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Nov 15, 2020 Federico Mare Opinión Comentarios desactivados en La cruzada antidocente en Mendoza
Quizás el problema no sea que haya docentes haciendo «panza arriba», sino que haya gobernantes y periodistas haciendo onfaloscopia, como los monjes hesicastas del Imperio bizantino. Pero de esto no les hablaré ahora, sino al final.
Cuando la derecha gobierna, tiene mayoría en el parlamento y controla casi toda la prensa; cuando la ideología neoliberal campea y señorea a sus anchas, moldeando las subjetividades a imagen y semejanza del Dios mercado; cuando la legítima necesidad de aumentar los impuestos a la riqueza es descartada por «extremista» e «irracional», agitándose con frenesí el fantasma del «comunismo»; y cuando, además, la educación pública es obsesivamente pensada como un lastre y no como un derecho, como un gasto y no como una inversión, como un fastidioso ítem que se debe reducir a toda costa y no como un bien público que se debe garantizar e incluso ampliar, entonces están dadas las condiciones para que ocurra lo que hoy está ocurriendo en Mendoza: una cruzada antidocente. Asistimos a una guerra de desgaste –desprestigio– contra maestras y profesores del sector estatal, una campaña mediática de difamación contra quienes trabajan en instituciones de enseñanza de la Provincia y la Nación, digitada por el propio oficialismo cambiemita a través de la pauta publicitaria.
“Casi el 94% del presupuesto” educativo provincial “está destinado a los salarios docentes y de todo el personal”, recordó con insidia José Thomas, el titular de la DGE, al presentar en octubre pasado el presupuesto 2021 ante las dos comisiones de Hacienda de la Legislatura, admitiendo –también con astuta malicia– que apenas un 2% se dedica a inversión en infraestructura y tecnología. Lo cierto es que, primero con Cornejo, y ahora también con Suárez, el oficialismo radical mendocino y sus periodistas corifeos se han cansado de quejarse de la «sobrecarga» que representan los sueldos del magisterio y del profesorado.
Dejemos de lado esas estridencias retóricas y vayamos a los datos duros. Según el último Informe de los salarios de les trabajadores de la educación (Mendoza, julio de 2020), que publica semestralmente el Centro de Investigaciones en Economía Crítica, el deterioro de los sueldos docentes por inflación –desde el primer semestre de 2016 hasta el primer semestre de este año incluido– ronda el 31,1% en los cargos y el 39,9% en las horas. Semejante caída en picada de los salarios reales de las maestras y profesores pone de manifiesto, a las claras, que si el componente remunerativo del presupuesto de la DGE trepa al 94%, esta desproporción no se debe al presunto «parasitismo» de la comunidad docente, sino a un proceso sostenido y pronunciado de desinversión en la educación pública. Proceso que, sin duda, se retrotrae a las gestiones peronistas de Jaque y Pérez, pero que se agudizó con el cornejismo, que en 2016 inauguró su política escolar –no lo olvidemos– con el ítem aula, conculcación flagrante del derecho constitucional de huelga que, amén de estigmatizar y precarizar a lxs trabajadores de la educación, también atentó contra la integridad de sus salarios (“Descontando el efecto del ítem, la caída salarial del 2016 se agrava a 11,1% en los cargos y 13,3% en las horas”, advierte el precitado Informe).
En síntesis, el problema de la educación pública mendocina no son los altos sueldos docentes, como quieren hacernos creer, sino el bajo presupuesto. Como se invierte tan pero tan poco en educación, y cada vez menos, es inevitable que la estructura de costos de la DGE esté totalmente desbalanceada, con un 98% de las erogaciones destinadas a sueldos y gastos corrientes, y apenas un 2% para ampliación de la capacidad infraestructural y tecnológica. La solución no es recortar los salarios docentes (que además de injusto, dañaría aún más la calidad educativa, ya muy dañada), sino incrementar el presupuesto escolar. Las políticas de ajuste fiscal, lejos de ser una panacea, son la raíz misma de la crisis educativa. Crisis educativa que es estructural, histórica, y que la actual coyuntura pandémica solo empeoró.
