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Ago 27, 2017 La Quinta Pata Mendoza Comentarios desactivados en Operación mediática contra las comunidades mapuches
“¿Cuénteme, qué le pasó, la invadieron los mapuches?”. Así comienza la entrevista que realizó Eduardo Feinmann a Rosa Aldao, empresaria que denuncia por usurpación a la comunidad mapuche Lof Suyai Levfu, ubicada en Los Molles, provincia de Mendoza. Tras sufrir varios intentos de desalojo, la comunidad hoy se encuentra en estado máximo de alerta y movilización.
La comunidad del Lof Suyai Levfu ha iniciado trámites administrativos en el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) para ser reconocidos ante el Estado nacional. Varios organismos de derechos humanos están acompañando el justo reclamo de sus tierras. Esto es porque Rosa Aldao, “empresaria de apellido pionero” (como se la nombran en el comunicado emitido por la Organización Identidad Territorial Malalweche) acusó a la familia del Lof de ser una organización armada y de estar usurpándole la propiedad.
El lof en resistencia está habitado por una familia de apellido López, que ya ha pasado por varios intentos de desalojos. En la ruca habitan cuatro personas que poseen un pequeño almacén y buscan subsistir con el alojamiento de algunos turistas que transitan esa zona cercana al renombrado centro turístico de Las Leñas. Ellos son el foco de un hostigamiento permanente que busca desacreditar y torcer la resistencia.
Hoy la situación se agrava con una operación mediática realizada a nivel nacional, que no es casual ni aislada del modo en que se está dando tratamiento al conflicto mapuche en los medios hegemónicos.
A través de un comunicado, las comunidades mapuches advierten que “en medio de un contexto grave de una denuncia por la desaparición forzada de Santiago Maldonado durante el operativo de represión de la comunidad Mapuche Lof en Resistencia Cushamen en la actual provincia de Chubut por parte de Gendarmería, utiliza una situación institucionalmente grave para sacar provecho en el marco de un juicio que para nada tiene que ver con una usurpación”.
A continuación, planteamos cuatro premisas de la operación mediática montada por Feinmann en el canal A24 para desprestigiar el legítimo reclamo mapuche. Las mismas deben ser desmontadas para poder entender lo que está en juego detrás de ellas.
“Vamos a hablar otra vez de los mapuches RAM, estos terroristas del siglo XXI que tenemos aquí en la República Argentina”. El operador Feinmann comienza la nota mostrando imágenes de unas fotos que le mandó un “amigo” de la Universidad Nacional de Rosario (lo dice dudando, sin datos precisos de dónde, cómo, cuándo, quiénes, premisas básicas del periodismo). Muestra desde su teléfono celular en primer plano, banderas que supuestamente están colgadas de las paredes de dicha universidad y pertenecen a distintas agrupaciones políticas o estudiantiles: Montoneros, Resistencia Marxista Revolucionaria, ERP, Plenario Obrero y Popular. Luego dice “¿Pero Montoneros otra vez?”. Feinmann cierra este primer acto de confusión con una frase: “Cómo atrasan muchachos. Hay gente que atrasa tantos años: tenemos RAM en el sur, los mapuches RAM que parece que llegaron a Mendoza”.
¿Qué es esto de mostrar banderas con nombres de organizaciones que tuvieron una fuerte presencia en la década del sesenta y el setenta en Argentina? ¿Qué fantasmas inexistentes son los que están levantando desde los medios hegemónicos? ¿Otra vez están generando el enemigo interno, o nunca dejaron de hacerlo?
“Los mapuches nunca existieron en la provincia de Mendoza, no tienen además ninguna personería jurídica, aducen ellos de que está en trámite”, comenta Rosa Aldao en la entrevista. Después de confundir, hablar de atraso y empezar a allanar el terreno para hablar de un enemigo, se afirma sin ningún argumento que los mapuches nunca existieron en la provincia de Mendoza. Nuevamente un intento de negación de la identidad y de la existencia del territorio ancestral mapuche que precede a la conformación del estado argentino, y por ende, a las provincias. Afirmar que los mapuches son “argentinos” o “chilenos”, de una vez por todas entendámoslo, es una falacia. Pero hagamos el esfuerzo de entrar en la lógica de Feinmann y afirmar lo que él niega: los mapuches sí estuvieron en lo que se llama “Mendoza” desde mucho tiempo antes que la familia Aldao.
En el programa A24, en un momento el co-conductor afirma: “Los Aldao [son una familia] pionera en San Rafael, tiene una casa muy importante que se llama Los Álamos y ahí casualmente era un fuerte de avanzada contra el indio, años atrás”. A lo cual la empresaria responde: “Así es. Era la casa de mi abuelo pero eso es anecdótico”. No, no es anecdótico. Es el dato clave que necesitamos para comprender que la invasión fue la colonización. Que son los Aldao, los Luchetti, los Benetton. Que es YPF, es Chevrón, es Apache, es Vale.

“Sabés lo que me pasa Eduardo, te pasa a vos y nos debe pasar a la mayoría de los argentinos, estamos hartos de que nos lleven por delante, estamos hartos de que se naturalicen cosas como que es algo normal que te invadan. No soy la única, hay miles de casos. ¿Vamos a dejar que esto avance realmente?”, afirmó Rosa Aldao.
Con esta frase, “Rosita” Aldao, como la llama Feinmann, la señora que está harta de que la invadan, deja rebotando una pregunta a las audiencias. Una pregunta peligrosa que se ancla en un imaginario postdictatorial con una Ley Antiterrorista vigente en Argentina, que tuvo sus votos de renovación y sanción durante el kirchnerismo y que hoy es papa caliente en las manos de los de arriba. ¿Qué significa que la ministra de Seguridad Patricia Bullrich le diga a las comunidades mapuches “sepan que los vamos a detener”? ¿Cuánto miedo puede generar la palabra “terrorista” en las audiencias? ¿Acaso es una estrategia para legitimar la aplicación de la tan cuestionada ley?
Otra estrategia de esta operación mediática montada es la de afirmar que el apellido de la comunidad que está resistiendo, no es mapuche. La frase de Rosa fue: “La comunidad mapuche son el usurpador, el padre, el hermano y su concubina, o sea, cuatro personas que se llaman López de apellido, que de mapuches no tienen nada”. Con ironía, Feinmann afirma que “es un apellido muy mapuche”. Y luego vienen las risas disimuladas.
¿Cómo un López puede ser mapuche? Es simple: el robo de identidad fue un denominador común durante siglos de genocidio en que mujeres y niños eran alejados de sus comunidades y puestos a trabajar en fincas, estancias, viñedos bajo el apellido del patrón. Un largo proceso de borramiento de los orígenes, de las formas de nombrar mapuches y tantas otras comunidades indígenas preexistentes al Estado argentino.
Y que aún hoy, violentados y perseguidos, logran que un grito no pueda ser borrado: “¡Marichiweu! ¡Cien veces venceremos!”
*Por Débora Cerutti para La tinta. Fotos: Organización Identidad Territorial Malalweche.
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