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Ago 21, 2021 Federico Mare Historia Comentarios desactivados en Mendoza durante la primera mitad del siglo XIX (Capítulo II)
En los albores del siglo XIX, a fines del período colonial, Mendoza y todo Cuyo integraban el Virreinato del Río de la Plata. Los tiempos de la subordinación a Chile y Lima habían quedado atrás, y con ella, la orientación exclusiva hacia el Pacífico. La dependencia político-administrativa, ahora, era con la capital virreinal y ciudad portuaria de Buenos Aires, que, desde el fondo del estuario platense, miraba al Atlántico, el océano con mayor tráfico de personas y mercancías en el mundo. Pero había una jurisdicción intermedia: la Intendencia de Córdoba del Tucumán. Mendoza, igual que San Juan y San Luis, dependían, en primera instancia, de Córdoba.
Desde las últimas décadas del siglo XVIII, al calor de las reformas borbónicas de inspiración regalista, Mendoza venía experimentando un gradual crecimiento demográfico y económico. Este crecimiento, como en tantas otras comarcas de la América española tardocolonial, trajo aparejados algunos cambios sociales y culturales significativos. Por ejemplo, la difusión de nuevos impresos, ideas, instituciones y formas de sociabilidad asociadas a la Ilustración, sobre todo en su variante española (un tema que Arturo Roig ha tematizado bastante en Mendoza en sus letras y sus ideas, vols. 1 y 2).
Allá por 1767, Carlos III había decretado la expulsión de los jesuitas en todo su imperio. En Cuyo, la medida comenzó a efectivizarse desde agosto; en Mendoza, a principios de septiembre. Unos 17 regulares de la Compañía de Jesús –los que no habían pasado a la clandestinidad– fueron trasladados a Buenos Aires, y allí embarcados con destino a la Península Ibérica, desde donde serían deportados a los Estados Pontificios. La expulsión de los jesuitas afectó profundamente la educación y la economía cuyanas, dada la importancia que dicha orden tenía en ambas esferas. En Mendoza, la Compañía poseía el prestigioso Colegio, y una gran cantidad de bienes y prebendas, entre los cuales se destacaba la Hacienda de la Cañada, con viñedos, una bodega y más de 250 sirvientes y esclavos. Tras el destierro de los jesuitas, todo ese patrimonio quedó bajo control de la Junta de Temporalidades, dependiente del Cabildo de Mendoza. Esta medida «laicizante» no se redujo a lo económico. Tuvo también un correlato educativo: el Colegio pasó a estar administrado por la Junta de Temporalidades, es decir, por el municipio; y la enseñanza quedó en manos de maestros seglares, en vez de frailes.

Las Invasiones Inglesas
Cuando se produjeron las Invasiones Inglesas, Mendoza envió pertrechos a Buenos Aires para colaborar en la Reconquista (1806) y la Defensa (1807), aunque no tropas, pues el Cabildo alegó que era demasiado peligroso desproteger la frontera sur porque, de un momento a otro, los indígenas podían lanzar un nuevo malón. De todos modos, dentro del Batallón de Arribeños no faltaron mendocinos, entre quienes descolló por sus acciones el sargento Buenaventura Ramón Sosa, biografiado por el historiador Pedro Santos Martínez.

Cuando las invasiones fueron derrotadas, muchos prisioneros británicos fueron trasladados al Interior, incluyendo Mendoza. En 1809, se les permitió volver a Gran Bretaña, pero varios de ellos optaron por quedarse a vivir en las tierras cuyanas, donde habían conseguido trabajo y formado familia. Debieron castellanizar sus nombres y bautizarse en la fe católica, eso sí… Años más tarde, se convertirían en los famosos cazadores ingleses del general San Martín, una milicia auxiliar del Ejército de los Andes.
La Revolución de Mayo en Mendoza
La Revolución de Mayo estalló en Buenos Aires, pero se propagó rápidamente a todo el Virreinato del Río de la Plata, y la región de Cuyo no fue una excepción. La noticia de que los porteños se habían rebelado contra las autoridades españolas, destituido al virrey Cisneros en cabildo abierto y creado un gobierno patrio (la Primera Junta) llegó a Mendoza en junio de 1810, con un retraso de un par de semanas.

