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Jul 01, 2018 La Quinta Pata Recomendada Comentarios desactivados en Balance a futuro de Bolivia, “un país vestido de indianitud”
En su oficina de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional, el intelectual Juan Carlos Pinto ofreció una extensa entrevista sobre el pasado reciente, el presente y la continuidad del modelo económico, político y social que ha transformado para siempre a Bolivia y a sus habitantes. En vísperas de la renovación presidencial de 2019 considera que “Evo es la carta fundamental” y que “el proceso de cambio no se detiene”. También se refirió a “la retaguardia imperial” que provoca crisis y a la derechización regional e internacional, aunque visualiza “nuevas posibilidades” para Latinoamérica.
Juan Carlos Pinto Quintanilla es sociólogo diplomado en derechos humanos, articulista de primera línea en los principales medios de opinión locales y autor de libros como “Bolivia: lecciones de una elección inédita” (2011) y “¿Qué está cambiando en Bolivia?” (2017). Desde hace años es funcionario del Estado Plurinacional y asesor clave del vicepresidente García Linera. Actualmente dirige la Dirección de Fortalecimiento Democrático, cuya función es “brindar formación política ciudadana a organizaciones sociales, colegios universitarios, funcionarios públicos y otros espacios a nivel nacional”. Entre las herramientas de calidad creadas como “núcleo modular para las actividades” destacan las publicaciones de “Cuadernos de formación”; el periódico “Encuentros”, destinado a dirigentes “políticos, sindicales y comunales en el que “se discuten temas centrales de coyuntura”; y la extraordinaria revista bimestral de análisis político y académico “La Migraña”, que cuenta con la participación de intelectuales nacionales y del exterior y en la que “se debate la experiencia boliviana y latinoamericana en contraste con el mundo”. “La Migraña” tiene amplia difusión en las universidades y está próxima a cumplir cinco años. También está prevista la realización de un programa de radio. Toda esta articulación teórica y práctica está bajo el sustento de tres corrientes: “el marxismo, el indianismo y la teología de la liberación”.

-¿Cuáles son los principales fundamentos y las fortalezas del proceso transformador que se vive en Bolivia desde 2006?
La cualidad mayor es el protagonismo indígena originario campesino como una reivindicación histórica fundamental. A través del presidente se reivindica a la mayoría india de este país y a la indianitud en el continente, con una identidad de la que siempre hemos sido parte pero que siempre se ha buscado negar. Justamente esto ha permitido que se quiebren varios mitos creados por la oligarquía y la clase dominante sobre la incapacidad genética del indio para gobernar. A este discurso manejado por la colonia, que ha pasado por la república y lo siguen sosteniendo hasta hoy, se contrapone una mirada colectiva, comunitaria, en el contexto del republicanismo vigente, que ha sido capaz de revolucionar los sentidos mismos de la democracia, que no es cambiar de presidente cada cierto tiempo sino que se trata de algo esencial: mejorar la calidad de vida y apuntalar por protagonismos a la gente que nunca ha participado, o más bien, que nunca se la ha dejado participar.
Reivindicación e inclusión de las mayorías son fundamentales junto con un manejo adecuado que el Estado brinda de la economía. No hemos dejado de ser capitalistas ni, en algunos términos económicos, neoliberales, pero hemos invertido varias cosas, entre ellas potenciar el Estado como actor económico central a través de las nacionalizaciones; y redistribuir lo que se acumula a través de las ganancias de esas nacionalizaciones. Entonces este Estado ya no se engorda a la vieja usanza de burocracia y de gente que se enriquece, sino que redistribuye a la gente a través de inversiones y bonos. Y más importante es que la gente que nunca ha recibido un peso, y más bien ha recibido palo o metralla, reivindica lo que el Estado brinda a niños, mujeres y mayores de 60 años. Eso es un símbolo de un Estado que los incluye y les da un reconocimiento por ser parte de este país, algo que nunca había ocurrido. Esos tres hitos, el económico, la inclusión y el significado de la presidencia de Evo, dan lugar a la inclusión política en general. Porque este país se ha vestido de indianitud en los diversos niveles de representación del Estado, donde lo indio y el tema del género son temas obligatorios para buscar que esa representación se cumpla y, en definitiva, se empiece a asumir la idea de que somos un país plurinacional.

