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Dic 01, 2019 La Quinta Pata Latinoamérica Comentarios desactivados en Bolivia regida por un gobierno racista
La muerte del legendario caudillo Tupac Amaru II, constituye uno de los más sangrientos hechos en la historia de Hispanoamérica, cuando el gobierno colonial bajo la administración española, hizo ejecutar al líder indígena en presencia de su familia, que también sucumbiría en lo que constituyó una masacre, pues serían sacrificadas unas doce personas que incluían a la esposa y los hijos del héroe aborigen.
La crónica histórica registra el relato de un testigo de la ejecución, conforme el siguiente fragmento del libro El espejo enterrado, del escritor Carlos Fuentes: “Se le sacó a media plaza: allí le cortó la lengua el verdugo, y despojado de los grillos y esposas, lo pusieron en el suelo: le ataron las manos y los pies con cuatro lazos, y asidos éstos a la cincha de cuatro caballos, tiraban a cuatro distintas partes; espectáculo que jamás se había visto en esta ciudad. No sé si porque los caballos ni fuesen muy fuertes, o el indio en realidad fuese de fierro, no pudieron absolutamente dividirlo, después de un largo rato lo tuvieron tironeando, de modo que le tenían en el aire, en un estado que parecía una araña. Tanto que el Visitador, movido de compasión, porque no padeciese más aquel infeliz, despachó de la Compañía una orden, mandando le cortase el verdugo la cabeza, como se ejecutó”.
No está lejos la comparación con los sucesos actuales en Bolivia, donde tras la destitución forzosa del presidente Evo Morales, se ha desatado un torbellino de violencia que ha degenerado en la muerte de numerosos indígenas, ultimados por las Fuerzas Armadas, bajo un gobierno de facto que amenaza convertirse en una dictadura tras emitir un anómalo decreto, absolviendo a los militares de responsabilidad en la represión a los manifestantes. Las protestas la semana pasada fueron multitudinarias.
La discriminación, en apariencia escondida tras las sombras del odio de un sector de mestizos o blancos, contra los indígenas, se levantó como una tromba y arremetió de forma enconada, en particular contra mujeres indígenas, llevando hasta el exceso ese agravio como ocurrió con una alcaldesa campesina que los malvados de una turba la arrastraron, la golpearon sin compasión, le cortaron el pelo, la humillaron y amenazaron con lincharla. Es de notar que las nuevas autoridades la conforman gente de ese sector, principiando por la autonombrada presidenta, Jeanine Añez, quien en una declaración se refirió a Evo con desprecio al llamarlo “pobre indio”, como consta en nota informativa del diario New York Times, del pasado domingo.
El aparente apacible estado en la población boliviana antes del 20 de octubre, desapareció ese día de elecciones, cuyos resultados darían lugar al descontento de la oposición y que al producirse la obligada renuncia del presidente la situación se convirtió en un torbellino de violencia que los opositores transformaron en una oleada de vandalismo, incendiando la casa del gobernante y de sus familiares, causando daños a las residencias de funcionarios y tropelías contra personas, en un desorden que el vicepresidente de la república depuesto Álvaro García Linera ha denunciado en un manifiesto en el que expone:
“Como una espesa niebla nocturna, el odio recorre vorazmente los barrios de las clases medias urbanas tradicionales de Bolivia. Sus ojos rebalsan de ira. No gritan, escupen; no reclaman, imponen. Sus cánticos no son de esperanza ni de hermandad, son de desprecio y discriminación contra los indios. Se montan en sus motos, se suben a sus camionetas, se agrupan en sus fraternidades carnavaleras y universidades privadas y salen a la caza de indios alzados que se atrevieron a quitarles el poder.”
Agrega García Linera: “Organizan hordas motorizadas con garrote en mano a escarmentar a los indios, a quienes llaman “collas”. Cantan consignas de que ‘hay que matar collas’, y si en el camino se les cruza alguna mujer de pollera la golpean, amenazan y conminan a irse de su territorio. En Cochabamba organizan convoyes para imponer su supremacía racial en la zona sur, donde viven las clases menesterosas, y cargan -como si fuera un destacamento de caballería- sobre miles de mujeres campesinas indefensas que marchan pidiendo paz. Llevan en la mano bates de béisbol, cadenas, granadas de gas; algunos exhiben armas de fuego.” Hasta aquí el extracto del extenso documento del vicepresidente con Evo Morales.
Esa clase, descrita por el ex funcionario, predominante en el departamento de Santa Cruz, nunca perdonaría que un indio alcanzara la presidencia de su país y sobre todo que les causara a ellos “los blancos” tanto escozor el éxito con los logros de su administración, entre los que se pueden mencionar los fundamentales de salud, educación, vivienda e infraestructura. Además conforme registra un reporte de crédito el PIB de su país en un momento dado pasó de US$9,000 millones a US$40,000 millones en tanto que la pobreza extrema se redujo a un 15% del 38% que había cuando recibió la presidencia en el año 2006.
Resulta prolijo enumerar de forma estadística esos logros, pero todo se resume en el dictamen sobre Bolivia del director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica Celag, Alfredo Serrano, quien expuso “Es una economía muy sólida y equilibrada con rostro humano. Se demuestra que ahí hay alternativa, no neoliberal, que compatibiliza la justicia social con la eficiencia.”
El gobierno de Evo Morales había alcanzado un bien merecido prestigio internacional al conseguir un progreso social y económico de grandes alcances que ninguno de los gobiernos anteriores a su mandato pudo conseguir. El dilema se produjo con el descontento de la oposición que no podía hacerse del poder por la vía electoral debido a los triunfos sucesivos de Morales. El problema tal vez radica en el concepto de alternancia del poder prevaleciente en la cultura política tradicional, pero un gobierno socialista no puede hacer transferencia del poder a un orden de tipo capitalista porque éste por incompatibilidad interrumpe el proceso que sustituye.
El golpe de estado en Bolivia se produce cuando la oposición de extrema derecha, respaldada por las hordas racistas, y en particular con el apoyo de las Fuerzas Armadas y la policía, después de una meticulosa acumulación de odio, ahora en forma desenfrenada se ha desatado en una orgía de violencia instigada por militares de credo fundamentalista e impulsada por fanáticos portadores de biblias e imágenes religiosas en un enredo de creencias que convergen en acciones que al momento de escribir estas líneas solo auguran una debacle de terribles consecuencias.
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