Última Actualización agosto 15th, 2026 8:01 AM
Sep 25, 2016 Eduardo Paganini El baúl Comentarios desactivados en El cruce de Los Andes desde una óptica estratégica (VI)
Ponemos punto final a este relato y análisis de la campaña sanmartiniana con referencia al cruce de los Andes (que habíamos interrumpido en el inicio de la batalla de Chacabuco). El autor, Tte. Cnel. Carlos Monti concluye con una evaluación final del genio de San Martín, que no queda limitada al plano castrense ya que allí emite interesante opinión de tono pedagógico acerca una concepción valiosa sobre el aprendizaje y el aprendiz: «No trata de memorizar fechas, nombres, cifras, etc., sino de desarrollar capacidades. No se trata de formar “enciclopedias ambulantes”, sino “resolvedores de problemas”; individuos con capacidad para encarar las situaciones que se presenten y encontrarles la solución particular que cada una requiere, apoyados en sus conocimientos tácticos y en una imaginación creadora y libre de esquemas y prejuicios».
Columna Soler se interna en el camino de la Cuesta Nueva.
O’Higgins inicia el ataque contra la posición de Mijares.
Mijares ocupa la cumbre de la cuesta, con frente al N., cerrando el avance patriota, con orden de no retirarse sino después de haber perdido los 2/3 de sus efectivos; pero cargando a la bayoneta a las 10,00 hs, se retira hacia el S. perseguido por O’Higgins y por el 3er escuadrón.
Maroto que avanzaba para ocupar la cumbre, al ver el repliegue de Mijares ocupa una posición para cerrar el avance patriota.
Gráfico esquemático de la batalla de Chacabuco.
El epígrafe reza: 18 Km. al S. de la Hacienda está el Portezuelo de la Colina y 45 Km. al S. de este último está Santiago.
Soler continúa su avance por el camino de la Cuesta Nueva sin que su desplazamiento sea advertido por los realistas.
O’Higgins ataca con los batallones de infantería mientras el 3er escuadrón de Granaderos permanece como reserva y los escuadrones 1º y 2º se desplazaban lentamente, por lo difícil del terreno, por la Quebrada al E. del Cerro de las Tórtolas Cuyanas.
Soler continúa su desplazamiento sin ser advertido.
Las fuerzas de O’Higgins son rechazadas y los realistas creyendo que lo que tienen al frente es todo el ejército patriota, adelantan piquetes de infantería y caballería para precipitar la retirada, antes de iniciar la persecución.
San Martín, franqueado el difícil desfiladero, llega al campo mismo de la acción y desplegando el 1º y 2º escuadrón de Granaderos carga para permitir el desprendimiento de O’Higgins al tiempo que ordena a Soler apurar su ataque.
San Martín carga por el frente con los escuadrones 1º, 2º y 3º. O’Higgins carga frontalmente con tos batallones 7 y 8 de infantería.
Ante la retirada de las tropas realistas de la cumbre de la cuesta hacia el sur, el 3er escuadrón de granaderos a caballo se adelantó a las 10,00 de la mañana e inició la persecución de aquellas. Junto con esto San Martín ordenó a O’Higgins perseguir con el batallón 8 con la recomendación expresa de “no comprometer acción alguna, hasta que la caballería, a sus órdenes directas (1º y 2º escuadrón de granaderos) pasara el desfiladero de la Ñipa”.
En la persecución, el 3er escuadrón de granaderos se encontró con la caballería enemiga del coronel Quintanilla, que Maroto había enviado para retardar el avance patriota. Ambas tropas combatieron por el fuego procurando los españoles evitar que los patriotas se apoderaran del cerro Tórtolas Cuyanas. El éxito favoreció al escuadrón de Melián, cuyo avance resultó acelerado por el nuevo impulso que O’Higgins con la infantería imprimió a la persecución, favorecida por la marcada pendiente del terreno.