-¿Y las debilidades?
También las hay, porque estamos transcurriendo un camino muy nuestro y solemos equivocarnos en un mundo que está cruzado por el mercado de capital, del que somos dependientes, y porque hemos sido uno de los países más pobres de América Latina. Entonces, transcurrir de ese estigma a un mundo diferente genera éxitos, pero también errores, de los que acostumbramos a levantarnos. Por ejemplo, una cualidad del proceso es un instrumento político (el MAS) que, a diferencia de los partidos políticos tradicionales, se ha organizado de manera horizontal con participación directa de las organizaciones sociales. Esto permitió levantar el liderazgo de Evo y generar una estructura participativa distinta, la de las calles principalmente y la de lo orgánico a nivel sindical y comunitario, por fuera de la estructura clásica partidaria. Fue muy eficaz y lo sigue siendo como instrumento electoral, pero no como aparato político, y esto lo comprobamos ahora. No se generan niveles de formación política, ni la posibilidad de que exista una deliberación y discusión interna que permitan promover aportes al Estado, ni la diferenciación de que el Estado es una cosa y el instrumento Partido es otra. Debería haber una especie de conversación y no de sometimiento.
La segunda limitación se relaciona con lo anterior: hay ausencia de cuadros políticos, con lo cual se ha generado que muchos espacios de participación y representación en el Estado sean cubiertos con gente de la oposición, gente que se quedó para seguir haciéndolo funcionar de alguna manera y son el retorno a las viejas prácticas antes que su renovación. Sumado a eso, el ingreso de nuestros compañeros con mucha voluntad para transformar, pero sin demasiadas herramientas para hacerlo, con lo cual algunos fueron absorbidos por las prácticas burocráticas y de corrupción de esos viejos burócratas de los antiguos partidos, que se quedaron y además mutaron su identidad, porque muchos de ellos a los dos meses ya eran “viejos militantes del MAS”. Es decir que se lavaron la cara y se quedaron. Son limitaciones internas en relación a la renovación que nos hemos propuesto, pero con los operadores equivocados con los que se cuenta.
-En esta puja política, ¿qué rol cumplen los medios de comunicación hegemónicos y cómo se contrarresta?
Una de las herramientas con las que el capitalismo y el imperio causan mucha incidencia es a través de los medios de comunicación y formación. En Bolivia y en el continente muchos comunicadores y espacios comunicacionales se han convertido en la verdadera oposición. La oposición a veces es insignificante pero los medios están presentes siempre, siempre interpelando e intentando dar argumentos para oponerse a los gobiernos progresistas. Son medios de manipulación y de subordinación antes que establecer en la gente canales de comunicación. Sin embargo, nosotros no hemos tomado demasiada iniciativa, como la que, por ejemplo, existía en los ‘60 y ‘70 con la comunicación popular. Nos hemos adaptado y disputado en los mismos términos: si ellos dicen “dos”, nosotros respondemos con “cuatro”. No nos hemos generado una estrategia propia más allá de la connotación de ideas de ida y vuelta. Deberíamos recuperar experiencias importantes de participación colectiva que permitan entender que lo que ha cambiado este país no es porque lo discursee un político o un representante, sino porque la gente lo opina. Y esa es la mejor política que podemos demostrar.
