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May 18, 2015 La Quinta Pata Mendoza Comentarios desactivados en Audiencia 79: Sinsentidos, amedrentamientos y olvido… los hilos de la complicidad de los jueces
Se escucharon los testimonios de Fanny Roitman, Julio Rojas y Atilio Spinello. Roitman declaró en el marco de la causa que investiga el secuestro de su hermano Roberto ocurrida en enero de 1977. Julio César Rojas expuso sobre su detención y la de su hermano Joaquín, ambas el 22 de noviembre de 1975. Finamente, Atilio Rosario Spinello, testimonió sobre su propio secuestro, el 25 de abril de 1978.
“No se podía hacer nada”
Según relató Fanny Roitman, su hermano Roberto fue secuestrado en una confitería mientras tomaba un café con amigos. La familia se enteró del hecho cuando un policía conocido del pueblo en que vivían, que había conducido el móvil en el que se lo llevaron, se acercó a la casa de los Roitman para informarles lo sucedido. A partir de ese momento, Fanny y sus hermanos se contactaron con el camarista Carlos Washington Lencinas, quien redactó una carta y un habeas corpus, que fue presentado al, por entonces, juez Guzzo. El exmagistrado alegó que debido a que no se hallaba en la lista de detenidos a disposición del PEN “no se podía hacer nada” y que debía dirigirse a la policía. A continuación, Fanny se dirigió a la comisaría de calle Rioja donde el personal que la atendió le señaló que no correspondía realizar la denuncia en esa repartición y que se dirigiera a calle Godoy Cruz. En esa comisaría se le informó que no se le podía tomar la denuncia debido a que “no estaba el sumariante”. Para sorpresa de la testigo, cuando el sumariante llegó le dijo que tampoco podía tomar la denuncia porque no tenía birome. Inmediatamente, Fanny le ofreció una, pero el agente argumentó no poder usarla “porque no era oficial”.
Pese a no obtener respuesta ni de la Justicia ni de la policía, la familia supo que Roberto se hallaba en el Palacio Policial, gracias a que una persona que había estado con él en ese centro clandestino los contactó. A partir de ese momento, Fanny concurrió en varias oportunidades al D2 con comida y ropa limpia. Si bien el personal de ese CCD negó que Roberto se hallara detenido en ese lugar, en una oportunidad le recibió la ropa limpia y le entregó una bolsa con ropa sucia.
A los 10 días del secuestro de su hermano, Fanny volvió a dirigirse a Guzzo y en esa oportunidad ni siquiera fue recibida por el exmagistrado.
Muerte a los traidores
Julio César Rojas y su hermano Joaquín fueron secuestrados el 22 de noviembre de 1975 en la casa familiar que compartían con sus padres y una tía. Joaquín estaba casado con Raquel, que estaba embarazada, y ambos tenían ya un niño pequeño.
El testigo estima que los hechos ocurrieron alrededor de las 4 de la madrugada, cuando irrumpió la patota tras ametrallar la puerta. Luego de interrogar violentamente al testigo, la patota se llevó a ambos hermanos, y robó objetos de valor y el dinero que encontraron en el domicilio.
Hasta ese momento Rojas había sido estudiante de medicina y su hermano, 10 años mayor, se desempeñaba como empleado público. La familia era peronista y ambos jóvenes, de 20 y 30 años respectivamente, tenían militancia en el peronismo de base.
Como en otras oportunidades, procedieron encapuchados, vestidos de civil y portando armas largas y cortas, y dejaron en la pared de la casa una inscripción: Muerte a los traidores, firmada por el ERP.
Julio César y su hermano fueron trasladados en distintos autos y llevados, en primer lugar, a Investigaciones, que se hallaba al lado de la Escuela Normal.
Rojas sufrió, desde el momento de su secuestro, interrogatorios, golpes, malos tratos y sucesivos traslados. Supone haber estado en la Comisaría Séptima, en un lugar no identificado, que puede haber sido la Compañía de Comunicaciones (donde fue sometido a tortura, interrogatorios y simulacros de fusilamiento) para, finalmente, llegar a la penitenciaría provincial, después de transcurridas dos o tres semanas desde su secuestro. Había padecido hambre, humillaciones y pésimas condiciones de higiene y tormentos que le habían dejado costillas rotas y una infección en los ojos por el uso continuo de capucha.
