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Ago 12, 2018 La Quinta Pata Género y Feminismos Comentarios desactivados en La lucha que camina
La Paz fue uno de los tantos escenarios donde el 8 de agosto el movimiento de mujeres respaldó a las compañeras argentinas por la legalización del aborto en una jornada en la que el Senado de la Nación volvió a darle la espalda a la realidad histórica. Colectivos autoconvocados a través de la coordinación de “Ni una menos” en Bolivia se movilizaron desde la Plaza del Estudiante hasta la embajada argentina para exigir que el Congreso viabilice el derecho, el cónsul se pronuncie al respecto y juntar fuerzas a nivel regional. Pero además la solidaridad permitió que se visibilice la gravedad de la problemática para las mujeres bolivianas, en el contexto de una sociedad y una clase política que continúan cerradas a siquiera dar la discusión.
De la misma manera que en Argentina y que en decenas de ciudades de todo el mundo, con banderas, pancartas y consignas poderosas, con pañuelos verdes, con cantos reivindicativos, ocurrentes y marcados por la lucha y la crudeza de las muertes, colectivos feministas tomaron las calles paceñas para reclamar por la legalidad del aborto, que se decidía a miles de kilómetros en el hermano país. De la misma manera que en otros lugares, el centenar de personas que se concentró frente a la embajada e hizo valer su posicionamiento, debió soportar agravios de algunas señoronas indignadas, de vejetes enardecidos que escupían su intolerancia y huían y de exasperados choferes de buses. De la misma manera que en todos estos últimos meses de lucha al otro lado de la frontera, quienes bancaron los trapos y pusieron el cuerpo lo hicieron con la conciencia de que “desde toda América Latina este grito por el aborto legal es una reivindicación para todas las mujeres y cuerpos disidentes, para hacerle un lugar en la política, en la agenda pública, en la salud y en la planificación de lo que queremos hacer con nuestros cuerpos, porque no son territorios de conquista y es un paso de siglos para poder liberarnos del patriarcado”.

El colectivo de organizaciones feministas y de diversidad sexual explicó en su pronunciamiento que “en este #8A, así como en otros 40 países del mundo, estamos haciendo historia apoyando a nuestras hermanas en Argentina. Desde la lucha internacional por el derecho al aborto apoyamos la gran lucha que se han dado las mujeres en Argentina en la conquista del derecho a decidir sobre sus cuerpos y sus vidas. En este día histórico en el que el Senado debe votar y ante las presiones constantes de los partidos políticos tradicionales y de diferentes iglesias, la lucha argentina constituye desde ya un avance para todas nosotras a nivel regional y global. Es un impulso que fortalecerá, pero también para pelear juntas y organizadas por este derecho en nuestro propio país, sabiendo que tanto el gobierno del MAS como los partidos de derecha se unen al momento de condenar a la mujer a la ilegalidad del aborto”.

Ana Julia Bustos es argentina, integra el colectivo “Ni una menos” y le tocó estar en Bolivia para la organización del reclamo. Entrevistada por La Quinta Pata recordó que “la lucha por el derecho al aborto lleva más de 30 años, a través de la Campaña, de los Encuentros Nacionales de Mujeres”, y que la movilización en apoyo desde La Paz y otras ciudades es importante “porque se entiende que el hecho de que se consiga la legalidad del aborto en uno de nuestros territorios acompaña la lucha feminista en otros lugares y es una muestra de que la hermandad, la sororidad feminista, va creciendo cada vez más”. Además consideró que “en Argentina y Chile el movimiento de mujeres ha crecido muchísimo y ha ido impulsando las luchas feministas que, desde hace mucho tiempo, hay en toda América Latina”. Y frente a la posibilidad de que el Senado finalmente votara en contra señaló que “la lucha va a seguir como siempre, en la calle y disputando los lugares de las instituciones democráticas pero sabiendo que no es el único camino, porque la calle también es una institución democrática donde nos manifestamos y denunciamos que hay muertes por abortos clandestinos todos los días en todo el planeta y que la autonomía sobre el cuerpo de las mujeres y de los cuerpos gestantes es una reivindicación que todos tenemos que tener como sociedad, no solamente un grupo o un sector”.

