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Mar 31, 2019 La Quinta Pata Género y Feminismos Comentarios desactivados en La cultura de la violación
Repasar desde una mirada histórica la violencia sexual, aquellas escenas cotidianas e históricamente experimentadas por mujeres, niñes, adolescentes y cuerpos disidentes implica desnaturalizar un conjunto de elementos que conforman una justificación social del abuso sexual que va más allá del hecho en sí de la violación. Es decir aquellos mecanismos que lo habilita antes, durante y después de ese acto.
¿Qué podrían tener en común una jovencita que ornamentaba su cabeza con una crespina en el medioevo* con otra que cocía quilts para abrigar su cama en el invierno y una adolescente moderna que le encanta salir a bailar y tomar alcohol en las fiestas y reuniones con amigues?
Se podrían mencionar dos instancias fundamentales. El acto violento perpetrado por la cultura patriarcal para, entre otras cosas, ejercer poder, disciplinar y como consecuencia del deseo construido de una manera perversa, cuenta con el silencio y con la culpabilización de la víctima.
“Susan Brownmiller es una de las primeras que hace un seguimiento en la historia de cómo han sido las normativas con respecto a las violaciones. Desde el siglo XII al XX no ha cambiado nada. Siempre en la jurisprudencia la mirada está puesta en las mujeres y las personas que sufren abuso.”, comenta Magdalena Díaz Araujo Dra en Historia de las religiones y quien impartió un taller sobre Culturas de la violación en la FAD (Facultad de Artes y Diseño) de la UNCuyo.
Existen elementos que habilitan los abusos en la cultura, que normalizan, que legitiman los abusos sexuales. Esos elementos van transformando las normativas.
La Dra. Díaz Araujo establece una distinción acerca de los casos en los que se consideraba que había habido una violación. Éstos sucedían cuando existía la desfloración. Es decir, cuando el delito fue cometido contra una virgen. Sin embargó ese delito era económico, contra la propiedad y no contra la persona víctima de esa violación. El propietario en esos casos era la familia que tenía una pérdida económica de esa propiedad que tienen las vírgenes al no poder casarlas. Las primeras consideraciones de delitos son cuando atenta contra la propiedad del varón, vírgenes o en el caso del adulterio porque el heredero puede ser legítimo.
Las compensaciones a la familia perjudicada eran económicas o el violador debía casarse con la mujer violada para compensar el deshonor que había infligido:
“Esas son las primeras que van a quedar registradas en las normativas nuestras y en la modernidad en la que se sigue regulando. En los S XV, XVI aparecen testimonio de cómo se juzgaban estos casos y se analizan las sentencias de la época y qué pasaba por ejemplo, en las violaciones incluso a menores de 5 o 6 años, no solamente vírgenes. Cómo incluso en los testimonios de los violadores o abusadores habían siempre una justificación de que la responsabilidad era de la víctima que había sufrido”.
“Esta justificación tiene una vinculación con la religión. En el estudio que hice entre lo demoníaco y el deseo femenino aparece la mujer como quien no tiene la capacidad de raciocinio entonces cede a las pasiones más fácilmente”.
Son pocos los juicios en los que las víctimas podían dar testimonio, se tenía en cuenta la palabra del abusador y las pericias que tomaban las matronas que corroboraban que había habido delito porque había desfloración. Los testigos eran quienes tenían que comprobar la virtud de esa víctima. Es decir, para que hubiera delito no solo debía de comprobarse que fuera virgen sino además que fuera virtuosa.
Esa idea de la justificación de la violación cuando la víctima no es virtuosa es lo que ha permanecido y es lo que vuele a aparecer en preguntas o señalamientos de “cómo estaba vestida”, “si estaba sola”,“si había tomado alcohol”. Todos esos elementos constituyen estereotipos de violación habilitada, legitimada.
En las investigaciones sobre las violaciones Silvia Federici encuentra cómo en los siglos XV y XVI muchas mujeres que abandonaban el campo en busca de trabajo en la ciudad no tenían varones que pudieran “cuidarlas”, no había un propietario de esas mujeres. Entonces ellas eran atacadas por bandas de varones y la salida para esas mujeres era la prostitución porque habían perdido su valor para el casamiento.