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“Me da la impresión de que ustedes [docentes] quieren la pandemia eterna. Quedarse en sus casas, protestar desde su casa, panza arriba […]. Parece que no les interesa la educación de los chicos”, espetó Marcelo Torrez en LV10, reproduciendo con su lengua viperina uno de los prejuicios más arraigados y ponzoñosos de la derecha neoliberal: empleo público = parasitismo y holgazanería a costa de los bolsillos de la gente decente y laboriosa. “A ustedes parece que no les interesa la educación de los chicos. Son primero ustedes, primero ustedes, primero ustedes… Eso pareciera”, chicaneó el periodista. “Parece que no quieren volver y que están muy cómodos”, insistió. “¿Ustedes tienen ganas de volver a clases? ¿Tienen que volver o no tienen que volver a clases? ¡Los chicos tienen que volver a clases!”, bramó indignado el Catón cuyano. Y volvió a la carga con la misma cantinela: “Bajemos un poco la discusión al llano, sin estos Baradel que no quieren laburar. Ustedes tienen que ir a trabajar porque para eso se les paga y los chicos necesitan ir a la escuela. ¿Sí o no?”.
Su maledicencia venal, sus difamaciones de lacayo al servicio del gobierno radical y la prensa hegemónica, generaron un gran escándalo y un rechazo masivo (en Change.org, más de 18 mil personas ya han firmado el repudio).
Como era de esperar, un Torrez ofendido se rehusó a pedir disculpas, y prefirió mostrarse como víctima de una tergiversación malintencionada. Intentó así defender lo indefendible, volviendo a mostrar la hilacha de su conservadurismo menduco recalcitrante. Vía Twitter, dijo que no había dicho lo que dijo, y que él solo estaba hablando de “la dirigencia gremial”, la cual “salvo raras excepciones no quiere trabajar, y en este caso volver al aula”. Mejor no aclares, Torrez, que oscurece…
¿Saben qué es lo que aclara? ¿Saben qué cosa echa luz sobre sus dichos y acciones? El torpe apuro culposo con que LV10 borró de su portal digital el audio de la entrevista que le hizo su periodista estrella a la secretaria general de SADOP, Ester Linco Lorca, donde se podían escuchar sus edificantes opiniones sobre la comunidad docente.
Pero sigo con el asunto de la magistofobia –permítaseme el neologismo– de Marcelo Torrez. Hay algo mucho más inquietante que sus palabras mendaces de incitación al odio contra la comunidad docente: vivir en una sociedad cuyo sentido común –ideología dominante naturalizada– garantiza una cuota considerable de eficacia retórica, de verosimilitud persuasiva, al atenuante o excusa no hablaba de lxs trabajadores sino de su sindicato. Habitamos una provincia y un país tan pero tan burgueses, que sigue resultando viable y redituable hacer demagogia barata demonizando a las organizaciones gremiales indiscriminadamente como «antros de corrupción», y donde no garpa ni un poquito denunciar la explotación laboral, el extractivismo y la evasión fiscal de las empresas capitalistas. Si nos indigna la generalización prejuiciosa de Torrez sobre el trabajo docente, pero no nos indigna su generalización prejuiciosa sobre la práctica sindical, estamos en el horno.
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Hebe Casado, la legisladora provincial del PRO que pocos días atrás usó la mortandad pandémica en Argentina para tuitear una chicana de negacionismo histórico (“Son 30Mil no como los otros 30Mil”), se sumó a la cruzada antidocente de Torrez, publicando un meme sarcástico y burlón –el popular meme del perro fortachón y el perro debilucho– donde trata a la comunidad docente de holgazana, quisquillosa y cobarde. Dice así:
«MAESTROS ANTES.— Adiós, me voy al Impenetrable chaqueño a una escuela rural a enseñar a leer y escribir en un rancho atestado de vinchucas. Todos los chicos merecen educación.
