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Sep 11, 2016 Eduardo Paganini El baúl Comentarios desactivados en El cruce de Los Andes desde una óptica estratégica (IV)
La actual entrega de EL BAÚL supera la extensión habitual para esta sección, pero la importancia y el detalle de la información aquí vertida amerita la excepción. Seremos testigos con su lectura del cruce cordillerano, del que solo se menciona en los escenarios típicos las dificultades geográficas de la hazaña, pero se omite o se desconoce que el desplazamiento significó desde muy pronto el cruce con armas con el enemigo realista. En efecto casi media docena de enfrentamientos debió superar el Ejército de los Andes para poder asentarse en territorio trasandino y poder desde allí desplegar todo el plan de exclusión de enemigos. Con precisión y rigurosidad metódica aquí están los acontecimientos durante 22 días, ilustrados con cartografía específica.
El avance de las columnas
Columna Las Heras:
A las 11,30 hs. emprendió la marcha desde el campo de instrucción El Plumerillo. Después de una marcha forzada de 75 km., por un camino carente de agua, alcanzó Canota el mismo día a las 22,30 hs., sin otra novedad que la pérdida de varias prendas del equipo, motivada por algunas mulas chúcaras.
Columna Los Patos:
Inició la marcha el primer escalón. Hasta Manantiales, dicha columna marchó dividida en 6 escalones, por razón de existencia de agua en las aguadas, con distancias de una jornada. A partir de dicho lugar continuó en 3 escalones: Vanguardia, a órdenes de Soler, grueso, a órdenes de O’Higgins, reserva a órdenes de Zapiola.
Columna Las Heras:
Después de un día de descanso reanudó la marcha a las 8,45 hs., llegando sin novedad a Uspallata a las 18,45 hs.
Columna Los Patos:
Inició la marcha el segundo escalón, a órdenes de Alvarado.
Columna Las Heras:
Permaneció en Uspallata hasta el día 29. No tomó medida alguna de seguridad, confiando, al parecer, en la guardia (1 cabo y 13 hombres), establecida desde tiempo atrás en Pícheuta (35 km S.O. de Uspallata).
Columna Los Patos:
Inició la marcha el tercer escalón al mando de O’Higgins.
Columna Las Heras:
En el campamento de Uspallata se distribuyó munición, a razón de 100 tiros y 5 piedras por hombre.
Columna Los Patos:
Inició la marcha el cuarto escalón al mando de Necochea. E. E. M. acompañaba a este escalón.
Columna Los Patos:
Inició a marcha el quinto escalón, a órdenes del coronel Zapiola.
Columna Los Patos:
Inició la marcha el resto de la artillería (100 hombres), el parque general y la maestranza. Último escalón.
Todos los otros escalones tuvieron que permanecer en los lugares alcanzados el día anterior, por no haber llegado los víveres, que se retrasaron en Villavicencio. O’Higgins desde su campamento en Las Cuevas, pidió a Soler que hiciera regresar al baqueano Oros, en razón de que el que lo había guiado hasta allí sólo era práctico hasta ese punto.
Columna Las Heras:
A las 11,00 hs. recibió un parte de la guardia de Picheuta[i], informando que al aclarar de ese día había sido sorprendida por enemigo apreciado entre 54 y 60 jinetes, logrando escapar sólo siete patriotas.
Sorpresa de Picheuta (21-01-1817)
En vista de las noticias que llegaban a Santiago sobre la marcha de los patriotas, el 20 de enero, Marcó del Pont ordenó que los destacamentos establecidos en los desemboques cordilleranos procedieran a explorar.
En cumplimiento de dicha orden, el destacamento del mayor Marqueli, que tenía a su cargo la vigilancia del distrito de Santa Rosa de Los Andes y se componía de una compañía del batallón Chiloé y otra del batallón Talavera (unos 200 hombres) avanzó por el camino de Juncal a Uspallata y alcanzó en la noche del 23 el Paramillo de Las Vacas.
