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Jul 09, 2017 Eduardo Paganini Cultura Comentarios desactivados en Para mersas y gente bien: chau Landrú
Representante de la acomodada sociedad criolla que se va desacomodando a medida que el siglo XX irrumpe con sus irreverentes modismos de cambio, fue un bon vivant, o si se quiere, un jailaife que devino en cuentapropista —al estilo Botana—, pero que focalizó sus esfuerzos en el dibujo y el humor.
Como todo autopropulsor exploró formatos y recorrió editoriales y redacciones, colaborando con diversas expresiones y disimiles estilos. Pero había algo en él que fueron firmes a la hora de cristalizar perfiles creativos: tocar sin rubor el tema político urgente y producir desde una visión un tanto clasista de la realidad, al fin y al cabo las matrices de aprendizaje no son al pedo, decía un criollo que había leído a Pichon Rivière.
Hombre del Barrio Norte, llevó su mundo a la realidad ficcionada por medio del humor, y desde allí se dio el gusto, y logró notable impacto, jugando con personajes aledaños (como el sastre Kochane y otros más[i]) con el lenguaje, las modas, los vínculos, los estereotipos sociales, y esencialmente una actitud frescamente atrevida con los personaje que la política ponía en el foco del escenario. Y esto último, sin reparos ni ponderaciones de porte, poder o probables represalias que pudieren desprenderse del brulote gráfico. Famosa fue la censura lograda con la tapa de su revista Tía Vicenta donde obtuvo dos logros: instalar en el imaginario popular al Tte. Gral. Onganía, presidente de facto de la Nación, personificado como una morsa, y la verificación de las dictaduras militares carecen de sentido del humor… De paso, el acontecimiento posibilita sintetizar la historia de esta revista que consolidará históricamente esta vocación de Colombres por el humor político:
“El primer número de Tía Vicenta apareció el 20 de agosto de 1957. El último número está fechado el 17 de julio de 1966. Tras la clausura ordenada por el dictador, Juan Carlos Onganía, su director Landrú intentó resucitarla con el nombre de María Belén en el suplemento del diario El Mundo, y en la revista Primera Plana con su nombre verdadero. Por distinto motivos, los intentos fracasaron. En el año 1976, durante la dictadura de Videla, Tía Vicenta reapareció brevemente, cumpliendo una aventura nostálgica”[ii].
Pero no fueron solo su descaro político o su permanente manipulación de temáticas diversas las únicas cualidades sustentadoras de su obra. Colombres, sobre todo instalado como editor, pasó a desarrollar un juego creativo de gran pujanza, quizá propio de una época muy característica —como la de la década de los ’60—, pero que no por ello le resta meritos personales.
Trabajó con recursos propios del fotomontaje y el collage, a partir de un envidiable archivo de imágenes fotográficas —insólitas unas, arcaicas otras— merced a cuyas combinaciones los lectores rozaban el límite entre lo absurdo y la realidad cotidiana.
Erigió un espacio de culto a la parodia —en momentos en que los ‘cientistas sociales aún no habían detectado su potencialidades semánticas— y no solo trabajaba con ese recurso técnico de implicancias intertextuales sino que lo institucionalizó cuando decidió transformar su Tía Vicenta en una publicación que “se disfrazaba de” otra revista de circulación masiva. De esa manera, forzaba diseño, contenidos y lenguaje, sin abandonar su caustica presencia. En el ejemplo visual, una parodia de la romántica revista Idilio[iii]:
El siguiente ejemplo pasa a constituirse en una reliquia gráfica, rescatada para la memoria por el dibujante Siulnas, consecuente historiador del género, ya que fue atesorada durante medio siglo sin haber salido a la luz pública por un episodio de censura. Tía Vicenta había decidido disfrazarse de Clarín[iv]:
Por último, otra de las fortalezas que constituyeron la identidad de Tía Vicenta reside en la vasta y diversa cantidad y estilos de colaboradores que integraron a lo largo de los tiempos su equipo de trabajo, muchos de ellos pobladores del parnaso humorístico nacional como Quino, Caloi, Conrado Nalé Roxlo, Aldo Cammarota, César Bruto, Jordán De La Cazuela, Hermenegildo Sábat, María Elena Walsh, Faruk, Aldo Rivero, Basurto, Brascó, Faruk, Garaycochea, Gius, Irañeta, Julio Lagos, Liotta, Manucho, Vilar, Copi y Oski que fue cofundador.
