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Nov 15, 2020 La Quinta Pata Historia Comentarios desactivados en Las “libertades inglesas” de John Wilkes
George III de Hannover asumió como monarca de Gran Bretaña e Irlanda en 1760. Su llegada al trono coincidió con los comienzos de la Revolución Industrial y un crecimiento económico favorecido por la expansión colonial –sobre todo en Asia y América-. Al mismo tiempo, existía una aristocracia terrateniente tan interesada en hacer dinero como en gastarlo en bienes suntuarios. El Primer Ministro William Pitt había declarado en uno de sus discursos: “Los tesoros de Asia se derraman sobre nuestras cabezas. Nos aportan no solamente el lujo asiático, sino también, y eso es lo que temo, los principios del gobierno asiático” (1). En el Parlamento, esa aristocracia era representada por dos partidos enfrentados: el Whig (liberales) y el Tory (conservadores).
El rey George no pretendía subvertir los principios de la Revolución Gloriosa de 1688, que sentó las bases del constitucionalismo monárquico, pero sí aumentar la influencia del monarca en los asuntos políticos. Una de sus primeras medidas fue desplazar a Pitt, aunque cada uno de los Primer Ministro que designó posteriormente duraron muy poco tiempo en el cargo. En el Parlamento se apoyó en el Partido Tory (eran llamados “los amigos del rey”), pero también nombró a eminentes Whigs en cargos de gobierno. Estas medidas parecían orientadas a aumentar la autoridad real.
Por entonces había comenzado a circular en Londres un periódico opositor, The North Briton. Su propietario era John Wilkes, nacido en Clerkenwell el 17 de octubre de 1725, siendo el segundo de los seis hijos del destilador Israel Wilkes y de Sara Heaton. Se había educado en la Academia Hetford y en la Universidad de Leiden (Países Bajos), y en 1741 contrajo matrimonio con la acaudalada terrateniente Mary Meade. Su matrimonio, del que nació su hija Polly, le proporcionó recursos económicos y ascenso social, lo que le permitió integrar Clubes de Caballeros –en donde se lo conoció por su fama de bebedor y libertino- e iniciar su carrera periodística y política. En 1756 se divorció y al año siguiente fue elegido como parlamentario en representación de Aylesbury por el Partido Radical. Partidario de Pitt, comenzó a atacar duramente a sus sucesores. De hecho el nombre de su periódico hace referencia a Escocia, de donde era originario el Conde de Bute John Stuart, sucesor de Pitt. Tras su renuncia en 1763, siguió atacando a su sucesor George Grenville (2).
El periódico era objeto de atención de la Corona desde que comenzó a circular, pero las alarmas se encendieron cuando en su número 45, del 23 de abril de 1763, publicaron una fuerte crítica al discurso que el rey pronunció en el Parlamento apoyando el Tratado de Paris, que ponía fin a la Guerra de los Siete Años contra Francia y España por las colonias de Norteamérica. Pitt era partidario de continuar la guerra para lograr el aniquilamiento total de las potencias continentales y Wilkes hacía eco de esta demanda.
El 30 de abril tres representantes de la Corona se apersonaron en la casa de Wilkes para realizar un allanamiento, confiscar documentación y detener al periodista. Otras 48 personas fueron detenidas acusadas de complicidad. Wilkes apeló a sus fueros como miembro de la Cámara de los Comunes y le concedieron la libertad. Pero el rey no se daría por vencido y presentó el caso ante el Parlamento. A fines de 1763 una cámara completamente sumisa al monarca declaró que el número 45 de The North Briton era un “libelo faccioso” y ordenó que fuera confiscado y quemado en público.
Esto no fue bien visto por un pueblo que tenía una larga tradición de lucha por las libertades individuales y la limitación del poder de los monarcas, desde la sanción de la Carta Magna en 1215 hasta las revoluciones de 1642-1660 y 1688 contra el absolutismo monárquico. Hubo motines en Londres, personas que se congregaron en el Palacio Real para insultar al rey y sus ministros, y un “rescate” que se organizó para salvar del fuego a los ejemplares del periódico cuando iban a ser quemados por el verdugo.
En 1764 Wilkes fue expulsado del Parlamento y acusado de publicar un poema “pornográfico” con Thomas Potter titulado An Essay from Woman –parodia de An Essay for Men de Alexander Pope-, por lo que debió huir a Francia. Rápidamente se convirtió en un héroe popular como encarnación de las “libertades inglesas” que el monarca quería pisotear. El Primer Ministro liberal marqués de Rockingham –que debió renunciar en 1766- y su secretario privado el pensador político escocés Edmund Burke cuestionaron a Wilkes, pero también denunciaron que las acciones del monarca infringían grave daño a la libertad de prensa y a las prerrogativas parlamentarias. El Partido Whig se inclinaba cada vez más hacia la oposición a “un soberano cuyo sistema entero de gobierno se basaba en la corrupción, el engaño y la negación de toda intervención política popular, prevista, sin embargo, por la ley” (3).