Al desembocar en el llano y presentándose espacios más aptos para el movimiento, la persecución del 3er escuadrón cobró nuevos bríos, llegando a enfrentar la línea principal ocupada por los realistas; entonces la izquierda de estos rompió un fuego tan nutrido que las pocas tropas que aún continuaban persiguiendo se vieron obligadas a retroceder, buscando reorganizarse en las cubiertas que ofrecía el portezuelo de las Tórtolas Cuyanas.
En este momento, siendo las 11.00 hs., la columna O’Higgins desembocó en el llano e inició su desdoblamiento.
La reorganización del 3er escuadrón se efectuó bajo la protección de los batallones 7 y 8 que se adelantaban buscando espacio para el despliegue. Una vez reorganizado, dicho escuadrón quedó a órdenes del jefe del regimiento, coronel Zapiola.
Las tropas patriotas se adelantaron hacia la posición enemiga con el batallón 8 al E. y el batallón 7 al O. Llegados a 150 metros de los españoles se trabaron en violento fuego de fusilería. A las primeras descargas cayó muerto el coronel Elorreaga, Los patriotas experimentaron algunas pérdidas.
La acción se empeñaba francamente y el ataque frontal, cuyo objeto era entretener al enemigo, se generalizaba con la evidente probabilidad de no dar tiempo de llevar a cabo el envolvimiento a cargo de Soler, que era la acción principal.
Mientras tanto San Martín, debido a lo malo del terreno continuaba su marcha lentamente por la quebrada de la Ñipa, con el 1º y 2º escuadrón de granaderos a caballo, en la creencia de que los acontecimientos se desarrollaban en la forma prevista.
La división Soler continuaba su marcha sin contratiempos y sin ser notada por el enemigo.
O’Higgins, dejándose arrastrar por sus instintos heroicos y deseoso tal vez de decidir la victoria sin el concurso de Soler, con quien estaba enemistado, ordenó el avance repitiendo las históricas proclamas de Roble y Rancagua:
“Soldados ¡vivir con honor o morir con gloria! El valiente siga! ¡Columnas: a la carga!” Al mismo tiempo ordenó a Zapiola que con el 3er escuadrón de granaderos procurara penetrar por su derecha en la posición enemiga.
Los batallones 7 y 8 marcharon valerosamente a la carga contra las posiciones ocupadas por 1.500 infantes, sostenidos por la artillería.
Los granaderos, corriéndose por la derecha, intentaron sin éxito penetrar por el centro del dispositivo enemigo y las columnas de asalto de la infantería, detenidas por el zanjón que corría delante de la posición realista, fueron batidas eficazmente por el fuego de infantería y artillería.
El coronel Zapiola, viendo que el ataque de O’Higgins se había paralizado y que poco después la retirada se iniciaba, se retiró en orden, para situarse detrás del cerro Tórtolas Cuyanas, hacia donde se dirigieron los infantes de los batallones 7 y 8 buscando cubierta.
Maroto, en vista de la retirada patriota, creyendo que estos eran todos sus efectivos, porque ignoraba el avance de la columna Soler, juzgó la victoria suya e hizo adelantar algunos piquetes de infantería y caballería, al parecer, para precipitar la retirada.
En ese momento entró San Martín al pequeño valle, al frente del 1º y 2º escuadrón. Apreciando muy crítica la situación, pues los españoles iniciaban el contraataque, ordenó a su ayudante Álvarez Condarco: “Corra Vd. y diga al general Soler que cargue lo más pronto posible contra el flanco enemigo”. De inmediato cargó con los escuadrones 1º, 2º y 3º contra la izquierda de la posición, a fin de permitir el desprendimiento de la división O’Higgins y evitar que la iniciativa pasara a manos de los realistas.
La carga tuvo pleno éxito. El comandante Medina pasando entre la infantería enemiga siguió hasta los emplazamientos de la artillería y acuchilló a los artilleros sobre sus cañones.
