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Jul 10, 2016 Eduardo Paganini El baúl Comentarios desactivados en Reflexiones en torno a Bairoletto (I)
En el número anterior de EL BAÚL CUYANO hemos traído textos alusivos a la vida del Gaucho Cubillos, otro integrante de la historia de bandidos rurales de la zona. En la presente entrega se nos cruzó este texto del más cercano en la historia, el Pampeano Vairoleto[i] del que ya habían aparecido otras publicaciones en La 5ª Pata (especialmente http://la5tapata.net/el-gaucho-juan-bautista-bairoletto/). En este caso, el sociólogo Fabio Erreguerena intenta superar la mirada meramente anecdótica y trata de analizar e interpretar la historia personal del bandolero devenido en héroe como un acontecimiento social de efectos posteriores especialmente en el mundo simbólico.
En las anteriores secciones del presente capítulo se ha desarrollado el marco histórico en que se desenvolvieron las andanzas de Juan Bautista Vairoleto y se ha hecho un breve recorrido por su biografía que servirá como soporte para analizar los primeros modos de constitución del mito y las distintas etapas o momentos de este. En esta parte del libro intentaremos seguir el itinerario del mito, sus formas de retroalimentación, su vigencia y el papel que cumple en el imaginario y la cultura popular.
En el Capítulo I planteábamos que para leer este tipo de mitos debía inscribírselos en el contexto de un campo específico, la cultura popular. Así también habíamos definido a la cultura popular como el conjunto de prácticas y discursos simbólicos de los sectores subalternos; sectores a los que, por su participación desventajosa en el producto social o por su situación de marginación del poder, no les conviene apoyar el sentido dominante de la cultura hegemónica y desarrollan o mantienen formas culturales distintas.
En lo que sigue, procuraremos establecer hasta qué punto el mito popular de Juan Bautista Vairoleto expresa una forma de resistencia a la opresión, develando así la función utópica del mito. Lo que interesa fundamentalmente es indagar en los modos de construcción de este mito, sus principales contenidos y formas de vehiculización. Estas formas de reproducción y transformación que operan sobre el contenido de un mito se materializan en instancias o productos culturales que difieren según las circunstancias históricas y el ambiente cultural. Estos “vehiculizan” el encuentro de diferentes sujetos en un espacio intersubjetivo que permite recrear, modificar o alimentar estos mitos. Las unidades de vehiculización del mito popular organizado alrededor de Juan Bautista Vairoleto que serán desarrolladas en esta sección son principalmente un conjunto de expresiones culturales en cuyo espacio se recreó el símbolo del bandido social. Estas son, fundamentalmente: la tradición oral y escrita, el teatro, el cancionero popular, la poesía popular, la radio, el cine, las instituciones divulgativas, los portavoces.
La tradición oral constituye, sin dudas, una de las unidades de vehiculización por excelencia del mito de Vairoleto. Sobre todo, teniendo en cuenta que los sectores donde florece corresponden a franjas de la población con escasa alfabetización. Postulamos a la tradición oral como la principal forma de divulgación, acrecentamiento y vigencia del mito del bandido pampeano. El constante relato de sus andanzas, las reiteradas referencias a los encuentros con este y la completa descripción de sus virtudes criollas son muy frecuentes en los fogones y demás escenarios de la vida social de amplios sectores rurales de La Pampa, San Luis, Mendoza, Río Negro, Neuquén, entre otros lugares de la República Argentina. Como sostiene Francisco Juárez, la tradición oral frecuentemente corrige la versión de los delitos cometidos por los bandidos rurales, mejora sus actitudes pródigas para con los humildes y justifica los crímenes como hechos inevitables y hasta como ajusticiamientos (43) [i]. La tradición oral actuó como un imprescindible medio de propagación de las andanzas del bandido, constituyendo un núcleo fundamental de la profunda inserción en el imaginario social de la época y del presente. Como se sostenía en la anterior sección, las anécdotas e historias de las hazañas de Vairoleto tienen un carácter ejemplificador, por el cual lo actos incumplidos de la conducta individual del que narra y de los que escuchan la anécdota pasan a satisfacerse en los actos de arrojo y en la determinación indoblegable del héroe, en este caso Vairoleto. Algunos de los cientos de historias y relatos cuentan que
“(…) una veintena de colonos no pudo levantar sus deudas con un turco prestamista (el turco Alí), a raíz del fracaso de la cosecha, por lo que estaban al borde de perder los campos. Cierta noche, cuando el usurero viajaba en un Ford acompañado de su hijo, Vairoleto salió al cruce enlazándolo por el cuello. Tras quitarle el dinero y cartera con los pagarés que llevaba para ejecutar, le descargó unos cuantos talerazos «para que se acordara de él”» y se fue a recorrer las casas de los chacareros, a devolverles los documentos para que los quemaran” (44)[ii]
