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Feb 06, 2016 Eduardo Paganini El baúl Comentarios desactivados en El Golpe Militar del ’55 en Mendoza (II)
Entrega hoy EL BAÚL la segunda parte de este estudio histórico sobre las reacciones generadas en Mendoza con referencia al golpe militar de 1955, específicamente en lo que se denominó la resistencia peronista. El estudio de la Prof. Álvarez está nutrido de documentación oral y escrita, lo cual enriquece la visión del momento.
Reacción de la masa peronista: surgimiento de la resistencia
Todas las medidas descriptas de carácter abiertamente persecutorio, provocaron indignación y resentimiento entre los dirigentes y simpatizantes peronistas de la provincia. Los que fueron consultados sobre el tema, coincidieron en señalar que la reacción frente a esta política gubernamental fue organizar la resistencia[i].
En Mendoza muchos dirigentes políticos y sindicales se atribuyen la organización de la resistencia, pero a nuestro juicio no tuvo carácter orgánico y careció de unidad de objetivos y metodología. Existieron dos polos de acción, por un lado la dirigencia política y gremial que se orientó hacia una resistencia pasiva a través de la publicación de un periódico, panfletos, reuniones clandestinas y la organización de partidos alternativos. Mientras que por otro lado se llevaron a cabo algunos actos de violencia organizados por sectores más duros del peronismo, fundamentalmente de origen obrero, pero sin organización ni efectividad por cuanto carecieron de una dirección unificada.
Es importante destacar que en Mendoza la resistencia no tuvo la masividad con la que se manifestó en zonas altamente industrializadas del país.
Corroborando la primera de nuestras afirmaciones, Julio Villanueva nos expresó lo siguiente:
La resistencia se creó oficialmente en el departamento de un hermano mío. Se reúnen el secretario general de la CGT, Ignacio Gómez, Corvalán Nanclares, Serú García, el Dr. Madariaga, mi hermano José, el Dr. Alliaga Moyano, el que habla y otros dirigentes gremiales. Ahí se erigió la resistencia y se decidió crear un diario. Este apareció en noviembre, poco después que Aramburu lo reemplazará a Lonardi. El diario lo dirige el Dr. Alberto Serú García […] y se llamó Tres Banderas […]
En diciembre de 1955 se produce una redada, porque el diario criticaba a Aramburu y al gobierno militar. Poco antes de Navidad, como el 18 de diciembre viene Manrique a Mendoza, y los políticos radicales, socialistas, conservadores le dicen: «Mire Capitán de Navío, acá hay unos muchachos jóvenes, loquitos, nacionalistas peronistas, que sacan este diario que critica a Aramburu. Les contestó que él se iba a ocupar. Llega a Buenos Aires, hace un decreto, lo firma y ordena la detención de quince personas, entre ellos mi hermano, Serú García, Corvalán Nanclares, Madariaga. etc.
Pasados cuarenta días los ponen en libertad, porque no correspondía la detención a disposición del P.E.N. En ese lapso, yo me encargo de la dirección del diario y su distribución. Esta jefatura duró poco porque el 6 de enero de 1956 nos quemaron la imprenta[ii].
Sobre el accionar del grupo sostuvo:
La resistencia se manifestó con reuniones clandestinas, repartición de volantes, con información y petardos. Esto siguió hasta las elecciones de 1957 en que incrementamos nuestro accionar para instruir a la gente que votara en blanco […] con todos los medios a nuestro alcance, volantes, cartas a domicilio, llamadas telefónicas etc. Éramos espontáneos, autónomos.[iii]
Una versión parecida nos dijo Decio Naranjo:
Acá en Mendoza todos los directivos nuestros fueron encarcelados, quedaron nada más que activistas. Nosotros éramos integrantes de la parte gremial y de la parte política y constituimos la resistencia peronista, que no se hacía en forma violenta, sino que era una forma de mantener despierto el espíritu doctrinario, político. Lo que primero hicimos fue sacar un diario que se llamó Combate, lo hicimos en una imprenta de la calle Entre Ríos y nosotros lo distribuíamos y lo vendíamos en calle San Martín. Por lo general después que terminábamos la primera edición, la policía nos secuestraba todo. Se nutría de las noticias del peronismo de todo el país. El diario salía cuando podía. Posteriormente se convirtió en el periódico Tres Banderas.[iv]
Otro de nuestros entrevistados y activo miembro de la resistencia, al referirse al surgimiento de la misma, nos mencionó la CGT Negra o también conocida como CGT Auténtica[v].