El hablar calmo y reflexivo, la atención constante para con su interlocutor y la calidez en su desempeño son características del trato habitual de Pinto. En un momento ofrece una pausa en la entrevista, prepara café, quita las nervaduras de las hojas de coca para mascar y el orgullo se le enciende en los ojos ante el elogio del entrevistador acerca de la calidad creciente de “La Migraña”, que va por su número 26, “está cada vez más gordita” y tuvo hace un mes una presentación estelar en el salón principal de Vicepresidencia, además de otras siete en el resto del país. Es atento tanto respecto a la situación migratoria y laboral del entrevistador como a la de la Argentina y demás países vecinos, mirada que con su equipo de trabajo consideran estratégica a fin de aprender de los errores para evitarlos en su práctica política. Sobre esos carriles continúa la entrevista.

-A pesar de los sostenidos palos en la rueda de la oposición, de las presiones sectoriales y del agobiante contexto exterior, sobre todo a partir de 2015 con los giros a la derecha en países vecinos y antes aliados como Brasil y Argentina, el crecimiento y el proceso de cambio en Bolivia siguen gozando de buena salud. ¿Cómo se explica esta situación? ¿Cuál es el diferencial?
Nosotros somos parte de una oleada de transformación cuyos procesos hay que mirarlos en términos de subidas y bajadas. Hemos estado en la cresta de la ola y nos hemos sostenido por diferencias que tienen que ver con el tema de la identidad. Somos el país más indígena de América y esas mayorías no sólo reivindican salir de la pobreza, sino que también su identidad. Por tanto, esas mayorías que sostienen al presidente indio se sienten y son parte del nuevo poder, no como partido sino como representación con niveles nunca antes alcanzados en este país. Entonces hay una simbiosis entre ambas dimensiones, la política y la originario-sindical, que nos diferencia de otras experiencias. Eso es una cualidad, pero después de doce años se asume que mucha de esa gente, militante y convencida, también ha cambiado su situación de vida, está mejor que antes y, si carece de formación política, opta por buscar los rumbos que le otorga su condición como nueva clase media. Ése es un reto que tenemos ahora como todos los gobiernos progresistas.
El Brasil, la Argentina, siempre han tenido una cintura más o menos ancha de clase media, nosotros no, para nosotros es una irrupción de nuevos sectores. Un sociólogo decía: “cría una clase media y te robaran los votos”. Los que pudieron cambiar de situación gracias a ti son los que después te rechazan y buscan otros horizontes acordes a su nueva situación de mercado con posibilidades de reposicionarse como nuevos actores ascendentes. Eso es un poco lo que ocurre en los centros urbanos de Bolivia, pero no es un fenómeno ajeno a los países vecinos que han tenido sectores que han votado por esta suerte de, llamémoslos, “nuevos populismos”, dirigentes con mucha aceptación social que más allá del Partido tenían una relación directa con la gente y generaron transformaciones reales. En Bolivia y en América Latina este nuevo populismo ha dejado de ser una mala palabra como se la conoció en las décadas de los ‘60 y ‘70, de un líder que solamente enfervorizaba a las masas, pero sin construir nada real. Creo que estamos en un momento distinto. Nuestro país ha generado estructuras, está transformando muchos elementos y lo va a seguir haciendo a pesar de toda la estructura imperial por detrás, que está buscando que “el experimento” fracase y que volvamos a la racionalidad del mercado, donde los que mandan son los que tienen y los que, entre comillas, saben. Eso es un poco lo que estarían esperando tras los golpes constitucionales: reiniciar procesos de despolitización de la sociedad buscando que la gente diga “ya no quiero saber de política, pero sí de mi problema central, del barrio”, etcétera, que ha sido una estrategia utilizada en la Argentina y en Venezuela para volver a cobijar a cierta ciudadanía que está en búsqueda de otras formas de participación. De allí se articulan el golpe institucional a Brasil o los intentos contra Venezuela.
-Más allá de la excepcionalidad boliviana, ¿está agotada la ola transformadora en la región? ¿se clausuró la década ganada con el fin de esos gobiernos?
