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Sep 20, 2020 La Quinta Pata Historia Comentarios desactivados en “No Arar, No Sembrar! La huelga de colonos pampeanos de 1919
El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 acentuó los condicionamientos de del Modelo Agroexportador en extremo dependiente de los mercados internacionales y que se encontraba al límite de su expansión extensiva, marcando el cierre de sus fronteras agropecuarias. En la agricultura pampeana produjo dos efectos contradictorios: por un lado impulsó el alza de los precios de los cereales como consecuencia de las malas cosechas de 1916/1917 y el retiro de Rusia del mercado internacional, y por otro el aumento de los costos del transporte marítimo la puso en desventaja respecto a los Estados Unidos y Canadá, convertidos en los principales proveedores de Europa. El segundo efecto fue el desicivo: la agricultura se vio afectada y comenzó a darse una reasignación del uso de la tierra hacia la ganadería, que no solo aumentaba sus posibilidades exportables sino que también podía superar a Australia por su cercanía a los centros consumidores.
Ante esta situación, los terratenientes (nucleados en la Sociedad Rural y otras organizaciones oligárquicas) comenzaron a presionar a los chacareros, reduciendo el plazo de los contratos de arrendamiento, procurando un pasaje más rápido hacia la ganadería, y desplazando el trigo y otros cultivos hacia las áreas marginales.
El fin de la guerra vino a sumar nuevos condicionamientos como la dificultad de abastecimiento de insumos importados (sobre todo bolsas), la variación en el mercado de los productos agrícolas que resultaron en precios bajos para el cereal, el deterioro de los rendimientos provocados por las intensas lluvias de 1918, el desencadenamiento de conflictos urbanos que afectaron al agro (como la huelga de marítimos) y la oleada de expulsión de colonos morosos que llevó a la Federación Agraria Argentina (FAA) a solicitar al gobierno una urgente moratoria y prestamos accesibles para financiar la cosecha de maíz.
Durante la guerra la Liga Agraria Pampeana, fundada el 18 de agosto de 1912, estuvo virtualmente desarticulada. Pero a partir de 1918 los problemas comenzaron a acentuarse llevando a la reorganización de los productores a partir de Santa Rosa y localidades vecinas.
El diario La Capital, de Santa Rosa, en su número del 6 de mayo de 1918, daba cuenta del fracaso de dos asambleas previstas para el día 2 de mayo en el Campo Alonso y en Colonia San José, y notificaba que un “colono socialista” (acaso Antonio Buira o Luís Denegri) convocaba a reunirse en La Guillermina o en su propio domicilio. La prensa conservadora del Territorio se encargaba de disuadir a los más indecisos y temerosos de ir a la huelga, y celebraba el fracaso de las asambleas y reuniones.
A pesar de esta campaña en contra, el 18 de agosto, en conmemoración del nacimiento de la Liga Agraria, se realizó una asamblea en Colonia Inés y la Carlota a la que asistieron mas de 300 colonos que manifestaron la necesidad de organizarse para defender sus intereses. Otras asambleas realizadas en Winifreda y Mauricio Mayer llegaron a reunir 500 y 600 personas. Allí comenzó a gestarse la protesta que estallaría al año siguiente y se entablaron los primeros contactos con la FAA. Dichas asambleas contaron como principales oradores a los dirigentes Antonio Buira y Luís Denegri, fundadores del movimiento agrario pampeano.
En enero de 1919 la Liga Agraria Pampeana publicó un «Manifiesto» convocando a los colonos a movilizarse en contra de los abusos del régimen de arrendamiento. En su preámbulo el documento expresaba: “¡Agricultores! Durante muchos años los especuladores de todo orden han abusado y aprovechado de nuestra mansedumbre para hacernos víctimas de su insaciable sed de ganancias fáciles. Es necesario de una vez por todas terminar con las expoliaciones escandalosas de siempre. Pongámonos de pie para que oiga el gobierno, la prensa y el mundo nuestras justas reclamaciones. Antes, y durante mucho tiempo lo hicimos de rodillas por eso no nos oyeron y nuestra condición mas de esclavos que de productores libres lejos de mejorar a ido empeorando”.
