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Ago 26, 2018 La Quinta Pata Género y Feminismos Comentarios desactivados en Legalización del aborto y control de natalidad o elección libre de mujeres
Grupos autodenominados pro vida en contra de la legalización del aborto consideran que el proyecto de ley de despenalización y legalización del aborto está influenciado y financiado a nivel mundial por empresas y fundaciones que se benefician con él. Esta conspiración guardaría en su seno dos intereses fundamentales. Por un lado, el control de la natalidad en países poco desarrollados, y por otro, beneficiarse económicamente con el tráfico de órganos y tejidos fetales de embriones abortados.
En un almuerzo familiar a los pocos días de haberse aprobado en la Cámara de Diputados de la Nación la media sanción de la Ley de Interrupción del Embarazo, alguien introdujo el tema del aborto. Entre las argumentaciones que se manifestaron hubo una que me llamó mucho la atención y que me quedó dando vueltas entre pensamientos: “las empresas que se ‘benefician con el aborto’ a través del tráfico de órganos y tejidos”. La familiar que lanzó el interrogante se basó en un video que circula por las redes sociales. En él un hombre da a conocer a través de un lenguaje violento, sexista, discriminatorio y misógino, una fundación abortista que estaría operando en Argentina y en otros países del mundo para promover la ley.
La primera pregunta que me asistió en ese momento en el que el debate ya se ponía candente fue, “¿sabés por qué las mujeres abortan?”. No es que yo la tenga clara porque cada mujer tiene su historia y ésta es un mundo propio distinto al resto, pero fue la pregunta en la que primero pensé. ¿Qué tienen que ver fundaciones, empresas, médicos y todo lo que le es ajeno a una mujer que toma la decisión singular de abortar? ¿Por qué pensar que alguien o algo externo son más importantes que la propia motivación? ¿Acaso no es una manera de vernos a las mujeres como seres pasibles de ser tuteladas, carentes de sentido para tomar nuestras propias decisiones?
Para desandar estas preguntas inicié un camino de búsqueda entre nosotras, de recuperar la palabra en nombre propio y las historias que nos explican. Entrevistas y testimonios en primera persona son el hilo que anuda nuestras respuestas de autonomía.
En esta búsqueda, que toca varias fibras de las realidades de mujeres diversas, intento unir experiencias comunes propias a la problemática del aborto clandestino recurriendo también a fundamentaciones que brinden claridad.
En ese tránsito dialogué con la doctora en filosofía y feminista, Alejandra Ciriza, quien fundamentó de la siguiente manera respecto de las argumentaciones de los “pro vida”:
“Me parece que en realidad el problema que hay detrás de la argumentación de los antiderechos en relación con la economía o, en relación con otros aspectos, tiene que ver con una sola cosa que es la voluntad política de seguir tutelando a las mujeres, el odio misógino es la única razón. Las mujeres estamos bien cuando somos vírgenes y madres, cuando somos obedientes, cuando no ponemos en cuestión los mandatos patriarcales. En cuanto las mujeres nos desmarcamos de esos mandatos somos un problema. Históricamente estos fundamentalistas porque, una ley que legaliza el aborto no es una ley que obliga a abortar, en cambio la obstaculización de la legalización del aborto obliga a tomar decisiones muy riesgosas a mujeres y a niñas que optan por el aborto clandestino, esta es una de las cuestiones. […]La legalización solo permitiría a las personas que decidan abortar a hacerlo de una manera segura, legal, sin perder para el resto de su vida su capacidad reproductiva, sin llevar a término un embarazo forzado y terminar con una maternidad desdichada, sin correr ninguna clase de riesgo como no corren riesgo muchas de ellas que abortan y callan.
Se supone que la Argentina es un país católico, hay alrededor de 500,000 abortos por año, casi un aborto por nacido vivo. ¿Qué está pasando acá?, protegen una política hipócrita. Sus preocupaciones no son geopolíticas, ni de defensa del país ante el imperialismo porque están siendo cómplices de este gobierno fondomonetarista. Sus preocupaciones no son antimercantiles, su problema no es que un embrión se pueda convertir en mercancía porque de hecho, toda la manipulación mercantil y transgénica sobre los organismos como las semillas llevadas a cabo por las multinacionales no les preocupan, solo les preocupan cuando se tratan de los embriones y las mórulas. Tampoco les preocupan los niños, solo les preocupan lo que ellos llaman los niños por nacer, es decir los embriones. Porque una vez que el niño real nace y están en la calle piden baja de imputabilidad; ¿quiénes son los que piden mano dura?
