lugarcito propio y seguir probando, tal vez sea el camino que de a poco me vaya alejando del periodismo clásico para ir acercándome a la literatura; también estaba muuuy aburrido y trabado de escribir notas a la manera clásica; trato de sufrirlas menos y disfrutarlas más; y todo lo anterior relacionado hacia los lectores, en épocas de micro lecturas o de la directa ausencia de lecturas. Para los que nos gusta despacharnos en largos textos (…), me parece que hay que sacudir al lector, sacarlo de su prejuicio de «qué bodrio», para que nos den una mínima oportunidad de llegar hasta el final, o sea, volver un poco a las formas de tipos como Roberto Arlt o Soriano (…) ¿A quién puede importarle un comino Bolivia si no los sacudo?
(…) Tengo tu aliento incorporado, creéme que es así, y más allá de que para reencontrarme con la escritura que quiero me ha servido este raje cósmico, nada hubiese sido posible sin vos ni L5P. Gran terapia además para mí. Otro día te contaré lo de mi novela eternamente sin empezar, pero va por los canales que vos decís y por supuesto todo lo que aprendí con lesa humanidad. El año pasado leí «El testigo» de Juan Villoro y dije «ya está, este es definitivamente el modelo de lo que quiero y tengo que hacer». Y cuando empiece, de nuevo imperativo…, vos me vas a ayudar.
***
En el programa sobre Seba de Radio Nacional [el 14 de noviembre de 2020], Stella Calloni sugirió que un homenaje oportuno y necesario sería publicar sus escritos. Para un pibe de apenas cuarenta años Seba tiene un montón de escrituras que son importantes y como dije antes, tan exquisitas como picantes: lo que escribió en el Diario de los Juicios, su tesina universitaria, sus colaboraciones para La Quinta Pata, antes y durante Bolivia, lo de Prensa Rural, y asimismo el intercambio de mensajes que mantuvo conmigo y seguro que con muchos otros. Me sumo a esa requisitoria de publicación y me pongo a disposición de Penélope, a quien la escuché decir que hay un equipo de gente para trabajar en eso. Si se me quiere aceptar como voluntario aquí estoy.
Por el Seba, por supuesto, siempre presente.
Imagen: Seba, su mamá, mi hermana Dora; al fondo a la izquierda se ve a Ramón Abalo (2013)
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