Última Actualización octubre 18th, 2022 8:09 AM
Jun 05, 2016 La Quinta Pata Literatura Comentarios desactivados en Almas en pena
Versión libre del cuento “Restless Souls” del escritor Seabury Quinn
Por Carlos Lucero
PRIMERA PARTE
Jules de Grandin era el nombre del profesor más antiguo de la cátedra de Medicina Forense cuando cursaba mis últimos años en la universidad. En el interior de esos corredores comencé a conocerlo desde mi puesto de alumno y aprendí a admirar la tenaz dedicación que le dedicaba a la investigación, sus amplios conocimientos de los temas y su capacidad para hacer frente a los asuntos imprevistos.
El doctor De Grandin era francés de Lyon, y más bien de pequeña estatura. Supongo que su limitada calvicie, hacía que usara casi de manera permanente, una opaca gorra de paño.
Dejaba que emanara de él, una napoleónica energía, que ponía en ejecución no solo en sus funciones docentes sino también en su vida diaria. Luego de mi graduación, noté que me otorgaba una secreta autorización para frecuentarlo. Al no desmerecer esa posibilidad, pude llegar a conocerlo mejor y ganar su amistad.
De a poco fui descubriendo dentro de su personalidad extrovertida, habitaba la ternura de un corazón capaz de comprender a fondo el sufrimiento de quien tenía enfrente. Con ojos juveniles, fui cayendo en cuenta de que Jules era mucho más que un docente universitario. Jules de Grandin era un hombre que había recorrido varios países y en cada uno de ellos, había tenido la oportunidad de verse envuelto en lances intrincados, dignos de relatos de aventuras.
Supe que no disfrutaba mucho del teatro, en cambio a mí, si me gustaba. Por lo tanto decidimos concertar para vernos al finalizar la función.
-¡Ah carajo, que noche odiosa!_ Jules de Grandin, frente al teatro, observó la cortina de lluvia que caía del cielo, frunciendo el ceño.
-Bueno, son cosas de la naturaleza _ queriendo calmarle.
_ Lo que pasa es que usted no sabe cuánto tiempo llevo sin ver sol. ¡Además, estoy hambriento!_ interrumpió el pequeño francés_
-Eso es algo que podemos remediar _ prometí, apartándole del refugio bajo la cornisa _ Lo invito al Café Bacchanale. Siempre tienen algo bueno para comer_
-Ah, qué bien _ dijo Jules de Grandin_ Usted es un filósofo, Delponte, sabe lo que me gusta oír_
En el Café Bacchale la estaban pasando en grande. En la noche del 31 de octubre habían preparado una fiesta de Halloween. Era como un estallido de música. Doce jovencitas sucintamente vestidas ejecutaban giros dirigidas por una dama vestida con tiras de tela con campanillas en el cuello, muñecas y tobillos.
-¿Conejo a la portuguesa? –sugerí_ Aquí lo preparan muy bien_
De Grandin asintió mientras contemplaba a una pareja en una mesa cercana.
-Amigo Delponte mire -me susurró justo cuando el camarero nos traía un caldo casi hirviente para empezar la cena _ Dígame qué es lo que ve_
Como cualquier hombre, distinguí una chica que atraía a todos. Alta, esbelta, muy hermosa. Llevaba un traje negro sin adornos, aparte del collar de perlas que rodeaba su cuello. El cabello casi cobrizo, se recogía formando una tiara griega: Sin embargo, me pareció notar la expresión de quien sufre alguna enfermedad. Nada definido, solo factores que atravesaron mi admiración masculina y al galeno le indicaban pobreza de oxígeno en la sangre.
Miré al hombre que estaba con ella y mi mente pensó: «Ja, ésta es otra buscadora de oro» El tipo tenía huesos grandes, rasgos toscos, la cabeza como una bala y el cuello grueso. Una piel que se veía como el vientre de un sapo. Un aspecto de quien bebe y duerme demasiado y nunca hace gimnasia. Se notaba que esa joven le pertenecía en cuerpo y alma, que la había adquirido por una buena suma, aunque sus ojos de pez no paraban de vagabundear con brillo sobre otras mujeres del salón.
-No me gusta, eso no es normal comentó Jules_
-¿Eh? Claro _ dije yo_ Es vergonzoso que una linda muchacha venda o, alquile su cuerpo a un tipo así_
-No, no _ me interrumpió irritado_ No censuro su comportamiento; eso es cosa de ellos. A mí me intriga su manera de beber_.
-¿La bebida? –pregunté yo.
-Si, han pedido vino tres veces pero lo han dejado intacto sobre la mesa.: ¿es normal eso?
