Última Actualización agosto 15th, 2026 8:01 AM
Jun 07, 2015 Ricardo Nasif Recomendada Comentarios desactivados en El maravilloso mundo de Walt Disney
Los niños están todo el día con esos diabólicos jueguitos electrónicos de sangre, destrucción y muerte. Durante horas se la pasan pasmados, masacrando miles de alienígenas, mutilando hordas de zombis, atropellando viejecitas desprevenidas, arrancándoles de un tirón cabezas y espinas dorsales a adversarios, despostando cuerpos de terroristas árabes en cámara lenta… Sangre, sangre y más sangre.
Uno los ve así y dan ganas de hacerles una cesárea de la Play Station para arrancarlos de la conexión vital que los une de forma inalámbrica desde los joystick a la pantalla.
El mal empezó con los aparentemente inocuos video games de las Ataris del siglo pasado y llegamos a este punto de las Xbox de realidad virtual, que alejaron definitivamente a nuestras pequeñas palomitas de la bondad de la literatura, de las canciones infantiles, de clásicos de Walt Disney, de rondas, saltos en la soga, luche, payana, trompo y figuritas.
¿Dónde quedó la inocencia de Caperucita Roja, quien ingenuamente advierte que las piernas y los brazos de su abuelita son demasiado largos, que tan grande tiene sus orejas, ojos y dientes, y termina siendo engullida por un lobo travestido? ¿Dónde están hoy las sonrisas infantiles cantando el degüello de los gremialistas de la madera de San Juan, aquellos que pedían pan y queso al ritmo del aserrín y el aserrán? ¿Qué pasó con la torpe farolera que contrajo a tan temprana edad sus primeras nupcias con el militar de carrera? Ya no se oyen las carcajadas frescas y burlonas por la falta de determinación de paradero de Mambrú, aquel que se fue a la guerra y no vino para Pascuas ni Navidad.
El mundo estaba mejor entonces, sin video games, cuando el hábito de la lectura de cuentos e historietas y el placer audiovisual de las cintas de Bambi, Aladino y La Dama y el Vagabundo sumergían a los niños y niñas en un mundo de inocente fantasía.
Sin embargo, hay quienes –¡cuándo no!- pretenden ver sexismo, discriminación, violencia clasista y opresión por todos lados, incluso en los libros que eluden las malditas criaturas de la Play Station.
Las versiones originales de los cuentos tradicionales estaban llenos de crueldad. En Hansel y Gretel la hambruna lleva a los padres a abandonar a sus hijos en el medio del bosque y una malvada busca engordarlos hasta que revienten para comérselos. En Blancanieves la madre -reemplazada en reversiones por una madrastra- quiere matar a su hija a causa de una rivalidad sexual. Los padres de Rapunzel la entregan a una bruja a cambio de comida, quien la encierra en una torre, hasta que un príncipe escala por su largo pelo y la embaraza de gemelos. Las hermanastras de Cenicienta se cortan los dedos o el talón para que les quepa el zapatito de cristal, aunque finalmente unos cuervos las descubren y les arrancan los ojos.
Los hermanos Grimm en el siglo XIX y los literatos posteriores dulcificaron esos cuentos, aunque el sexismo y la desvalorización de la mujer no desaparecieron nunca como elementos centrales. Una organización no gubernamental francesa de defensa de los derechos de las niñas (Association Européene du coté des filles) realizó un estudio en 1994 donde demostró que la literatura infantil porta estereotipos sexistas. Algunos datos: de los 763 álbumes italianos, franceses y españoles estudiados, en el 61% predominan personajes masculinos y en sólo el 26% las protagonistas son mujeres; casi el 80% de los textos franceses hacen referencia en sus portadas a un personaje masculino; de las 255 madres representadas en las páginas analizadas, apenas 14 tienen vida profesional en ocupaciones de poca valoración social. En esa misma literatura infantil europea la mujer sólo logra torcer su destino manifiesto cuando es salvada por un bello varón o se convierte en una hermosa princesa, reina progenitora, malvada bruja, madre sustituta o hada mágica.
Buena parte de los clásicos fueron reinterpretados en la gráfica y en el cine por Walt Disney en el siglo XX: Blancanieves (1937), Pinocho (1940), La Cenicienta (1950) y La Bella Durmiente (1959). Además, Disney se convertirá poco a poco en la usina constituyente de los nuevos clásicos.
El argentino Ariel Dorfman y el belga Armand Mattelart tuvieron la insolencia en 1972 de escribir el libro “Para leer al pato Donald”. Allí desacralizan la pureza melodramática del mundo del tío Walt y señalan las notas ideológicas de la colonización cultural impulsada por el imperialismo norteamericano. «La literatura infantil es quizás el foco donde mejor se pueden estudiar los disfraces y verdades del hombre contemporáneo porque es donde menos se lo piensa encontrar», nos dicen Dorfman y Mattelart.
Entre las nada sutiles contribuciones que tuvo Disney para con la metrópolis mundial se encuentra el corto “La cara del Führer” que, tras ganar el Oscar de animación de 1943, permaneció oculto durante más de medio siglo. El film, impulsado por el ejército norteamericano, es un panfleto propagandístico en el que aparece el Pato Donald sufriendo una pesadilla nazi hasta que despierta abrazado a la Estatua de la Libertad.
