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Mar 15, 2020 La Quinta Pata Filosofía de bolsillo Comentarios desactivados en ¿Qué onda las creencias?
Para el diccionario la palabra “creencia” significa: dar por cierto alguna verdad, sin tener evidencias. Sostener que algo es cierto aunque no haya pruebas de ello. Y le podemos agregar, maliciosamente, que una creencia es creíble a pesar de que las pruebas, los hechos o la realidad digan exactamente lo contrario. La creencia se caga en los hechos.
El filósofo español Ortega y Gasset hace una diferencia contundente entre las ideas y las creencias: “las ideas se tienen y en las creencias se está”. Podemos comparar las ideas con la vestimenta, con la ropa. Hoy podemos usar una camisa; mañana, una remera. Pero las creencias son el mismísimo suelo que pisamos; y si nos quitan el suelo que pisamos, nos caemos en un abismo… por eso nos jode tanto que nos toquen las creencias. Que te cuestionen tus creencias es que te metan el dedo en la llaga, por no decir otra cosa.
Dicen que “la fe mueve montañas” y algo de eso es cierto. El poder que tiene la fe puede ser superior a la fuerza que tiene la razón. Lo loco es que creemos que los seres humanos somos seres racionales, como decía Aristóteles. Aristóteles definía al ser humano como un “animal racional” y casi toda la cultura occidental lo ha pensado igual: “Somos seres racionales, pensantes, seres reflexivos”.
¿Pero es tan así? ¿Sometemos todas nuestras decisiones al poder de la reflexión, del raciocinio, de la lógica o chamuyo… en realidad estamos entregadísimos al poder místico, irracional, ilusorio, de la fe, de la pura creencia?
Para la llamada cuna de la cultura occidental, la Grecia antigua, la persona conoce el mundo a través de la razón. En filosofía es muy conocida la diferencia que hace Platón entre “doxa” y “episteme”, es decir, entre “opinión” y “conocimiento”. La primera, la opinión, es producto de las apariencias y la segunda es la papa, la verdad de la milanesa, el acceso a la esencias de las cosas. Pero ya en la Edad Media, y bajo el dominio del pensamiento cristiano, y del poder de la Iglesia Católica, la idea de acceder a la verdad sin tener fe… es impensable. Es decir, para los medievales cristianos, vemos lo que la luz divina quiere que veamos. No hay verdad sin fe. Y tal vez…sin saberlo…y en otro sentido…tengan razón. Tal vez toda verdad, hasta incluso una verdad atea, supe moderna, re cool, re actualizada, re progre, como la nuestra, necesita cierta fe, ciertas creencias que son la base de nuestra verdad ¿O vos pensás que estás más allá de toda creencia?
La ruptura entre razón y fe recomienza en la modernidad, con el avance de las ciencias naturales, y sobre todo, con el avance del capitalismo, que necesita un método de conocimiento efectivo, un conocimiento técnico para dominar la naturaleza y obtener rentabilidad, plata, guita. Así empieza el método científico moderno. Con la duda metódica de René Descartes, el empirismo, el racionalismo, Kant, y sobre todo: la Ilustración, la fe ciega en la ciencia como modo de progresar. Llegamos al colmo de tenerle tanta fe a la ciencia que el filósofo del positivismo, un fanático de la ciencia, Auguste Comte, llego a proponer crear una religión oficial que tenga como diosa a la ciencia. Raro, no?
Pero el siglo 19 y el 20 demostraron que la ciencia y la idea del progreso se pueden ir tranquilamente al tacho. La explotación laboral, el imperialismo, las dos guerras mundiales, el holocausto judío, dieron muestra que detrás de la ciencia puede haber una voluntad sumamente irracional, destructiva e incluso: autodestructiva. Nunca estuvimos tan cerca del auto-exterminio como hoy. El poder del desarrollo científico nos permite crear armas de destrucción masiva con un poder jamás antes alcanzado. El desarrollo tecnológico ha modificado la industria a tal punto que provoca un cambio climático que puede poner en jaque la existencia de la especie humana. La fe en la razón ya ha mostrado su hilacha.
Porque debajo de la Razón están las Creencias. Las creencias… son inconscientes, se mueven en un plano para nada evidente. Están presentes en cada cosa que hacemos y decimos sin saberlo.
