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Abr 24, 2016 Eduardo Paganini El baúl Comentarios desactivados en Graciela Maturo y su visión sobre Marechal
El texto que aquí se rescata nos muestra una fragmentada pero satisfactoria perspectiva, leída en el marco del Simposio Internacional Arlt/Marechal: dos miradas sobre la realidad argentina, organizado en el año 2000 por la Facultad de Filosofía y Letras de la U. N. de Cuyo acerca la novelística de Leopodo Marechal desde los conocimientos y las vivencias de la Profesora Graciela Maturo, quien en la actualidad conduce una cátedra destinada al autor en la Universidad de Congreso de la ciudad de Mendoza.
La crítica literaria y poeta Graciela Maturo dialogó con Los Andes sobre la visión del ser argentino en la narrativa de Marechal.
El tiempo pone a prueba la grandeza y la sinceridad de las obras estéticas. La literatura en su forma más pura abandona el simple hecho de la historia para colocarse frente al lector como el discurso de una época, un acontecimiento que sobrepasa la mención de los hechos históricos. Nada nos dicen los impulsos momentáneos o las modas efímeras, nos siguen asombrando las creaciones de Homero, Sófocles o Virgilio. Aquellos textos que nuestra cultura occidental bautizó como clásicos, como modelos ejemplares que han persistido al paso del tiempo. Nuestra literatura, embriagada por tonos mayores y formas vanguardistas, recrea en sus páginas los antiguos y modernos temas del hombre. La vida y la muerte están presentes como el icono más primitivo del desarrollo humano. La obra narrativa de Leopoldo Marechal, gestada como un interrogante, nos coloca ante las puertas de nuestra “patria” para cerrarlas al recorrido de ascenso y descenso del infierno de nuestra identidad cultural.
Ningún clásico ha sido en su tiempo lejano o inaccesible a su pueblo, muchos de ellos han introducido innovaciones en su momento escandalosas, como por ejemplo Shakespeare, que complació a su público con la brutalidad del crimen sin ahorrar por ello la fuerza del mensaje, o Joyce, que por medio de las perspectivas temporales plasmó el rústico movimiento de las grandes ciudades. Marechal toma la voz de los clásicos para dotarla de actualidad y brindarle al ser argentino un espejo construido desde el anonimato.
“Releer las obras de Marechal en este convulsionado principio de siglo muestra la solidez y la vigencia de una obra que alcanza extraordinaria unidad a través de múltiples géneros y estilos”, afirma Graciela Maturo en La inalterable vigencia de Marechal. “Diez libros de poesía, tres novelas y una serie de obras dramáticas, algunas de ellas inéditas e inubicables, prefiguran un cuerpo sustancial en su creación, acompañada e iluminada por un lúcido correlato teórico, expuesto en su tratado de estética metafísica titulado Descenso y ascenso del alma por la belleza.”
Así, la obra de Leopoldo Marechal puede observarse como una totalidad, una poética que incluye la poesía y el teatro, el ensayo y la novela. Más allá del mérito de cada uno de sus trabajos, la coherencia en su elaboración está dada a partir de ideas y sentimientos que conforman una particular concepción de la realidad social a la que pertenece, y en las que confluyen diversos intereses estéticos, filosóficos, políticos y religiosos que integran su madurez vital.
Desde un universo platónico o de la interpretación profética de los significados de la Biblia, como también la visión del hombre como una criatura trascendente constituyen la base e ideología poética de Marechal. En su novelística profundiza esta visión agregando tintes apocalípticos. ¿La República necesita un líder que la guíe en el tortuoso recorrido de su identidad? Este bien podría ser el primer punto de análisis para una obra tristemente olvidada por su filiación política. Un interrogante al que Maturo responde:
“Adán Buenosayres es la primera obra de una trilogía novelística que adquiere el carácter de tal con las novelas posteriores. Quiero decir con ello que no se trata de un plan que abarque las tres obras, sino de la continuidad que adquieren y que se hace consciente y manifiesta tanto en el escritor como en sus lectores.”
Adán Buenosayres
“Desde Adán Buenosayres, iniciada en 1930, dejada y retomada varias veces según lo dice el propio Marechal. El trabajo final, a mediados de 1947, dio a los distintos materiales una integración que responde a una macro unidad literaria. Coexisten en la novela distintas modalidades que responden a ejes de sentido entrecruzados en el texto, por ejemplo: la relación novelesca de la vida de Adán y Marechal, que tiene su centro en la anticipación de la historia en Cuaderno de Tapas Azules o el Viaje a la Oscura Ciudad de Cacodelphia, una oscura sátira o visión infernal en la que el autor incluye a su conciudadanos y a sí mismo. Personajes vistos en este infierno, como El hombre de los Ojos Intelectuales o Don Ecuménico, son reduplicaciones cómicas de Adán que muestran otras facetas de la autobiografía marechaliana.
“Marechal no podía dejar a su héroe sumido en el infierno. Tenía que llevarlo hacia su perfección y conducir a su pueblo en una gesta redentora. Es lo que propone en los años de su ostracismo ciudadano, al que fue condenado a partir de 1955 por sus ideas políticas. Cuando publicó la segunda novela, El banquete de Severo Arcángelo corría el año 1965, otros vientos agitaban a la patria. La juventud rodeaba a Marechal, otros intelectuales se interesaban por su obra y el libro obtuvo el Premio Forti Glori.