En el año 55 después de detenerse a los dirigentes visibles de la CGT en Mendoza y en Buenos Aires, los compañeros Framini, Cabo ven la necesidad imperiosa de no dejar arriar las banderas de la clase trabajadora, y entonces crean lo que se denominó la CGT negra. Fue aquella que trabajaba clandestinamente en la unificación de las fuerzas de la resistencia. Es cuando empieza la resistencia peronista.
Acá también existió la CGT Negra a través de la participación del compañero Dean, Panoff, González y varios más. Si bien es cierto estaban detenidos pero en la medida en que fueron liberados, porque no se les pudo comprobar ningún hecho delictivo, fueron liberándolos y se fueron incorporando a la CGT Negra que era una organización clandestina, ya que como estaba prohibida toda actividad gremial, entonces se denominó CGT Negra: De allí se entendió que había necesidad de organizar lo que se denominó resistencia peronista. Todo esto lógicamente a través del contacto de los compañeros de Buenos Aires […].[vi]
A diferencia de los testimonios anteriores, Panoff atribuye el surgimiento y la acción de la resistencia exclusivamente al sector gremial:
[…] acá en Mendoza es la rama gremial la que organiza la resistencia peronista. La política no participa. La política como siempre especula con todo esto, no quiere participar en esta organización al margen, por eso se llama clandestina. No quiere participar, pero nosotros entendemos que teníamos que tratar de recuperar al movimiento peronista. […] Algunos políticos participaron, como el compañero Castelló, el mismo Evans que estuvo preso dos o tres años, cuando salió de la prisión, se encolumnó.[vii]
Con respecto a las acciones de tipo subversivo, el historiador Daniel James realiza un exhaustivo análisis de la conformación, acciones y motivaciones de la resistencia y entre otras cosas sostiene:
[…] En la conciencia popular peronista, la resistencia incluyó un variado conjunto de respuestas que iban de la protesta individual en el plano público hasta el sabotaje individualmente efectuado y la actividad clandestina, sin excluir la tentativa de sublevación militar. […]
La primera y más inmediata respuesta a los actos del nuevo gobierno provisional adoptó la forma de lo que podría denominarse un terrorismo espontáneo. En la primera mitad de 1956 cundió una ola de tentativas de sabotaje.
[…] Un blanco particularmente vulnerable fue el sistema ferroviario.
[…] Por otro lado también resulta claro que desde principios de 1956 existían los gérmenes de una organización muy caótica y basada en grupos locales.[viii]
Esta descripción, de acuerdo con los datos que poseemos, se aplica perfectamente a la realidad mendocina de entonces. Dicha información la hemos sintetizado de la siguiente manera:
Primeramente, el 1 de abril de 1956, debido a las versiones que circulaban sobre la detención de numerosas personas, la intervención federal emitió un comunicado en el que expresaba:
[…] que en el día viernes 20 de marzo, han sido detenidas setenta personas por presunción de incitación a la rebelión, las que se encuentran detenidas a disposición de la justicia militar. El orden y la tranquilidad reinan de manera absoluta en todo el territorio de la provincia. [ix]
Según las informaciones aportadas por las autoridades militares, a través de los periódicos locales, el movimiento tenía carácter militar – político – gremial con ramificaciones directas en San Rafael, San Juan y San Luis, habiéndose comprobado proyecciones nacionales.
Los sediciosos contaban con el factor sorpresa, asaltos a guardias, polvorines, etc. y otras medidas como el asesinato de jefes y oficiales, y la retención como rehenes, de los familiares de los que no se plegaran al movimiento.