Quedaba así salvada la crisis. La carga no sólo permitió a la infantería desprenderse sino también su vuelta al ataque, luego de una rápida reorganización. En efecto, la división O’Higgins pasó de nuevo al asalto contra los realistas un poco desorganizados, obteniendo un éxito completo, pues llegó hasta la posición sin recibir el fuego de las tropas que ocupaban el cerro de Chingüe, donde los españoles apoyaban su ala izquierda.
Antes de la segunda carga de O’Higgins y durante la carga de los granaderos a caballo, aparecieron las primeras tropas de la columna Soler, quien al oír que el combate se había generalizado aceleraba su avance, marchando con profunda ansiedad, al trote de su caballo, repitiendo a los infantes: “¡Al fuego, muchachos! ¡Al fuego!”
El coronel Alvarado llegó con sus cazadores y destacó dos compañías al mando del capitán Salvadores (25 años) que atacaron el ala española y pasaron a bayoneta a la mayor parte de los enemigos, cayendo el mayor Marqueli.
Durante el avance y próximos al campo de batalla, el escuadrón escolta y el 4º se adelantaron y cayeron contra la retaguardia enemiga, haciendo un terrible estrago. Esta carga se produjo en el mismo momento en que los escuadrones 1º, 2º y 3º cargaban contra los realistas.
Los españoles, atacados sorpresivamente por todos lados, se retiraron tratando de formar cuadro en el centro de la posición, pero en menos de un cuarto de hora fueron hechos pedazos, retirándose sus restos dispersos a la hacienda de Chacabuco.
Soler, con el resto, siguió por la Cuesta Nueva, iniciando una persecución paralela, y cortó la retirada de los infantes realistas en la hacienda, donde después de una breve resistencia, que pretendieron hacer, parapetados en las tapias de la viña, se rindieron a discreción.
La caballería patriota continuó la persecución de los dispersos hasta el portezuelo de la Colina, regresando enseguida a la hacienda de Chacabuco, donde el grueso del ejército había pasado al descanso a las 14 horas.
Como resultado de la acción los patriotas tuvieron 11 muertos y 110 heridos; los realistas 600 muertos y 550 prisioneros, entre estos todos los jefes, con excepción de Maroto y Quintanilla; perdieron además su artillería y el parque, con más de 1.000 fusiles.
Chacabuco fue la primera batalla americana con largas proyecciones históricas. Pezuela confesó que ella marcó el momento en que empezó a retrogradar la causa de España en América.
Es una típica batalla de aniquilamiento, porque después de ella el ejército español desapareció del escenario de la lucha como ente capaz de ejercer alguna influencia.
Se llegó a su definición, como consecuencia de una conducción que preparó el éxito en el campo estratégico y lo afianzó en el campo táctico con una clásica maniobra envolvente, ejecutada con la precisión propia de los genios militares.
El ataque a fondo de O’Higgins expuso la acción a lo que precisamente se quería evitar, que el adversario pudiera derrotar primero al ataque frontal y luego dar cara al envolvente, en acciones separadas, sin dar oportunidad a la convergencia simultánea de las dos columnas.
La persecución se realizó solo hasta el Portezuelo de La Colina; la teoría dice que debe llevarse a cabo: “hasta el último aliento de hombres y caballos”, pero también la teoría dice: “Tal vez el secreto de la conducción reside en una imaginación creadora, liberada de trabas preconcebidas y de esquemas, capaz de improvisar y adoptar soluciones que satisfagan en la mejor forma al caso planteado”. Por eso, debe admitirse que la limitación en la persecución es correcta, porque en este caso particular: la caballería, el arma más apta para la persecución, no contaba con fuerzas suficientes como para eventualmente enfrentar en Santiago, o proximidades, a las tropas realistas que aún pudiera haber y no había que dar al adversario la oportunidad de lograr un éxito, aunque fuera pequeño, que podría servirle para tratar de adquirir el prestigio que acababa de perder.