Si sus preocupaciones son los problemas de la salud mental de las mujeres ¿por qué no respondieron o responden por la cantidad de mujeres que han sido abusadas por los sacerdotes? tenemos el caso Próvolo que lo tenemos ahí y es absolutamente reciente.
De lo que se trata simple y llanamente es de seguir obturando los derechos de las mujeres, de seguir impidiendo que las mujeres seamos ciudadanas de pleno derecho, de seguir atentando contra la autonomía de las mujeres”.
Si bien las motivaciones que impulsan a mujeres, niñas y personas gestantes a interrumpir un embarazo son singularísimas, conversamos con la psicoanalista feminista Sara Gutiérrez, quien se manifestó sobre el tema de la siguiente manera:
“En principio yo no hablo de embarazo, hablo de estado gestacional, porque el embarazo significa ligazón, lazo y una mujer o persona en estado de gestación que decide interrumpir esa gestación significa justamente que ahí no hay un embarazo, no hay una ligazón, un lazo con eso que se está gestando. Por lo cual se decide interrumpir. Las causas pueden ser muchas pero primeramente tiene que ver con una decisión muy profunda y subjetiva.
Las causales están estipuladas ya desde el año 1921, las que señalan el aborto no punible, que ni siquiera esas son respetadas. Pero la ley, la que nosotras queremos que sea ley, la que tiene media sanción ¿Qué nos está planteando?: los derechos reproductivos de las mujeres, que siempre han sido avasallados. En un gobierno peronista, en el año 74, no podíamos consumir anticonceptivos porque había que poblar la Argentina. Siempre se ha legislado sobre nuestra salud reproductiva, sobre nuestros derechos reproductivos y justamente la penalización a la interrupción voluntaria de la gestación sigue negándonos nuestros derechos reproductivos, entonces hay muchos argumentos.
Hay argumentos que con esto se quiere vender los fetos para que se haga manteca, dulce de leche o cremas para rejuvenecernos, por supuesto a las mujeres; o hay argumentos que dicen que esto va a salir muy caro, entonces el país no lo va a poder afrontar. Ahora los pro muertes envían a los canales de televisión a contadores, contadoras, economistas a decir que va a ser muy caro para el país, encima que van a venir los extranjeros. Nosotros, en Argentina, tenemos un país muy cercano, Uruguay, que lo tienen despenalizado; no viajamos porque hay que tener plata para viajar y si tenés plata para viajar lo haces en tu país clandestinamente. Entonces, son tantos los argumentos y tan falaces, algunos llegan a ser infantiles porque no tienen de dónde agarrarse. Pero acá más allá de todos los argumentos que los pro muerte generan, activan, hay una realidad, que son los derechos reproductivos nuestros y son los que hay que respetar, es la autonomía fundamental de las mujeres o personas gestantes en este caso. Y creo que la gran base de esta ley justamente apunta a eso, a la autonomía”.
