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May 06, 2018 La Quinta Pata Recomendada Comentarios desactivados en Lecciones argentinas, un panorama contra toda ingenuidad
Como en las peores pesadillas, Argentina se desliza nuevamente hacia un colapso económico y social de magnitudes inconmensurables. La actual “crisis del dólar” no es más que una de las consecuencias de dos años y medio de un macrismo avalado por la maldita costumbre nacional de enceguecerse en su caída mientras se retrocede a lo peor de la historia. Sirvan de ejemplo a los países de la región que aún sostienen con dignidad su independencia y soberanía estas palizas infligidas y auto-infligidas.
La segunda vuelta electoral de noviembre de 2015 en las elecciones presidenciales de Argentina que determinó el ascenso de Mauricio Macri y de la Alianza Cambiemos, conformada por nuevos partidos políticos de derecha con relevancia hasta entonces exclusivamente metropolitana -como el PRO- y de raigambre más histórica en las clases medias -como la Unión Cívica Radical-, significó el fin del ciclo político y de sostenido crecimiento económico de 12 años de gobiernos nacional-populares de esa renovación ideológica y pragmática basada en el peronismo que es el kirchnerismo. Esto tuvo como efecto inmediato un vertiginoso despeñadero sin freno y de retrocesos sin tregua en todos los aspectos del ser país con graves consecuencias para el resto de la región.
La polarización social durante los mandatos de Cristina Fernández de Kirchner, ejecutada por los comisarios políticos de la derecha y acicateada hasta el hartazgo por los medios de comunicación hegemónica -con el Grupo Clarín a la cabeza-, más la ausencia de recambio político y de referentes que encarnaran la continuidad del proceso de transformación -y sin la posibilidad de que CFK pudiera ser nuevamente reelecta-, llevaron a la ajustada derrota electoral que profundizó “la grieta” en un 51 a 49 por ciento y por un estrecho margen de 679 mil votos. No alcanzó la remontada, motorizada tras la pálida performance de la primera vuelta en el llamado a votar “en defensa propia”, y fue una de las imágenes difundida en las redes sociales durante el extenso año de campaña la que mejor sintetizó lo que se venía: Entusiasmado sobre un árbol, un fiel representante del “sentido común” y de la clase media aserraba la rama con su correspondiente nido sobre la cual se encuentra sentado y a punto de caer.

Pero ni los analistas más lúcidos ni los militantes más pesimistas pudieron imaginar que dicha derrota electoral sería la ficha inicial de un dominó descendente que empujaría, una a una, a todas las piezas del fichero desde el momento mismo de la toma del poder por parte del macrismo. Así fueron cayendo la exitosa estrategia de desendeudamiento externo y su consiguiente soberanía respecto a los organismos internacionales; la saludable economía interna y los sectores de pequeños, medianos y grandes industrializadores que se habían recuperado durante la década ganada; el fortalecimiento regional en los distintos planos de la Patria Grande y la situación denunciante, reivindicativa y de prestigio llevada adelante en las relaciones exteriores, Malvinas mediante; la política partidaria y el debate legislativo; la política y la militancia reivindicadas como único camino de transformación social luego del colapso de fin de milenio y del estallido de 2001, todo debido a la desorientación sin redes de contención en que se precipitaron las bases y cuadros intermedios del kirchnerismo, del socialismo, del progresismo, de la izquierda y de las organizaciones sociales; la democratización incompleta de vastos aspectos de la vida social y cultural, desde el acceso popular a la justicia a las luchas identitarias, de género y de pluralidad, pasando por los derechos de los sectores más vulnerables e incluyendo una nueva perspectiva en los medios de comunicación.
Esto último se vincula directamente con “el cambio cultural que no se pudo concretar”, como aglutinante letal de todo el proceso de descomposición en marcha. Y fue ampliamente historizado -como herencias de la dictadura genocida y de la larga noche neoliberal-, desmenuzado y visibilizado, incluso antes de la derrota, por intelectuales, periodistas y referentes políticos, aún por la propia Cristina. Mencionamos dos de sus vertientes abortadas: I) El plano de la justicia y de la institucionalidad que, pese a las nuevas búsquedas y prácticas democratizantes, fruto principalmente del ejemplo único y universal del juzgamiento en vida de los responsables de crímenes de lesa humanidad y reconociblemente a instancias del Poder Ejecutivo, no pudo romper su techo de cristal de raíz arbitraria, patriarcal y al servicio de los poderes hegemónicos; II) Los medios de comunicación hegemónicos y concentrados, que a pesar de ser regulados por una ejemplar y socialmente construida Ley -hasta último momento resistida política, empresaria y judicialmente- que contemplara a la información como un derecho humano y no como una mercancía, y que permitiera una activa y plural participación y control ciudadanos, acentuaron su estrategia extranjerizante en lo nacional, desestabilizadora y destituyente en lo político, disgregadora en lo social, y estigmatizadora y clasista en lo popular.

