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Mar 24, 2019 La Quinta Pata Cine Comentarios desactivados en Fracciones de hielo
La tercera y última parte de la Trilogía de la Glaciación emocional es “71 Fragmentos de una cronología al azar” del 94´. Si atravesaste alguna de las dos anteriores no estás preparado para lo que ofrece esta cinta. Hanake sigue fiel a su estilo, planos secuencia extendidos (según algunos blogs de forma agónica), la película como lo dice el título consta de 71 fragmentos que comienzan con el mismo disparador que el Séptimo Continente una noticia real que es presentada en el principio de la película donde un joven entra a un banco y tras disparar a quemarropa mata a tres personas y luego decide suicidarse.
El director resuelve esta vez fragmentar la narrativa, en vez de mostrar un núcleo familiar, nos muestra pequeñas historias que al parecer están dispersas pero van tomando sentido a medida que avanza la trama.
El macro contexto es compartido con las demás películas los conflictos bélicos a través de las noticias relacionadas con la cantidad de muertos en el trance de Somalia, el conflicto del Hezbolla y en relación a las noticias internacionales el descargo de Michael Jackson sobre las acusaciones de pederastia, y sobre la problemática incipiente que tienen para ese entonces los países desarrollados de Europa, la segregación. Una de las historias está relacionada con un niño inmigrante rumano que va deambulando por la Ciudad, otra con un adolescente sobre exigido por su entorno universitario, una pareja que adopta una niña que aparentemente no quiere ser adoptada, otra pareja sumida en un tedio angustiante padres de un bebe y un anciano aislado del mundo que ve a su hija solo cuando cobra la jubilación porque trabaja en el banco.
El concepto articulado en las dos partes anteriores fue el de la agresión acuñado por Lacan, franquea toda la trilogía y se puede puntualizar desde lo subjetivo, de manera compleja en el Séptimo Continente porque los personajes son triviales en superficie y solo hacia el final somos parte de la angustia existencial que porta la pareja parental y su hija. Aquí en 71 Fragmentos, paradójicamente la fragmentación que presenta la narración permite observar más en detalle cada personaje porque el recorte es precisamente aquello en lo cual habría que hacer foco en cada historia; tiene algún parecido con Elefhant de Van Sant porque la fragmentación inicial va a decantar en un espacio común para las historias de cada segmento.
Con la licencia que otorga realizar un comentario y en consonancia con la dinámica del film que es fragmentado voy a tomar al personaje del adolescente para dar cuenta de lo que humildemente he intentado explicar respecto al concepto de agresión en psicoanálisis que vengo desarrollando en las dos partes de esta trilogía; en la experiencia cotidiana de este joven la agresión se presenta como intención del otro hacia el (sea o no así, es otro cantar porque es lo que el sujeto percibe), en los tramos que van mostrando de este personaje en su aparición con el juego de la cruz, la sociabilidad que tiene con su compañero de cuarto que es quien luego se suicida, dan comienzo a un proceso de por el cual el personaje va mostrando como falla en las acciones que ejecuta (no objetivamente, subjetivamente ese es el núcleo que trasmite el actor respecto de las emociones que refleja) la hipótesis seria que esto va desconectándolo de su propia historia en su fantasía de que todo lo que llega a él es agresión o así lo vivencia (su propia imagen fragmentada e incompleta vuelve una y otra vez en cada suceso que “falla” el encuentro con otro) por ende se va cerrando sobre si alimentando la paranoia respecto de los otros como agresores, y esto va haciendo mella en su imagen de sí mismo, regresando una y otra vez a esa primer identificación fallida (Bennys video) del lazo con su propia imagen ; en contracara a esto aparece el niño inmigrante rumano que a pesar de la diferencia de idioma y de la indiferencia (pura agresión) del entorno va buscando conectarse con aquello que lo rodea de un modo diferente que el adolescente.
Una de las escenas más tremendas para mí por su agresividad es aquella en la cual este adolescente practica ping pong, es un plano secuencia que tiene una duración excepcional que según una entrevista el propio Hanake expresa que las emociones que quería que se sucediesen en el espectador son: expectación, tedio e irritación para finalizar en fastidio y recaptar la atención; por ende recrear la agresividad intersubjetiva entre el espectador y la escena, es una suerte de captura dialéctica del sentido de la escena (de lo que el director pone en esa escena, pues supone un sujeto que se manifiesta en tensión agresiva con la intención del otro) este recorte es para ejemplificar que se da con un otro como condición sine qua non.
Como marca el inicio de la película, el desenlace va a ser lo que se llama en psicoanálisis un “pasaje al acto”, claramente se articula con el proceso subjetivo en el cual podrían estar todos los personajes, siendo solo una cuestión de gradación donde situamos a cada uno de ellos, será el adolescente quien lo haga. El “pasaje al acto” para simplificar su conceptualización es la salida que toma un sujeto de la red simbólica (lenguaje) la disolución de cualquier vínculo con los otros, momentánea o definitiva que podría tomarse como un escape a la sofocación que provoca un monto de agresión insoportable, aquello que causa una angustia incontrolable para un sujeto siempre es singular (Seminario X).
Lo interesante de cómo lo narra Hanake es respecto a la vivencia misma del proceso por el cual el personaje se va sumiendo en una espiral agresiva que termina siendo incontenible , se me ocurren ejemplos más cercanos georreferencialmente, el personaje de Darín “Bombita” en Relatos Salvajes; dos películas que están en las antípodas respecto a su forma de narrar como el personaje se va saturando, ni mejor ni peor, es distinta la elaboración del personaje porque no posee la densa atmosfera en la cual estamos inmersos en 71 Fragmentos.
La complejidad es que la agresión atraviesa la trilogía de forma transversal y da cuenta de la condición humana a nivel social e individual, es un viaje corto pero difícil de emprender que propicia una profunda reflexión además de ser un deleite estético y técnico.
¿Existe la posibilidad de desasirse de la agresión propia? ¿Cómo tramitamos la agresión?
¿Cuánto damos por sentado que podemos soportar del entorno en cuanto a cómo nos afecta? ¿Cómo evitar la resonancia cuando la agresividad está presente en cada acto?
Si decidís emprender el viaje, youtube lo permite 😉
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