Testimonios de mujeres de diferentes edades que quisieron contar acerca de sus experiencias sobre la interrupción de la gestación se sumaron a las voces que nos enlazan. Si bien cada una atravesó por prácticas particulares, se pueden encontrar espacios comunes en las vivencias, sobre todo marcadas por la clandestinidad del aborto. En este sentido señalaron lo siguiente:
-Pochi (29): “Tengo una hija de ocho años y harán tres años atrás, estaba de novia con un chico, llevábamos un año y algo y me empecé a sentir incómoda con él porque se vino a vivir muy rápido a mi casa, fue como una invasión muy grande y empecé a descubrir con la convivencia mucha violencia, mucho maltrato hacia mí y hacia mi hija. Pero yo en ese momento necesitaba una compañía, yo llevaba mucho tiempo sola. Me peleé con el papá de mi hija y al mes me enteré que estaba embarazada, o sea que llevo ocho años sola. A esta persona la conocí hace mucho tiempo pero la verdad que la convivencia lo desnudó del todo. Pero a la vez mucha manipulación por parte de la familia, que no te quiere ver sola, te quiere ver bien. Él fue bastante manipulador, demostraba al resto algo distinto de lo que era adentro. La verdad que yo no sabía cómo sentirme, cómo alejarme de esa persona porque a la vez me veía el resto bien, entonces no sabía si yo estaba equivocada y seguí con esa persona como pareja pero logré que se fuera de mi casa. Él quería tener un hijo pero con todas esas observaciones y con un año y medio yo no quería tener. Usábamos preservativos; él me hizo dejar de tomar las pastillas porque decía que mis dolores de cabeza eran por las pastillas. Logro irme de viaje sola con mi hija y descubro que no quería estar más con él y empecé a observar que me estaba haciendo muy mal; cuando regreso y logro decírselo empezó la violencia mal; policía de por medio, golpes, me rompió computadora, muebles, cama, todo a golpes y definitivamente dije no quiero estar más con él. Más o menos a los dos meses digo ‘algo me está pasando’, vómitos, mareos, no me venía, con las pastillas tampoco me venía así es que no era eso una alerta, pero sí los dolores de los senos, vómitos; me hice un evatest y estaba embarazada y dije ‘guau qué fuerte’. Un embarazo por lo menos a mí no me provocaba rechazo, tengo una hija y es algo hermoso que me pasó y la crié sola porque el padre es bastante ausente pero unirme a esa persona de por vida, darle un papá así, no, y ¿dejarlo que se lo lleve?! , no. No sé si le puede pasar algo, ¿darle a esa persona una criatura para que se la lleve y yo no poderla proteger? Porque el padre de mi hija es ausente pero no es malo, no es agresivo, entonces yo se la doy con confianza, entonces me preguntaba ¿qué hago, qué hago? No, no estoy preparada. Entonces recurrí a personas, me ayudaron, no me sentí muy apoyada como me hubiera gustado, porque imaginate en esta sociedad hacer algo así es horrible.
-¿Por quiénes no te sentiste apoyada?
-“Por nadie, porque me daba miedo charlarlo, no como a los 19 que me quedé embarazada, lo logré charlar y me apoyaron pero interrumpir un embarazo era macabro, conociendo muchas mentalidades. Decía ¿qué hago, qué hago?, tenía miedo que me denunciaran o que me dijeran que es lo peor pero yo sentía en el fondo que no quería ser madre de una personita que tendría que compartir con ese monstruo, es más, esta es la segunda vez que lo charlo, no lo charlé nunca más con nadie. Lo hice sola con el apoyo de una tía. Sentí que estaba todo bajo control pero después caí al hospital por una hemorragia. Con vergüenza, con miedo de que me pasara algo y con mi hija acá sola. Tuve que llamar por teléfono y explicar por qué no podía llegar a mi casa. Al otro día me tuve que escapar del hospital porque era domingo y no me querían dejar ir hasta el lunes”.
Fue unas semanas después que Pochi recurrió al hospital por una infección posiblemente por un aborto no concluido.
-¿Cómo fue la experiencia en el hospital?
-“Estaba bastante choqueada, había perdido mucha sangre. Porque yo estaba trabajando cuando tuve la pérdida y la vergüenza que tenía de decir que estaba con hemorragia; usé tres paquetes de toallitas en toda la tarde de trabajo. Yo entré a las tres de la tarde y salí a las nueve llorándole al doctor (trabajaba en un consultorio odontológico) y tuve que decirle qué pasó y me fui corriendo al hospital. Estaba actuando muy inconsciente porque tuve vagos recuerdos de toda la sangre que perdí. Me fui al Central y no me pudieron atender, fui al Lagomaggiore y allá me atendieron como ignorándome, las doctoras no me hablaban directamente. Cuando subí había mujeres en todo el pasillo, todas tiradas, estaban haciendo legrados a morir, ahí me di cuenta, claro no me están dando bola, están hartas de recibir chicas desangrándose. Me pusieron en una camilla, sacaron a una, metieron a otra, habían como cinco más, y ésta ¿adónde la pongo?, decían, vos correte. Habían muchas chicas, dije guau ¿qué está pasando?, nunca había visto algo así. Las vi como en un estado de abandono, como si fueran objetos. No me acuerdo si me desmayé o me pusieron anestesia, cuando abrí los ojos me acuerdo haber visto a un señor grandote y le pregunté:
– ¿ya está?