En el ámbito gremial, la subversión poseía medios, personal, vehículos y armas para golpes de mano. Los elementos gremiales tendrían por misión la ocupación de lugares vitales para la vida de la población, tales como emisoras, cuarteles de policía, obras sanitarias, usinas etc.; mientras otros grupos se lanzarían a la calle para provocar el fervor popular. Para obtener la adhesión de los obreros, los cabecillas del movimiento, le habían hecho creer que la mayoría del Ejército estaba de parte de ellos, y que las autoridades revolucionarias eran enemigas del pueblo.
Los detenidos civiles fueron puestos a disposición de los tribunales ordinarios, mientras que los militares quedaron sujetos a las disposiciones del código de Justicia Militar. El total de personas arrestadas llegó a 250, pero posteriormente 172 quedaron en libertad. Los restantes fueron trasladados a Buenos Aires, quedando los militares alojados en el Penal Militar de Magdalena, y los civiles en la cárcel de encausados de la Capital Federal.
Con respecto a estos acontecimientos, uno de los protagonistas, Enrique Panoff nos hizo el siguiente relato:
Organizamos la resistencia peronista[x]en Mendoza a través de reuniones clandestinas y nos llega la información de que teníamos que estar preparados porque para el mes de marzo o abril se iba a producir un golpe. Mendoza se prepara […]
Nosotros estábamos conectados con una organización militar de Buenos Aires y se nos habían infiltrado en nuestras filas gente informante del gobierno, fuimos apresados en el mes de abril del 56 y pasamos un tiempo acá en la cárcel de Mendoza y luego somos llevados a Buenos Aires donde sigue nuestra detención en la cárcel de Las Heras, ahí pasamos hasta septiembre. Cuando fuimos detenidos fuimos a declarar al juzgado federal y fuimos eximidos de culpa, no pudieron conseguir imputarnos delito alguno sino simplemente el hecho de ser peronistas, de ser partícipes de la dirigencia peronista y quedamos en libertad jurídica y legal, pero nos pusieron a disposición del PEN.[xi]
Poco después, en el mes de julio, como consecuencia de algunos atentados de carácter terrorista ocurridos en Mendoza, fueron detenidas 58 personas en la provincia y 6 en la ciudad de San Juan. Entre los primeros detenidos se hallaban importantes dirigentes peronistas como Alberto Serú García, Vicente Polimeni y Guillermo Madariaga quienes fueron alojados en la penitenciaría provincial.
El plan subversivo, según la información oficial aportada por el diario Los Andes, incluía campañas panfletarias y reuniones a lo que se sumaron las siguientes actividades terroristas:
La orientación política de la organización terrorista era aliancista – peronista, ya que sus componentes pertenecían, en su gran mayoría, al ex partido oficialista y a la ex Alianza Libertadora Nacionalista. También se encontraban infiltrados activos elementos comunistas.
La finalidad perseguida era provocar el malestar, la disconformidad y la intranquilidad en la población; crear un estado de incertidumbre y falta de seguridad en las autoridades provinciales para motivar la inestabilidad del gobierno de la Revolución Libertadora, llegando finalmente a derrocarlo para reponer al ex presidente Perón.
Ceferino Popic (alias Alberto) se ocupó del reclutamiento y organización de elementos adictos. Para ello tomó contacto con ex dirigentes gremiales u otros individuos que pudieran servir a los fines expuestos. Esta tarea no fue fácil ya que muchos a los que les explicaba los procedimientos a seguir, lo rechazaban de plano. Entre los gremios contactados figuran el de CELA (Compañía de Electricidad Los Andes), el de transportes de colectivo y el de la Cervecería de Los Andes. Viajó asimismo a Uspallata y a San Juan, comprometiendo en dichas reuniones y viajes a numerosas personas. Buscó en especial trabar relaciones con miembros de las Fuerzas Armadas, tarea en la que no tuvo éxito, provocando la iniciación de la investigación que culminó con el descubrimiento de la organización subversiva.
La campaña panfletaria era realizada en la casa de Popic, donde se encontró el mimeógrafo que se utilizaba para tal fin.