“Entonces todo esto está en los registros de cómo han sido consideradas las violaciones y va permaneciendo en el tiempo. En el código de 1921 es un delito contra la honestidad. Aparece la figura de la mujer honesta y recién en 1999 cuando se modifica la ley actual y aparece el delito contra la integridad sexual, se elimina la figura de la mujer honesta y además se elimina la compensación de la violación por matrimonio. Hasta 1999 se eliminaban las denuncias si el violador aceptaba casarse con la mujer que había violado”.
“Si bien la ley ha ido modificándose ha sido muy reciente. Y si bien esto ha sucedido aparecen en las sentencias, como en el caso de Lucía Pérez, la mirada si es realmente una mujer honesta”.
Otro elemento importante para comprobar si había sido honesta era la demonstración de una resistencia al extremo. Si no había resistencia había consentimiento y no existía delito.
“Entonces lo que elimina esta ley es la resistencia pero en las sentencias, porque en la judicialización, en los medios de comunicación, aparecen estas mismas imágenes de violaciones justificadas”.
Por ejemplo si la mujer o adolescente accedió a irse con un varón a su casa o al principio dijo que sí y después cambió de opinión son consideraciones moralizantes que justifican el acto violento por el que atravesaron.
A partir de testimonios, aporta Díaz Araujo, también se observa cómo las disidencias sexuales sufren muchos de estos abusos.
“Porque una de las funciones del abuso es el control, el disciplinamiento y la feminización. En esta feminización los varones establecen esas jerarquías contra las que se están sublevando esas disidencias. Es lo que ha trabajado Rita Segato, la violación como ejemplificadora, como control y no solamente es un mensaje a la persona que sufre el abuso sino hacia las personas que las rodean por el temor a que les suceda lo mismo. Entonces hay un sentimiento de miedo constante que se habilita como normal y la miradas siempre están dirigidas hacia los cuerpos femeninos o feminizados que es lo que genera deseo”.
Estadísticas demuestran cómo se va incrementando la cantidad de denuncias sobre abusos sexuales a través de las líneas gratuitas para ese fin, pero muy pocas llegan a judicializarse por la estigmatización, el descreimiento y la revictimación que recae sobre les niñes, adolescentes y adultes [i]:
“Una de las dificultades más grandes es que la primera reacción es no creer. Porque justamente el abusador debería ser, según la creencia, un tipo patológico. Pero si es un tipo amable no puede ser posible, por eso tan importante el “yo si te creo”. Porque hay una construcción colectiva que te acompaña a sostener ese ‘yo te creo’. Una de las dificultades más grandes y que es igual de dolorosa a veces que el mismo abuso es que tu entorno no te crea e implica que eso no ocurrió o que la responsabilidad va de vuelta a la persona que sufrió el abuso. Entonces esa es una de las cosas más difíciles de denunciar y pueden pasar muchos años antes que se haga la denuncia. Por eso se estableció que en el caso de la niñez, por ejemplo, se extienda el plazo porque la mayoría de las veces no se puede denunciar o porque en el caso de menores de 13 años no hay consentimiento que valga, porque hay una relación de poder”.
“Por eso es terrible que Alejandro Geyer, uno de los coordinadores de la ‘Marcha por la vida’, hable de consentimiento. El abuso es un delito, es pedofilia, es terrible que lo establezca en los medios públicos, porque atenta contra todo avance posible. Al darle la voz a esa palabra, habilitas a eso como normal ya que es supuestamente autoridad de esa campaña de los pañuelos celestes. Que se habilite desde una voz autorizada una palabra como legítima es gravísimo”.