MAESTROS AHORA.— Amá, el coronavirus me da ansiedad y los chicos me dan miedo. No puedo dar clases».
Para propagar su veneno contra la comunidad docente, Casado echó mano a un recurso retórico muy astuto. ¿Cuál? La romantización nostálgico-conservadora del empleo en relación de dependencia: sermonear a lxs trabajadores para que actúen como mártires o héroes, con abnegación y sin rebeldía, idealizando o inventando –da lo mismo– un pasado donde no había «tantos» derechos laborales, ni «tantos» reclamos salariales, ni «tanta» preocupación por la salud y el bienestar, ni «tanta» defensa de la dignidad del trabajo. Una mítica edad de oro burguesadonde la clase trabajadora era feliz en la precariedad y la explotación, en el sacrificio y la obediencia.
No sé ustedes, pero la concepción épico-estoica de la docencia como apostolado no me va para nada. Me huele a constructo ideológico de la derecha neoliberal, a precarización laboral. Prefiero ser un laburante con conciencia de clase. Las hazañas y los martirios se los dejo con gusto a la diputada del PRO.
En Mendoza no tenemos un Impenetrable, pero sí tenemos escuelas rurales y urbano-marginales con enormes carencias que desnudan la desigualdad del capitalismo: las del secano lavallino y Malargüe, las de las barriadas de Las Heras y el oeste de Godoy Cruz… Allí trabajamos en silencio un montón de docentes. La esperamos con gusto, benemérita legisladora, si Ud. está interesada en hacer un voluntariado que le permita parecerse un poquito al perro fortachón del meme.
* * *
Como era de imaginarse, ni Thomas ni ninguna otra autoridad de la DGE salieron a repudiar los exabruptos magistofóbicos de Torrez y Casado. Quien calla, otorga, reza el refrán… ¿Cómo el Ejecutivo iba a repudiar una campaña que él mismo inauguró en 2016 con el ítem aula, y que no ha dejado de fogonear y financiar durante cinco años, redoblando la apuesta estos últimos meses con motivo de la resistencia que generó su preproyecto de Ley Provincial de Educación? ¡Claro que no iba a hacerlo!
Y menos ahora, que la justicia le ordenó reabrir paritarias, algo que el SUTE, SADOP y ATE vienen reclamando desde hace muchísimo tiempo, debido a la pulverización de los salarios por inflación. “No estamos hoy en condiciones de llevar una propuesta de aumento a esa mesa paritaria”, manifestó Víctor Ibáñez, ministro de Gobierno. “Discutiremos los aspectos no salariales, pero no queremos tomar ningún compromiso sin tener la seguridad absoluta de que podamos cumplir”.
Además, no olvidemos, está muy candente la discusión sobre la vuelta parcial a clases en lo poco que resta del año lectivo, cuando la curva de muertes por coronavirus en Mendoza, y el nivel de ocupación de camas de terapia intensiva, no parecen aconsejarlo todavía, sobre todo porque el gobierno no ha hecho nada para crear las condiciones sanitarias de bioseguridad e higiene adecuadas en las escuelas para tal retorno (ni siquiera se conocen los protocolos, ni tampoco se sabe si Nación los autorizó, denunció Sebastián Henríquez, el secretario general del SUTE).
Las organizaciones sindicales docentes se oponen. Se oponen por los motivos recién apuntados, pero también porque no se puede hacer olímpica abstracción del contexto: salarios licuados por la inflación y postergación eterna de las paritarias, vigencia a ultranza del ítem aula antihuelgas, deterioro en las condiciones laborales durante la virtualidad pandémica (y antes también), planes neoliberales de reingeniería educativa a gran escala para el año próximo…
Y oh casualidad, al poquito tiempo de que el gobierno anunciara que no va a dar ningún aumento salarial (aunque se reabran paritarias), y que pusiera en marcha sin consenso el operativo retorno a la presencialidad in extremis, Torrez lanza su diatriba, Casado tuitea su meme y la prensa hegemónica toda se sube al carro en un abrir y cerrar de ojos. Por caso, Ricardo Montacuto, el bulldog siempre vigilante de la derecha mendocina, escribió en Twitter: “Esta cuenta banca el derecho del colega @MarceloTorrez a pensar como le parezca y expresarlo, sin que por ello lo repudien, lo insulten, pidan su despido, lo difamen, o lo persigan. La democracia es bancarse lo que piensa el otro. No imponer. Debatir”.