– si nena ya está, ahí me pasaron a otra habitación.
-¿Estabas sola?
-“no, me llevó mi mamá. Por favor no le digas nada a nadie”, (le dijo) Pero le pedí que se fuera a cuidar a mi hija.
-“No te puedo dejar sola”, afirmó la madre.
– “sí, andá vos a cuidarla, yo mañana me voy, acá no me quedo.
-Mañana es domingo, no te van a dar el alta. ¿No vas a esperar los análisis?
-No yo mañana me voy a mi casa si acá no me están dando ni bola, no me dicen nada, estaré tirada en una cama en mi casa”.
Pochi se fue el domingo a su casa porque estaba preocupada por su hija, previo haber firmado un papel de consentimiento. El lunes cuando fue a retirar los análisis no se los dieron porque le dijeron que ella se había ido.
-¿Cómo te sentiste después de haber tomado la decisión de abortar?
-Sinceramente cuando lo medito me siento tranquila porque siento que tomé la decisión correcta, sí tomaría más precaución para no volverlo hacer porque no es nada lindo, porque la experiencia de parir pero no pariendo a ningún ser humano pero los dolores lo tenés, pero a la vez yo sabía que no quería ser mamá de otra persona. A mi hija yo la amo, es todo para mí, pero cuando veo la tele o conversaciones de personas, hombres y hasta mujeres te hacen sentir como asesina y me preguntaba, ¿hice algo malo? ¡No! No maté a nadie ¿yo hubiese querido tener a ese hijo?, no, estoy bien así.
Silencio…
-¿Te cuesta hablarlo?
-“Ufff…horrores, como te digo, es la segunda vez que lo hablo, que lo saco con la voz. Pero no me arrepiento de la decisión que tomé […] Como a los 19 yo decidí tener a mi hija igual, somos re compañerazas, yo me siento re madraza pero bueno, ahora no, no quería otra persona”.
-Emi (22): Yo aborte con 11 semanas y 5 días de gestación. Me había quedado embarazada de una relación con quien ahora es el papá de mi hijo. Nos fuimos a Córdoba y a la vuelta nos habíamos separado y a las semanas me enteré de que estaba embarazada. No sabía qué decisión iba a tomar. Estábamos en una relación de desconfianza, separación, peleas de amor romántico, muy mal. Él pensaba que yo le estaba inventando un embarazo para volver con él y no me creía y esos factores más otras cosas, yo viviendo con mis viejos, estudiando, no era un contexto adecuado para llevar un embarazo. Tuve que llamar a las socorristas y fue muy bien, me acompañaron dos de mis mejores amigas. Tomé las primeras pastillas de misoprostol y a los 40 minutos aborté. Fueron los 40 minutos eternos de mi vida, entre los dolores, la fiebre, y toda la descompostura pero a la hora ya tiré la bolsa y todo lo que se había formado. Luego el post, todo muy bien.
Me sentí muy bien porque sentí que tomé la decisión correcta. Tranquila después. Al tiempo volví a quedar embarazada del mismo amor romántico, de esas relaciones de las que vas y volvés pero fue otro contexto. Yo estaba trabajando, tenía plata, tenía otros proyectos y decidí continuar con el embarazo. Ahora tengo un bebé de un año y medio, lindísimo. Con el padre hace rato estamos separados; la relación no nos acompañaba en nada, contentos igual por nuestro hijo e intentar educarlo lo mejor que se pueda. Un poquito más deconstruido de lo que es esta sociedad. Nos pusimos de novios desde el secundario, nos dimos cuenta que no podíamos reproducir una relación en la que nos matábamos todo el tiempo y decidimos que ya estaba. Tenemos una buena relación de ma-padres de Jano pero no seguimos juntos como pareja.