Ignorando Marqueli la situación de los patriotas, resolvió adelantarse esa misma noche con 3 oficiales y 50 soldados hasta Pícheuta, donde suponía establecida una guardia patriota. El resto del destacamento debía continuar hasta Los Tambillos, donde recibiría órdenes.
A las 3,30 hs. del día 24 llegó Marqueli a 500 m de la posición de Picheuta, defendidas por 5 soldados y 8 milicianos al mando de un cabo. Reconociéndola inatacable frontalmente y no siéndole posible vadear el río Mendoza donde aquella se apoyaba, la rodeó por el O. sin que los patriotas lo advirtieran, alcanzado así el camino a Uspallata, a retaguardia de la posición, a las 4,30 hs.
A pesar de que en ese momento sólo disponía de un oficial y 16 soldados, pues los restantes habíanse rezagado, Marqueli resolvió atacar de inmediato sin esperar al resto de sus fuerzas, a fin de aprovechar el poco tiempo de oscuridad que aún restaba.
La sorpresa fue completa. Sin poder hacer uso de sus armas los patriotas tuvieron que rendirse. Sólo el centinela alcanzó a disparar un tiro y siete hombres lograron huir.
Luego de incendiar el cuerpo de guardia y destruir la pequeña fortificación existente y sin tomar medida alguna de exploración hacia Uspallata, los realistas volvieron sobre sus pasos con el propósito de ocupar una posición en Potrerillos, inmediatamente al O. del río de Las Vacas (algo más de 30 km al O. de Picheuta).
Reflexiones que sugiere el proceder de Marqueli en Picheuta.
La misión de Marqueli era explorar. Explorar significa ver sin ser visto, ver aunque para ver haya que dejarse ver y ver aunque para ver haya que combatir.
Marqueli “vio” la guardia de Picheuta pero habiéndola vencido debió haber continuado explorando y llegado el caso debió haber combatido contra la columna Las Heras, que estaba 35 km al N. E., en Uspallata para obtener por el combate el máximo de información.
No lo hizo, con lo cual cometió un error, que acentuó cuando se retiró sin dejar patrullas en contacto con el enemigo. “Tomado contacto con el enemigo, no debe perderse de noche ni de día” reza una regla de oro de la exploración.
Combate de Potrerillos (25-01-1817)
Al tener conocimiento de lo ocurrido en Picheuta, Las Heras ordenó que de inmediato saliera en persecución del enemigo un destacamento a órdenes del mayor Martínez (uruguayo[ii], 38 años), formado por una compañía del batallón 11 (83 hombres) y 30 granaderos a caballo, el cual se puso en marcha a las 11,20 hs. del día 24.
Después de recorrer 66 km en 15 hs., llegó Martínez el día 25, poco antes de aclarar, frente a posición que Marqueli ocupaba en Potrerillos.
Dicha posición, constituida por la dorsal que separa el río de las Cuevas del rio de Las Vacas, estaba jalonado por tres cerros: Cruz de Caña, Los Potrerillos y del Águila.
Desde ella se dominaba ampliamente la quebrada del río de Las Vacas y desde el Cº del Águila se dominaba frontalmente el valle del río Mendoza y de flanco el del río Tupungato.
El ala S. de la posición era especialmente fuerte. Su ala N. podía ser envuelta.
Un ataque frontal no prometía éxito, dado que era preciso ascender, desde el río de Las Vacas una pendiente de 1200 m. por un terreno pedregoso, sumamente áspero y fácil de batir con fuegos frontales y de flanco.
El mayor Martínez resolvió atacarla por 3 partes simultáneamente, a cuyo efecto inició el movimiento a las 4,30 hs.
Mientras tanto el destacamento realista se encontraba aprestado inmediatamente al O. de la posición, con avanzadas ocupando la misma.
A las 5,00 hs. se abrió el fuego. Los patriotas avanzaron audazmente y en perfecto orden. La compañía del Chiloé ocupaba una altura inmediatamente al N. O. de la posición principal, mientras una guerrilla del Talavera se adelantó hacia el camino real.