Incluso esta misma anécdota, pero con personajes y ubicación geográfica distintos, se cuenta en diversos sitios y adaptada a protagonistas locales, pero siempre manteniendo la intervención justiciera de Vairoleto; favor de los campesinos endeudados. Por lo general, los relatos de la tradición oral tienden a reforzar la conducta arquetípica de los bandidos sociales, estando constantemente presentes la valoración y admiración de la hidalguía, coraje y tozudez de estos “fuera de la ley”. Insolencia, destreza en todas las tareas de campo (en especial la relación con su monta), dignidad, libertad, insubordinación, virilidad y hombría son los valores que el habitante del campo percibe en la trayectoria y conducta del bandido, valores que le permiten salir indemne de la persecución policial o el más bravo duelo (ya sea que esto ocurra en la realidad o en la fantasía del admirador). Como también salir indemne en el imaginario social de crímenes y delitos cometidos, a pesar de lo que pueda probar algún prontuario o expediente judicial. Esa nostalgia y admiración hacia los bandidos sociales que “transpiran” las anécdotas y relatos de la tradición oral son los que se van a transmitir y reproducir, asegurando la permanencia del afecto y solidaridad popular con sus héroes.
Las distintas unidades de vehiculización muestran, como puede verse, que lo que se transmite en cada una de ellas es siempre dinámico y en constante movimiento, puesto que el mito en sí mismo es un relato inconcluso, que se va construyendo en el acto mismo de la vehiculización. Se hace énfasis en determinar cada una de esas unidades y su contenido puesto que en la vehiculización está justamente la clave del proceso cultural que subyace en la formación y divulgación de un mito. En cada fogón, en cada payada, los sujetos sociales atribuyen nuevas características y depositan nuevas expectativas que permiten ir adecuando el relato a las necesidades de cada época. Pues si algo caracteriza a la tradición oral es la espontaneidad con la que el relator adorna, interpreta y resignifica el relato recibido. Con lo cual es necesario señalar, como rasgo principal del mito de Vairoleto, la flexibilidad que tiene para adaptarse a los distintos tiempos.
Si bien en menor medida que la tradición oral, la tradición escrita también jugó un papel importante en la conformación y transmisión popular del mito de Juan Bautista Vairoleto. Los libros y particularmente la prensa ocuparon un papel importante en el campo cultural ya desde principios del siglo XX, cuando crecientes sectores sociales accedieron a la lectura y engrosaron el público moderno argentino. No obstante ello, en los inicios de la carrera bandolera de Vairoleto y durante los primeros momentos de mitificación popular, en el ambiente rural de la segunda década el papel de la tradición escrita era de mucha menor envergadura que la tradición oral. La creciente alfabetización fue dando, a medida que avanzaba el siglo, mayor protagonismo a la prensa escrita como forma de transmisión y comunicación. En la introducción al presente trabajo se sostenía que la trayectoria bandolera de Juan Bautista Vairoleto había tenido siempre gran interés para la prensa de la época. Constantes notas sobre sus asaltos, anécdotas sobre supuestos encuentros con el bandido, relatos de sus enfrentamientos y escapes heroicos de la policía estuvieron continuamente presentes en diarios y revistas. Las noticias policiales constituían una parte muy importante en la distribución de la información y el seguimiento de la trayectoria delictiva de reconocidos bandidos y acarreaba el interés de gran parte de los lectores. Como Hobsbawn[iii] sostiene en el prefacio de Bandidos, “hay pocos temas que interesen de manera más general que las aventuras de los ladrones y los bandidos” 45. El ambiente rural pampeano de principios de siglo no era una excepción a esta regla y el interés popular por las peripecias de “los fuera de la ley” era respondido por los medios de la época con constantes notas y producciones periodísticas. Diarios nacionales y provinciales, muchos de ellos actualmente fuera de circulación, tuvieron y tienen en sus páginas muy frecuentemente a “el Pampeano”: Crítica, La Capital, La Razón, La Voz de Castex, revista Ahora, revista Así, La Voz del Interior, Nueva, Río Negro, Los Andes, El Combate, Siete Días, Noticias, La Voz Pampeana, Clarín, La Nación, Uno, El Diario, La Arena, Crónica, Página 12, Tiempo Argentino, Nueva Era, La Reforma, son sólo algunos de los diarios, semanarios y revistas —nacionales, provinciales y locales— que han reflejado en sus páginas distintos aspectos de la vida de Juan Bautista Vairoleto.