En marzo la FAA convocó a una huelga que fue acatada por miles de chacareros pampeanos. La Liga Agraria decretó lo propio en el Territorio Nacional de La Pampa al grito de “¡No arar! ¡No sembrar!” y “la tierra para el que la trabaja” con el fin de que el gobierno oyera sus demandas.
A fines de marzo la Liga Agraria convocó a asambleas en diferentes localidades del Territorio para analizar las medidas a seguir, siendo la más numerosa la realizada en Mauricio Mayer. La prensa da cuenta de un impresionante despliegue policial que incluyó a 47 agentes de Gendarmería portando armas de guerra.
El domingo 30 de marzo Eduardo Castex fue sede de una nueva asamblea en la que participaron 600 personas, la mayoría agricultores y comerciantes, que ratificaron la resolución de “¡No arar! ¡No sembrar!” en tanto el Estado y los terratenientes no llevaran adelante una reforma del régimen de arrendamiento. Hicieron uso de la palabra en aquella oportunidad los dirigentes Luís Denegri y Antonio Buira. También se conformó una Comisión compuesta por colonos de Eduardo Castex y Monte Nievas para llevar adelante la tarea de activar la propaganda en las colonias. Mas tarde se organizó una movilización por las calles de la localidad que, acompañada por la Banda de Música municipal, recorrió varias calles del pueblo vivando a la Liga y la huelga de los agricultores.
El 7 de abril se realizó una asamblea en la que participaron 400 colonos. Luís Denegri expresó en esa oportunidad que no volverían a trabajar la tierra hasta obtener un mejoramiento en las condiciones de arrendamiento. El periódico socialista Germinal, reclamaba una pronta solución al problema sosteniendo que “después de esta asamblea la situación se ha agravado, pues si no se ara la tierra en tiempo oportuno no se podrá sembrar y en consecuencia, fácil es suponer el desastre que esto representaría para la economía del territorio”.
Finalmente, ante la paralización de los trabajos de aporcado y siembra, el Poder Ejecutivo Nacional envió al ministro de agricultura Eduardo Demarchi para que se entrevistara con los colonos en huelga a fin de evitar que se produjeran hechos masivos de violencia como los vividos en enero en la Capital Federal con la “Semana Trágica”.
El 19 de abril se realizó en el Teatro Español una reunión convocada por el ministro en la que participaron la comitiva oficial enviada por el gobierno nacional y colonos de diferentes localidades, en tanto los terratenientes se negaron a asistir. El discurso del funcionario nacional fue contradictorio: mientras alababa las virtudes del trabajador de la tierra, amenazó con “impedir los desmanes de los agitadores”, y condenó la “actitud de rebeldía” de los colonos. Antonio Buira fue el encargado de responder a estas acusaciones, recordando que la Liga había solicitado al ministro en forma “correcta y pacífica” una reunión por medio del Congreso Agrario en donde se formularon la mayoría de las reivindicaciones de la huelga de ese año, sin que el gobierno prestara atención a ellas.
En esa misma reunión se eligió la Comisión encargada de asesorar al ministro Demarchi y estudiar las medidas tendientes a solucionar el conflicto agrario. Los 200 presentes eligieron al ex gobernador Felipe Centeno como presidente y al colono Luís Denegri como vocal. Este último también fue designado para presidir junto con Ignacio Laza la comisión redactora del proyecto de arrendamientos que se le iba a proponer a los terratenientes y empresas colonizadores, y aconsejar el término de duración de los mismos.
En tanto la Liga convocaba el 30 de abril a los delegados de las seccionales a una convención en Santa Rosa para determinar como continuaría el paro, mientras seguían sumándose adhesiones y continuaban paralizados los trabajos rurales.
La convención, presidida por Luís Glerean, fue todo un éxito participando delegados de más de 20 localidades territorianas. Allí los presentes reprobaron las proposiciones del Ministerio de Agricultura que solo prometía préstamos y procedieron a organizar definitivamente la Liga. Se eligió una Comisión Directiva Federativa compuesta por un representante de cada sección, y una Junta Ejecutiva de nueve miembros con Luís Denegri como presidente, Luís Glerean vicepresidente, Antonio Buira secretario, Antonio Torres secretario de actas, Nicolás Ponzetti tesorero y Emilio Ottone, Blas Nievas y Honorio Pereyra como vocales.