-Bueno…, pues… _ balbuceé intentando ganar tiempo.
En un momento la mujer pareció dispuesta a beber, pero el gesto de su escolta la detuvo.
_ No lo probó. ¿Quién puede despreciar el alma viva de la uva?
-Bueno, ¿piensa investigarles? _ le pregunté sonriendo.
Su curiosidad era tan grande como su autoestima, y no me hubiera sorprendido que vaya hasta la mesa a pedir una explicación.
_Hum… Quizá lo haga_
Levantó la cerveza, tomó un prolongado sorbo. Inclinándose me dijo.
-¿Sabe de qué podría tratarse?
-Claro, es Halloween, los diablillos andan sueltos por las puertas de las casas…
-Puede que los diablos mayores también anden sueltos _.
-Oh, vamos -protesté-, no hablará en serio…_
-Hablo en serio. Mire _
Me señaló a la pareja. Enfrente había un muchacho de esos que pueden encontrarse en cualquier campus universitario. Tenía, casi sin probar un plato bastante florido mientras sus ojos corrían hacia la chica de la mesa. Vimos que el acompañante de la chica movía la cabeza como señalando al muchacho. Después se levantó y abandonó la mesa. Su caminar me recordó los movimientos de un animal. Al quedar sola, la chica, entornó los párpados y le lanzó una mirada tan insinuante al joven que era imposible equivocarse. Éste se levantó para sentarse con ella y al rato, dejando aparte miradas disimuladas, ambos salieron del salón. De Grandin me indicó que debíamos imitarles.
_Es crucial saber adónde van _me dijo Vamos.
-¡Oh, por favor, tengamos sentido común! _ le reñí yo_ Déjelos solos, si es eso lo que quieren. Ahora se encuentra mejor acompañada que cuando entró con…
-¡Exactamente!_ exclamó De Grandin-. Ese “mejor acompañada”, es en lo que pienso_
-Hum, es tipo parecía un tipo muy duro_ admití_ Y pese a su inocencia es posible que la chica sea el cebo de un juego sucio…
– Si, un juego donde las apuestas son muy elevadas! Se volvió hacia el portero_ Señor, esa pareja, el joven y la chica… ¿se fue por ahí?
-¿Eh?_
-El joven y la muchacha… ¿los vio salir? ¿A dónde fueron…? Un billete de dólar cambió de manos y la memoria del portero revivió.
-Oh, ellos. Sí, los vi. Tomaron un taxi negro y parecía que el joven había hecho una buena conquista… Aunque si el tipo que trajo se entera, puede acabar muy mal. Un fulano con cara de mala persona, y…
-Cierto, cierto -dijo De Grandin-. Y ese Fulano ¿hacia dónde marchó?
_Salió corriendo hará unos diez minutos., lo miré un momento y cuando volví a mirar, había desaparecido. No sé cómo logró doblar la esquina tan rápidamente_
– Rápido Delponte. Tenemos que alcanzarlos antes de que desaparezcan _
El coche se dirigía en línea recta por el bulevar Oriente.
-Ésta es la mayor locura que hemos cometido -gruñí-. Tenemos pocas probabilidades de alcanzarles… ¡Diablos, se han parado!
Estaban ante el imponente cementerio de la ciudad. De Grandin se inclinó hacia adelante en su asiento.
-¡Vamos Debemos alcanzarlos antes de que bajen del vehículo!
Pero, cuando frenamos, encontramos una limusina vacía y un chófer atónito.
-¿Por dónde, amigo…, por dónde se fueron?_
-¡Dentro del cementerio! _respondió el chófer-. Me han dejado tirado como a un trapo sucio… –Ella dijo «No hace falta que nos espere, chófer, no volveremos»
-Ciertamente, vamos, amigo Delponte, ¡tenemos que encontrarle pronto o será demasiado tarde!_
El recinto funerario tenía una apariencia tan solemne como el propósito al cual estaba dedicado, De Grandin avanzó con paso rápido, luego más deprisa que antes.
-¿Conoce por acá, Delponte? _
-Mejor de lo que quisiera _ admití He asistido a varios funerales_
-¡Estupendo! –exclamó-. Entonces dígame dónde se encuentra el… ¿cómo le llaman? ¿La recepción?
-Allí, casi en el centro del recinto_ respondí.
De Grandin reanudó su avance. Llegamos a un mausoleo de piedra gris y examinamos todas las puertas, una detrás de otra.
-¡Es inútil! -anunció decepcionado después de que las puertas hubieran desafiado sus esfuerzos tendremos que buscar en otro sitio.
