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Dic 15, 2019 La Quinta Pata Entrevistas Comentarios desactivados en Una luz dentro de una luz. Entrevista a Ofelia Santos.
Colectivo Las Lechuzas
Ofelia Santos nació en Mendoza, tiene 58 años, un montón dice ella!, su madre era santafecina y su padre chaqueño. Tiene una hija: Victoria de 28 años.
Estudió en UNCuyo la licenciatura en artes plásticas, especialidad en pintura. También curso la maestría en arte latinoamericano, aunque no completó la tesis. En mayo de 2019 se jubiló como docente. Actualmente vive en Guaymallén.
Siempre supo que su destino era el arte. Y, aunque le tocó el sobrepeso de las tareas domésticas y de mantener económicamente su hogar se desarrolló como artista, comprometida con las realidades de su paisaje, el rural y el urbano. Si hay alguien que lleva su vida, su pensamiento y su trabajo con coherencia, esa es Ofelia. Trabajó muchos años como docente en zonas rurales, y robó tiempo a los descansos para crear su obra plástica.
Con los ojos bien abiertos observando las transformaciones del mundo, ella puede ver dónde está el amor. Con la calma y la ternura del que no lleva prisa, Ofelia hace de su vida una lucha obstinada que le da resultado porque sabe adónde quiere llegar.
Su objetivo no está en ubicarse en las primeras líneas del arte aquellas que parecen darse en espacios exclusivos a los ojos de las vanguardias – si se le puede llamar de esa forma a las tendencias actuales-. Tampoco busca descollar con estridencias y esnobismos que suelen ser herramientas de los artistas para reafirmar sus producciones o atraer a los objetivos de las cámaras y los micrófonos. Ofelia hace del arte más que su profesión un oficio, del mismo modo lo hizo con la docencia, lo que no quiere decir de poco valor, por el contrario: tanto su obra como su persona tienen la fuerza de aquello que se construye sólido, con las pequeñas cosas, las constantes, del dia a dia. Ella nos demuestra que hay otra forma de ser artista, un modo que adopta lo recio y tierno, lo fuerte y dúctil para encontrarse con las instancias elegidas, casi siempre simples, raigambres de lo humano y de la tierra. No hay corriente que pueda arrastrarla a sitios que ella no quiera. Es del estilo de Scalco a quien ella admira y seguramente, el que la influenció en su obra, en su pensamiento y en su vida.

– ¿Ofelia donde estudiaste?
– En la Universidad Nacional de Cuyo, estudié pintura.
– ¿Terminaste la carrera?
– Si…si Lo que no termine fue la maestría en arte latinoamericano. No me gustó…es decir, me gustó aprender nuevas teorías acerca del arte, esas nuevas formas de conocimiento, pero no me gustó después, hacer una tesis sobre un pintor. En cierta forma tiene sentido porque es un análisis, pero no me cerró como tesis, me hubiera parecido más útil hacer una tesis de trabajo basado en una demostración, sobre color o un tema o el desarrollo de una forma política o un paisaje o retrato y sobre eso hacer el desarrollo conceptual o de elementos plásticos. Nunca me cerró que fuese solamente teórico.
– ¿Tu familia como está constituida?
– Tengo una hija y dos hermanos.
– ¿La crianza de tu hija la hiciste solita?
– No … intervino el padre, aunque estábamos separados.
– ¿Una vez que terminaste la carrera a que te dedicaste?
– A trabajar como docente y a pintar.
– Quiere decir que el sustento tuyo fue la docencia y la venta de las obras.
– Si…Siempre en ese sentido tuve suerte.
– ¿Dónde trabajaste?
– Primero me ofrecieron ser ayudante de catedra Universidad, pero no me gustó. Luego estuve en las aulas de tiempo libre y después en primaria siete años o más, después en escuelas secundarias de San Carlos y de ahí, cuando tuve oportunidad, me fui a Lavalle y ahí me encanto … junté todas mis horas de clase y seguí allí ocho o nueve años.
– ¿Viajabas todos los días?