En la introducción del presente trabajo hacíamos una sistematización y enumeración de todos los libros y folletines publicados acerca de Juan Bautista Vairoleto. En la presente sección sólo mencionaremos algunas de esas obras. El recorte que proponemos ha sido organizado en función de su aporte a la significación del mito popular de Juan Bautista Vairoleto, ya sea en tanto a lo concerniente a la divulgación masiva del tema como a la contribución de su contenido a la construcción del mito. A este respecto, y en ambos sentidos mencionados, el Suplemento Nº 10 de la revista Todo es Historia, escrito por el escritor pampeano Hugo Chumbita en 1968, resulta ejemplar y paradigmático. Chumbita puso en papel en ese momento lo que circulaba oralmente y contribuyó enormemente a acrecentar la masividad de la figura del bandido. Esta no fue la primera publicación escrita acerca de Vairoleto, pero resultó la que más hondo caló en el imaginario popular desde 1941, fecha de la primera publicación. El trabajo referido de Chumbita marcó un importante ensanchamiento del público conocedor de Vairoleto y direccionó el contenido del mito popular de este.
Antes de 1968 se habían publicado —con distinta suerte editorial— tres trabajos acerca de la vida de Vairoleto. En 1941, pocos meses después de su muerte, Pedro Fernández Acevedo intentó una sistematización de los crímenes de Vairoleto46. Ese mismo año, el periodista del diario La Capital de San Rafael, Carlos Alberto Ruiz Rojas, publicó en la revista Ahora y luego en forma de folletín el relato de una supuesta entrevista del periodista con “el Pampeano” que habría tenido lugar en 1939. En 1953 se publica el libro Bairoleto de Marcelo Calvo, que formaba parte de la “Colección Crimen” de la editorial Vorágine, autodenominada la “Primera colección de novelas policiales argentinas”48.
Si bien todos antecedieron al trabajo de Chumbita, fue con el trabajo de este que la vida de Vairoleto impactó en un público urbano —y en menor medida rural— cada vez mayor y fue delimitando los contornos de su interpretación. El Suplemento, titulado Bairoletto, el último bandolero romántico49, fue intensamente leído y puede afirmarse que constituye el trabajo escrito más conocido sobre el bandido social pampeano. La importante repercusión que tuvo el Suplemento editado por la revista dirigida por Félix Luna provocó la publicación, a principios de 1974, de Bairoletto. Prontuario y leyenda, que alcanzó un importante tiraje. Esta obra, como también la reedición de 1977 en una colección de Todo es Historia, pueden ser consideradas como efectos del Suplemento número 10. Las tres constituyen un bloque —o tríada— cuyo epicentro está en la obra publicada en 1968, de la cual las obras publicadas en 1974 y 1977 son sus “prolongaciones”. Un aviso clasificado —publicado en un diario pampeano— que ofrecía recompensa por la devolución de un extraviado Suplemento N° 10 refleja una paradigmática valoración popular que lo constituye en la principal referencia de la tradición escrita sobre Juan Bautista Vairoleto50. Ya sea en lo pertinente al aporte al creciente conocimiento de la figura e historia de “el Pampeano” como también por su efecto delimitador de las significaciones de su trayectoria bandolera.
Investigadores populares han contribuido grandemente al conocimiento y divulgación de la historia del bandido. Son los casos de los alvearenses Carlos Villegas, Juan Guillermo Rodríguez y del periodista mendocino Alberto Atienza[iv], quienes con sus investigaciones y trabajos han ayudado a popularizar la vida y leyenda de Vairoleto51. Atienza, en sendas notas publicadas en una revista local, confirma una vez más la percepción romántica de la figura de Vairoleto y señala el profundo respeto popular por su figura, respeto logrado en gran medida por las características rebeldes e indómitas del personaje en cuestión.
En 1998 es publicado el libro Mitos y leyendas cuyanos, que reúne trabajos de escritores mendocinos acerca de distintas leyendas de la región: la Difunta Correa, el Futre, el Gaucho Cubillos, el Lobisón, la Cruz Negra, la Luz Mala, la Mujer Enancada, Martina Chapanay, Santos Huayama [sic] y Vairoleto, entre otras. Mencionamos la obra en cuestión ya que ratifica la percepción de Vairoleto como mito y/o leyenda y da cuenta una vez más de la presencia del mito del bandido en el imaginario popular de la región 52. El relato, a cargo del escritor Luis Ábrego, refirma los aspectos centrales de la historia del bandolero y expone los valores de la indomía [v], la dignidad, la injusticia, el coraje y la veneración popular como presupuestos humanos detrás de los hechos policiales.