-¿El proceso del aborto en sí, cómo lo viviste?
–Estaba muy nerviosa y ansiosa. Hasta que conseguí las pastillas estuve como con los tiempos muy justos entonces tenía una ansiedad constante. Nerviosa también porque si bien sentía que no me iba a pasar nada porque tenía todo previsto mis amigas atentas con carga en los celulares, pero tenía miedo por cómo iba a reaccionar mi cuerpo. Pero psicológicamente estaba muy tranquila. Mi miedo más que nada era por el tema de salud. Qué pasa si me sale mal, si me infecto, si me da una hemorragia. Me dio mucha fiebre, con dolores y contracciones y como alucinando por la fiebre que tenía, fue como bastante loco los síntomas. Y doloroso. Me acuerdo que estaba acostada en mi cama en posición fetal como con un dolor de ovarios, el peor de todos y de repente sentí que algo se me desprendió. Pero estaba tranquila porque no hice más ni menos que decidir, por eso estaba tranquila.
-Adri (40) mamá de dos adolescentes de casi 20 y casi 18 años: Mamá soltera porque estoy separada hace 16 años y me encargué sola de mis hijos el resto del tiempo porque el papá se fue a vivir a otra provincia. Hace unos años tuve una relación ocasional en la que tuve unos inconvenientes por lo que los cuidados no estuvieron bien hechos. Tomé la pastilla del día después y evidentemente no dio resultado. Un mes y medio que no me venía, me hice un evatest y me dio positivo…. El grado de desesperación mío fue inconmensurable, el grado de culpabilidad; ¿por qué yo, con la edad que tengo (tengo 40 años) voy a pasar por esta situación, cómo yo no me voy a cuidar, cómo yo que le hablo a los jóvenes que se cuiden?, inconsciente, de todo, tenía un grado de desesperación que no podía parar de llorar. Me conecto con Socorristas y yo llamo desesperada, ya quería, y bueno, la verdad me contuvieron un montón, me dijeron que tenía que esperar porque estaba de muy pocas semanas y no se podía hacer nada. Entre las siete y nueve semanas era lo ideal para que fuera efectivo y pudiera llevar a cabo el aborto. Antes de eso era posible que usara un método que no me sirviera. Me acompañaron las Socorristas, fue un aborto feminista, con mucha contención, mucha información. Antes de eso fue un caos, miedo, consultar en las redes, hablar. La gente que me acompañaba que era una prima, una hermana y una amiga, también tenían sus miedos, entonces era una bola de temores. En medio de esto hacerme una ecografía, que dónde… y en un momento me detuve a pensar… yo, que tengo tantas herramientas, un montón de contención para resolver esto, menos plata, me siento sola, juzgada, haciendo algo tan ilegal, tan clandestino, tan marcado social, moral, legalmente, cómo se sentirán las mujeres que necesitan abortar y no tienen ni siquiera una persona a quien contárselo. Esas fueron las primeras sensaciones de la experiencia.
Bueno, hasta que pude tener la consejería con las Socorristas, me informaron todo, me dijeron todo lo que podía pasar, me preguntaron un montón de cuestiones de salud que era importante saber para saber si se podía realizar o no un aborto con pastillas y todas las recomendaciones, las cosas que hacer en caso de que pasara algo, todas las probabilidades y cómo iba a suceder todo, qué me iba a pasar. La verdad que la experiencia en sí, bueno, obviamente fue algo fuerte, intenso, con dolores, sobre todo pasan un montón de cosas desde el lado de lo que traemos construido, en el sentido de culpa, de lo que está mal que de a poco se fueron desvaneciendo. Después el aborto, que saliera bien. No salió nada vivo, tampoco nada muerto, porque no era un bebé, era un saco gestacional. Yo me recuperé rápidamente; físicamente, no fue nada traumático al lado de un parto, es una menstruación fuerte, nada más. Fue una decisión que no fue difícil de tomar porque yo en mis embarazos anteriores, si bien me quedé embarazada con un DIU, que lo expulsé, en los otros embarazos tomé medidas para no quedar embarazada y quedé embarazada y en ese momento decidí ser madre, continuar el embarazo. En cada embarazo lo decidí en momentos distintos, tuve mis procesos, más llanto, menos llanto, más alegría, menos alegría, y una vez que decidí seguir con el embarazo, con una felicidad plena. En este caso no había alternativa de que yo pudiera seguir adelante con el embarazo porque yo no quería volver a ser madre, bajo ningún punto de vista. Me costó mucho salir adelante con mis hijos, estuve sola económicamente, ahora puedo decir que estoy medianamente bien porque estudié con mis hijos de chica, me recibí, tengo ayuda de mi familia pero no va por el lado económico, va por el lado de mi decisión, que realmente era impensable volver a ser madre.
