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Ago 01, 2008 La Quinta Pata Cultura Comentarios desactivados en Tres Nobel mirando a África
Doris Lessing y Nadine Gordimer —ambas publicadas en nuestro país hace algunas décadas— llevaron su visión de la realidad sudafricana a la gran literatura, añadiendo ese toque femenino que concede a sus obras la verosimilitud de lo íntimo como un recurso más para esa denuncia donde el posible panfleto se disuelve en la carga profundamente personalizada del conflicto colectivo.
Tanto en Canta la hierba como en El conservador, las dos novelas de Lessing y Gordimer, respectivamente, editadas en Cuba, los profundos abismos sicológicos a los que se enfrentan los personajes a causa del entorno despiadado de la discriminación racial y la explotación del hombre blanco, resultan emotivas rebeliones a las que el discurso femenino añade ese plus que rebasa las limitaciones de cualquier esquema aristotélico.

Por su parte Gordimer aborda la realidad desde el punto de vista del supuesto vencedor. El protagonista de su novela es un hombre blanco que se ve, de pronto atrapado por las reglas de su propio juego. Insensible a los argumentos de su amante izquierdista es, sin embargo, derrotado en su propósito de despojar de lo que les pertenece a los verdaderos dueños de una nación que sufrió uno de los destinos más injustos de que se tenga memoria en la época contemporánea.A través de un personaje alter ego (Marta Quest), Lessing es autora de una zaga donde se mezcla la exploración novelesca del mundo interior de la mujer con la preocupación social.
La autora de Canta la hierba y de una antología de relatos aparecida en nuestro país con el título de El hormiguero (y solo menciono la obra publicada en Cuba) es uno de esos raros casos en el mercantilizado mundo editorial de hoy que no ha necesitado ni de agentes literarios ni de maquinarias publicitarias para imponerse desde su prolífica soledad. La noticia del otorgamiento del Nobel la sorprendió haciendo compras en tiendas cercanas a su austera vivienda londinense.
«Como me crié en África del Sur (Rhodesia del Sur) —ha dicho— parte de mi obra está ambientada en esa región; la prominencia de los conflictos raciales allí existentes ha hecho inevitable que escriba más sobre aquellos aspectos que reflejan la discriminación racial sobre ningún otro».
Su discurso de aceptación del Nobel, leído por su editor ya que por razones de salud no pudo asistir a la ceremonia en Estocolmo, fue calificado por algunas agencias de prensa como «desobediente», simple y llanamente porque expuso razones como estas:
Somos parte de una cultura fragmentadora, donde se cuestionan nuestras certezas de apenas pocas décadas atrás y donde es común que hombres y mujeres jóvenes con años de educación no sepan nada acerca del mundo, no hayan leído nada, solo conozcan alguna especialidad y ninguna otra, por ejemplo, las computadoras.
Somos parte de una época que se distingue por una sorprendente inventiva, las computadoras y la Internet y la televisión, una revolución. No es la primera revolución que nosotros, los humanos, hemos abordado. La revolución de la imprenta, que no se produjo en cuestión de décadas sino durante un lapso más prolongado, modificó nuestras mentes y nuestra manera de pensar. Con la temeridad que nos caracteriza, aceptamos todo, como siempre, sin preguntar jamás «¿Qué nos va a pasar ahora con este invento de la imprenta?». Y así, tampoco nos detuvimos ni un momento para averiguar de qué manera nos modificaremos, nosotros y nuestras ideas, con la nueva Internet, que ha seducido a toda una generación con sus necedades en tal medida que incluso personas bastante razonables confesarán que una vez que se han conectado es difícil despegarse y podrían descubrir que han dedicado un día entero a navegar por blogs y a publicar textos carentes de todo sentido, etc.
Hace poco tiempo, incluso las personas menos instruidas respetaban el aprendizaje, la educación y otorgaban reconocimiento a nuestras grandes obras literarias. (¼ ) Las personas mayores, cuando hablan con los jóvenes, deben tener en cuenta el papel fundamental que desempeñaba la lectura para la educación porque los jóvenes saben mucho menos. Y si los niños no saben leer, es porque nunca han leído.
Todos conocemos esta triste historia. Pero no conocemos su final. Recordemos el antiguo proverbio: «La lectura es el alimento del alma» —y dejemos de lado los chistes relacionados con los excesos en la comida—, la lectura alimenta el alma de mujeres y hombres con información, con historia, con toda clase de conocimientos.
Por su parte, Gordimer (1923) también apela al conflicto humano con una voz muy personal. Fue, además de una literata comprometida con la causa, una tenaz activista política contra el apartheid. Sudafricana de nacimiento, siempre se sintió sensibilizada por lo que sucedía a su alrededor.
«La gente —declaró en una ocasión— se siente escandalizada por la brutalidad de la policía en el entierro de las víctimas de alguna revuelta, pero la brutalidad no consiste solo en matar gente. Hay otras formas de hacerles daño, de herirles, que se dan a diario».
Esas otras formas, que no reflejaban los grandes medios de comunicación, fueron las que dieron autenticidad a sus novelas y finalmente la condujeron a la obtención del más alto galardón universal de las letras en 1991.
El aniversario 90 de uno de los grandes hombres de la historia contemporánea, el luchador Nelson Mandela, también Premio Nobel de la Paz, y la existencia de estas dos obras se conjugan para tender las trampas a ese olvido en el que no debe caer lo sucedido hasta hace muy poco al sur del continente africano.
La lectura, como excelente opción para disfrutar del tiempo libre de una manera que propicie el enriquecimiento espiritual, nos hace recomendar la obra de estas dos mujeres no siempre reconocidas como se merecen en este mundo donde las ventas y los best sellers se privilegian por encima del verdadero valor literario.
Nuestras bibliotecas son el lugar donde el lector podrá tropezarse con estos libros aquí mencionados y quizás alguno más, lo que no satisface la aspiración de que nuestras editoriales, dentro de sus posibilidades, consideren una actualización de dos universos narrativos imprescindibles para saber diferenciar la legitimidad de la verdadera literatura, al margen de la parafernalia de la engañosa publicidad de los mercados internacionales.
Granma, 01 – 08 – 08
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