De esta manera el destacamento realista llegó a ocupar una posición en proximidades de la horqueta formada por los ríos Mendoza y de Las Vacas. El centro de la posición fue ocupado por el resto de la compañía del Talavera.
Los patriotas se lanzaron al ataque bajo un nutrido fuego. La guerrilla que atacó por el N. logró rebasar la posición y consiguió flanquear a la compañía del Chiloé, que se defendía con fuego intenso. Allí concurrió entonces la guerrilla realista reserva de ese flanco, logrando neutralizar con toda eficacia el envolvimiento que se diseñaba en el flanco N.
La guerrilla patriota que atacó por el S. logró rebasar, bordeando el río, la posición enemiga y parapetándose en grandes piedras comenzó un certero fuego sobre aquélla, casi desde retaguardia.
Ante esa situación el mayor Marqueli ordenó que la guerrilla mantenida de reserva en esa ala pasara a la otra margen del río, para batir a los patriotas por su flanco izquierdo. Ello obligó a los patriotas a abandonar la posición alcanzada.
Advirtiendo recién el mayor Martínez la superioridad numérica enemiga y en vista de la paralización del ataque de la guerrilla central y de que se estaban agotando las municiones, resolvió interrumpir el combate, lo que se efectuó bajo fuego enemigo, después de 2 horas y media de encarnizada lucha.
Los patriotas repasaron el río Las Vacas y sin mayores dificultades alcanzaron e! Paramillo de Las Vacas, donde se detuvieron para defenderse si eran atacados.
Mientras tanto los realistas, olvidando la misión recibida de Marcó del Pont, sólo se ocuparon de recoger sus heridos, retirándose apresuradamente, perdiendo armas, prendas del equipo, víveres y municiones.
Notando que el enemigo se retiraba, el mayor Martínez adelantó patrullas de exploración, las cuales posteriormente informaron que los realistas habían repasado las cumbres y continuado su retirada hacia el O. Los patriotas tuvieron 12 heridos y los realistas, según el informe de Marqueli, 4 muertos y 7 heridos.
Seguidamente Martínez regresó a Uspallata, llegando al campamento el día 26 a las 16.00 hs. En Potrerillos dejó una avanzada de exploración y en Picheuta, el pelotón de granaderos a caballo.
San Martín se trasladó de Mendoza a los Manantiales, acompañado de algunos ayudantes de campo y oficiales del E. M.
Los días 26, 27 y 28 no se produjeron acontecimientos que interese señalar.
Columna Las Heras:
Reanuda la marcha desde Uspallata a las 6.45 hs. y alcanza Picheuta a las 15.15 hs. sin novedad. En Uspallata quedaron 3 oficiales y 17 soldados enfermos.
En Picheuta las unidades vivaquearon en filas abiertas con sus oficiales a la cabeza, quedando prohibidos los toques de tambor.
Columna Los Patos:
El grueso recibió la orden de constituir un solo escalón con los dos en que marchaba dividido hasta el momento y mantener una jornada de distancia con la vanguardia.
La columna Las Heras alcanzó el Arroyo Santa María y la columna mayor marchó desde los Manantiales hasta Los Patillos.
Columna Las Heras:
Inició la marcha a las 14.10 hs. y dos horas después alcanzó el Paramillo de Las Cuevas, donde pasó al descanso. Allí se le reunió la patrulla adelantada el día anterior, informando que en las cumbres había observado una patrulla enemiga de 15 hombres. La patrulla patriota había recorrido en la alta montaña unos 50 km en 36 horas
Columna Los Patos:
Su vanguardia alcanzó Los Patos. San Martín llegó a Manantiales y el mismo día marchó a Las Leñas.
Columna Las Heras:
Recibió una orden de San Martín fechada en los Manantiales el día 19, prescribiéndole demorar 2 días el avance a fin de armonizarlo con el de la columna mayor, que se había retrasado en los Manantiales.
Se adelantó una patrulla de exploración, la cual comprobó en el caserío de Guardia Vieja una fracción realista de unos 100 hombres, de los que tomó tres prisioneros.