En una muy recomendable nota de opinión (https://www.pagina12.com.ar/89385-el-poder-y-la-gente), Fernando D’Addario refleja el grado de gravitación de dichos medios sobre “los esquemas mentales” del imaginario construido como “la gente”, al punto de validar cualquier atropello de los poderosos: “Ante cada derecho colectivo que se pierde, esos que fueron canonizados como ‘La gente’ pero no son toda la gente, ni mucho menos, quedan más lejos de los verdaderos poderosos. Pero no se dan cuenta. Están satisfechos, eso sí, porque creen que los palos y los gases del Estado los protegerán y los alejarán de los verdaderos débiles. Paradoja: ellos, ‘La gente’, los que no tienen ni mucho ni poco, en realidad tienen cada vez menos, en la práctica ya no están protegidos por el Estado y, aunque no lo sepan, están empezando a caer peligrosamente cerca de esa ‘otra gente’ a la que siempre temieron. Pero recién descubrirán la pesadilla cuando se despierten”.
En poco menos de dos años y medio de macrismo, este monstruo bicéfalo, justicia y medios, ha ido recobrando sus formas totalitarias de antaño a la manera de las serpientes de las pesadillas del trovador cubano, aunque una y otra vez se las matara en los años felices con las armas de la ley y con el pueblo movilizado en las calles. Ambos factores de poder celebran el triunfo dizque democrático del ascenso y ratificación electoral -en las legislativas de 2017- por primera vez en la historia de la derecha oligárquica, resignificándose ahora como los vindicadores de la venganza. Lo demuestran con un discurso anti-político montado en incomprobables denuncias de corrupción y en la extendida persecución mediática y penal a referentes sociales y ex funcionarios, así como también a emergentes dirigentes sindicales de esta nueva etapa de resistencia. Se trata de una vuelta de tuerca gaucha de lo que es el lawfare o guerra jurídica a nivel continental, con la cadena O Globo y el juez Sergio Moro a la cabeza en Brasil. Todo esto con la imponderable colaboración en las sombras, o no tanto, de conspicuos embajadores, de consumados operadores, de rancios políticos y de voraces empresarios.
Insistimos, no hubo ni hay “gradualismo” ni moderación como desde un principio, y previamente en campaña, esgrimió el oficialismo. El giro a la derecha ha sido drástico y el nuevo escenario, sobre todo para los actores sociales, dramático. Si en algunas medidas el gobierno de Macri y sus gobernadores aliados -con María Eugenia Vidal al frente desde Buenos Aires- dieron marcha atrás, fue solamente por el grado de alevosía y daño inmediato que implicaban ciertas “modificaciones” -como la quita de pensiones a alrededor de 800 mil personas discapacitadas-, o por el impacto de la movilización social, como en el caso del beneficio del otorgamiento de una amnistía “2 por 1” a genocidas condenados por la justicia.

Es decir que las estratagemas originales del Ejecutivo, bajo la forma de “prueba y ensayo”, consistieron en tirar de la cuerda hasta donde sea posible mientras duraran las bonanzas generadas en la década anterior porque el ajuste ya estaba en el horizonte. Es lo que el saber popular no tardó en catalogar como “errorismo de Estado”, acción y efecto que tuvo capítulos tan patéticos como el intento de condonar una deuda mil veces millonaria de la familia Macri cuando tuvo en sus manos el Correo Argentino. Fue otra vez el decir popular el que puso los puntos sobre las íes: “Son brutos y son brutales”, se describía, mientras que la clase política, si no se volcaba directamente al oficialismo, estaba completamente descolocada, de la misma manera que las cúpulas sindicales, agarrotadas por un proceso de descomposición que lleva décadas. Y si alguna duda había de hacia dónde dirigirían al país, quedó borrada de un plumazo con el primer nombramiento del gabinete ministerial, es decir, “el gobierno de los CEOs”, todos provenientes de la actividad especulativa privada al servicio del capital extranjero, tecnócratas y meritócratas, cuando no algún que otro reciclado del menemismo privatista, del desastre delarruista, o de la oligarquía recalcitrante.