Otros de los involucrados más directamente con Popic eran: Antonio Ugrina, Lorenzo Rubén Riveira, Manuel Álvarez, Antonio López, Edgar Moyano, Lucio Benítez entre otros. Los detenidos fueron alojados en la Penitenciaría Provincial.
Un tercer episodio se produjo en mayo de 1957. A raíz de un tiroteo ocurrido en calle Barcala y avenida España, fueron detenidos Eduardo Bernabé Rupere y Manuel Benito Rodríguez Mathus, a quienes se les secuestraron armas y material subversivo vinculados con el régimen depuesto. Posteriormente, la policía de la provincia allanó la habitación nº 22 del hotel Marconi, ubicado en calle Juan B. Justo nº 2 y se detuvo a Curt Winkler o Víctor Franco, Rubén Gerdel o Aguirre, Máximo Córdoba y Aquiles Rubén Lira Portales. Además se secuestraron armas largas y cortas con gran cantidad de municiones, numerosos libros e impresos en favor del régimen depuesto y discos fonográficos. También fueron detenidos a disposición del P.E.N., el ex diputado nacional Enrique Valentín Labanca junto con Alliaga Moyano, Carlos Albino, Edmundo Evans, Isidro Otiñano, Manuel Salinas, Teodoro Guiñazú, Antonio Lucero, Juan Bautista Castro, Raúl Pacheco Salinas, Rafael Púrpura y Antonia Sagaz de Quiroga. Todos ellos recuperaron la libertad a fines de junio de ese año ante el levantamiento de estado de sitio.
Relacionado con estos actos subversivos encontramos unas cartas que John W. Cooke dirigió entre mayo y junio de 1957 a Perón, que nos permiten suponer que este dirigente intentó organizar la resistencia en Mendoza con una parte de la dirigencia política y del sector obrero. En una de ellas, fechada en junio expresaba lo siguiente:
Mendoza: El comando Rupérez, tal como le adelanté, quedó totalmente destruido. Las informaciones de la Policía eran muy buenas y fue directamente a la cabeza de la organización, secuestrando documentos y material, deteniendo a los principales hombres, e incluso, encarcelando al puestero que hizo pasar a nuestro emisario […]
Estoy haciendo un experimento con Mendoza. Como allí la gente se conoce toda y la proximidad con Chile permite comunicaciones más o menos rápidas, he seguido un procedimiento que creo puede dar resultado. Aprovechando la existencia de un Comando bastante fuerte (del cual yo le hablé en otras cartas, y que no puse en contacto con Rupérez porque tenía mis temores, desgraciadamente fundados) y de algunos grupos clandestinos de obreros, intento una organización de tipo provincial. El principal obstáculo consistía en el peligro de que cayese todo el aparato si tomaba presos a algunos hombres, eso se ha evitado por un sistema de células. Los grupos de sabotaje también tienen un sistema especial, que evita que la detención de algunos de sus miembros acarree la de más gente […]
He designado una Junta de cinco Promotores cuyas funciones son transitorias y se reducen a organizar en todos los departamentos grupos coordinados. La designación no implica jefatura, ni nada por el estilo, así que si las personas elegidas responden, en muy poco tiempo allí nuestras tareas tendrán coordinación perfecta. Esto no podría hacerse en centros muy poblados, pero creo que es factible en Mendoza […][xii].
Los acontecimientos que hemos reseñado, tuvieron en su momento una amplia difusión periodística, pero posteriormente no se dio ningún tipo de información acerca del resultado de las investigaciones, ni de la suerte de los detenidos. Sabemos que en muchos casos no se pudo comprobar ningún delito salvo el de ser peronista; de allí que algunos recuperaron la libertad y otros, los más comprometidos, quedaron a disposición del P.E.N. La carta de John W. Cooke que hemos citado, nos demostraría que este dirigente habría tratado de organizar en Mendoza algún tipo de resistencia, pero suponemos que, como en los otros casos, sus intentos no lograron demasiado éxito limitándose a actos aislados.