El banquete de Severo Arcángelo
“En esta segunda obra el autor compone una novela de suspenso, toma como excursus la estructura de una novela policial o de aventuras, llevada al plano cómico, con mayor economía de recursos que la novela anterior alternando más acentuadamente el tono de la farsa con la exposición de los temas más elevados.
El banquete es realmente lo que se llama “una novela de aprendizaje” o Bildunsgsroman como dicen los alemanes: es decir, la historia de la formación de un personaje, Lisandro Farías, que es llamado por su maestro, Severo Arcángelo, a participar de un misterioso operativo político-teológico.
He sostenido en distintos trabajos la complejidad de este personaje que por momentos nace como Leopoldo Marechal y en otros se hace reconocible como la figura de Juan Domingo Perón, sin que esto lleve a la obra a un nivel de carácter panfletario, comparo este modo de alusión histórica al que se produce en El Siglo de las Luces de Alejo Carpentier donde se transforma la figura de Fidel Castro sin que esto agote la significación de la obra.
El autor, tal es mi lectura no politizada sino fiel al texto, intenta una justificación del peronismo recurriendo a sus fuentes como movimiento cristiano inspirado en el Evangelio. Así planteado, Severo Arcángelo convoca a 33 ciudadanos que es como reunir aquellos 10 justos que impiden que Sodoma sea destruida por la ira de Dios. Son convocados a preparar un banquete que es la reconciliación de los hermanos y habrá de cumplirse más allá de la historia.
Se ponen de manifiesto los conocimientos bíblicos de-Marechal, sus lecturas del texto apocalíptico, de las epístolas de San Pablo, y también de autores modernos como Guénos en su crítica de la modernidad. El héroe, Lisandro, alcanza la perfección al ser crucificado, y justifica su vida al transmitir su itinerario a Leopoldo, autor de la novela, quien ha de transmitir ese mensaje a sus lectores.
Megafón o la guerra
En la tercera novela. Megafón o la guerra, publicada un mes después de la muerte del autor, en junio de 1970, se despliega una nueva aventura protagonizada por dos héroes: Megafón, conductor y sabio, y Samuel Tesler el poeta-filósofo, ya elaborado en Adán Buenosayres como alter ego de Marechal Megafón, cuya primera aventura es el rescate de Tesler encerrado en el manicomio, vuelve a tener una textura compleja y esa doble referencia de Severo Arcángelo. Es Marechal y también el líder argentino que conduce a su pueblo a través de los infiernos de la historia, en busca de Lucía Febrero, la novia Olvidada que asume el papel de Helena raptada por Paris, y hallada en el fondo de un lupanar que custodia el griego Tifoneades. El encuentro de Megafón con Lucía Febrero determina su salvación, y hace explicable su muerte y desplazamiento ritual entre los suyos. La muerte de todo héroe es fecunda, ejemplar
Luego de esta culminación simbólica, que es a mi ver el anuncio de la propia muerte por el autor, asume el protagonismo final en la novela Samuel Tesler, montando un show que es una puesta en abismo de la propia novela. Asistimos al triunfo del poeta, que es como decir el triunfo de la poesía y del espíritu sobre el caos de los tiempos.
Obra singularísima, sólo comparable con algunas obras de Alejo Carpentier en su audacia de composición, perspectiva, y lenguaje, esta creación de Marechal entrecruza las formas de la sátira, el sainete y la farsa con lo propiamente narrativo y poético.
La suma narrativa de Leopoldo Marechal
A través de esta breve síntesis de modalidades o contenidos novelescos, se advierte que Marechal es un escritor que apela a complejas simbologías. Esto no quiere decir que sea hermético e inaccesible, todo lo contrario. El lector habrá de pescar en este océano según anzuelo y carnada, como dice Marechal, pero ese anzuelo no es solamente formación clásica, bíblica, simbólica, depende también de la sensibilidad y la intuición personal, del respeto al texto, de capacidad de entregarnos a un diálogo en el que el autor sabiamente devela las claves de su juego simbólico.
Las novelas de Marechal revelan su potente originalidad y su actualísimo mensaje de profecía. La historia de la salvación aplicada a la historia concreta de nuestro pueblo hace esperable una época de profundos cambios, con la caída de las viejas estructuras y el renacimiento de la patria; como una víbora que emerge con su nueva piel, por citar una de las imágenes de Marechal.
Toda su obra trae un mensaje esperanzado, no repetido como letra muerta sino incorporado en su discurso como la vida auténtica, revelada al hacerse expresión. Leopoldo Marechal comunica una visión profunda del hombre que no es solamente la del hombre caído y en orfandad que trasmite la modernidad literaria, sino la del hombre convertido, vuelto al origen, recobrado su rumbo espiritual Y esto no da en él a espaldas de la política, que es siempre un paseo por los infiernos, la impureza de la realidad concreta. Es la voluntad heroica la que hace posible el triunfo sobre las fuerzas oscuras y disolventes, nos dice el poeta.
A esta doble tarea de comprensión y acción nos convoca, seguro de que la Argentina está llamada a cumplir una etapa de plenitud histórica, como todo pueblo que alcanza plena conciencia de su cultura”.
Fuente: Mauricio Videla, Graciela Maturo. Leopoldo Marechal: descenso y ascenso del ser argentino, Mendoza, Diario Los Andes: Sección Cultura, Domingo 26 de noviembre de 2000.
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