– Viajaba todos los días en micro o con algunas compañeras.
– ¿Conociste muy a fondo la temática de Lavalle, su gente?
– Yo creo que un poco, no muy a fondo. Uno conoce más a fondo cuando vive allá, yo iba y venía todos los días.
– Creo, que, de todas maneras, se palpa la realidad de un pueblo que tiene una problemática económica social y política…en fin, toda esa carga.
– Si, es difícil Lavalle.
– ¿Con toda esa problemática en que punto te construye Lavalle como mujer como artista? ¿Qué es lo que te ofrece o qué es lo que te quita?
– La primera vez que tome el micro a Lavalle fue como una explosión en la cabeza, porque yo nunca había visto esas extensiones tan inmensas y nunca había visto gente trabajando en lugares tan áridos y no había visto gente tan orgullosa de eso, porque había visto gente trabajando en san Carlos que es un lugar acuoso donde hay agua , como te podría decir… hay razones para estar ahí, pero Lavalle no hay razones para estar ahí, es árido, es un desierto, entonces cuando yo fui me acuerdo que no había nada para acá, nada para allá lo único que veías a lo lejos era como una islita verde para acá y una islita verde allá. Después me contaron que eran fincas que se establecían donde había un trozo de río. Frente de la escuela había una finca y los chicos que venían a la escuela la mayoría eran chicos que trabajaban en la finca y también chicos que venían de Lavalle. Eso me voló la cabeza. Fue la primera vez que vi algo así. Me pareció muy profundo eso.
– ¿Qué te hizo sentir?
– Que era algo profundo quedarse ahí y para conocer. Había mucha gente boliviana y gente del territorio y se llevaban bien y también había cuestiones de violencia contenida que tratábamos de manejar.
– ¿Sentiste que cambiaban cosas como mujer y como artista no?
– Absolutamente. Yo en ese momento había terminado la tesis, Yo quería hacer la tesis sobre Juan Scalco, tenía algunas cosas, pero bien no sabía bien que hacer en relación a la obra de Scalco.
– ¿Cuáles fueron tus disparadores para pintar tal o cual temática? ¿Cuáles fueron tus incentivos?
– Cuando estaba en Lavalle hice un proyecto sobre la luz que había en Lavalle y sobre la inmensidad del paisaje. Esos cielos azules, era una luz dentro de una luz, increíble, estaba enloquecida, ese fue un momento, después hubo otros momentos. Otra cosa que me impactó en Lavalle fue el agua porque es tan escasa ¿vistes?, que a veces no tienen para tomar, hay un montón de cosas muy precarias, pero les dan a los arbolitos, a los cultivos, ¡cuando los ves … aaahh se ponen contentos… hoy hay agua! Es precioso eso (risa). Acodarte que yo iba a una escuela agraria… Era maravilloso, yo era parte de eso.
– ¿Tenés mucha afinidad con la naturaleza, con los espacios abiertos?
– Si, menos con la noche que me da pánico, en el dia esta todo bien, pero en la noche no.
– ¿Esas fueron algunas de las motivaciones en tu obra?
– Si, en esa época sí. En realidad, vivo según el momento. En ese momento paso eso. Después pasaron otras cosas y tuve otros motivos.
– ¿Como cuales por ejemplo cuál?
– Como el circo criollo, por ejemplo. Ese circo criollo que te encontrás en las esquinas. Hice paisaje rural y paisaje urbano. Los paisajes eran telas grandes pero las del circo criollo eran chiquititos, iba cambiando los formatos. Y ahora estoy haciendo dibujo, todo depende de las épocas y de las circunstancias.
– Por supuesto las necesidades de una mujer cambian, no es lo mismo cuando está estudiando, después cuando es madre.
– Ah, sí, eso también, cuando Victoria fue niña, el enamoramiento con mi hija…Hice toda una serie de cuadros para niños que todavía me quedan algunos porque vendí un montón de “las niñas de Victoria”.
