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Nov 25, 2018 Ramón Ábalo La Pata Semanal Comentarios desactivados en ¿Por qué Macri? ¿Por qué Bolsonaro…? (III)
La Primera Guerra Mundial (1914-1918) culminó con el triunfo de las principales naciones coloniales de la entonces Europa central. Perdidosa fue la Alemania de la República de Weimar (1918-1933). En simultáneo, en el horizonte euro asiático aparece la Revolución Rusa de la mano de Lenin y otros líderes que puso en alerta y tensó los nervios del capitalismo en su ya fase imperialista. Pero fue la Alemania vencida la que tomó la posta de acudir a la guerra para recuperar lo perdido en las fauces de ese capitalismo encabezado por la Inglaterra imperial. Lo logró Hitler que se enancó en el profundo malestar y odio del pueblo alemán contra sus vencedores.
Pero también la aparición de un poder que amenazaba a todo el campo capitalista, incluso Alemania, por parte de la Revolución Rusa que se transformó en la Unión Soviética, una sociedad donde se perfilaba a las clases más humildes como las que asumirían el poder de un Estado y terminarían con la cultura universal de la guerra y la explotación del hombre por el hombre, esencia de la moderna esclavitud de la mayoría de las poblaciones del mundo conocido, y se pergeñaría una revolución proletaria para mal ejemplo de esos esclavos . Así de simple, pero que acució más profundamente el odio de la Alemania que se transformaría en el nacional socialismo de Hitler y un pueblo enfervorizado por el ansia, reiteramos, de venganza.
Esa revolución que sería posible por el liderazgo de Rosa Luxemburgo y el socialismo marxista, pero que fue traicionado por huestes emparentadas ya por la social democracia, hechura deformada del socialismo utópico. Incluso la visión capitalista fijada en ese nuevo poder devenido del Asia pero con olor a una política que se transforma en una ideología despegada de las ortodoxias filosóficas y sociológicas elaboradas en las academias del idealismo platónico. O sea el espíritu como el reflejo en el ser humano de la realidad circundante, mientras que el materialismo histórico del naciente maxismo-lenilismo, afirmando que la realidad es un compuesto de materia, de elementos concretos de la realidad, que al momento es una materia que manejada por el poder humano en el poder es atentatorio a la humanidad toda. Por eso hay que transformarla, y ello es posible por la misma humanidad, para que la existencia humana, la de todos sus componentes, sin excepción alguna, sea la beneficiaria de esa realidad.
Y pasando los charcos del Atlántico y del Pacífico, la América India acosada por la Norteamérica albina, desde que se separó de sus colonizadores para reemplazarlos como tal con los nativos desde el Río Grande hacia todo el sur, incluida la Tierra del Fuego, o sea hasta el fin del mundo. América para los americanos –ellos, los albinos– no fue una proclama integrista, indiscreta o inocente. El corrimiento de sus fronteras hacia el Sur fue una constante de sus políticas invasivas. México perdió la mitad de su territorio original, que ahora son de la Norteamérica donde se cocinó uno de los capítulos más letales de la historia universal de la infamia-. Allí se cocinaron las recetas más sofisticadas –o más groseras– para concretar, paulatinamente, sus afanes de ser los amos del mundo. El destino manifiesto, según Monroe.
RESISTENCIAS Y RESPUESTAS EN LA PUNTA DEL FUSIL.
Los auto reflotados colonizadores del mundo no descuidaron su «patio trasero» en esa aventura planificada de ser el imperio más poderoso, incluso sobre aquel de los 500 años, o más , del imperio romano, que dejó tras de sí puras ruinas Este, el de las Américas, ya había robado parte del territorio original del México zapatista de Zapata, aclaramos, y miraba goloso hacia todo el Sur sin abandonar el resto del universo. Se contabilizan en el debe y haber de su infamia más de cien invasiones a los países de la América Central y del Caribe. Y fueron otras tantas respuestas de los pueblos contra el yanqui y sus testaferros cipayos en esos países. Siempre recibió las respuestas, aún a pecho descubierto, de los descendientes mayas y aztecas
Claro, no alcanzaba, –no alcanza–, y el afán imperial yanqui aún fluctúa entre la nada y algo de su periplo invasivo, capitalista imperialista monopólico, y, a lo que parece, sin ton ni son, aunque aniquila la vitalidad humana en toda la geografía universal. No exageramos. Poco o nada, pero letal por donde se lo ubique. O se lo mire. Es el protagonista único de la ya inequívoca Tercera Guerra Mundial. Ha ubicado sus tropas en más de mil bases militares en los cuatro puntos cardinales del orbe, y pelea en tres o cuatro frentes de guerra. Y, claro, en todos los horizontes guerreristas le va mal, porque las resistencias en todos los frentes no son pasivas. Le va mal y por eso es más peligroso, dispuesto a todo acto de maldad guerrerista contra el mundo entero.