Para consolidar que el macrismo poco tiene de improvisado, que no nació de un repollo, que su intencionalidad es de clase y en favor de todo sentimiento antinacional a fin de llevar a la Argentina a un estado pre-peronista como señalan varios autores, que lo motivan tanto el afán espurio como el odio y el revanchismo, y que -más allá de algunas promesas incumplidas como la de bajar la inflación- no engañó a nadie más que a quiénes quisieron -quieren- ser engañados, alcanza con repasar sus primeras medidas de gobierno, claves además porque marcan la tónica de lo que serían parte de su fundamento de poder y de coacción política: los dictados externos, la comunicación hegemónica y la “justicia”.
1 – “Regreso al mundo”: según la retórica oficial. Primer paso, volver a tomar deuda millonaria a intereses viles y con el sólo objetivo de fomentar la especulación financiera de la banca multinacional y los operadores de bolsa local, no para incentivar la inversión ni la producción. A cambio el país vuelve a someterse a los dictados macroeconómicos del FMI y del libre mercado sin restricciones. Segundo paso, redefinir los términos de negociación con los capitales especulativos en relación a la deuda que restaba pagar y que había sido una pulseada histórica entre CFK y los “fondos buitres” bajo complicidad del juez neoyorquino Griesa. Es decir, pagar con usura y encima pedirles perdón. Tercer paso, liberación de las importaciones y del dólar y devaluación del peso en un 140 por ciento, combo cuyo mayor objetivo fue una brutal transferencia del ingreso a fin de revertir el 50/50 que casi se alcanzó durante los gobiernos kirchneristas. Esto sumado a los tarifazos en los servicios públicos, aplicados en los meses posteriores, tiene como consecuencias el colapso de la industria nacional y de la producción autóctona de alta tecnología, al punto de que los satélites ARSAT fueron cedidos a empresas europeas.

2 – Intervención de la Justicia: el puntal fue el nombramiento a dedo de dos magistrados para suplir cargos que habían quedado vacantes en la Corte Suprema, institución que bajo el gobierno de Néstor Kirchner fue un ejemplo de independencia y acceso democrático, con algunos fallos notables e incluso contrarios al gobierno. El “per saltum” de Macri fue anticonstitucional y por encima del Congreso que, para no ser menos, habilitó meses después a ambos jueces. Esta vocación autoritaria continúa hasta hoy con designaciones arbitrarias de jueces y fiscales afines en procesos donde están involucrados funcionarios de Cambiemos y en causas donde se persigue mediáticamente a exfuncionarios de la gestión anterior. Incluye también renuncias bajo presiones mafiosas como la padecida por la procuradora Alejandra Gils Carbó y el desmembramiento y revocaciones de los equipos de trabajo del Ministerio Público Fiscal. Y el Consejo de la Magistratura, como órgano político del radicalismo y del “lilismo”, es el mayor exponente de este acogotamiento judicial.
3 – Desmantelamiento de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual: también conocida como “Ley de Medios”, la más democrática y pluralmente construida en la historia nacional. Vía decreto de necesidad de urgencia, en la semana de entrefiestas de fin de año de 2015 y por pedido expreso de Héctor Magnetto, dueño del Grupo Clarín, el mayor conglomerado de medios del país, y de los legisladores que en 2010 la votaron en contra. La Ley fue desarticulada en un 90 por ciento, dando por finalizadas las posibilidades de desmonopolización híper-concentrada y de ampliar la diversidad de voces. También se intervino la Autoridad de Control -AFSCA- y comenzó el desguace de los medios públicos, con graves niveles de censura, falta de oportunidades para ejercer la comunicación crítica y despidos de cientos de periodistas. Cabe agregar que la herramienta del “decretazo”, mínimamente utilizada por los gobiernos anteriores con excepción del menemismo, sirve al presidente para metas variopintas, desde desmantelar diversas áreas de gobierno hasta clausurar las negociaciones paritarias a gusto y piacere del empresariado y de la cúpula sindical de la CGT.