Es que, así como hay situaciones que van en esa dirección, hay otras oportunidades abiertas. En espacios en los que no se veía que el neoliberalismo aflojara, hoy está empezando a surgir una opinión distinta de la gente en esta perspectiva de mirar la realidad por oleadas. Es el caso de Colombia, donde a pesar de que Petro no fue el vencedor hay un avance importante de una izquierda que fue estigmatizada por los problemas internos y por la guerrilla y que tiene una similitud importante con el Perú. La izquierda no puede levantar cabeza en el Perú hace mucho tiempo, pero hay candidatos que van apareciendo, como Verónica Mendoza, y organizaciones al sur del país que hablan de “Estado Plurinacional”. Esto nos dice que Bolivia está irradiando su modelo de identificación para sectores populares de otros países como Guatemala, por ejemplo, donde organizaciones indígenas y sociales reivindican el Estado plurinacional y ven el proceso de Evo Morales como importante para sus propios procesos. También veo con mucha esperanza a México, porque es una oportunidad única en la que un sector progresista pueda llegar a gobernar un país tan conflictivo y tan importante para Estados Unidos que todavía sospechamos que algo pueda traerse entre manos, porque es muy complicado para ellos perder México o tener a alguien que los interpele de manera más directa. En suma, hay señales de que los gobiernos progresistas están empezando a multiplicarse, pero también se refleja que las condiciones del mercado se siguen imponiendo. Y eso desgasta. La forma en que han provocado la crisis alimentaria en Venezuela, o la situación crítica en Nicaragua, o la nuestra, que tenemos sin dudas un modelo económico importante y sostenible pero no por eso nos va a dejar de afectar la crisis mundial. Todo eso hace al hecho de que necesitamos fortalecernos ideológicamente para los tiempos que vendrán.

-Se aproximan las presidenciales de 2019 y aún no se habilita al presidente Morales a una nueva candidatura, ¿Cuál es la estrategia electoral? ¿Hay vida después de Evo?
Estamos en una etapa preelectoral adelantada. Nuestra carta fundamental sigue siendo Evo, es el liderazgo fundamental, el que representa la unidad y el proceso. Es una fortaleza tener para nosotros un proyecto, una propuesta, un camino y un liderazgo que la oposición visible no tienen. Esto puede ir cambiando paulatinamente por el descontento, porque por supuesto que no todos están contentos y porque al final tienes una retaguardia imperial fundamental que está invirtiendo todo lo posible para que este tipo de gobiernos no sean “un mal ejemplo” para el resto de América Latina. Esa es la mayor oposición, la del propio imperio, la del propio capital que no quiere disidencias ni propuestas diferentes a las que siempre ellos han conducido. Por lo tanto, la apuesta de unidad va a seguir siendo Evo, pero también hay un llamado a la renovación. Necesitamos multiplicar liderazgos y fortalecer la conciencia política porque asumimos que no es sólo la cizaña opositora la que nos va a intentar corroer en este tiempo, sino también las posibilidades de intervención como en el caso de Venezuela. Para eso necesitamos gente que esté preparada para responder, entender y defender lo que cree que es fundamental en este proceso de cambio.
Esta entrevista se realizó un par de semanas atrás, cuando la fiebre mundialista se hacía global y Evo Morales realizaba una intensa gira por Rusia, China y Países Bajos, por lo cual los pasillos amplios y luminosos de Vicepresidencia extrañaban el andar cotidiano de Álvaro García Linera, quien se había mudado un par de cuadras hasta la Casa de Gobierno a fin de ejercer la presidencia. Dicha gira, fundamental para el país en diversos planos, fue inoportunamente cuestionada por la oposición y sus medios, sin contemplar que se hicieron convenios económicos y políticos de magnitud con las dos grandes potencias y que en el regreso por Europa se apuntaló la estrategia final con el equipo de La Haya en vísperas del fallo de la Corte Internacional de Justicia en relación a la demanda marítima con Chile. En Rusia, por ejemplo, la delegación presidencial firmó un importante acuerdo de inversiones, tecnologización y asesoramiento conjunto con el gigante energético “Gazprom”. Estamos hablando de producción de gas, no de limosnear por limones.