En aquel tiempo, recordemos, Mendoza dependía de la Intendencia de Córdoba del Tucumán, cuyas autoridades españolas se negaban a reconocer la Primera Junta de Buenos Aires. Los criollos mendocinos, en cambio, simpatizaban con la Revolución de Mayo. ¿Qué sucedió entonces? Hubo un tira y afloje entre –por un lado– los criollos mendocinos que querían reconocer a la Primera Junta de Buenos Aires y –por otro lado– las autoridades españolas de Mendoza y Córdoba. ¿En qué terminó la puja? Se convocó a un cabildo abierto, y en él la mayoría de los vecinos mendocinos votaron a favor de reconocer a la Primera Junta.
Pero las autoridades españolas no se quedaron de brazos cruzados. Hubo un motín, un cuartelazo. Pero fracasó. La Revolución de Mayo había triunfado en Mendoza.
En noviembre de 1813, la región de Cuyo fue separada de Córdoba, y se convirtió en intendencia. Mendoza sería declarada capital de la Intendencia de Cuyo, que también incluía a San Juan y San Luis, como en tiempos del antiguo Corregimiento de Cuyo.
La gobernación de San Martín y el Cruce de los Andes
En septiembre de 1814, San Martín asumió el cargo de gobernador intendente de Cuyo. Tan pronto como llegó, empezó a preparar un poderoso ejército con el cual poder liberar a Chile de los españoles. Casi todas las medidas de gobierno que San Martín va a tomar (liberar esclavos, confiscar bienes a los realistas, recaudar impuestos, exigir préstamos, construir cuarteles, reclutar soldados, fabricar armas y municiones, producir uniformes y víveres, etc.) tendrán como objetivo la formación del Ejército de los Andes. Se operó un proceso de militarización de la sociedad cuyana, muy vasto y profundo.

Los preparativos durarán más de dos años, hasta enero de 1817, cuando la expedición libertadora de San Martín se ponga en marcha. Eso fue algunos meses después de que el Congreso de Tucumán declarara la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata (julio de 1816), donde los dos diputados por Mendoza, Tomás Godoy Cruz y Juan Agustín Maza, votaron a favor de oficializar la secesión emancipatoria respecto al imperio español.
Siguiendo al general San Martín, más de 5.000 soldados cruzarían la cordillera a través de distintos pasos: Los Patos, Uspallata, etc. El Ejército de los Andes vencerá a los realistas en la batalla de Chacabuco (1817), y posteriormente en la de Maipú (1818), liberando de esa forma a Chile. Desde allí, San Martín organizaría otra expedición libertadora a Perú.
Pero la larga ausencia de San Martín en Cuyo hizo que afloraran conflictos localistas entre Mendoza y las ciudades dependientes (San Juan y San Luis). Esos conflictos desembocaron en la división de la Intendencia de Cuyo, en 1820, contra el telón de fondo de la caída del Directorio –la autoridad central del flamante estado– en la batalla de Cepeda. Desde entonces, Mendoza, San Juan y San Luis se volvieron provincias separadas, aunque siempre integrando un mismo país: las Provincias Unidas del Río de la Plata, luego Argentina.
Mendoza durante las guerras civiles
Igual que sucedió en el resto del país, Mendoza vio surgir dos bandos o facciones tras la independencia: los unitarios y federales. Los unitarios querían un estado centralizado, con capital en Buenos Aires. Los federales, en cambio, defendían la autonomía de las provincias. El desacuerdo entre estos dos partidos derivó en un larguísimo y sangriento ciclo de guerras civiles. Cuando gobernaban en Mendoza los unitarios, los federales conspiraban para derrocarlos. Y viceversa: cuando estaban en el poder los federales, los unitarios se rebelaban y trataban de voltearlos. Fueron varias décadas de mucha inestabilidad y violencia políticas, donde los gobiernos duraban poco y las muertes eran muchas.

Se libraron en suelo mendocino batallas importantes de las guerras civiles argentinas: El Pilar (1829), Rodeo de Chacón (1831), Rodeo del Medio (1841)… Cientos de soldados de ambos bandos murieron en ellas. Durante la hegemonía de Quiroga y Rosas, que en nuestra provincia coincidió con la época del caudillo José Félix Aldao, muchos unitarios mendocinos tuvieron que exiliarse en Chile. Un unitario mendocino muy notable fue el coronel mulato Lorenzo Barcala, héroe de la guerra contra el Brasil que luchó a las órdenes de Paz y Lamadrid, y que murió fusilado por los federales en 1835, cuando nuestra provincia era gobernada por Pedro Molina.
Mendoza luego de Caseros
Tras la derrota y caída de Rosas en la batalla de Caseros (1852), Mendoza se sumó a la Confederación Argentina dirigida por el entrerriano Justo José de Urquiza, con capital en Paraná. Nuestra provincia adhirió a la Constitución Nacional de 1853, a diferencia de la rebelde Buenos Aires, que se separó del país por varios años porque no quería renunciar a sus privilegios portuarios y aduaneros.

Después de Caseros, Mendoza siguió siendo controlada por los federales, pero los unitarios pudieron volver del exilio y tener alguna participación en el gobierno. En 1854, por iniciativa de su gobernador Pedro Pascual Segura, Mendoza aprobó su primera constitución, basada en la Constitución Nacional. Fue la primera constitución provincial de todo el país, y su redacción estuvo a cargo, nada menos, que del jurista tucumano Juan Bautista Alberdi, el autor de las Bases (1852), anteproyecto que había inspirado como ningún otro la carta magna de la Argentina.
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