También las súper producciones de Disney ofrecieron un inestimable aporte para alinear el patio trasero sudamericano a la cosmovisión yanqui. Para Marcela Croce, docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, “en el cine infantil producido por y desde Hollywood se modela la mentalidad de los niños de acuerdo con las conveniencias de las sucesivas políticas norteamericanas (especialmente en lo relativo a la política exterior), abocadas a defender los valores de la civilización occidental como superiores a los de cualquier otra cultura”.
Con las películas Saludos amigos (1940) y Los tres caballeros (1944) la industria de Walt desembarca masivamente, con su programa de educación del niño proimperial, más allá de las fronteras de los estados confederados. A tal punto que los organismos internacionales de la ONU (como UNICEF y FAO) avalan los principios promulgados por el cine infantil, en donde, como todos sabemos, las gallinas de Don Walt ponen los huevos de oro.
Nuestro artista Florencio Molina Campos -el de las caricaturas gauchescas- fue uno de los dibujantes destacados de Saludos amigos, cuya canción inicial dice: “Salud América. / Ya es hora de vivir / en buena amistad. / Salud friends, / vecinos, / unidos hay que estar.” ¡Cuánto meloso compañerismo en el medio de la Segunda Guerra Mundial!
A partir de entonces la potencia del Disney World acompañó el proceso global del discurso hegemónico, difundido en salas de cine, DVD´s, canal de cable exclusivo, internet, videojuegos y toda la parafernalia de Disneylandia y su merchandising, para que el colonizado compre, a descuidados precios, la cultura del colonizador.
Hay cientos de ejemplos en los dibujitos animados de Disney sobre el mantenimiento de la dominación tal y como está o, lo que es lo mismo, los riesgos de cambiar el régimen injusto establecido. El más sobresaliente, en mi criterio, es el Rey León (1994). En resumen: Simba, el cachorro acusado por su tío de matar a su rey padre, abandona el reino. Lo encuentran moribundo un suricato y un chancho jabalí medio hippies, le salvan la vida y lo estimulan a subsistir en una vida postmoderna, sin preocupaciones, relajados, comiendo gusanos locos, tirándose pedos sin prejuicios. Transa que un carnívoro como él renuncie a su instinto y no se los coma y viven por años en un no lugar, sin historia, en un eterno presente. Hasta que aparece Nala, una leona amiga de Simba que ya se puso buena, se enamoran, le recuerda su pasado. Luego aparece el espectro de su padre muerto invocado por un mandril chamán y le baja línea sobre su legado individual: tiene que volver al reino que ha sido arrasado por las hienas impresentables y su tío traidor y restituir las cosas, que la cadena alimenticia no se trastoque, que cada uno ocupe la casta asignada por el instinto, que el hijo del rey sea el monarca más fuerte y que el ciclo natural se perpetúe.
Una vez más, con la maestría de Walt, se consagra el viejo truco de usar animales para explicar la sociedad. Ellos hablan como nosotros, se enamoran como nosotros, asesinan como nosotros, se organizan como nosotros, pero se rigen por las leyes de la naturaleza. Es una especie de darwinismo social con moraleja, de donde develamos el mensaje, la enseñanza.
Y así fue, todos terminamos cantando: “…es el ciclo sin fin…” Y así será, hasta que el maravilloso mundo de Walt Disney se descongele.
Oct 15, 2017 Comentarios desactivados en En año electoral, seguir repensando el voto electrónico
Jul 02, 2017 Comentarios desactivados en De la deuda externa a la deuda eterna
Jul 26, 2022 Comentarios desactivados en Cáncer de Mama, maternidad y lactancia: entrevista a la Lic. María del Pilar Carbone
Jul 02, 2022 Comentarios desactivados en San Rafael: Cura prófugo más cerca de la justicia
Oct 02, 2022 Comentarios desactivados en ¿Cómo les fue a las principales empresas argentina en los últimos años? Ventas, rentabilidad y costos laborales
Acerca de Últimas entradas SeguímeRicardo Nasif SeguímeÚltimas entradas de Ricardo Nasif (ver todo) El rito de Volver - marzo 27, 2016 Los días felices - febrero 28, 2016 Despidos flojos de papeles - febrero 7, 2016 El presente informe tiene por objetivo analizar el estado de situación de las...
Sep 02, 2022 Comentarios desactivados en Informe fiscal: análisis de los ingresos, gastos y resultados del Sector Público Nacional – Datos a julio de 2022
Jul 27, 2022 Comentarios desactivados en Informe fiscal de junio 2022: menores gastos en subsidios y mayores en obra pública
Jul 26, 2022 Comentarios desactivados en ¿Qué pasó con el cuerpo de Evita?
Acerca de Últimas entradas SeguímeRicardo Nasif SeguímeÚltimas entradas de Ricardo Nasif (ver todo) El rito de Volver - marzo 27, 2016 Los días felices - febrero 28, 2016 Despidos flojos de papeles - febrero 7, 2016 por Pablo Vázquez / Agencia Paco Urondo En la noche del 23 de noviembre de...