¡Cuánta sincronización! No estamos en la Palestina del siglo I, pero hay que reconocer que la pauta publicitaria obra milagros dignos de un Jesús de Nazaret.
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No podía faltar en este entrevero Gabriel Conte, director de Memo y vocero oficioso del oficialismo. En su columna “Torrez, los sindicalistas y todo el mundo tienen derecho a expresar su opinión”, el adalid de la Mendoza liberal-conservadora denunció una “cacería absurda” contra su colega, con un tremendismo y patetismo de melodrama. Habló de “tribalismo disfrazado de progresismo”, de “policía ideológica; un refrito de lo peor que conoció la historia de la humanidad”. Se quejó de los “llamados a no escuchar al que piensa distinto, a bloquearlos, a escracharlos”, e hizo notar con preocupación que “siempre hay alguien dispuesto a hacer dos clics y crear una juntada de firmas en Change.org, creyéndose innovador y revolucionario”.
Conte juega a ser Émile Zola escribiendo su J’accuse…! Quiere hacernos creer que el repudio docente a Torrez en las redes y Change.org –totalmente legítimo, merecido y pacífico– es un nuevo caso Dreyfus, poco más, poco menos. Su exageración retórica, su hipérbole victimista, es de lo peor que se ha visto en el periodismo mendocino en mucho tiempo, tanto desde un punto de vista intelectual como ético y estético. Es una falacia, una canallada y una cursilería de muy baja estofa.
“Recortaron una parte de lo que dijo en la radio en torno a que ‘…los docentes quieren estar panza arriba…’ sin tomar el resto de la nota”. ¡Genial! Con el argumento de Conte, se puede afirmar impunemente cualquier cosa, porque luego siempre está la posibilidad de pretextar que la afirmación fue sacada de contexto. Quienes hayan escuchado la entrevista completa, saben que no hubo ninguna descontextualización: Torrez dijo que lo que pensaba, no hay vuelta que darle.
La delirante apología que hace Conte deriva en una grandilocuente defensa de la libertad de expresión y la democracia, donde se fabulan amenazas totalitarias como en una distopía. Para darle una pátina de erudición a su farsa, Conte cita dos veces a Voltaire… Incluso tiene el caradurismo y mal gusto de reproducir el poema Primero vinieron… de Martin Niemöller, sobre la barbarie de la persecución nazi en Alemania. ¡Todo esto por una campaña virtual en Change.org!
¿Qué se dice allí tan alarmante, tan terrible? Apenas esto, y nada más que esto: “Durante una entrevista radial, el sr. Marcelo Torrez (periodista) habló con la secretaria de SADOP, para abordar el tema del posible regreso a clases presenciales. Durante la misma, no dejó de expresarse de modo despectivo hacia el trabajo de docentes durante esta pandemia, no sólo desconociendo que las escuelas están dando clases, pero de otro modo y gracias al esfuerzo de los trabajadores de la educación, sino que manifestó textualmente que ‘…pareciera (los docentes) que quieren la pandemia eterna, protestar desde sus casas, panza arriba… parece que no les interesa la educación de los chicos’. Estos dichos resultan ofensivos y descalifican la labor de quienes hemos sostenido con nuestros recursos, tiempo y hasta salud, la educación en este contexto de emergencia. Por esto los repudiamos profundamente”.