En febrero de 1768 Wilkes regresó a Londres. En las calles fue aclamado al grito de “¡Por Wilkes y por la libertad!”, y en las paredes, puertas y carrozas se pintó el número 45, recordando aquella edición de The North Briton de 1763. El periodista se presentó nuevamente para la Cámara de los Comunes en representación del condado de Middlesex y resultó electo, pero no consiguió asumir porque fue arrestado. Miles de personas se movilizaron hacia la prisión exigiendo su liberación. Los soldados reprimieron causando seis muertos y decenas de heridos, lo que pasó a conocerse como “la Masacre de los Campos de Saint George”. El rey felicitó a las tropas por la represión. Finalmente Wilkes fue condenado a dos años de prisión y a una onerosa multa. En 1769 fue expulsado del Parlamento bajo la acusación de que estaba fuera de la ley cuando se presentó a las elecciones.
Una vez en libertad, volvió a presentarse como parlamentario obteniendo un nuevo triunfo y siendo nuevamente expulsado. Comenzó así un periplo de presentación a elecciones, triunfos y expulsiones, con algunos arrestos. Para el pueblo, era el emblema de la lucha contra la restauración absolutista. El pintor Josue Reynold lo retrató y expuso su obra en el Guildhall con el lema: “Al fiel defensor de las libertades inglesas”. Su imagen podía encontrarse en las paredes de las tabernas. Comenzaron a circular escritos en donde se amenazaba al rey y se le recodaba el destino de los monarcas absolutistas de los siglos anteriores, que murieron bajo la horca y el hacha.
El 23 de abril de 1770 –a 7 años del famoso número 45- Burke publicó el folleto Thoughts on the Cause of the Present Discontents, en donde justifica la necesidad de los partidos políticos para contrarrestar las aspiraciones absolutistas del monarca. Ya antes había sostenido que las divisiones parlamentarias, sea que en general operen bien o mal, son necesarias para un gobierno libre. Aunque no era entusiasta de la ampliación de los derechos electorales como Wilkes, sino que más bien creía en la necesidad de una aristocracia naturalmente dotada por gobernar, Burke se oponía abiertamente a la concentración del poder en el monarca (4).
Finalmente el rey optó por liberar de su persecución a Wilkes y reconocerlo como parlamentario. Sus proyectos en el Parlamento se caracterizaron por la defensa de los derechos de los electores: reforma y ampliación del sistema electoral para facilitar la representación y posibilidad de que los votantes puedan dictar la política a seguir de sus representantes. Esto era verdaderamente radical para la época, ya que significaba que la casta política debía rendir cuentas al pueblo por su accionar. En ese sentido organizó asambleas públicas para escuchar las propuestas de sus electores. En 1771 presentó un proyecto para permitir a la prensa la publicación de los debates parlamentarios “al pie de la letra”, sin intervención de la censura.
También fue un defensor de los derechos de los colonos norteamericanos, que en la década de 1770 se levantaron contra la presión impositiva de la Corona británica bajo el lema “ningún impuesto sin representación”. Pensadores liberales como William Pitt, Edmund Burke o Thomas Payne apoyaron estos reclamos convencidos de que los colonos de Norteamérica representaban las “libertades inglesas”. La Revolución Norteamericana que estalló en 1776 llevaría finalmente a la independencia de los Estados Unidos con la derrota de Gran Bretaña en 1783.
Wilkes había sido elegido alcalde de Londres en 1774 y concretó algunas de las medidas presentadas al Parlamento. Pero en 1780 fue responsable de reprimir los levantamientos contra los católicos romanos de “Gordon Riots”, lo que le hizo perder popularidad. Quién había sido elegido por su defensa de las libertades y su radicalismo político, ahora cargaba sobre sus hombros la responsabilidad de una represión. Sin embargo siguió gozando de apoyo en Middlesex, que lo reeligió en 1780 y 1784, pero fue rechazado cuando se presentó en las elecciones parlamentarias de 1790. Tras esto, se retiró de la política y falleció el 26 de diciembre de 1797 en la ciudad de Londres.
El rey George fue nombrado Emperador del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda en 1801, cumpliendo en parte sus expectativas, y gobernó hasta su muerte en 1820.
En los años posteriores a su muerte Wilkes fue reivindicado como un defensor de la libertad de prensa, la limitación del poder de los gobernantes, las prácticas de democracia directa o asamblearia, y la responsabilidad frente a los electores. Una estatua en Londres y una Universidad con su nombre en Pennsylvania (Estados Unidos) son algunos de los homenajes que se le han realizado.
Bibliografía:
(1) Grimberg, Carl; Historia Universal, tomo 41: El Imperio Británico, Lord Cochrane, Sociedad Comercial y Editora Santiago Ltda (para la Colección Biblioteca de Oro del Estudiante), 1995, p. 45.
(2) La biografía de Wilkes fue consultada en: Encyclopaedia Brittanica, www.britannica.com, artículo “John Wilkes”, y en The Famous People, https://www.thefamouspeople.com/profiles/john-wilkes-4902.php.
(3) Grimberg, Carl; Historia Universal, tomo 41, op. cit. p. 51.
(4) Di Tella, Torcuato; “Burke, Edmund”, en: Di Tella, Torcuato; Chumbita, Hugo; Gamba, Susana y Gajardo, Paz (sups); Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas, Buenos Aires, Ariel, 2001, p. 57.
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