Uno de los discursos más elocuentes fue el de la representante de “Pan y Rosas”: “Las mujeres bolivianas y del mundo abortamos y nos llaman asesinas, cuando hay todo un sistema que nos condena al hambre, a la miseria, a la explotación y a la violencia, no sólo a las mujeres sino también a nuestros hijos. Abortamos porque hemos sido violadas en una sociedad que juzga más nuestra forma de vestir y el conjunto de nuestras decisiones que a los criminales que nos violan y matan todos los días; abortamos porque en este país la educación sexual y el uso de anticonceptivos sigue siendo inaccesible para la mayoría de nosotras, y abortamos porque estamos vivas frente al embarazo no deseado, porque elegimos no ser madres y esa es nuestra libertad y es nuestro derecho. Todas estas razones nos llevan abortar y ninguna de ellas obedece al placer o a las ganas de hacerlo, como nos acusan las iglesias. La clandestinidad de estas prácticas sólo alimenta el negocio millonario y negligente, es mentira que estar en contra del aborto legal es estar a favor de la vida, es estar a favor del aborto clandestino y del millonario negocio médico. Un aborto salubre cuesta más que el salario básico en el país y quienes mueren por no poder pagarlo son las mujeres del sector más empobrecido, las trabajadoras, las campesinas, las compañeras indígenas que día a día dan sus vidas por la ilegalidad del aborto. Pan y Rosas toma el tema del aborto como parte sustancial de nuestro plan de lucha y exigimos que no sólo se despenalice, sino que además se legalice haciéndolo parte de la salud pública, garantizada por el Estado y acompañada por una educación sexual integral y pública, científica, laica y no sexista y con métodos anticonceptivos distribuidos de manera gratuita. Por eso decimos ‘educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir’. Todo esto no va a ser posible si no nos planteamos también como horizonte la separación efectiva del Estado y la iglesia, porque si bien se nos dice que es así, sabemos que en estos momentos el gobierno de Evo Morales está cercanísimo a la iglesia. Y sabemos que esto encuentra sus raíces en un problema estructural más grande que es la alianza del capitalismo y el patriarcado, que nos somete a la penalización del aborto. La emancipación verdadera es una quimera si pensamos esta lucha de manera aislada, entonces proponemos un horizonte de organización para librar la lucha de las mujeres, los oprimidos y explotados del mundo. ¡Fuerza compañeras, porque no vamos a dar ni un paso atrás en la lucha!”.

En nombre de “Feminismo Comunitario Antipatriarcal” y del “Movimiento Migrante” de Barcelona, Valencia y Madrid; y bajo el lema de “Autonomía y descolonización, son nuestros cuerpos, es nuestra decisión”, Julia Castillo reclamó “despenalización y aborto libre, seguro y gratuito ya, porque el aborto clandestino mata, porque en la memoria larga de los pueblos está la vida digna, porque en la memoria ancestral de los cuerpos está abortar o parir. Desde distintos territorios exigimos al gobierno de Argentina que sea ley y que deje la doble moral patriarcal y capitalista; que los Estados, las iglesias, los fundamentalismos y los partidos políticos dejen de decidir sobre nuestros cuerpos. Desde el movimiento migrante, desde los pluralismos y feminismos comunitarios de las hermanas de México y Guatemala, no solamente nos unimos, sino que además todos los días decidimos con organización y autonomía, y aunque sabemos que nuestras hermanas en Europa también están luchando nosotras no decimos que la lucha empieza en el norte. Por eso los migrantes que radicamos una Europa que hoy es fortaleza blanca y racista, decimos ‘¡De sur a norte, de oeste a este, la lucha sigue cueste lo que cueste…!’”
Y el incesante coral “Alerta/ alerta/ alerta que camina/ la lucha feminista por toda América Latina…”, volvió a repicar fuerte en la calle, desde donde ya es imposible no escucharlo.

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