Al día siguiente, en otra sesión, se dictaminó no volver al trabajo en tanto el Congreso Nacional no hiciera efectiva todas las reclamaciones contenidas en su petitorio: 1) contratos de arrendamiento por término de cinco años prorrogable por otros cuatro; 2) inembargabilidad de los útiles de trabajo, semillas y alimentos; 3) indemnización por mejoras hechas por los colonos; 4) nacionalización del seguro y hacerlo obligatorio; 5) declarar nula y sin ningún valor la cláusula que obliga al colono a comprar o vender en determinado comercio; 6) siendo la renta de toda la tierra en uso una creación social por excelencia y un recurso del Estado para cubrir las necesidades públicas se pide su apropiación por el Estado como fundamental medida para allanar el camino a la solución justa de los problemas sociales; 7) legislación en el sentido de libre cambio absoluto como medida correlativa de la anterior; y 8) moratoria por un año de todas las deudas contraídas con los bancos, casas de comercio, empresas colonizadoras y terratenientes.
Como señala Norberto Asquini en Conflictos sociales en La Pampa (1999), los reclamos de la Liga Agraria resultaban más radicales que los de la FAA (que consistían simplemente en moratoria para los desalojos y créditos para levantar la cosecha) llegando a plantear la tierra para el que la trabaja y la apropiación de los campos por parte del Estado. Por ello es que la respuesta del gobierno fue la represión mediante la utilización de la Ley de Control Social N° 7029, tendiente a evitar la propagación de ideas anarquistas y maximalistas.
Ante este clima represivo el Partido Socialista en colaboración con organizaciones sindicales fundó el Comité «Pro Presos Sociales», que tenía como objetivo proveer de ropa y alimentos a los detenidos por cuestiones políticas, así como llevar a cabo acciones tendientes a lograr su liberación.
El 3 de mayo fueron acusados de infracción a esa ley Luís Denegri, Blas Nievas y José Azzi. En el sumario que se les labró decía que durante la marcha de varios vehículos con la bandera roja de la Liga que iban de Santa Rosa a Eduardo Castex luego de la convención del 1° de Mayo los colonos se habrían detenido en el establecimiento La Delfina, cercano a Winifreda, donde estaban arando tres peones cerca del camino “ordenándole a los aradores que abandonaran de inmediato su trabajo, cuya orden al no ser cumplida con la premura que deseaban, fueron amenazados de destruirlas las máquinas y arneses”. Denegri y Nievas consiguieron escapar, pero Azzí fue detenido enfermo en su domicilio y puesto a disposición del juez del crimen del crimen Gaspar Gómez de Santa Rosa.
El 7 de mayo el gobernador del Territorio Nacional de La Pampa Arturo Argañarás prohibió las reuniones públicas, en tanto las patrullas recorrían las chacras “aconsejando” a colonos y peones la vuelta al trabajo. Mientras tanto desde la Capital Federal se enviaron 70 hombres pertenecientes al Cuerpo de Gendarmería Fronteriza al mando del comisario Carlos Montaña para “reprimir los desórdenes producidos por los colonos en algunas zonas agrarias”, según confirmaba el diario La Nación.
Durante todo el mes se procedió a disolver a balazos reuniones de la Liga, y se detuvo a colonos y dirigentes acusándolos de coartar la libertad de trabajo bajo amenazas y realizar reuniones en donde se propagaban ideas maximalistas. Germinal denunciaba que la represión desatada contra los huelguistas era verdaderamente «inquisitorial»: “colonias enteras bajo la amenaza del fusil y el machete, deteniéndose y maltratándose a los agricultores mas conscientes, obligados a reanudar las tareas agrícolas y víctimas de parciales sumarios o falsas denuncias, purgan bárbaras condenas en las cárceles del Territorio o se encuentran fugitivos numerosos chacareros ”.
El 7 de junio José Azzi fue condenado a dos años de prisión. Tres días mas tarde, cuando se encontraba reponiendo de su enfermedad en la Asistencia Pública de Santa Rosa, logró aprovechar un descuido de los guardias y escapar por una ventana. Poco después Denegri fue detenido y juzgado en septiembre de ese año.