En relación a la situación de abuso a niñes dentro de la iglesia católica se le consultó a la Dra Díaz Araujo, cómo es posible que no exista socialmente un repudio tan fuerte como para que esa violencia no siga sucediendo:
“¿Cuáles han sido las reacciones que yo he ido viendo a lo largo del tiempo? La primera es la negación.´No, yo no creo en las denuncias´, incluso a mí me llegaban a decir que es una conspiración en contra de la iglesia. Forma parte de lo que es la autoridad, esa división que se establece entre una autoridad religiosa y los laicos. Hay una distinción en lo que es la naturaleza de esa persona que está por encima de ellos que tiene una naturaleza superior. Entonces hay como una negación de esa sexualidad y de hecho el celibato es eso, una negación del cuerpo como si no pudieran tener sexualidad. Esa negación del deseo, es todo un proceso y se van agregando elementos hasta llegar a lo que es ahora. Pero hay que hacer un análisis para ir desarmándolo también. Porque si vos lo tomas como una cuestión absoluta y que no tiene una construcción histórica no se entiende. Y la construcción de la sexualidad en el tomo 4 de Foucault, son los padres de la iglesia los que construyen esa sexualidad. Hay algunos para los que el matrimonio era la última opción luego del celibato pero tampoco tenía que haber sexualidad. O sea, hace como si el deseo desapareciera pero ese deseo está y se construye de una manera sumamente perversa. Entonces lo que vos tenes ahora son los extremos más fundamentalistas como en el verbo encarnado o el opus dei, que practican la mortificación del cuerpo. El placer se construye a partir de la mortificación, no a través del goce sexual. Hay una alteración del deseo, de tal manera que el placerse obtiene por la negación de ese mismo deseo, es una cosa sumamente perversa. Por eso cuando ves a Geyer que viene del verbo encarnado entendes todo.
Por eso se pone el consentimiento, el deseo, el cuerpo sexuado en las niñas, niñes. Esos eran las justificaciones que se daban en los juicios en el siglo XV, XVI en las relaciones con niñes. Ellos decían que no había ocurrido una violación sino una lujuria contagiosa.
Por ejemplo el silencio frente al Próvolo. ¿Qué pasa cuando la red de sobrevivientes está en la calle (en una nota de El Otro lo cuenta); qué hace la gente cuando pasa por allí y no los miran? Hacen como si no estuvieran, una invisibilización del problema que es impactante. Es una forma de decir que no todos los curas son iguales. Aparece la misma reacción: el abusador como un ser patológico, que no tiene nada que ver porque los curas no tienen sexualidad, etc. Yo creo que es una construcción religiosa muy cerrada; no podes dejar que entre nada que resquebraje eso. Entonces no lo veo, no lo escucho. Cualquier cosa que entre lo va a destrozar porque es una construcción tan simple, donde todo encaja entonces no tenes la más mínima duda de absolutamente nada. Así como no le creen a las víctimas sus propios familiares, hay una negación, hay que no creerle lo que te está contando. Esto no paso, no es real y es la única manera que yo entiendo cómo se puede seguir sosteniendo”.
El problema es la construcción del varón como la persona que no puede controlar sus impulsos, aclara la Dra Díaz Araujo:
“En el judaísmo, aun en la edad media, no era así. Se tenía en cuenta el deseo de/la otre. La idea de que el hombre no se puede controlar por eso se alejaba al desierto; cubrían a las mujeres porque ellos no pueden controlar su propio deseo. Importa el deseo de la otra persona. Para eso la otra tiene que ser una persona, porque si la negas no hay posibilidades de cuestionamiento.
Una de las cosas muy interesantes que ha trabajado Rita Segato es con respecto a los vínculos entre pares que se establecen horizontales. ¿Qué pasa cuando los varones se oponen a esas redes de pares, cuando van rompiendo esos pactos diciendo que no?. Esa es una de las cosas más difíciles de lograr. Que los varones asuman su propia responsabilidad es muy difícil; plantarse por eso las nuevas masculinidades, plantarse como diferente a sus pares. Y que no comparten esos criterios sobre la sexualidad en la que las otras personas no tienen ninguna voluntad.