Y no solo la religión se basa en creencias; toda ideología supone ciertas creencias. Los defensores del mercado y el capitalismo tienen por creencia que la voluntad individual, el individuo, puede con todo los límites que la desigualdad genera, por eso sostiene la meritocracia como valor. Creen en la mano invisible del mercado, en que el mercado no necesita ser regulado ni controlado, aun cuando no paramos de ver y vivir crisis económicas en todo el mundo… La ideología de derecha tiene creencias que no son muy diferentes a la superticiones más bóludas, más básicas.
Pero ver las creencias de los otros es siempre más fácil que ver la propia. Como dice la biblia, ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Por eso me toca reconocer que el pensamiento de izquierda, del que me siento parte, no se queda atrás con sus propias creencias. La idea de un futuro de paz sin conflicto, casi paradisiaco, una revolución redentora, salvadora, que nunca llega, la conciencia de clase que brilla por su ausencia, la idea de que el oprimido es un ángel y el opresor un demonio, idea que se parece tanto a la vieja creencia que esta presentes en todas las religiones: la batalla entre el bien y el mal.
¿Cuáles son las creencias que sostienen nuestros pensamientos? ¿Se animan a pensarlas? ¿Es posible cuestionarlas? ¿Es deseable cuestionarlas? ¿Pero qué son exactamente las creencias? ¿De dónde vienen? ¿Para qué sirven?
Nuestras creencias vienen sencillamente de nuestra educación, de la trasmisión que nuestros padres y abuelos nos hacen desde niños, y en la actualidad de la gran influencia de los medios de comunicación entre otros grandes difusores de creencias.
Pero yendo más atrás… ¿cuál es su origen, donde empieza la cadena de creencias? Para la neurociencias, las creencias comenzaron como un modo de crear un orden mental frente a tanto desorden que hay en la realidad externa. Los neurocientíficos dicen que nuestro cerebro es una máquina de encontrar patrones, y regularidades en lo que percibimos como realidad. El cerebro odia el caos y el azar. Prefiere un orden mentiroso a un caos verdadero. ¿Por qué? Porque es un forma de subsistir y adaptarse a al medio, a un mundo hostil y cambiante. Para adaptarse, nuestra mente busca una explicación de las cosas para que el mundo sea más predecible, más confortable, y así actuar en consecuencia.
¿Entonces… creer es inevitable y al mismo tiempo puede ser muy útil para sobrevivir? ¿Pero qué hacemos con esas creencias que se han vuelto prejuicios, prejuicios que son muy dañinos: si vemos un pibe con ropa deportiva y visera se activa la creencia prejuiciosa de que es un chorro? Creemos que los gays son los culpables de la existencia del sida o que ser homosexual es una enfermedad, ahora creemos que los chinos los culpables del coronavirus porque comen cucarachas o perros, o que las mujeres son violadas porque usan minifaldas o golpeadas porque ellas provocaron. Las creencias pueden volverse un prejuicio de mierda…qué hacemos con ellas… ¿Se pueden desarmar? ¿Cómo? Creo que ahí aparece la necesidad de la ciencia y el conocimiento en un sentido ético no económico, en el sentido de un pensamiento crítico, pero también autocrítico, que sea capaz de ponerse a sí mismo en examen, en cuestión…incluso la ciencia debe poder cuestionarse. Para ir cerrando y volviendo a esto de las creencias de izquierdas y derechas… se me viene una pregunta a la cabeza: ¿¿No hay creencias que son preferibles a otras, aunque las dos sean igual de truchas? Es preferible creer, tener fe en la humanidad que no tener fe en ella. Si no tenemos fe en el ser humano, en nuestra capacidad de mejorar las cosas entre todas, todos y todes, o por lo menos entre la mayoría, caemos en un individualismo que no cree en nada, más que en su propio ombligo… pero si por el contrario creemos, tenemos fe en que la sociedad puede hacer algo con todos sus males, entonces, sólo entonces cabe una mínima posibilidad, aunque sea chiquita, de empujar para adelante y construir un mundo un mejor que este. Qué dicen? Será así? Ustedes qué piensan? O mejor dicho…Qué creen?
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