San Martín dio cuenta de la victoria con un parte que decía: “Al Ejército de Los Andes queda la gloria de decir: en 24 días hemos hecho la campaña, pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la libertad a Chile”. El portador de la noticia, capitán Escalada, recorrió 90 leguas a caballo en 48 horas y lo entregó al gobernador de Mendoza, a quien, en carta aparte decía el Libertador: “Glóriese el admirable Cuyo de ver conseguido el objeto de sus sacrificios. Todo Chile es ya nuestro”.
De las fuerzas realistas que habían participado en la acción, se retiraron unos 500 hombres sobre Santiago y unos 1.000 sobre Valparaíso.
En Santiago se encontraban cerca de 2.000 hombres con 13 piezas de artillería y en Concepción 500 a órdenes del gobernador de Concepción coronel Ordóñez.
El comandante Barañao que con 800 húsares concurría al campo de batalla, llegó al Portezuelo de la Colina cuando la acción ya se había perdido. Regresó entonces a Santiago y propuso a Marcó montar un infante en la grupa de cada caballo y con esos 1.600 hombres marchar a Chacabuco y caer por sorpresa sobre el campamento del ejército patriota. El plan fue rechazado por Marcó.
Treinta años después de estos hechos, Barañao y Las Heras, ahora amigos, en su ancianidad, residentes en Chile, solían discutir el tema. Barañao sostenía que habría obtenido un completo éxito; Las Heras admitía la posibilidad remota, puesto que después del éxito no se esperaba un ataque nocturno, a pesar que se habían tomado medidas de seguridad.
En la noche del 12 de febrero Marcó abandonó Santiago, huyendo hacia Valparaíso. Temeroso de no poderse embarcar a tiempo se dirigió por la costa hacia el S., pero una partida de granaderos a caballo mandada por el capitán Aldao lo hizo prisionero, junto con los principales jefes que lo acompañaban.
El día 13 el ejército patriota marchó hacia el Portezuelo de la Colina, habiendo adelantado a Necochea con su escuadrón para imponer orden en Santiago, donde el populacho se había entregado al saqueo luego de la huida de las autoridades.
Ese mismo día 13 una invasión esclavizadora portuguesa, reducía a cenizas la aldea de Yapeyú donde había nacido el Libertador.
El 14 San Martín hizo su entrada en la capital chilena.
Sólo se hizo un escarmiento. El capitán San Bruno, que fue tomado prisionero en Chacabuco, donde combatió, que había cometido alevosos asesinatos con la población, que había torturado a presos políticos, que se había caracterizado por su sanguinario ensañamiento persecutorio fue sometido a juicio. Condenado a muerte por el tribunal en acto público, fue ejecutado en la plaza. El 15 de febrero se expidió un bando convocando a una asamblea de notables para que designasen 3 electores por cada una de las provincias de Coquimbo, Santiago y Concepción, a fin de que esos electores nombraran al Jefe Supremo del Estado.
El 18 reunidos 100 asambleístas bajo la presidencia del gobernador Ruiz Tagle, designado interinamente, por el pueblo al fugar Marcó, protestaron del proceder indicado por San Martín y declararon por aclamación: “…que la voluntad unánime era nombrar a D. José de San Martín gobernador de Chile con omnímoda voluntad”, firmando todos el acta ante escribano.
San Martín rehusó y convocó por intermedio, del Cabildo a una nueva asamblea de 210 notables. Reunidos y luego de leer el Dr. Bernardo Vera la renuncia, fue aclamado en el acto el general O’Higgins director supremo de Chile.
