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Ago 12, 2018 La Quinta Pata Preguntemos (nos) Comentarios desactivados en Lazos en tiempos de neoliberalismo
La pregunta que surge hoy es: ¿qué sucede con las relaciones?
Cada vez más se escucha que hay que “soltar”, “dejar ser”, “fluir”, “ser libre” y como mandato: “no atarse a nada” (ni a nadie). Atravesamos una época en la cual generar una relación verdadera parece una especie de utopía y “mantenerla” mucho más.
No es casual, ni siquiera sabemos el nombre de nuestra vecina, tampoco tenemos idea de cómo se llama el tipo del almacén al que vamos a comprar tres veces a la semana, no le conocemos la cara al/la que vive en el departamento de al lado y aun así nos quejamos porque nos sentimos solxs.
Lo macabro que se juega es el culto al individualismo, de ahí que el discurso cunde hondo cuando se trata de atravesarnos con frases del estilo: “hay que ser feliz con uno mismo”, “hay que amarse asimismo”, “no necesitas a nadie, ya naciste completa” “ser feliz uno, lo demás no importa”.
Entonces… ¿Cómo repercuten esos discursos en nuestros modos y formas de relacionarnos? Si el mandato es estar solx ¿Qué hacemos cuando nos encontramos con un/a otrx?
El modelo de prevención -que no es únicamente una cuestión de salud- se ha convertido en el marco de los lazos de hoy. Prevenimos no atarnos ni depender de nadie, antes de comenzar algo que puede convertirse en una verdadera relación se aclara por anticipación: «mira que no quiero relaciones, ni estar de novio». Se comienza sabiendo que va a terminar, porque lo primero es marcar que eso que se está generando va a finalizar en cuanto unx de lxs jugadores rompa las reglas del juego.
¿Y cuál es el juego? No comprometerse, y no con el otro, sino con uno en el otro. Que las cosas “fluyan”, pero que fluyan a condición de que se mantengan en un constante fluir sin puntos de anclaje. En todo caso que fluyan a condición de que no confluyan en algo, que cada participante tenga bien en claro cuál es el espacio “privado” del otro, ese lugar al que no se debe llegar y mucho menos creer que se puede construir un espacio de a dos.
…
Pero… ¿qué es el espacio privado?
La palabra “privado” proviene del latín privare y este del verbo privare que significa privar. Entonces el espacio privado apunta a privarse de un otrx en el espacio de unx, se trata de despojarnos, de impedir a un otrx participar de lo que consideramos nuestrx espacio. Pero en el fondo no se trata del otrx en cuanto tal sino de nosotrxs, de imposibilitar el encuentro de unx en/con el otrx.
Lo paradojal es que se impide el encuentro únicamente en el “espacio” pero no en el tiempo. Y así podemos pasar el día pensando en alguien, escuchando canciones que nos hagan recordar a la persona, escribiendo un poema, leyendo un libro que de momentos pareciera que habla de ella (o de el), etc. En sí, se trata de alejarnos del (con) el otro sólo en un espacio concreto, pero el tiempo no entra en juego.
…
Retomando… entonces la cuestión es perderse antes de encontrarse, terminar antes de comenzar, estar con muchxs para no estar con nadie porque el com-promiso deviene un con-promesa. Se trata de un acuerdo que se hacen dos (o en todo caso más) sujetxs con una (ilusión) proyección que excede el presente, que implica un presente pero también un más allá. Y ese más allá es incompatible con el mandato de “hoy”: ser feliz hoy, hacer cosas hoy, el futuro es hoy, pensar en el hoy (todo a condición de no sostener un ayer ni un mañana).
Así, la/el que se enamora pierde, en realidad casi siempre la que se enamoró perdió, sólo que en la época actual tiene mayor peso porque la condición es no hacerlo. Gracias al feminismo la representación de “amor romántico” va cayendo de a poco, pero con la instauración del modelo capitalista a nivel mundial se produce la caiga de la idea de amor, de relación, de lazo, de compromiso, de te amo, te quiero.
El eje es no enamorarse porque no se está dispuesto a perder, porque en un contexto en donde lo que importa es la ganancia y el ganar a cualquier costo, la perdida deviene un espanto. Así, se exige un mercado sin intervención, lazos sin restricciones ni dependencias y amor a condición de privatización (sobre todo del espacio, del encuentro entre los cuerpos). Ya no se está dispuesto a apostar por alguien, y en esa apuesta ganar y perder, sino que hoy en día no hay apuestas porque nadie quiere perder: el te(a)mo deviene temo.
Se trata del temor de perder aun antes de arriesgar y así, ni se apuesta, ni se pierde pero se sufre esa elección cobarde donde te amo pero temo.
Entonces… ¿qué perdemos cuando nos enamoramos?
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