Durante su cautiverio Julio César Rojas compartió sitios de detención con Luis Rodolfo Moriñas, también estudiante de medicina, secuestrado la misma noche, Koltes, Pina, Bonardel y Piri Lillo, entre las personas que recordaba.
Sobre Moriñas, el testigo recuerda haberlo escuchado hablar sobre las violaciones cometidas por integrantes de las fuerzas de seguridad, tras lo cual oyó un golpe. Luego ya no lo sintió más.
Durante su estadía en la penitenciaría provincial, Julio César fue informado de su situación: se hallaba a disposición del juez federal, mientras su hermano estaba a disposición del PEN. Trasladado al Juzgado Federal de la calle Las Heras, fue recibido por alguien que, según el testigo entiende, era un fiscal, un tal Miret, dijo, que ordenó que le quitaran las esposas, le permitió hacer una llamada a su familia y le explicó que había estado detenido por averiguación de antecedentes, pero dado que se había podido probar que no tenía actividad subversiva, se hallaba en libertad. Le entregarían el pliego en la penitenciaría.
Según el dicente el proceso fue verbal. Sin documentos, sin abogados defensores, sin que la justicia respondiese a los habeas corpus y denuncias presentadas por la familia, que además había recurrido a todos los contactos de que disponía.
El testigo recuperó la libertad en diciembre y su hermano Joaquín en marzo. Cuando salió la pintada de la patota estaba allí, su familia recordaba los atropellos sufridos y las denuncias desestimadas. Lo sucedido le impidió continuar sus estudios en Mendoza, por lo que un tiempo después, aún en dictadura, se fue a Córdoba donde finalizó la carrera de medicina.
Terapia de olvido
A lo largo de su testimonio relató los acontecimientos durante los cuales fue secuestrado, torturado y robado, durante la noche del 25 de abril de 1978, mientras se encontraba en su casa de Las Vegas, Potrerillos, junto a su esposa y dos hijos.
Spinello recibió un culatazo en la cabeza cuando abrió la puerta e irrumpieron varias personas con pasamontañas, que luego de revisar la casa lo secuestraron en un vehículo y se lo llevaron. Los intrusos además desvalijaron la casa, incluido el juego de muebles de comedor, el dinero que había y los valiosos equipos profesionales que la víctima, fotógrafo de profesión, usaba para su trabajo.
Atilio Spinello estuvo durante nueve días en una habitación que describió como un sótano, los ojos vendados y amordazado, atado en una cama y sufriendo diversos tormentos: recibió pasaje de corriente eléctrica, golpes y fue colgado de las muñecas desde unos ganchos que había en el techo.
El testigo no sabe bien ni le dijeron cuál fue el motivo de su “detención”. Cree que pudo haber sido porque siempre usó barba y era diferente, ayudaba a las personas carenciadas y por eso era tachado de “peligroso”. También el motivo pudo haber sido el robo de sus pertenencias, que se llevaron en un camión y en su propio automóvil Dodge, el que también se llevaron.
Su esposa y su hermano, ayudados por el Director de Escuela, Hugo del Río, fueron a la policía de Potrerillos y de Chacras de Coria, donde hicieron la denuncia, sin obtener resultados.
Spinello no recuerda muchos datos ni nombres debido a que tuvo que hacer una terapia de olvido, para poder seguir con su vida. No recuerda si su esposa fue a la Justicia, aunque el fiscal le refirió la existencia de un habeas corpus. Cuando fue liberado (lo abandonaron en el parque) él mismo se presentó en la policía y fue a los Servicios de Inteligencia del Ejército, la Aeronáutica y la Policía para averiguar a qué fuerza pertenecía la patota que lo llevó. No pudo saberlo con certeza pero cree que fue el Ejército con complicidad de la Policía. También recibió amenazas telefónicas para que abandonara el país, lo que finalmente hizo. Se fue a la India donde vivió un tiempo en un monasterio y pasó más de 20 años en ese país.
El testigo afirmó que no tiene resentimientos, luego de su terapia, pero aseguró que si no puede decir que todos los jueces actuaron mal, algunos de ellos deben haber sabido lo que pasaba y si no querían ser cómplices deberían haberse retirado.
Las audiencias continuarán los días lunes 18 y martes 19 de mayo desde las 9.30 de la mañana.
Fuente: juiciosmendoza.wordpress.com
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