En Eduardo Castex el comisario Montaña procedió a la detención de los colonos Silverio Balencia, Dionisio García, Fernando Feito, Alfredo Intronati, Jacinto Sánchez, Luis Luzuardi, Leonardo Mesturini, Miguel Yasur José Flores, Miguel Franza, Miguel Brada y Carlos Ferrero, “sufriendo vejaciones de toda especie, pacíficos y honrados colonos han sido sacrificados para satisfacer el espíritu de venganza de terratenientes y comerciantes”, como denunciaba Germinal en su número del 3 de julio de 1919.
Respecto a estas detenciones, el diario conservador La Capital expresaba: “coartada la omnímoda libertad de acción que disfrutaban los agitadores profesionales para realizar la campaña de aterrorizamiento maximalista que venían efectuando, se han visto libres los agricultores de la perniciosa presión que sobre ellos ejercían y tan pronto como esto ha ocurrido, se han dado cuenta de los irreparables daños que la prolongación del paro ha originado”. Mas adelante destacaba que “en la feliz solución de la cuestión agraria ha influido poderosa y eficazmente la correcta y acelerada acción desarrollada por el inspector de policía don Carlos Montaña”.
En julio se produjo una nueva ola de detenciones en la localidad, pese a que ya habían comenzado los trabajos y la Liga Agraria había sido descabezada con la detención de sus dirigentes.
El resultado de la huelga fueron algunos arreglos parciales como rebajas de arrendamientos, mejoras contractuales y la detención de los desalojos. En la zona de Eduardo Castex el propietario Bartolomé Perrando negoció con sus arrendatarios la concesión de determinados reclamos.
El 1° de enero de 1920 los colonos detenidos en Caleufú y Eduardo Castex fueron indultados por un decreto presidencial. En tanto Luís Denegri recuperó su libertad en abril de ese año, tras pasar nueve meses en prisión. Otros detenidos fueron liberados recién en mayo de 1921, mientras que Azzi permaneció prófugo hasta 1922 cuando prescribió la causa en su contra.
Con esta brutal represión quedó desarticulada la Liga Agraria Pampeana, cuyas seccionales dispersas comenzarían a ser absorbidas progresivamente por la FAA que tenía una postura más moderada. En tanto uno de sus dirigentes mas importantes, Luís Denegri, continuó la militancia en otras luchas sociales que se llevaron a cabo y en 1924 editó un libro en donde expresaba su pensamiento y experiencias: Los Derechos naturales del Hombre en la práctica.
Imagen de portada: Ilustración aparecida en el periódico socialista Germinal. Al pie de la misma podía leerse: “Así quieren solucionar el problema los terratenientes”.
El papel de la Policía:
“Cuando contemplamos los abusos que a diario comete la policía contra los obreros del Territorio, nos creemos en los tiempos de Carlos V o Felipe II, porque en poco se diferencian las inquisiciones de aquellos tiempos a los abusos y atropellos de hoy día”. Con estas palabras comienza una nota del periódico Germinal de 1919 dedicada al proceder de la policía territoriana durante los conflictos sociales de ese año.
Para Eduardo Castex, uno de los centros de la protesta, el medio periodístico nos relata que: “Días pasados llegaron ante esta una comisión de vecinos de Castex a fin de denunciar ante la Jefatura de Policía y Gobernación la conducta del Comisario Sansinanea ya conocido por nuestros lectores con motivo de sus atropellos contra los colonos en huelga.
Se acusa al comisario de golpear brutalmente y maltratar a los ciudadanos que tienen la desgracia de caer bajo sus garras. Al efecto nuestro colega «El Pueblo» de Castex denuncia una serie de hechos concretos”.
La crónica continúa relatando que el Ministerio del Interior ordenó instruir un sumario a Sansinanea y comisionó para tal fin al comisario inspector Carlos Montaña. Esto no ayudó a dar respuesta al reclamo de los vecinos ya que, “como este funcionario es objeto de muy fundadas desconfianzas en el cumplimiento de su misión, los pobladores de Castex han recusado a Montaña solicitando el envío de un sumario imparcial”.
Esta nota ejemplifica, de alguna manera, el carácter que tenía la institución policial territoriana y la forma en que era percibida por sus contemporáneos.
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