– En tu vida laboral has tenido épocas de mucho esfuerzo, me imagino que viajando todos los días a Lavalle más la crianza de tu hija más la pintura el desarrollo como artista, donde ves los impactos de todo eso, en tu vida sentimentalmente, físicamente.
– Sentimentalmente… bueno… medio desastroso. (risas), y físicamente bueno a los 57 justo antes de jubilarme, tuve un desprendimiento de córnea en un ojo y después en el otro y después de estas dos cosas el nervio óptico no concuerda el funcionamiento con lo que veo, entonces tengo medio chiflados los nervios, no la tolero la luz o pasar de una luz clara a una oscura. Hay días que estoy bárbara y hay días q estoy hecha una porquería, pero bueno… yo noto que ahora todo lo que no descansé en mi trabajo, durante la crianza de mi niña, todas las pinturas que hacía desaforadamente, capaz que las podría haber hecho más tranquila, pero bueh…era desaforada. Es lo que estoy aprendiendo a hacer ahora, poder hacer lo mismo, pero más tranquila. Antes no la hacía así y bueno, el cuerpo me pasó factura. Ahora duermo lo que tengo que dormir, trabajo lo que tengo que trabajar, como lo que tengo que comer y disfruto con mis amigos…
– ¿Eso después que te jubilaste?
– No eso después de lo que me paso en los ojos. Fue el impacto para parar un poco.
– Bueno vamos a hablar un poco de amores…(risas) como mujeres y como artistas nosotras sabemos que una cosa esta muy anudada con la otra, porque no podemos ser artista sin ser mujer, entonces el amor o todas las cosas que pasan por lo afectivo están ligadas a uno y al otro rol. ¿Vos como has vivido como mujer y como artista el amor?
– El amor… yo me casé y me separé (risa). Y quedamos como amigos, una cosa muy enferma creo yo. Y después… no sé… yo creo que el amor lo puse en el arte más que en los varones, los varones van y vienen y mejor que no abran la boca (risas) es muy raro que hablen y te guste y sigas enamorada, (risas) mejor callados (risas).
– ¿Qué pensás, ¿cuál es tu posición, como te ubicás frente al feminismo?
– Yo creo que es fabuloso el movimiento que se ha creado a partir del trabajo de la mujer con el feminismo. Generalmente no pongo el cuerpo, acepto, trato de ayudar en lo que pueda, pero no pongo el cuerpo de ir a reuniones de mantener un trabajo con algún grupo. El año que viene tengo ganas de trabajar con un grupo quizás en un barrio en talleres para niños. Yo creo que es fantástico lo que está pasando y creo que va a pasar el doble de lo está pasando, pero siempre digo que me asusta la reacción del hombre con respecto a la mujer porque al hombre le asusta la mujer independiente. Le asusta la mujer inteligente y lo que tiene que, a pesar que la mujer es inteligente e independiente, la fuerza la tiene el hombre y vos vistes las reacciones que pasaron en Bolivia y en Chile: han violado, han matado mujeres y me asusta eso. Y se enojan con las mujeres jóvenes, las más combativas. Eso me asusta no del feminismo sino de la reacción del hombre en relación a las mujeres feministas, ese odio que tiene el hombre hacia esa mujer que le plantea que es una bestia y que no quiere ser de otra manera y seguir siendo lo que es porque le ha resultado durante siglos, ese es el temor. ¡Nuestras viejas…las cosas q tuvieron que padecer…! Nuestras abuelas… solo porque eran varones y ellas mujeres. En cambio, ahora el feminismo no permite eso.
– Hablemos de la muerte. La vida y la muerte Cuando uno sabe que su vida tiene final, la vida cobra otro significado. Para vos ¿que sería ese significado, cuando pensás que la vida tiene un término.?
