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Sep 09, 2018 La Quinta Pata Género y Feminismos Comentarios desactivados en Johana, te seguimos nombrando
El 4 de septiembre se cumplieron 6 años de búsqueda de Johana Chacón (tenía 13 años al momento de su desaparición). Ella vivía en el departamento de Lavalle y fue vista por última vez cuando bajó del colectivo escolar que la llevó a su casa, una finca ubicada en el distrito Tres de Mayo. El próximo 19 de septiembre comenzará el juicio oral y público por su desaparición.
La idea de esta nota es otorgar un contenido a la noción de “desaparición”, la que se pronuncia como si se tratara de un hecho naturalizado para explicar el horror de un ser humano que habitaría un lugar abstracto dentro de la cotidianidad de un barrio, un pueblo, una provincia o cualquiera sea el espacio. Sin embargo distintas organizaciones sociales, de mujeres y feministas promulgan un discurso otro que contextualiza el hecho de la desaparición con la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Las entrevistas que aquí aparecen fueron tomadas para una tesis de grado realizada sobre este tema por quien escribe: “Análisis del Discurso social en torno a la problemática de la trata de mujeres con fines de explotación sexual desde la perspectiva de género. Desapariciones de Johana Chacón y Soledad Olivera”.
El último recuerdo que sus compañerxs tienen de Johana es cuando atravesó la tranquera de la finca en la que vivía con su familia tutora, aunque no legalmente, entre los que se encontraba su cuñado, Mariano Luque.
Una vez que se conoce lo sucedido en la escuela Virgen del Rosario (a la que la niña asistía) llegó también la noticia a su directora, Silvia Minoli, sobre la desaparición de la madre de dos niños que concurrían a la misma escuela (Soledad Olivera).
Soledad fue vista por última vez en noviembre de 2011, el día en que, según demuestran las llamadas rescatadas por los investigadores a través de las empresas telefónicas, se encontraría con Mariano Luque en la finca de su padrastro, Luis Curullanca, donde vivía junto con su pareja, la hermana de Johana.
El fiscal de la causa, Santiago Garay, con su investigación determinó que Luque era responsable de “privación ilegítima de la libertad” por la desaparición de Soledad, y por este delito fue condenado en junio de 2017 luego de ser absuelto por el beneficio de la duda en un juicio previo.
Desde la desaparición de Johana la escuela lavallina, con Silvia Minoli al frente, llevó adelante la lucha social que busca a las mujeres desaparecidas. Entre las actividades que impulsaron se encuentran las pintadas de murales recordatorios en la localidad del norte mendocino; charlas con las/los alumnas y alumnos de la escuela que dirigía y a la que asistía la menor desaparecida; talleres de concientización en diferentes instancias públicas y, entre las más destacadas, se encuentran las marchas que realizan en las fechas que se conmemora las desaparición de Johana.
Diferentes organizaciones de mujeres reclamaron por su aparición y la injerencia por parte del Estado para la investigación y actuación frente a la situación que se vivió en Lavalle, como así también el avance de las causas.
Hasta el momento el único involucrado es Luque, quien se encuentra condenado por privación ilegítima de la libertad de Soledad Olivera. Se espera un próximo juicio sobre el caso de Johana Chacón para el 19 de septiembre próximo.

Existe por parte de diferentes organizaciones sociales un interés por sus cuerpos y la relación de sus ausencias con las redes de trata con fines de explotación sexual. Este decir, disruptivo del discurso legitimado por la justicia y reproducido por los medios, coloca a esos cuerpos en un lugar de sujetas de derechos porque les da existencia dentro de una comunidad de pertenencia.
Distintas organizaciones de mujeres daban información y concientizaban al público que se acercaba a las actividades realizadas en nombre de las chicas buscadas, sobre esta realidad; recordaban a otras mujeres desaparecidas del país, algunas reconocidas víctimas de trata como Marita Verón.
En relación a esta problemática interesa tomar voces de feministas que activan en contra de las violencias hacia las mujeres y así dar entidad a la noción de desaparición.
Claudia Péchere es Comunicadora Social, vive en el Departamento de Lavalle y es integrante de la agrupación feminista “Cuestión de Mujeres”.
Ella, junto a otras colegas, acompañaron a la comunidad educativa de Tres de Mayo, en especial a Silvia Minoli, para la visibilización del caso y después, en particular, como Cuestión de Mujeres, realizaron distintas tareas, entre ellas movilizaciones, festivales, charlas en las escuelas para concientizar sobre la problemática de la trata de mujeres.
Laura Chazarreta, otra entrevistada para la problemática planteada, es referente de la organización feminista La Colectiva. Esta agrupación, el 8 de marzo de 2014, tuvo la iniciativa de convocar a más de 40 organizaciones para comprometerse a realizar la denuncia en tribunales federales para que se investigaran las desapariciones de Johana y Soledad como casos de trata, a lo cual la instancia judicial accedió. A partir de ahí organizaron una serie de acciones, desde festivales, campañas, intervenciones y talleres de información para concientizar y visibilizar acerca de las desapariciones de mujeres en democracia.