Ante esta noticia y apreciando que había llegado el momento de hacer conocer su presencia al enemigo, Las Heras destacó al mayor Martínez con 150 fusileros y 30 granaderos a caballo, con la misión de atacar a los realistas de Guardia Vieja.
Columna Los Patos:
Soler alcanzó con la vanguardia el campo de los Piuquenes, desde donde destacó al mayor Arcos con 200 hombres, a fin de que ocupara la garganta de Achupallas y se fortificase en ella. Esta medida fue ordenada por San Martín quien al recibir aviso del combate librado en Potrerillos temió que los españoles, advertidos del avance del ejército patriota, pudieran obstaculizar su reunión al O. de la cordillera.
Dice Mitre: “Estas órdenes eran expedidas por San Martín, al tiempo que trepaba la cumbre de la gran cordillera, caballero en una mula, como cuenta la historia que lo hizo Bonaparte al transmontar el San Bernardo: no por imitación ni por modestia, sino por ser la única cabalgadura cuyo paso firme y marcha equilibrada permite orillar sin peligros los abismos de las montañas, observando y meditando tranquilamente, entregado el viajero, con la rienda suelta, a su instinto seguro. Su montura estaba enjaezada a la chilena, con estribos-baúles de madera. Iba vestido con una chaqueta guarecida de pieles de nutria y envuelto en su capotón de campaña, con vivos encarnados y botonadura dorada, botas granaderas con espuelas de bronce, como las de sus estatuas, su sable morisco ceñido a la cintura; cubierta la cabeza con su típico falucho, sombrero apuntado, forrado en hule, sujeto con barbiquejo, que para mayor garantía contra el viento impetuoso de las alturas ató con un pañuelo por debajo de la barba”.
“Al tiempo de ascender la cuesta de Valle Hermoso, se ocupaba en conversar con los guías sobre los caminos laterales que comunicaban con Las Heras para combinar las marchas y ataques de ambas columnas, cuando una tempestad de granizo se descolgó de la montaña y obligó a hacer un alto a la división reserva que había alcanzado aquel punto”.
“El general de Los Andes apeóse de su mula, se acostó en el suelo y se durmió, con una piedra por cabecera, bajo una temperatura de -6° centígrados”.
“Al tiempo de continuar la marcha pidió a su asistente los chifles guarnecidos de plata en que llevaba su provisión de agua y de aguardiente de Mendoza, invitó al coronel Hilarión de la Quintana, a quien había nombrado su primer ayudante de campo y reconfortado por aquel corto sueño, después de tantas noches de vigilia, encendió un cigarrillo de papel y mandó que las charangas tocasen el Himno Nacional Argentino, cuyos ecos debían resonar bien pronto por todos los ámbitos de la América del Sud. Enseguida continuaron la penosa ascensión de la nevada cumbre, detrás de la cual estaba el llano, que buscaba para combatir y triunfar. Este sitio ha conservado desde entonces la denominación de «Trinchera de San Martín»”.
Columna Las Heras:
El 4 de febrero a las 11.30 hs. salió de Juncalillo el destacamento Martínez.
Guardia Vieja estaba situada en el fondo del valle del rio Juncal. El enemigo ocupaba una altura que dominaba el cajón del mismo y se apoyaba por un lado en el citado río y por el otro en unos cerros que parecían inaccesibles.
Después de recorrer 17 km, en unas 6 horas, el destacamento Martínez llegó a tiro de fusil de la posición, en la cual los realistas habíanse parapetado tras una especie de muralla natural.
Los patriotas atacaron la posición con una compañía frontalmente y con la otra la rodearon por el S., siguiendo senderos desconocidos antes y guiados según la tradición, por la “loca de la Guardia”[iii].
Mientras el ataque frontal contestaba el intenso fuego realista, el envolvente consiguió alcanzar una posición ventajosa, al flanco de la posición.