Y LOS POR QUÉ TIENEN RESPUESTAS
EL CARACAZO — Entre el 27 de febrero y el 6 de marzo de 1984, el Ejército y la policía usaron unos 4 millones de municiones para reprimir al pueblo de Caracas. Pueblo empobrecido y hambreado por el sistema implantado por el que era presidente, Carlos Andrés Pérez, y salió a las calles –ese pueblo– para reclamar sus derechos. A esta masacre que se cobró más de 2.000 muertos y centenares de heridos y desaparecidos, se lo conoce como EL CARACAZO.
Y tres años después, el 4 de febrero de 1992, tropas al mando de Chávez, de las fuerzas aerotransportadas, pero aún un desconocido, durante las primeras horas salieron rumbo a Caracas para tomar el Palacio Miraflores y tomar el poder. Fracasaron en su intento. Entre ellos estaba el capitán Guillermo Blanco Acosta, quien años después declaró públicamente: «…en aquel intento nos desprendimos de nuestras carreras militares y de nuestras familias por el bien colectivo del pueblo… ese pueblo que había sido masacrado en el 1989…»
Después de algunos años privado de libertad, regresó a los cuarteles y fue así que, con una clara determinación revolucionaria, logró la toma del poder mediante la lucha política y electoral. Pero claro, una irreductible minoría de oligarcas dueños de la producción petrolera, una de las más poderosa del mundo, se encargó de darle un golpe de Estado al avizorar que no era un militar de los suyos, sino lo contrario: un militar formado -autoformado- en ideas libertarias para su Patria y su pueblo. Y le dieron un golpe de Estado con la clara intención, incluso, de eliminarlo de su vida
No lo lograron porque tropas y jefes militares leales a Chávez lo reponen en el poder y éste reasume la presidencia en la madrugada del 14 de abril del 2002. Estuvo claro, también, que la lealtad militar a Chávez estaba consustanciada con la lealtad de la mayoría del pueblo venezolano que tenía claro que su gobierno respondía profundamente a sus derechos a una vida digna, como se estaba concretando con la acción institucional de su gobierno. Pero la amenaza se mantuvo y se incrementó hasta el presente, en la presidencia de Maduro por la muerte por cáncer de Chávez.
EL TANCAZO

Fue en el 70 que Allende da el batacazo ideológico en el marco de una América Latina que se reconstruía al amparo de la Revolución Cubana, y asume la presidencia de Chile como socialista pero con una clara posición revolucionaria. Era marxista lenilista, con un pueblo que tenía en los trabajadores posiciones de clase que la identificaban, ideológicamente, con la del presidente, instalada muy fuertemente desde su central obrera hasta el resto de la orgánica sindical.
Ya estaba en plena vigencia la Revolución Cubana, la de Fidel y el Che y ahora ésta de Chile, la del presidente Allende, pero en paz, después de dos tentativas anteriores y se instala un Estado más con el lustre de la revolución proletaria en esta parte del mundo, que se emparentaba con una pletórica reivindicación universal de la clase obrera, la trabajadora, la proletaria, sintetizada en una victoria de la Unión Soviética sobre el nazismo y el fascismo, pero en un duro enfrentamiento con las potencias autodenominadas democráticas, en realidad capitalistas en su fase imperialista y con claras contradicciones, la mayoría antagónicas, con el socialismo soviético ya desparramado por gran parte del mundo.
En junio de 1973, los militares chilenos salen a la calle masivamente, pero especialmente con las columnas de tanques, para el intento de un golpe militar contra Allende, el cabecilla, para ellos, de la revolución comunista en Latinoamérica, junto con la cubana. Pero más que nada fue un intento, una forma de medir la reacción del Presidente, supuesto cabecilla de la revolución bolchevique en esta porción de la América Nuestra. Desde que aparecieron los tanques como una clara demostración de fuerza contra el gobierno, el pueblo se largó a las calles y los milicos se volvieron a sus cuarteles.
Fue EL TANCAZO. Y fueron los oídos sordos del Presidente ante el clamor de millones de chilenos que se dieron cita ante la Casa de la Moneda y le exigían a gritos que de inmediato se cerrara el Congreso y otros lupanares donde el poder político de la burguesía se mantenía incólume, pero la respuesta fue, eso de la Revolución en Paz. Aún más, la respuesta que le dio al general Prat, jefe del Ejército, quien le pidió a Allende que le diera la orden correspondiente y se lanzaba contra los rebeldes con tropas leales: «Si usted me da la orden, los eliminamos…» Pero nada, otra vez la Revolución en Paz..
Nota: En la próxima una última nota con el contenido de las luchas sociales y políticas del pueblo argentino.
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