4 – Persecución a dirigentes sociales, políticos y opositores: el primer golpe fue contra la referente social e indígena Milagro Sala, titular a nivel nacional de la organización Tupac Amaru, que contaba a finales de 2015 con más de medio millón de adherentes -“tupaqueros”- en el norte y centro-oeste del país. El colectivo social, inédito por su desarrollo y dimensiones y cobijado a la luz del crecimiento y ampliación de derechos del kirchnerismo, realizaba hasta entonces una extraordinaria experiencia de construcción territorial, cooperativismo, acción social y reconocimiento cultural por fuera de las tradicionales lógicas políticas y del mercado. Con artilugios mafiosos, pruebas y testigos falsos y una justicia cómplice, el gobernador radical de Jujuy -sede de la Tupac- Gerardo Morales -aliado de Macri- imputó, encarceló y procesó -en ese orden- a Milagro y a una decena de militantes más. Todos siguen encarcelados bajo diversos regímenes y el hostigamiento a referentes continúa en otras provincias de cuño radical como Mendoza. Ya en 2017, el “modelo jujeño” de condena social a través de los medios de comunicación por el dedo acusador de un poderoso y con la anuencia de la justicia, sería replicado a nivel nacional para procesar y encarcelar a medio gabinete de CFK, incluido quien fuera su vicepresidente, Amado Boudou.
Un artículo periodístico del sociólogo Sacha Kun Sabó (https://www.pagina12.com.ar/103801-el-miedo-de-onan) explica el porqué de tanta saña contra Sala y la Tupac: “En tanto una ‘india loca’ construye, dirige, organiza. No basta naturalizar su prisión. Predice en su realidad carcelaria su caída, la de ellos y temen porque saben en su interior que va por todo y en política todos sabemos lo que eso significa. Un movimiento superador, moreno y contracultural, está en ciernes. Milagro. La derecha internacional también teme, los estremece una construcción más allá de las nacionalidades existentes la cercanía ideológico-territorial con Evo Morales. El espíritu de Bolívar y la Patria Grande sobrevuela. La flaquita tiene un sueño, la destrucción de la dominación simbólica y objetiva del estado como forma política cómplice del modelo económico neoliberal”.
“Ella no construyó un estado paralelo, construyó un estado en ausencia del mismo. La obra en Alto Comedero y catorce localidades más dan prueba de ello, las miles de casas, las dos enormes escuelas, los centros asistenciales, uno de atención de discapacitados, una iglesia de culto católico, el centro de espiritualidad precolombina, los clubes y tantas cosas más, lo demuestran”.

Hasta aquí el muestrario de las medidas de Macri y “el mejor equipo de los últimos 50 años”, según sus voceros periodísticos, desde su asunción hasta marzo de 2016. Repasemos entonces sumariamente qué es lo que ha sobrevenido en poco más de los dos años siguientes para tomar dimensión y conciencia de lo que significa esta nueva derecha al mando de los países de la región. Porque el grado de retrocesos y de destrucción diaria de derechos puede ser irreparable y seguramente llevará años salir del túnel y luego décadas para reconstituir la soberanía nacional y el tejido social. Es que en el afán de llevar a la Argentina a una etapa pre-peronista, es decir previa a la segunda guerra mundial, sin el sujeto popular contenido en la historia, gobernada por sus propios dueños y basada en una economía exclusivamente agro-exportadora para una minoría esclavista, los análisis comparativos con los períodos más oscuros empiezan a quedarse cortos, sea con la dictadura en época de facto o ya en democracia con los neoliberales y destructivos años ‘90 del menemismo.
Otra vez apelo a la intuición popular, que ante tanto desfalco, ignominia y atropellos empezó a interpretar que “estos son peores que los milicos, sólo les faltan los desaparecidos”. Lamentablemente esta percepción quedó desfasada frente a la realidad represiva en 2017, con la desaparición forzada del joven Santiago Maldonado a manos de la Gendarmería Nacional, cuando acompañaba a integrantes de la comunidad mapuche en un reclamo en la Patagonia. Sin embargo, aun quitando distancia de lo que fue la aplicación sistemática del terrorismo de Estado entre 1976 y 1983, las directrices económicas, financieras y macropolíticas contra lo que debiera ser un estado de derecho del macrismo, no le quedan en zaga a lo que hicieron los generales asesinos y sus representantes privados en la función pública, como Martínez de Hoz y otros “contadores” al servicio de Estados Unidos. En este sentido, un reciente informe del Observatorio de la Deuda Externa de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (ODE-UMET) (https://www.pagina12.com.ar/110087-bola-de-nieve-en-picada-que-no-para-de-crecer) advierte que:

“Desde la llegada de Mauricio Macri al gobierno, las emisiones de deuda totalizaron 142.948 millones de dólares. De ese total, el Tesoro Nacional emitió 118.071 millones, las provincias 12.336 y las empresas privadas 12.541 millones. En el mismo período se fugaron 88.084 millones de dólares, salida que supera toda la emisión en moneda extranjera del tesoro nacional, la cual se eleva a 75.832 millones. La delicada situación en el frente externo y el persistente déficit de la balanza comercial, la dependencia en el financiamiento externo se torna cada vez mayor: se requerirá de un flujo constante de dólares que ingresen a la economía para poder hacer frente a los crecientes pagos de deuda. Argentina tiene problemas estructurales generados por la política económica iniciada en 2015 que tienen consecuencias económicas, productivas, financieras y sociales. La deuda externa es un recurso efímero en el largo plazo y sus consecuencias son imprevisibles. Con una deuda que se emite para financiar transitoriamente los desajustes fiscales y básicamente el creciente déficit comercial externo, sin intervención estatal en contrario no hay sustentabilidad posible y lo que ingresa por un lado acelera la puerta giratoria que facilita al mismo tiempo la fuga al exterior de los dólares atesorados o la remisión de las rentas fuera del país. No tiene destino esta política y menos aún si hay especulación e inflación. Y si continúa el endurecimiento de la política monetaria de las principales economías mundiales y el encarecimiento en el costo de financiamiento internacional, se corre el riesgo de que nuestro país no logre pedir prestadas las divisas necesarias para honrar sus compromisos de deuda. Una situación de este tipo desencadenaría en una acelerada fuga de capitales del país y en la mega devaluación del peso argentino, con consecuencias sociales ya conocidas”.
Llevado a lo social, el cuello de botella del endeudamiento, de la vertiginosa evaporación de las reservas y de la especulación redundan en políticas de ajuste y de recorte estructural que afectan transversalmente a las capas medias y sectores empobrecidos, aunque no deja intactos a pequeños y medianos empresarios, primero por el acelerado proceso de desindustrialización y luego por el bestial tarifazo en los servicios públicos que supera ya un 1600 por ciento de incremento, con lo cual el grueso de la población se ve obligada a endeudarse, y restringir el resto de su consumo, para pagar agua, luz, gas y transporte. Todo se concatena en una espiral peligrosa, con lo cual a los más de 100 mil despidos en la administración pública hay que agregar un ejército de suspendidos y desocupados de fábricas y comercios, así como una galopante informalización y precarización laboral. Crecen la pobreza y la desnutrición mientras que se angostan la clase asalariada y las capas medias y profesionales. A su vez, con la gente reclamando en las calles, se instauró la criminalización de la protesta social y su judicialización, con lo cual ya existen decenas de delegados gremiales detenidos o en proceso de estarlo.
Dicha persecución, cada vez más extendida, desde los pueblos originarios a toda persona o colectivo crítico con el gobierno, pasando por el movimiento de mujeres y de diversidad sexual, se articula con retrocesos impensables en materia de derechos humanos que han sido conquistas de la lucha inclaudicable de Abuelas, Madres, Hijos y Sobrevivientes de la dictadura cívico-militar así como de organizaciones afines en la democracia, todo un colectivo amplio y con multitudinario sustento social que es el mayor faro histórico de la resistencia a cualquier avanzada de la derecha. Encontramos que desde el propio centro del poder macrista y con sus consabidos aliados judiciales y mediáticos, se propicia la liberación de represores y apropiadores de niños, se desarticulan políticas de memoria y protección a las víctimas, se aniquilan archivos fundamentales para la reconstrucción, se tergiversa la verdad para poner a las víctimas en lugar de los victimarios, se premia a los factótums de aquél plan de aniquilamiento y se reivindica el negacionismo. En cuanto a la violencia estatal del presente se les ha dado vía libre a las fuerzas armadas y de seguridad para que asesinen fuera de todo marco legal a niños y adolescentes de las barriadas pobres. Entre los derechos sociales eliminados se enumeran, sólo a modo de ejemplo, el Plan Qunnita para madres y sus hijos recién nacidos, el Plan Conectar Igualdad, que abastecía de computadoras de fabricación nacional a estudiantes y docentes del nivel primario y medio, y los planes de educación sexual responsable para todas las edades.

Así es como en esta “tormenta perfecta” en la que “nos están meando y Clarín dice que llueve” -apelo por última vez a la lengua popular- ha resurgido de arriba hacia abajo lo peor de la idiosincrasia argentina que se encontraba agazapado: El odio racial y de clase, la discriminación de todo tipo, el individualismo extremo, el “sálvese quien pueda”, el “algo habrán hecho”, la anomia social, la anemia política y el discurso desmovilizador.
Han puesto a Argentina otra vez de rodillas, a su sociedad enferma, con viejas recetas que acrecientan los males, con efectos de contagio recíprocos respecto al resto de la hegemonía de derecha continental y un pronóstico a futuro acaso terminal, cuyo único vislumbre de defensa son únicamente, hoy por hoy, los anticuerpos sociales de una nueva etapa de resistencia que abreva en las experiencias anteriores de su rica historia militante. Ojalá sirva este llamado de atención a los actores políticos y sociales de Bolivia de cara a 2019 y más, porque el ejemplo de lo brutal ya se ha encarnizado en lo que son los sueños de la Patria Grande, con el Brasil de Temer y la estampida de UNASUR pro-Donald Trump mediante.
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