Lo primero que se vislumbra en los testimonios es el interrogante, el interés por los cuerpos de las chicas y la relación de sus ausencias con las redes de trata con fines de explotación sexual. Este decir, disruptivo del discurso legitimado por la justicia y reproducido por los medios, coloca a esos cuerpos en un lugar de sujetas de derechos porque les da existencia dentro de una comunidad de pertenencia, hablan desde un lugar inclusivo:
“nosotras decimos que son nuestras desaparecidas en democracia (…)”(Chazarreta); “Nosotras las hemos buscado y la seguimos buscando vivas (…)” (Péchere); “hay un imputado que es Luque y que se entiende que puede ser femicidio aunque no se hayan encontrado los cuerpos” (Chazarreta); “(…) ya después de cumplido el año de ambas, de Johana y Soledad empezamos a pintar los signos año por año, eso lo hacemos todos los años en el aniversario de las dos” (Péchere).
Estos discursos relatan las experiencias militantes y de compromiso con las chicas desaparecidas de modo que estas prácticas se construyen intersubjetivamente, con la marca de la sexuación devolviéndoles así la humanidad de las que fueron despojadas por el discurso patriarcal dominante y contribuyendo a la memoria colectiva sobre el alcance de los casos de desapariciones de mujeres. En palabras de Pilar Calveiro “recuperando las voces de los agraviados y forzando la reaparición de lo que se pretendía desaparecido” (Calveiro, Testimonio y Memoria en el relato histórico, 2006, p. 83). Johana y Soledad no son “las desaparecidas” naturalizadas de la sociedad sino mujeres por las que una comunidad de más mujeres luchan y restituyen el valor de esos cuerpos que no están:
“(…) y el compromiso de cada una de las marchas sociales por cualquier tema nosotras seguimos levantando la bandera de las chicas. En ese sentido hemos acompañado mucho a la comunidad de Lavalle, a lxs compañerxs de Johana, hemos acompañado mucho a la familia de Soledad. Ahora, este último tiempo trabajando codo a codo con la familia de Soledad y de Gisela Gutiérrez para conseguir a largo plazo que se les pague a los niños las pensiones por las madres en situación de desaparición (…)” (Péchere).
Estas experiencias, que no tienen palabras dentro del discurso patriarcal, dan cuenta de su propia densidad. Se trata de un esfuerzo colectivo por conservar la memoria que:
“exceden en mucho lo testimonial. Sin duda comprenden la recuperación y la organización de dicho material, pero también la preservación de espacios físicos y simbólicos de la memoria, las distintas acciones para la identificación, el juicio y el castigo de los responsables, las prácticas educativas para el “pasaje” social de lo vivido, en fin, un haz de acciones colectivas que recogen, interpretan y procesan lo experimentado colectivamente desmontando tanto el silencio como los discursos del Estado para dar paso a la visión de las víctimas, de los vencidos, de los otros”(Calveira, Testimonio y Memoria en el relato histórico 2006,p.84).
Otra experiencia que se desprende de los dichos analizados es la que trae a la existencia la trata de mujeres:
“Fundamentalmente eso, instalar el tema de la trata como una problemática en Mendoza y en las escuelas” (Péchere), “(…) no está bueno pensarlo como hechos aislados sino que debe hacerse una relación con las redes de trata y que no solamente tiene que ver de un país a otro país sino que también sucede en las propias provincias”(Chazarreta).
Irrumpe nuevamente en el lenguaje para dar posibilidad de existencia a esa realidad que no es posible, no tiene lugar en las coordenadas de las relaciones de poder político, jurídico y económico patriarcal actual. Esta alternativa fue investigada y desechada hasta el momento por la Justicia:
“(…) creo que la justicia y la voluntad política de esta provincia y me atrevo a decir que del país y en el mundo tiene que ver con la clase social a la que las chicas pertenecen. Cuando las chicas son pobres no valen ni siquiera la voluntad política para resolver los casos. Esa es la opinión que me merece la justicia. Pobre, una justicia muy pobre a la que no le importan chicas como Johana, como Soledad, como Gisela Gutiérrez”(Péchere).
Los testimonios que circulan en la comunidad de mujeres han adquirido a través del tiempo un saber colectivo respecto de la problemática de la trata de mujeres. La justicia es una instancia que no se hace presente para que esa verdad sea reconocida socialmente como tal. Aunque no impide que pueda ser exhibida y denunciada. Tal como menciona Fabiana Grasselli a través de “planteos de pensadoras feministas como Adrienne Rich y Audre Lorde acerca de que los espacios construidos por mujeres para la politización de las opresiones y malestares propician una palabra testimonial combativa (Grasselli y Alvarado, Seminario 1718 – Feminismos del Sur: experiencias, narrativas y activismos -Clase 6 – Experiencias Políticas y Testimonios de Mujeres, p.2)
Dos cuerpos de mujeres desaparecieron de un área rural de Mendoza, la comunidad de Lavalle, y ante esta realidad se tejieron distintas hipótesis. Una es clamada por mujeres feministas de distintas organizaciones sociales. Sin embargo el discurso patriarcal homogeneizó el conjunto de signos e ideas reproducidos por distintas instancias de poder con la suficiente fuerza como para imponer la propia visión de mundo y excluir las formas, imágenes y símbolos (Smith, 1975) con los que el pensamiento de las feministas y de las organizaciones de mujeres se expresaron y se expresan.
*Lic en Comunicación Social.
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