Corrió hacia la explanada y examinó el entorno. Había una hilera de mausoleos familiares. Se detuvo ante cada uno y trató de abrirles las rejas
– ¿Qué está buscando…?
-Lo que temo encontrar –replicó, mientras paseaba su linterna alrededor_. ¿Eh? Mire, mire _ pude observar una silueta sobre los peldaños.
-Pero… ¡es un hombre! -exclamé.
-Eso espero -replicó De Grandin-. Puede que sólo sean unos restos…pero todavía respira_.
Iluminé el cuerpo. Era el joven al que habíamos visto salir del café con aquella mujer tan extraña. En la frente tenía un corte como hecho por una cachiporra. De Grandin pegó el oído a su pecho.
-Vive -anunció _, pero su corazón…Vamos, saquémoslo de acá_
En media hora habíamos logrado revivirlo con sales aromáticas y compresas frías.
_ Díganos por qué abandona a los vivos para mezclarse con los muertos_
El joven hizo un esfuerzo para incorporarse, pero no podía, y volvió a recostarse.
-Yo creí que estaba muerto _ confesó luego.
-Hum _ El francés lo miró_ Aún no ha respondido a mi pregunta, joven_
El muchacho intentó levantarse. Una expresión de dolor se difundió por su rostro.
-Deprisa, Delponte, el nitrato de amilo…pidió De Grandin. Y acercó la ampolla a la nariz.
-Ah, ¿se siente mejor? -le preguntó.
-Sí, gracias ¿Cómo supo lo que debía aplicar? -añadió _ No creía que…
_ Mire, yo trataba la angina pectoris antes de que usted hubiera sido concebido. A ver, diga ¿por qué abandonó el Café Bacchanale y qué ocurrió después?
El joven bajó de la camilla.
-Me llamo Donald Rochester -dijo presentándose- y ésta tenía que haber sido mi última noche en la tierra.
-¿Cómo? -murmuró Jules de Grandin.
_ Hace seis meses padecí que padezco de angina pectoris, el dolor se volvía más severo, entonces decidí obsequiarme una última fiesta, y morir de forma rápida y limpia_
-¡Maldición!_ murmuré yo.
-Pedí una gran comida, de esa de la que no me permiten disfrutar _ siguió Rochester-, y estaba a punto de saborearla, cuando la vi entrar. Ustedes también la vieron, ¿no?
_ Todos la vimos. Siga contando_
-Siempre pensé que eso del amor a primera vista era una estupidez, pero ahora no opino lo mismo. Olvidé mi cena. No tenía ojos para nada que no fuese ella. Pensé que si dispusiera de dos años más le pediría que se casase conmigo…
_ Vemos que lo fascinó, pero, cuente lo que hizo_
_ La miraba. Solo la miraba. Cuando esa bestia con la que estaba, salió del local, ella me sonrió, y mi corazón casi dejó de funcionar. Me gustó, parecía que me conocía de toda la vida. Había un coche esperando fuera. Subimos. Yo le contaba quién era, la vida que me quedaba y lo que sentía cuando acababa de encontrarla.
_ ¿le contó eso?
– Y muchas cosas más…, antes de darme cuenta ya le había dicho que la amaba
(Continúa en la próxima edición)
Oct 18, 2022 Comentarios desactivados en A los Manetazos o una respuesta que pone en disputa el estado de verdad
Oct 08, 2022 Comentarios desactivados en “Una traición en este oficio no se le niega a nadie”
Oct 18, 2020 Comentarios desactivados en «Que descanse en paz»
Ago 09, 2020 Comentarios desactivados en Las cosas que me gustan
Oct 02, 2022 Comentarios desactivados en ¿Cómo les fue a las principales empresas argentina en los últimos años? Ventas, rentabilidad y costos laborales
El presente informe tiene por objetivo analizar el estado de situación de las empresas más grandes de Argentina. Para ello se utilizan como base de análisis los balances de las principales firmas industriales y de servicios con Estados Contables disponibles en la Argentina. El informe que se...
Sep 02, 2022 Comentarios desactivados en Informe fiscal: análisis de los ingresos, gastos y resultados del Sector Público Nacional – Datos a julio de 2022
Jul 27, 2022 Comentarios desactivados en Informe fiscal de junio 2022: menores gastos en subsidios y mayores en obra pública
Jul 26, 2022 Comentarios desactivados en ¿Qué pasó con el cuerpo de Evita?
por Pablo Vázquez / Agencia Paco Urondo En la noche del 23 de noviembre de 1955, a poco del golpe cívico militar contra Perón, un comando del Ejército al mando del teniente coronel Carlos Eugenio Moori Koenig, Jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), ingresó al edificio de la CGT...