Transcurrida una hora y media se llegó al asalto. Los españoles, ante la situación crítica que se presentaba se replegaron al caserío, pero fueron completamente derrotados, perdiendo 25 muertos, 45 prisioneros y considerable material. Fueron enérgicamente perseguidos por los patriotas, que sólo tuvieron 5 heridos leves.
Después de destruir las fortificaciones e incendiar el caserío, el destacamento Martínez se replegó al Juncalillo.
Combate de Achupallas (4-02-1817)
Columna Los Patos:
El destacamento adelantado por Soler continuó su avance hacia Las Achupallas. En esta zona, una fracción realista de unos 100 hombres, que al parecer había tenido oportuno aviso del avance del mayor Arcos, se emboscó en las faldas que bordean el valle del Chalaco, al N. de la Guardia de Achupallas. Ignorante de ello, Arcos adelantóse por un camino sumamente dificultoso, penetrando en el valle a las 17,00 hs. del 4 de febrero.
Los españoles habían fraccionado sus fuerzas en pequeños núcleos, que se situaron en las alturas entre el cerro de las Puntillas y el caserío de Las Achupallas, con la intención de caer sobre el destacamento Arcos, envolviéndolo
Próximo al alojamiento de la guardia y advertido de la maniobra enemiga, Arcos ocupó una posición en proximidades del caserío de Las Achupallas, con el propósito de conjurar la crítica situación que se le creaba.
Los españoles atacaron entonces, pero no consiguieron llegar a la posición patriota debido a la oportuna carga de Lavalle (20 años) al frente de 25 granaderos, que los puso en fuga, persiguiéndolos unos 10 km. De esta manera el valle de Putaendo cayó en manos de los patriotas.
Columna Las Heras:
Con su llegada a Juncalillo y el combate de Guardia Vieja, se había cumplido la primera parte del plan de San Martín respecto a esta columna.
Columna Los Patos:
Soler decidió apresurar su avance al tener conocimiento de la victoria de Achupallas y adelantó al escuadrón Escolta (Necochea) en exploración hacia San Felipe.
El grueso marchó hasta las Vegas del Portillo, donde O’Higgins debió desmontar parte de sus tropas para ceder las mulas a la vanguardia que marchaba con gran número de hombres a pie.
Columna Las Heras:
Reanudó el avance y alcanzó Guardia Vieja al ponerse el sol.
Columna Los Patos:
Soler, con el 3º y 4º escuadrón de granaderos, llegó a la Guardia de Achupallas. El mismo día lo hizo el resto de la vanguardia y a la noche las primeras unidades del grueso.
Columna Las Heras:
Continuó el avance hasta alcanzar el puente sobro el rio Colorado, donde acampó.
Combate de Las Coimas (7-02-1817)
El coronel Atero, jefe de las fuerzas realistas que defendían el valle de Aconcagua, se encontraba el 5 de febrero en Santa Rosa de Los Andes cuando llegaban allí los fugitivos de Guardia Vieja y los dispersos de Achupallas. Al propio tiempo un prisionero de Las Heras traía un oficio proponiéndole un canje de prisioneros y le informaba que después de Guardia Vieja los patriotas se habían retirado a Mendoza. Ante el retroceso de Las Heras hacia el Juncalillo y creyendo que en verdad era el anunciado repliegue hacia el E. de la cordillera, resolvió marchar al encuentro de las fuerzas patriotas que avanzaban por el valle de Putaendo, Este era un nuevo ardid de San Martín, pues el oficial lo que había visto era sólo el repliegue de la vanguardia. Esto indujo a Atero a creer disipado el peligro de Uspallata y en la madrugada del 7 de febrero, con 400 jinetes, 300 infantes y 2 cañones alcanzó Las Coimas y ocupó allí una posición que dominaba el valle.
Entretanto Soler, enterado de su presencia, se adelantó con el 3º y 4º Escuadrón de granaderos para reforzar a Necochea y ordenó, con el mismo fin, el adelantamiento de dos compañías de fusileros de la vanguardia, primeras tracciones que avanzaban hacia San Andrés de Tártaro.