El primer acto de gobierno de O’Higgins fue dirigirse al pueblo: “Nuestros amigos, los hijos de las provincias del Río de la Plata, de esa nación que ha proclamado su independencia como el fruto precioso de su constancia y patriotismo, acaban de recuperarnos la libertad usurpada por los tiranos. La condición de Chile ha cambiado de semblante por la grande obra de un momento, en que se disputan la preferencia, el desinterés, el mérito de los libertadores y la admiración del triunfo. ¿Cuál deberá ser nuestra gratitud a este sacrificio imponderable y preparado por los últimos esfuerzos de los pueblas hermanos? Vosotros quisisteis manifestarla depositando vuestra dirección en el héroe. Si las circunstancias que le impedían aceptar hubieran podido conciliarse con vuestros deseos, yo me atrevo a jurar la libertad permanente de Chile”.
Nombrado general en jefe de Chile, San Martín asumió el puesto de generalísimo del Ejército Unido como se llamó desde entonces al ejército argentino y al chileno, aliados.
Su amigo, el general Belgrano, de quien San Martín pensaba que era “el más metódico de los que conozco en nuestra América; lleno de integridad y talento natural, no tendrá los conocimientos de un Moreau en punto a milicia, pero es lo mejor que tenemos en América del Sud”, que estaba al frente del Ejército del Norte, mandó erigir una pirámide conmemorativa en el campo de batalla de Tucumán y le escribió: “los pueblos y ejército de mi mando, llenos de júbilo ven en V.E. al libertador de Chile y le dan las gracias por el beneficio que deben a sus nobles esfuerzos, felicitándolo conmigo igual que a sus compañeros de armas…”.
El 24 de febrero, a las 9 de la mañana, llegó la noticia de la victoria a Buenos Aires; el 25 le escribió Pueyrredón: “Gloria al restaurador de Chile… Ud. venció y yo me glorio con Ud. y lo abrazo con toda la ternura de mi alma reconocida a sus servicios. Esta es la expresión de un hermano: la del Director Supremo será de otra calidad. Ayer ha sido un día de locura para este pueblo…”.
El gobierno lo ascendió al más alto grado militar, le concedió un escudo especial con la leyenda: “La patria en Chacabuco. Al vencedor de Los Andes y Libertador de Chile”.
Consecuente con lo que había prometido cuando recibió su ascenso a general, rechazó el nuevo grado que el gobierno le otorgaba: “Me considero sobradamente recompensado con haber merecido la aprobación por el servicio que he prestado: es el único premio capaz de satisfacer el corazón de un hombre que no aspira a otra cosa. Antes de ahora tengo empeñada solemnemente mi palabra de no admitir grado ni empleo alguno militar ni político: por lo mismo espero de V. E. no comprometerá mi honor para con los pueblos y que no atribuirá a amor propio mi devolución del despacho...”.
Alojado en el palacio de los obispos, con pocos muebles, con puertas sin cerraduras, vivió modestamente. Mandó componer su capote, forrar de nuevo su falucho y dar vuelta su chaquetilla.
Comiendo según su costumbre en la cocina, pero con el pensamiento en Lima, el 10 de marzo resolvió viajar el día siguiente a Buenos Aires y así lo hizo saber a su ayudante. Este le manifestó que no tenía tiempo para preparar el equipaje, recibiendo por toda respuesta: “En lo montado, O’Brien, en lo montado”. Enterado el Cabildo de su viaje le ofreció 10.000 onzas de oro para gastos de viaje. Los rechazó disponiendo se aplicaran a la creación de una biblioteca porque decía: “La ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre las puertas de la abundancia y hace felices a los pueblos...”.
Partió al día siguiente, un mes después de Chacabuco y al pasar por el lugar de la acción, donde había tierra removida, que cubría los restos de los muertos del batallón 8, la mayor parte de ellos libertos de Cuyo, exclamó: “¡Pobres negros!”.
Dos meses justos después de salido, regresó a Santiago. En ese tiempo había estado en Buenos Aires, donde había llegado de incógnito, había estado trabajando durante 15 días con el pensamiento en Lima y había galopado 5.000 Km., cruzando dos veces la cordillera.