Por eso estas nuevas relaciones que se están estableciendo tienen que ser bajo un constante diálogo sobre el deseo de la otra persona. Eso es lo que tiene que ir modificándose. En el abuso esa es la base. La otra persona no tiene derecho a expresar ni su deseo, ni su no deseo. Lo interesante que se está planteando es eso. Cómo son las nuevas relaciones a través de nuevas reglas de convivencia entre les jóvenes, por ejemplo, a través de lo que es consentimiento.
Cuando vi ciertos lemas que se utilizan como campaña como “No es No”, yo veía que no había una formación teórica sobre ese tema. Porque es muy problemático ese lema. Porque envía un mensaje que no es real primero. En muchos de los casos de abuso no existe la posibilidad de decir no. Entonces, ¿qué pasa si vos no decís que no? ¿Si estás inconsciente, por ejemplo o se trata de un niñe?, ¿quiere decir si?.
La idea de lo que uno transmite de lo que constituye un abuso es fundamental para que se denuncie, como por ejemplo, que si vos tenes que decir que no o tenes que resistir para que haya abuso. Por ejemplo si te están amenazando o estás frente a una situación de poder frente a la cual no podías decir que no.
Y ¿qué pasa si decis que si?. El si también puede ser no. En los testimonios de la mayoría de las mujeres que no han hecho denuncias es porque ellas han establecido estrategias de supervivencia para no morir en la violación o en el abuso. Ellas se consideraban responsables a sí mismas de no haber dicho que no y de haber dado un cierto consentimiento para poder sobrevivir. Porque se desarrollan muchísimas estrategias para poder sobrevivir. Entonces eso hacía que no constituyera para ellas un delito. Así, lo que se va construyendo también es otra imagen de en qué contextos se dan esos abusos y no exigirles a las personas que han sufrido esos abusos ciertas resistencias. Porque lo que ves en esos testimonios es que esas mujeres no han sido pasivas, han sido activas para poder sobrevivir. Se negocia sexo por vida.
Entonces las chicas de los centros secundarios establecen que el consentimiento tiene que ser, por ejemplo activo, dado en todo momento, y reversible. Es decir, yo puedo decir que sí, pero después puedo decir que no. Y la ley habla de un consentimiento libre. Habla de las condiciones de presión bajo las cuales se puede dar”.
Es maravilloso ver cómo entre jóvenes se están transformando las maneras de relacionarse entendiendo que el deseo es parte de nuestras existencias y el conocerlo y respetarlo es fundamental para crear nuevos vínculos, más honestos, más sanos y por eso también la ESI (Educación Sexual Integral) es fundamental.
En esta nota se comparte un taller dirigido a las nuevas masculinidades.

*La crespina
fue un recurso de la indumentaria femenina para suavizar la prohibición moral
de que la mujer llevase sus cabellos al descubierto
[i] Porcentaje de denuncias sobre violencias sexuales realizadas a nivel nacional en la línea 144:
5.6 en 2015,
7.4 en 2016,
9.7 en 2017,
11 en 2018 (diciembre 19,1)
Incremento notable de las mismas.
•Denuncias registradas por violación, según el Ministerio de Seguridad de la Nación:
3717 en 2016
3921 en 2017 (casi 11 violaciones por día)
Casos atendidos en la línea 0800-222-1717 en el período que va desde el 1 de octubre de 2017 al 30 de septiembre de 2018:
En 2018 se registraron 1.333 llamados más que en el año anterior (3.576).
Los 3.090 casos vinculados a violencia sexual, representan casi el doble de los casos registrados en 2017 (1.565).
•En diciembre de 2018 se registraron 728 llamados por abuso sexual.
Eva Giberti: « En ese momento los diseños estadísticos mostraron un pico, una línea que superaba por mucho la recta de las estadísticas habituales de las llamadas telefónicas. Transcurrieron los días y de pronto, entre los días 2 y 3 de enero, volvieron a arreciar, en catarata, los llamados recordando las propias historias de violaciones según la narración de aquellas voces entre dolientes y enfurecidas. »
Fuente: Proyecto de Investigación: “Culturas de la Violación. Enfoques feministas desde el Sur. CECYT UNLar 2019-2020.
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