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Oct 13, 2019 La Quinta Pata Latinoamérica, Otras Comentarios desactivados en La yunta Evo y Álvaro, el liderazgo histórico
El 18 de diciembre de 2005 se produjo un tsunami político, una verdadera revolución democrática y cultural. Fue el desborde incontenible de las masas que se expresaron en las urnas. Se inició así un proceso histórico de largo aliento bajo una sólida conducción política-ideológica que ha logrado transformaciones inéditas en Bolivia y que juega su continuidad en el poder en las elecciones generales del próximo 20 de octubre.
Las figuras de Evo Morales y Álvaro García Linera ganaron el escenario nacional a partir de 2005. La elección presidencial de diciembre de ese año, tras la debacle del viejo sistema de partidos neoliberales, se convirtió en un verdadero tsunami sociopolítico que transformaría definitivamente la realidad boliviana.
No fueron solo votos, claro (el 54%), los que expresaron su apoyo en las urnas, fue un estado de ánimo colectivo que concentró las personalidades de Morales y García Linera, dos rostros de la Bolivia abigarrada, de un país que desde su creación en 1825 fue proscrito, clandestino.
La fuerza de la acción política de masas, desde el sindicato, desde los movimientos sociales en los caminos, son la esencia del líder indígena campesino, Evo Morales Ayma. La de Álvaro, es también la práctica política desde la experiencia guerrillera tupackatarista, conspirativa, insurreccional, pero a la vez teórica/académica.
Práctica y teoría se articulan pues en esta dupla que ha logrado construir un sentido común desde las masas, desde el sindicato, desde la protesta callejera y la movilización inagotable del pueblo. Un sentido común que proyecta a la vez un horizonte liberador, comunitario/socialista por construir.
En 2005 García Linera se sumó al proyecto político del Movimiento al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) y lo hizo llevando consigo el ideario del Gobierno indígena.

“Asumí la responsabilidad (de ser candidato a la Vicepresidencia en 2005 junto a Evo) por defecto. Desde la adolescencia me imaginaba como un subversivo más, o sea pelear y morirme en la lucha por un gobierno indígena que soñé desde mis 18 años. Ser, ante todo, uno de los ladrillos para construir esa sublevación”, confiesa el vicepresidente del Estado Plurinacional en una síntesis de su biografía.
“Evo y Álvaro son como una yunta”, ha señalado en más de una vez el propio Morales que destaca y valora el papel político del vicepresidente, que está muy lejos de aquella visión anacrónica de la república colonial que situaba al segundo mandatario en un sitial decorativo, formal.
La realidad política boliviana, el incontenible desarrollo político de los movimientos sociales y las exigencias permanentes de la construcción del Estado Plurinacional, hicieron que ambos líderes sean parte de una dinámica motorizada por la iniciativa y la creatividad para mantener la unidad y la lucha del pueblo.

El Proceso de Cambio, la Revolución Democrática y Cultural tienen en Evo y Álvaro sus exponentes más claros. La historia los presenta hoy como los líderes que sustentan un proyecto histórico de largo aliento. Resulta esa una constante histórica en procesos que transforman la realidad, que construyen un nuevo Estado en lugar de otro que se fundó, se desarrolló y sucumbió con la marca de la ignominia, la explotación de las masas, el terrorismo de Estado y la masacre. Es decir, en sustitución del Estado colonial republicano que excluyó del ejercicio del poder a los indios, a los obreros y a los campesinos.
“Todavía hay resabios de esa gente que es enemiga de los pueblos indígenas. Queremos vivir en igualdad de condiciones y por eso estamos acá para cambiar nuestra historia, este movimiento indígena originario no es concesión de nadie; nadie nos ha regalado, es la conciencia de mi pueblo, de nuestro pueblo”, advirtió Morales el 22 de enero de 2006 en lo que es, sin duda, un discurso fundante del nuevo Estado.
“Esa lucha democrática cultural, esta revolución cultural democrática, es parte de la lucha de nuestros antepasados, es la continuidad de la lucha de Tupac Katari; esa lucha y estos resultados son la continuidad de Che Guevara. Estamos ahí hermanas y hermanos de Bolivia y de Latinoamérica; vamos a continuar hasta conseguir esa igualdad en nuestro país, no es importante concentrar el capital en pocas manos para que muchos se mueran de hambre, esas políticas tienen que cambiar pero tienen que cambiar en democracia”, dijo al asumir el mando de la nación como el primer presidente indígena de América Latina.
Han pasado 14 años desde aquella histórica sesión. Las palabras de Katari resonaban en el viejo Palacio Legislativo de la plaza Murillo de La Paz: “Volveré y seré millones” había dicho el caudillo indio antes de ser descuartizado en noviembre de 1781 por sus verdugos españoles. No había duda, había vuelto.
Un verdadero tsunami político conmovió a los bolivianos ese 18 diciembre de 2005. Entonces el viejo sistema político se hacía trizas ante la emergencia incontenible del pueblo movilizado que hizo posible la victoria electoral del binomio del Movimiento al Socialismo: Evo-Álvaro.
Fue una explosión continental resultado de la confluencia de múltiples factores. No fue pues la obra de algún “genio estratega arrimado”, ni de mentes siniestras y malpensadas, sino el resultado de la acumulación de la conciencia política del pueblo boliviano. La sumatoria histórica de las luchas indígenas, obreras y campesinas del pueblo saqueado y masacrado, halló cauce en el MAS, en el liderazgo de Evo y Álvaro y en el programa político popular, liberador y antiimperialista.

Programa, partido de masas y liderazgo hacen la triada perfecta para plantear un proceso revolucionario y avanzar en consecuencia. El MAS, aquel conglomerado de movimientos sociales, hoy escribe en mayúsculas la historia boliviana de los últimos años. La resistencia y la protesta se acabaron, llegó la hora de gobernarnos nosotros mismos. El próximo domingo 20 de octubre el pueblo acudirá a las urnas y definirá el rumbo de la historia de cara al bicentenario de Bolivia. Se han sentado las bases para consolidar los logros de un proceso que no ha sido sencillo ni, como dice el presidente Evo, regalo de nadie, sino el fruto del esfuerzo de todos.
Hoy la fuerza del liderazgo del Evo y Álvaro es clave para reafirmar la unidad del pueblo en torno al proyecto histórico que ha cambiado Bolivia y que merece seguir avanzando de la mano de los nietos de Tupac Katari, del legado de Marcelo Quiroga Santa Cruz, del ejemplo de Luis Espinal, de la guía revolucionaria de Fidel, Chávez y el Che.
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