Referencias:
[i] “El humor no político se nutre también de lo real, al igual que todo proceso creativo o imaginario. Uno de mis procedimientos ha sido el de incorporar a la ficción de los personajes rasgos y hasta nombres de personas reales, muchos de ellos mis amigos. “Jacinto W., el reblan” se inspiró en ese amigo escribano que usaba las medias stretch con ligas Chantecler, “Fofolfi, un niño abominable” en Adolfo Gómez Cainzo; y “Tía Vicenta” fue una sustitución de mi tía Cora… Entre los reblan también hacía aparecer siempre al escribano Lozada Allende, al que le decían Chonchón, y era el novio de Alejandra en “María Belén y Alejandra”. O mi amigo Tapia en los “Breves Cursos de Historia General” apareciendo como Adán, Edipo o Bonaparte…
“Ese efecto de realidad en la ficción humorística me atrajo siempre, porque la duda que genera en los lectores (la gente no sabía si existían o no) duplica el interés.” Cita en Luis Del Pópolo, Sonrisas Argentinas (http://sonrisasargentinas.blogspot.com.ar/2012_03_10_archive.html)
[ii] En Edgardo Russo (1993) La historia de Tía Vicenta, Buenos Aires, Espasa Calpe, Colección Espasa Humor Gráfico
[iii] Para mayor información sobre esta publicación Idilio, se puede ver https://grupoappeler.wordpress.com/2015/10/28/idilio-cuando-las-revistas-del-corazon-ofrecian-consulta-psicoanalitica/
[iv] Siulnas, 13 de julio de 2012: “El disfraz que no pudo lucir “Tía Vicenta” hace 50 años. Los historiadores y los coleccionistas tenemos la manía de guardar todo, especialmente “papeles” como les llaman, con cierto fastidio, quienes sin tener ningún interés en el contenido de los mismos, deben soportar ese “olor a papel” en la casa, o el polvo que se va depositando sobre los mismos. Distinto es el caso de los que pueden fastidiarse por el contenido de esos “papeles”, sobre todo si habían llegado a olvidarlos por el tiempo transcurrido.
Hace poco más de medio siglo “Tía Vicenta” decidió “disfrazarse” de otros medios gráficos de aquellos días: las revistas “Billiken”, “Caras y Caretas”, “Claudia” y “Enciclopedia Estudiantil” –de las que realicé sus tapas parodiando a sus respectivos ilustradores: Lino Palacio, Manuel Mayol, Kalí (Raúl Alonso) y A. Fedini-; “Canal TV”, de la que realicé la parodia del personaje Cholula, loca por los astros, de Toño Gallo; “El Gráfico”, de la que parodié la página de humor de Garaycochea [Garaycachadas]; “Radiolandia”, de la que parodié la historieta de Tatalo busca una estrella, de Roberto Gigante; “Vea y Lea”, de la que parodié la página de entretenimientos, con entretenimientos e ilustraciones incluidos; “Selecciones”, de la que parodié redaccionalmente, con connotaciones políticas, el supuesto hallazgo de una nueva droga para una dieta eficaz; “Life”, en la que parodié, también con connotaciones políticas, un aviso de Coca-Cola (“Kennedy-Cola”); “Dinamita”; “El Hogar”: y el diario “La Razón”, parodiando yo allí a todos los historietistas de la última página.
Sólo un disfraz de “Tía Vicenta”, y por ende, la correspondiente revista, no pudo llegar a los quioscos: el Nº 201 del Año VI –el tercero de 1962- en el que se anunciaba “Nos disfrazamos de “Clarín”.
Como en los mejores (para ellos, no para nosotros) tiempos de distintas dictaduras, ni bien trascendió qué se estaba imprimiendo en Empresa Editorial Haynes, el reclamo no se hizo esperar y la edición fue interrumpida. Unos pocos, entre los que nos contábamos los colaboradores de “Tía Vicenta” en ese momento, tuvimos el privilegio de poder llevarnos a casa la primera página del “disfraz” censurado, como recuerdo, gracias a lo cual 50 años después puedo evocarla, mostrándola a los visitantes de este Blog.
¿Todo tiempo pasado fue mejor? Por lo menos, pareciera haberlo sido para los Presidentes de la Nación, a juzgar por el enfoque dado a los titulares de este “disfraz”; pero no hay que olvidar que también por entonces, la revista “De Frente”, aludiendo a los toques de rojo de “Clarín”, cuando en todos los otros diarios sólo se usaba el blanco y negro, lo mencionó como “El diario que dice todo a dos colores”. En Siulnas historiador, http://siulnas-historiador.blogspot.com.ar/2012/07/el-disfraz-que-no-pudo-lucir-tia.html
Seguramente el episodio del golpe aludido por Siulnas se refiere al del 29/03/1962 en que las FFAA derrocan al presidente electo Frondizi y emplazan al presidente provisional del Senado José María Guido.
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