Necochea resolvió actuar sin esperar la llegada de los refuerzos. Apreciando que no podría tomar la posición enemiga, procedió en la siguiente forma: dividió sus tuerzas en tres secciones: con dos de ellas, al mando del capitán Soler y del ayudante Pacheco, simuló un ataque por ambos flancos; entretanto Necochea, con la 3ª sección se escondió en una arboleda próxima.
Después de aproximarse a la posición y como si recién advirtiera que se hallaba ocupada, Soler y Pacheco simularon una retirada que efectuaron al galope.
Engañado Atero por esta maniobra y creyendo que el enemigo huía se lanzó al llano con su caballería en persecución de la patriota, que era lo deseado por Necochea.
Cuando observó que los realistas se encontraban convenientemente alejados de la posición, Soler y Pacheco dieran media vuelta y se lanzaron a la carga al mismo tiempo que Necochea salía de su escondite y cargaba por sorpresa.
El enemigo fue arrollado en menos de media hora y su caballería derrotada arrastró en la retirada a su propia infantería lo cual completó la derrota. Sus pérdidas fueron 19 muertos y 21 heridos. Los patriotas no persiguieron.
En este mismo día 7 de febrero, la vanguardia descansó en Achupallas, esperando la aproximación del grueso, que alcanzó dicho punto a la noche.
El coronel Atero se retiró llevando sus heridos, pasó al S. del río Aconcagua inutilizando el puente y dio por perdida toda la provincia. Los derrotados de Las Coimas (exageración propia de todos los derrotados) contaban que habían sido acuchillados por unos hombres muy altos (los morriones contribuían exprofeso a dar esa sensación), muy jinetes y con unos sables tan afilados, que nadie podría detener su empuje.
Reflexiones que sugiere la resolución del comandante Necochea, en Las Coimas, de atacar sin esperar la llegada de los refuerzos que le enviaba el coronel Soler, jefe de la vanguardia de la columna principal (2 compañías de fusileros y 3º y 4º escuadrón de granaderos).
Al atacar Necochea en Las Coimas, sin esperar la llegada de los refuerzos que estaban en marcha y sin que hubiera en ello ventaja alguna, comete un grave error, pues se “expone” a ser batido “sin causa que lo justificara”. La resolución exigía arriesgar con audacia, pero es evidente que ella no se basó, como correspondía, en una madura reflexión, sino en un impulso del espíritu.
En el éxito logrado por el ardid de Necochea han influido factores imponderables que aquel difícilmente pudo apreciar con fundamento, dado que se trataba de uno de los primeros encuentros con los realistas.
La conveniencia del conjunto exigía que las tropas de Atero fueran derrotadas en forma que no pudieran cerrar, aunque sólo fuera temporariamente la línea de invasión por donde avanzaba la masa del ejército. En consecuencia Necochea debió haber atacado tratando de contar con las mayores probabilidades de éxito; por lo tanto debió haber esperado la llegada de los refuerzos.
Empleando entonces, el mismo ardid que aplicó, pudo haber obtenido el aniquilamiento del enemigo.
Debe señalarse que por tratarse de una de las primeras acciones de la campaña, su resultado favorable o adverso, ejercería una ponderable influencia sobre la moral de las tropas, propias y enemigas.
Procedió correctamente al no perseguir inmediatamente después de la acción, por cuanto sus efectivos eran muy inferiores a los del adversario y su éxito producto del efecto de un imponderable que era poco probable volviera a repetirse; pero cuando llegaron los refuerzos, sí se debió haber perseguido, con el concepto de que cuantas más balas se le infligieran al enemigo —aprovechando el desconcierto y desorganización de la reciente derrota— menos iban a tenerse que enfrentar en la batalla decisiva que podía apreciarse próxima.
Los imponderables a que se hace referencia, son factores que ejercen una acción cuya influencia no puede medirse, no puede valorarse o justipreciarse. Son los valores morales o espirituales.