-Teniendo en cuenta un contexto internacional cada vez más inclinado a la derecha, ¿cómo ve el panorama económico-politico para la región, para Bolivia y para la continuidad del Estado Plurinacional a mediano plazo?
Hace muchos años que el capitalismo está en una crisis estructural en su versión neoliberal que se sostiene en algunos aspectos. Pero paulatinamente va perdiendo la legitimidad que se atribuía. Trump es expresión de esa crisis porque los discursos coherentes y mesurados del capitalismo, respecto a que son guardianes de la democracia, se han quebrado con su elección. Porque Trump está fuera de lugar en los sentidos de opinar de maneras distintas y rompe algunas reglas del propio capital. Esto es muy peligroso porque en el afán de recuperar hegemonía parecen capaces de todo. Y eso es lo que está ocurriendo, continuando las mismas guerras o ampliándolas en procura de tener control sobre fuentes energéticas y alimentar una industria bélica que es la única en la que todavía tiene hegemonía Estados Unidos, porque en todos los campos del mercado ya ha perdido frente a China, Rusia y el mundo europeo. Tiene más de mil bases militares y soldados en todo el mundo para hacer que la válvula de la crisis interna de Estados Unidos le permita escapar. Entonces la guerra, que es un negocio, es un tema político fundamental y peligroso que se utiliza para crear problemas y posibilitar que esa industria bélica ligada a intereses se sostenga. Como ha ocurrido en Irak o en Afganistán: “primero destruyo y luego reconstruyo” en base a los recursos de los países invadidos y a favor de capitales estadounidenses. Y se busca esa situación, también peligrosa, para nuestros países, como en Venezuela, porque tenemos riquezas importantes, pero también porque somos “un mal ejemplo” internacional de independencia y no sabemos cuál puede ser la respuesta o la amenaza de invasión.
A su vez tienes a una Rusia que intenta volver a ejercer el eje del equilibrio y ahora también con China, que tiene suficiente voz para hablar. Entonces se están reconstituyendo equilibrios mundiales junto con, por supuesto, una lucha de capitales. China es un capital importante que le ha quitado muchos espacios al imperio norteamericano en su propio territorio. Esta perspectiva quizás da posibilidades a países dependientes como los nuestros de generar alianzas para fortalecer nuestra propia independencia.
-¿Es decir que el futuro de la lucha, de la resistencia, de las reivindicaciones de los pueblos sigue estando en el sur?
Siempre hemos sido un ejemplo. En unos seminarios internacionales nuestro vicepresidente ha mencionado que la izquierda del Norte se ha anquilosado y burocratizado, que se ha adaptado al sistema al asumir sus derrotas y han dicho: “lo que cabe aquí es dulcificar el sistema”. En cambio, nosotros estamos en renovación permanente, incluso desde la etapa de las revoluciones latinoamericanas, pasando por las de organizaciones de izquierda, indianistas o de nuevo tipo que siguen interpelando al sistema. Estamos renovando nuestra mirada sobre la democracia para salir del esquema imperial. En general nuestras democracias han tenido un funcionamiento ligado a lo comunitario y tenemos mucho de qué aprender. Generar nuestro modelo propio de espacios interculturales es parte de nuestra perspectiva y creo que cada país debe aprender cómo lograr una mejor y mayor participación en la gente ligada al compromiso real de las transformaciones. Nos hemos acostumbrado al destino de los países del primer mundo de elegir representantes para que hagan el trabajo de todos. Pero nosotros hemos recuperado el sentido primigenio de la democracia, de hacer un protagonismo social y colectivo que permita que las transformaciones estén acompañadas de participación popular y que lo que ocurra sea parte de la revolución y en la misma democracia.

*Las fotografías del presidente Morales son gentileza del Ministerio de Comunicaciones.
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