Conte maneja un curioso criterio en materia de libertad de expresión. Según él, su amigo Torrez tendría derecho a tratar de holgazanes a lxs docentes desde el micrófono de una de las radios más escuchadas de Mendoza, pero lxs docentes no tendrían derecho a repudiarlo por las redes y Change.org; y si lo hacen, merecen ser repudiadxs tal como él lxs repudia, es decir, tratándolxs como si fueran hordas asesinas de la Gestapo. Su doble vara deja al descubierto lo que realmente piensa del pluralismo democrático: palabras huecas que se las invoca cuando conviene, y se las olvida también cuando conviene. Esa es, por lo demás, la tónica general de Memo, el diario que dirige. La única libertad que la prensa hegemónica respeta de verdad es la libertad de empresa.
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¿Docentes «panza arriba»? No, nada de eso. La educación ha continuado todo este año, a pesar de la pandemia y el cierre de los establecimientos escolares. Ha continuado bajo emergencia sanitaria y de forma improvisada, en la virtualidad y a los ponchazos, con enormes problemas y sin poder garantizar un proceso de enseñanza-aprendizaje satisfactorio, con un montón de estudiantes que se cayeron del sistema y con un fuerte deterioro en términos de calidad pedagógica. Pero ha continuado. Y si ha continuado, ha sido por el esfuerzo silencioso de las escuelas, de sus trabajadores, de sus estudiantes y familias, no por el accionar del gobierno, que se limitó a bajar la orden «el show debe seguir» mientras externalizaba los costos de conectividad. La «panza arriba» la hizo y la hace la DGE, no la comunidad docente.
Maestras y profes hicimos esfuerzos y sacrificios inmensos durante este año, para tratar de que el derecho a la educación estuviera garantizado del mejor modo posible, dentro de un contexto extremadamente adverso. Se hizo todo lo que se pudo, y mucho más también. El 2020 será recordado, sin duda, como el año donde el trabajo docente se volvió más agotador y estresante. La virtualidad, al mismo tiempo que afecta gravemente la inclusividad y calidad de la educación, incrementa enormemente la carga laboral. Todo se vuelve mucho más lento y engorroso: enseñar, aprender, comunicarse, enviar y recibir actividades didácticas, evaluar… Las exigencias burocráticas también absorben más tiempo y energía. Lxs docentes jamás dejamos de trabajar. Seguimos trabajando. No solo eso: trabajamos más que nunca, y sin ninguna compensación económica. Peor aún: nuestros salarios, ya muy bajos antes de que comenzara la pandemia, siguieron devaluándose todos estos meses a causa de la inflación. Por no hablar de los mayores gastos en conectividad y renovación/reparación tecnológica.
Decía al principio que el problema, quizás, no sea que haya docentes haciendo «panza arriba», sino que haya gobernantes y periodistas haciendo onfaloscopia, como los hesicastas del Imperio bizantino. Estos monjes ascetas y místicos de la Cristiandad ortodoxa medieval, célebres por el celo fanático con que asumieron la idea del contemptus mundi (desprecio del mundo), vivían encerrados en sus monasterios –los hesicasterios– sin contacto con la realidad social, y no hacían otra cosa más que rezar. Para concentrarse en sus oraciones, mantenían la cabeza y la vista inclinadas hacia abajo durante largas horas, incluso días enteros. Parecían observarse la panza, mirarse el ombligo. Al menos eso fue lo que se le antojó a la plebe, siempre propensa al humor ocurrente e irreverente. De ahí el dicho, que hoy todavía nos acompaña como parte del acervo lingüístico castellano. Onfaloscopia significa en griego «contemplación del ombligo».
En Mendoza no tenemos docentes panza arriba. Tampoco hesicastas como los del Monte Athos, que oran cabizbajos recluidos en sus herméticos hesicasterios. Pero sí tenemos gobernantes y periodistas que viven dentro de un termo, y que dicen muchas mentiras mientras se miran el ombligo. Esta otra variante de onfaloscopia no tiene ciertamente nada de ascético ni de místico. Pero comparte con la otra un rasgo fundamental: la desconexión total con la realidad social.
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