– La vida no tiene termino. La vida es obsecrada irreverente. O sea, tiene termino a nivel personal pero la vida siempre continua, yo me voy a morir, igual que vos los bichos… pero la vida continua. La vida en si misma va a aparecer en cualquier lado, de cualquier manera, inclusive de una forma totalmente diferente de lo que uno se imagina. Vos ves en las culturas, un tipo que vivió en Mongolia o esa cultura de las mujeres donde toman el control y los hombres están agradecidos de que las mujeres tomen el control y en África aparecen otras culturas… Mi muerte no es nada, esa es la sensación que tengo de la muerte y que la vida va a seguir. Los chotos que están con el neoliberalismo, que están tratando de reventar todo, bien neuróticos dicen: yo voy a ser el amo del mundo, va a pasar que ellos van a ser dueños de la mitad y en alguna parte, va crecer algo que los va a cuestionar, de que lo que hicieron valió nada, pero van a tratar de destruir bastante.
– Creo que uno se muere y que se yo, como muchos dicen, lo triste es que no los volvés a ver, lo triste es lo cotidiano ¿vistes? eso que pasa con la muerte, la continuidad de todos los días que ya no está, que es triste, pero la vida sigue.
– Yo sé que conociste bien a Scalco, que trabajaste con su obra y que tenés muchas cosas de él.
– Si. Es un referente para mí, un maestro. Él era un personaje valioso no solo desde lo artístico, también en lo social. Recibí mucho de él. Él decía que el arte no podía estar fuera de lo social. No podías trabajar en el arte sin considerar al pueblo, afirmaba que la tierra y el trabajo de la tierra era una forma de empoderar al pueblo.
– ¿Qué pensás vos de la soledad, porque Scalco hablaba de la soledad no?
Juan decía que uno no podía sentirse solo en el mundo porque había millones de personas, entonces si vos estabas solo es que no veías los millones de personas que estaban alrededor tuyo, yo creo que es así, por ejemplo, yo estoy en esta cuadra y al lado viven niños enfrente viven adolescentes, al lado tengo gente grande y es hermoso porque vos estas con gente, en contacto y con cosas diferentes. Te vienen a contar…bueno también yo soy muy chusma me gusta que me cuenten como van, que les pasa, como doña Rosa (risas). Como andan los niños, me encanta regalarles a frutitas, que vengan me muestren sus cositas, hablar con los niños que por ahí en la noche andan correteando… hola Ofelia! ¡Hola Ofelia! Mi hija me dice “no te das cuenta que es puro interés…!” si ya sé, pero… todos los niños son interesados …eso me gusta… Ir a la vuelta a hablar con la otra Doña Rosa de la perrita.
– ¿Nunca estás sola?
– No.
– ¿Estás como Scalco que en realidad siempre estaba rodeado de gente?
– Si, si Tengo un vecino que tiene un nieto que lo saca para mostrarlo, le pregunto cómo anda el nieto…la otra vecina que me habla de los treinta y cinco nietos que tiene y me voy a la verdulera, que se estoy una hora dando vueltas por el barrio después vengo y me pongo a hacer mis cosas.
Artistas así son los que representan a Latinoamérica, sus realidades, sus honduras. Una inquietante Latinoamérica que no está en los halls de hoteles cinco estrellas, ni en los malls, ni en colegios privados, ni en restaurantes exclusivos. Está si, en las veredas de los barrios, en las chacras, entre los rebaños, en las vendimias, en las duras obras de pico y pala, en las labores de horarios desalmados. El arte latinoamericano supo mostrar desde lo de más arriba hasta lo de más debajo de las sociedades, en ese trayecto injustamente vertical se cuentan miles de historias de vida narradas a través de obras plásticas, como la de Ofelia. Esas creaciones en su conjunto, revelan la idiosincrasia y la problemática de nuestro continente latino. Muchas complejidades resultan bastante parecidas en casi todas las regiones a pesar de la diversidad cultural. Y es el arte el que, con frecuencia pone luz sobre los condicionamientos inaceptables que los centros de poder imponen a las comunidades. Es el que deja testimonio de los acontecimientos y de los personajes, de las revoluciones y de las cotidianidades que suceden en todos los estratos sociales y en todos los tiempos, desde épocas arcaicas, cuando el arte irrumpe en el mundo de los lenguajes plurales.

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