Si yo no hubiera tenido la ayuda de las Socorristas no sé a qué hubiera recurrido, a lo que fuera, obviamente tengo herramientas para no recurrir a un palo de laurel o de perejil porque de verdad que hay muchas mujeres que abortan con esto y no se lo sacan y se infectan y se mueren y te estoy hablando de un barrio de alrededor de la ciudad en 2017, una piba de 17 años falleció. La madre la llevó verde a un médico porque no sabía lo que se había hecho su hija, una piba con miedo, nunca dijo nada. Pero hay muchas realidades. Mi realidad fue otra pero no sé qué es lo que hubiera hecho porque para ir a uno de los dos médicos aborteros clandestinos que cobran y que todo el mundo sabe, yo no tenía dinero. Porque tenés que tener por lo menos $30000 para ir y tampoco es que tenés medidas de higiene y seguridad porque es tan clandestino y lo único que les importa es juntar la platita. Yo he conocido mujeres que no tienen recursos y han hecho de todo para juntar la plata y abortar con esos médicos con experiencias bastante desagradables porque no han sido contenidas, porque no les han explicado nada. Dentro de esta clandestinidad la decisión que vos tomás, al menos de mi parte, era muy segura y el después fue más fortalecedor porque es un cambio, no digo que en todas las mujeres pasa igual, pero para mí fue un cambio, de pararme de otra manera, de mirar las cosas de otra manera y de valorarme a mí misma de otra manera porque ante una situación de placer siempre las que corremos riesgo somos las mujeres. Siempre somos las que tenemos que estar plantándonos…esto sí, esto no. Y hay momentos en los que una también quiere disfrutar, quiere gozar, quiere dejarse llevar. Y ahhh!… el castigo, el castigo moral, el castigo divino hasta el castigo de un embarazo porque si no querés estar embarazada es un castigo. Entonces, bueno, la verdad que para mí, personalmente ha sido así. Y sé que hay muchas mujeres que han quedado con culpa encima, el trauma viene por ese lado… en realidad porque cuando la decisión está, el trauma es mentira. El trauma es la carga cultural, religiosa y social que tenemos metidas”.
–La clandestinidad quizá es el trauma y todo lo que conlleva… el silencio, la culpa…
-“Claro, totalmente, porque eso también pasa cuando una mujer quiere tener muchos hijos, también es juzgada, o cuando decide tener solo un hijo siendo soltera: mirá, ahí está la loca, la trastornada, siempre somos juzgadas, si queremos maternar, si no queremos maternar. Para mí el tema es cuando decidimos, cuando tomamos una decisión. Porque ni siquiera nos está permitido ser dueñas de nuestro propio cuerpo.
Las entrevistas y testimonios tejidos con las voces de las memorias del cuerpo movilizan a la empatía y sugieren que las experiencias por las que atraviesan las mujeres cuando abortan clandestinamente y de cualquier forma, arriesgando la propia vida, es más común de lo que muchas personas piensan. El silencio, la vergüenza, el roce con la muerte son realidades con las que cientos de miles de niñas y mujeres han tenido que aprender a convivir. Junto a todas estas sombras, se alzan al mismo tiempo, poderosas, las complicidades, las redes de sororidad, esas tramas que la clandestinidad ha sabido anudar entre hermanas, sobrinas, amigas, hijas. #Que sea ley.
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