En la guerra, el hecho predomina sobre la idea, la acción sobre la palabra, la ejecución sobre la teoría; por ello tal vez puede explicarse la impulsividad de Necochea recordando que “la más hermosa regla de la conducción es la que produce el genio en el momento oportuno”. (Clausewitz).
Columna Las Heras:
Continuó el avance después de comprobar que el enemigo se había replegado sobre el valle de Putaendo. Se adelantaron patrullas de exploración.
A las 11.00 lis, la columna Las Heras alcanzaba Santa Rosa apoderándose de los depósitos de los realistas, con lo cual se había logrado el objetivo señalado por San Martín: la reunión del ejército en el valle de Aconcagua. La columna volvía a quedar a órdenes directas de San Martin.
Descontando 9 días de permanencia en Uspallata y 4 en Juncalillo, la columna Las Heras empleó 8 días para recorrer 320 km en una “zona de media y alta montaña”, lo cual acusa el extraordinario rendimiento, jamás igualado, de 40 km diarios. Esto habla bien de las condiciones de Las Heras como conductor y de San Martín como organizador.
Poco antes de entrar a Santa Rosa, Las Heras recibió una comunicación de San Martín, fechada el mismo día 8 en San Felipe: “Mi amigo: todo el ejército está en ésta y sólo faltan las noticias de Ud. ahora mismo salen partidas a Chacabuco, pero venga una relación sucinta y pronta de todo. Su amigo. San Martín”. Las Heras respondió de inmediato: “Mi general: su amigo entró en ésta poco después de recibir la suya. Martínez, anda tiroteando a los enemigos en Chacabuco. Mi tropa, está a pie y cansada, pero sin embargo diga Ud. lo que quiera y marcharemos. Batí a 100 hombres de la Guardia y sólo escaparon 14; 40 más remití a Mendoza, incluso 2 oficiales. Quiero despachar y a todo tengo que atender. Siempre de Ud. Las Heras”.
Columna Los Patos:
La vanguardia alcanza San Felipe: el grueso a las 18:00 hs, pasa al descanso en Los Potreros de Vicuña, próximo a San Felipe.
El grueso alcanza San Felipe, después de una corta jornada, reuniéndose a la vanguardia. San Martin con su cuartel general, alcanza Villa de Los Andes.
El 10 de febrero el ejército de Los Andes se hallaba reunido en el valle de Aconcagua.
Fuente: Tte. Cnel. Carlos Monti (RE), Campaña de los Andes, Buenos Aires, Laboratorios Dr. Gador, ap. 1975. 3 fascículos.
Referencias:
[i] En la actualidad, hay un punto con valor histórico y relativa frecuencia turística que es el puente de Picheuta, en las inmediaciones de la ruta 7 y el cruce del rio homónimo. A pocos centenares de metros de él, se hallan los restos del Fuerte Picheuta, sede de la batalla y derrota de las fuerzas libertadoras. Puede verse su imagen y demás información en http://www.mendoza.tur.ar/atractivo_detalle.php?id=577
[ii] En homenaje a la corrección expresiva e histórica, el texto debió decir “oriental” y no “uruguayo” pues la Republica Oriental del Uruguay tomará entidad institucional recién en el 1830, trece años más tarde de los que se narran. En ese entonces el territorio, hoy uruguayo, se denominaba Banda Oriental y orientales sus pobladores.
[iii] Poca información puede registrarse sobre este personaje femenino que aquí se cita. Hay una novela histórica de Vicente Fidel López (versión completa en http://www.biblioteca.org.ar/libros/92745.pdf), que lleva título homónimo y donde se puede leer:
“-¿Quién es esta mujer que venías persiguiendo?
-La llaman la Loca de la Guardia, pero ella dice que se llama Teresa.
-¿Cómo es que anda sola por las cordilleras?
-Vive en un rancho de unas pobres mujeres, que est’a como media legua más abajo de la Guardia; todo el día anda vagando con gallinas y otras aves que la siguen; y he oído decir que la dejó allí una familia rica de Santiago, que cuando cayó la patria, se pasó a Cuyo.”
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