Para finalizar diremos que el levantamiento cívico militar encabezado por el Gral. Juan José Valle que estalló en Buenos Aires y otros puntos del país, en la noche del 9 de junio de 1956, no tuvo ramificaciones en esta provincia, por lo que no se registraron actos de violencia. Sobre estos acontecimientos el interventor federal Isidoro Busquets emitió el siguiente comunicado:
Al pueblo de Mendoza: el movimiento sedicioso que tuvo sus focos en La Plata, Campo de Mayo y Santa Rosa de La Pampa, ha sido totalmente sofocado por las Fuerzas Armadas de la Nación, con la colaboración de la población civil. En Mendoza reina la más completa tranquilidad, que no ha sido alterada en ningún momento. La intervención federal se hace un deber en destacar la eficacia y decisión con que han actuado en la Provincia, las fuerzas del Ejército, Aeronáutica, Gendarmería, Policía provincial y la cooperación coordinada de los civiles, quienes en acción conjunta han velado por la seguridad pública y apoyado patrióticamente a la Revolución Libertadora.[xiii]
Fuente: Yamile Álvarez, La resistencia peronista en Mendoza (1955-1960): Una aproximación a su estudio a través del relato de sus protagonistas, Mendoza, Revista de Historia Americana y Argentina, Vol. 49, Nº 2, 2014, UNCuyo. ISSN 0556-5960.
Referencias:
[i] Con la asunción del Gral. Aramburu a la presidencia en noviembre de 1955, se instaló en el poder el sector duro o gorila de la Revolución, que trató de borrar todo vestigio de la ideología peronista a través del decreto 3.855/55. Lejos de lograr el efecto buscado, el peronismo se aglutinó y decidió resistir hasta lograr el retorno de Perón. Amaral (1993) sostiene que el mismo Perón instó a sus seguidores a resistir a través de dos documentos básicos de esa primera etapa del exilio. Ellos son las Directivas Generales para todos los peronistas de enero de 1956, y las Instrucciones generales para los dirigentes, de julio del mismo año. En un principio se trató de acciones espontáneas, como sabotajes o ataques contra la propiedad que carecieron de organización y efectividad. A mediados de 1956 se pasó a un tipo de resistencia más organizada caracterizada por la preparación y colocación de bombas, los llamados caños. En general los historiadores coinciden al considerar que los autores de estas acciones eran obreros, empleados, desocupados y, a veces, ex suboficiales.
[ii] Testimonio del Julio A. Villanueva. Médico peronista, uno de los principales dirigentes del neoperonismo en Mendoza. Fue diputado nacional por el Movimiento Popular Mendocino. (Entrevista realizada en 1991).
[iii] Ibídem.
[iv] Testimonio de Decio Naranjo.
[v] A raíz de los intentos del gobierno militar de desarticular la CGT, a fines de 1956 y principios de 1957 los sindicalistas peronistas volvieron a reagruparse y para ello crearon distintos nucleamientos de activistas. Uno de estos nucleamientos fue la CGT Auténtica.
[vi] Testimonio de Enrique Panoff. Dirigente peronista de origen obrero, miembro de la resistencia. Tuvo activa participación en la ortodoxia peronista (Entrevista realizada en 1999).
[vii] Ibídem.
[viii] James, 1990:112-114.
[ix] La Libertad, 1-4-1956: 12.
[x] Los integrantes del Consejo Provincial del Movimiento de la Resistencia Peronista, delegación Mendoza, eran: G. Cusnaider, E. Dean, E. Panoff, J. Rojas Paredes, E. Schillagi, G. Díaz, M. Ávila, A. Cejas, J. Galazo, H. Ficeri, E. Sgriguieri, E. Sosa, L. Rodríguez, E. Bordori, A. Popic, A. Díaz, R. Porcario, F. Cobos, P. Pardriu, G. Varelli, L. Barrose, Lucy Quiroga.
[xi] Testimonio de Enrique Panoff. Dirigente peronista de primera hora, de origen obrero. Formó parte de la resistencia y posteriormente tuvo activa participación en el sector de la ortodoxia peronista.
[xii] Perón, 1971: 172-173
[xiii] La Libertad, 10-06-1956: 5.
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