Marcando un revitalizador aporte en los estudios de la vida del bandido pampeano, Néstor Rubiano publicó, en 1998, Tras el rastro de Vairoleto; en 1999, La morada del Tigre. Vairoleto. Memorias de la mujer de un bandido, y, en 2004, Más allá de la frontera… Vairoleto. Historia y leyenda de un bandolero 53. Las obras de Rubiano recogen parte del extenso anecdotario popular y ayudan a alimentar y divulgar el mito de “el Pampeano”.
Siguiendo con la tradición escrita, aparte de libros, folletos, suplementos y notas periodísticas se han publicado también historietas acerca del bandido. En la revista Fierro, número 20 de 1985, se publicó un suplemento dedicado a “el Pampeano” que incluía un reportaje al historiador Hugo Chumbita y una historieta de Vairoleto que constaba de 14 páginas, cuyo guión pertenecía a Otto Carlos Miller y los dibujos a Juan Dalfiume[vi]. La trama de la historieta remarca el inicio de la vida bandolera de Vairoleto como producto del acoso y la parcialidad policial. Muestra además que, dentro del vértigo de la vida de Vairoleto, bondad, solidaridad y valentía eran adjetivos frecuentes del bandido. Según la trama, su muerte potenció el mito y sólo logró “agigantar su recuerdo y multiplicar sus aventuras a favor de los desposeídos”.
Fuente: Fabio Erreguerena, del wínchester al milagro. Mito de Juan Bautista Bairoleto, Mendoza, Ediciones Culturales de Mendoza, 2005.
Referencias:
[i] En el texto original aparece esa llamada al final del capítulo con el número 43. Lamentablemente los editores de la obra no se han percatado que esa sección referida no ha sido incluida en el armado del libro por lo cual no tenemos cómo reponer la cita complementaria que el autor seguramente había preparado en sus trabajos como para completar el sentido de la argumentación. Un descuido triste y grave que se incorpora a la fatal historia del autorreconocimiento que vienen haciendo los funcionarios de turno y sus secuaces hacia la cultura mendocina, tema sobre el cual desde EL BAÚL venimos señalando desde hace rato.
[ii] Ídem anterior, y así el resto de las llamadas a final de capítulo. Insistimos en reproducir este dato porque muestra una preocupación documental y epistemológica por parte del autor que los responsables de turno han malversado.
[iii] Eric J. Hobsbawn (1917-2012), historiador británico. Nacido en la ciudad egipcia de Alejandría, profesor en Londres y de la Universidad de Cambridge, se convirtió en uno de los mayores exponentes de la aplicación del marxismo a la historiografía. Es conocido por su trilogía sobre las tres edades: La era de la revolución: Europa 1789–1848 (1962), La era del capital: 1848-1875 (1975) y La era del imperio: 1875–1914 (1987), a la cual en 1994 se añade The Age of Extremes, publicada en español como Historia del siglo XX.
[iv] Referencia a nuestro habitual columnista de La Quinta Pata. Sus notas y reflexiones pueden encontrarse en http://la5tapata.net/?s=alberto+atienza
[v] El diccionario de R.A.E. no registra este término, por lo cual estamos frente a un caso de ambigüedad en tanto si debe ser indomia o indomía.
[vi] Para ampliar esta referencia se puede consultar en http://laduendes.blogspot.com/2012/05/entrevista-juan-dalfiume-primera-parte.html
[i] El autor del texto aclara perfectamente por qué prefierte law demnominacion Vairoleto a la más extendida de Bairoletto: «A estas alturas, el lector habrá advertido que figura en el texto más de una forma de escribir el apellido Vairoleto. Hasta fines de los noventa, los libros, publicaciones, canciones, película e incluso las placas de agradecimiento que se encuentran en su tumba, escribían mayoritariamente su apellido como “Bairoletto”. Con los aportes de Néstor Rubiano, que reseñamos más abajo, se constata que Juan Bautista Vairoleto firmaba con “V” corta y una sola “t”. A su vez, el padre de Juan Bautista (Vittorio Vairoleto) y al menos uno de sus hermanos (Antonio Vairoleto) firmaban como “Vairoletto”, es decir con “V” corta pero con dos “t”. Por otro lado, la familia actual se apellida tanto “Bairoletto”, “Vairoletto” como “Vairoleto”. Nosotros hemos optado por la forma en que firmaba Juan Bautista, es decir, “Vairoleto”. Sin embargo, estas indagaciones filológicas no resultan relevantes para el objeto de este libro».
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