El final del relato militar
La Campaña de los Andes expuesta y con las breves consideraciones que se le han intercalado, puede constituir un pequeño ejemplo de estudio histórico militar.
La finalidad del estudio de esta materia es hacer que quien lo lleve a cabo reflexione acerca de la guerra y de su conducción en los distintos campos en que ella se desarrolla, para tratar de extraer enseñanzas, de adquirir experiencia, pues “la propia cuesta cara y llega tarde” y esencialmente para desarrollar el criterio y la capacidad de analizar y razonar acerca de sus distintos aspectos.
No trata de memorizar fechas, nombres, cifras, etc., sino de desarrollar capacidades.
No se trata de formar “enciclopedias ambulantes”, sino “resolvedores de problemas”; individuos con capacidad para encarar las situaciones que se presenten y encontrarles la solución particular que cada una requiere, apoyados en sus conocimientos tácticos y en una imaginación creadora y libre de esquemas y prejuicios.
El autor se propuso alcanzar varios objetivos con este trabajo, que es solo un breve resumen de una de las campañas donde San Martín pone de relieve su genio militar.
El primero, revitalizar el culto del héroe, tal vez no conocido por todos en su exacta dimensión de conductor militar, que escapa al marco nacional y americano y alcanza proyección mundial.
El segundo, hacer notar que los problemas militares, igual que los que afectan a la humanidad, son de exposición simple, pero de dificilísima ejecución. Así, por ejemplo, la solución del problema militar de San Martín era “cruzar los Andes por un lugar donde el enemigo no lo esperara, crear el número en el lugar decisivo y con esa superioridad de medios aniquilar al enemigo”.
Uno de los problemas humanos es la guerra; la erradicación de este espantoso flagelo es tan simple como “querer al prójimo como a sí mismo”. Un terrible problema social es el hambre y la miseria; su solución: “hacer que hayan menos ricos y menos pobres’’.
¡Qué fáciles soluciones! ¡Llévelas Ud. a la práctica y comenzará a entender lo dicho sobre la dificilísima ejecución!
El tercero y último objeto era entretener el tiempo libre de quienes hubieran tenido la consideración de leerlo.
Si ha conseguido por lo menos el primer propósito se da por satisfecho y agradece la atención dispensada.
Fuente: Tte. Cnel. Carlos Monti (RE), Campaña de los Andes, Buenos Aires, Laboratorios Dr. Gador, ap. 1975. 3 fascículos.
Jul 29, 2018 Comentarios desactivados en «Primer verso», de Eva Zamporlini
Jul 09, 2017 Comentarios desactivados en Una mirada sobre la literatura regional cuyana (I)
Oct 02, 2022 Comentarios desactivados en ¿Cómo les fue a las principales empresas argentina en los últimos años? Ventas, rentabilidad y costos laborales
Acerca de Últimas entradas Eduardo PaganiniBaulero Últimas entradas de Eduardo Paganini (ver todo) Una mirada sobre la literatura regional cuyana (I) - julio 9, 2017 Para mersas y gente bien: chau Landrú - julio 9, 2017 Aimé Painé, portavoz de los pueblos originarios II - julio 2, 2017 El...
Sep 02, 2022 Comentarios desactivados en Informe fiscal: análisis de los ingresos, gastos y resultados del Sector Público Nacional – Datos a julio de 2022
Jul 27, 2022 Comentarios desactivados en Informe fiscal de junio 2022: menores gastos en subsidios y mayores en obra pública
Jul 26, 2022 Comentarios desactivados en ¿Qué pasó con el cuerpo de Evita?
Acerca de Últimas entradas Eduardo PaganiniBaulero Últimas entradas de Eduardo Paganini (ver todo) Una mirada sobre la literatura regional cuyana (I) - julio 9, 2017 Para mersas y gente bien: chau Landrú - julio 9, 2017 Aimé Painé, portavoz de los pueblos originarios II - julio 2, 2017 por...