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Nov 11, 2018 La Quinta Pata Opinión Comentarios desactivados en El tercer ciclo neoliberal en Argentina
La Convención de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes (CIDN) cumple 29 años en 2018. Se aprobó en la Asamblea General de Naciones Unidas un 20 de noviembre de 1989. Nuestro país ratificó la Convención en 1990 y en 1994 le otorgó rango constitucional. Desde entonces el Estado Argentino está obligado a garantizar todos los derechos establecidos en la Convención a todos los niños, niñas y adolescentes que viven en nuestro país. La Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de la Niñas, Niños y Adolescentes sancionada en 2005 establece la aplicación obligatoria de la Convención.
Pero debemos denunciar que la CIDN (como otros compromisos internacionales con rango constitucional), no se cumplen en nuestro país desde que Miauricio Macri llegó al gobierno. En otros casos, directamente se violan derechos humanos consagrados constitucionalmente merced al establecimiento de facto de un Estado de Excepción.
El tercer ciclo neoliberal en Argentina protagonizado por la Alianza Cambiemos, ha producido el daño social más significativo desde la recuperación democrática. No hay un solo indicador que demuestre lo contrario. La situación de los niños y niñas en nuestro país -en relación a la incidencia de la pobreza sobre su conjunto- pone de manifiesto que la Alianza Cambiemos vino a realizar un cambio social profundo. La guerra dejó al enemigo interno definido otrora como subversivo para ocuparse de otro enemigo: el populismo. Del paradigma de la dictadura feroz y sangrienta se pasó al estrangulamiento del Estado Social de Derecho vía el libre mercado. Una de las víctimas principales del nuevo ciclo económico y político -entre otras- son lxs niñxs.
La aparición de una pobreza de masas es simultánea a la devastación económica producida con el único fin de la transferencia descomunal de ingresos desde los sectores productivos hacia los sectores más concentrados de la economía. La contrapartida de las medidas gubernamentales, afectó la calidad de vida de la mayoría de los argentinos al reducir el poder adquisitivo del salario real de modo brutal: cayó 6,1% en el mes pasado, 7,3 en lo que va del año y desde que Macri asumió, el deterioro ha sido del 18%[1].
En relación al tema que nos ocupa -la incidencia de la pobreza en el universo infanto-juvenil- la AUH (Asignación Universal por Hijo) se destina primordialmente a la compra de alimentos. Los titulares de la AUH son un poco más de 3 millones 800 mil y el monto es de $ 1.684[2]. Los sectores sociales que perciben esta ayuda monetaria, destinan el 53% de sus ingresos a la compra de alimentos. Una característica de este derecho es que fuera un complemento del ingreso familiar, de este modo, representaba alrededor de un 25% a 35% del ingreso total de los hogares. La descomunal devaluación en 2018 de más del 120% (operada a través de la corrida cambiaria), terminó por licuar el poder de compra de la AUH y envió a todos sus beneficiarios directamente hacia la indigencia: una AUH hoy alcanza para adquirir apenas un Kg. de pan por día durante un mes.
Dejó de ser una política de protección ampliada (tal su espíritu normativo al encuadrarse en un derecho de seguridad social) a devenir en apenas un “refuerzo asistencial”. En dirección al mundo adulto donde habitan los progenitores de lxs niñxs a los que nos referimos, el ejecutivo autorizó por decreto un subsidio cuasi caritativo, dos bonos extraordinarios otorgados por única vez, una vergüenza comparada con la “compensación” a las empresas distribuidoras por la devaluación de la moneda nacional. Si en sus 9 años de implementación explicaba la disminución del 30% de pobreza extrema (alimentaria), hoy, expone su costado inverso. Sólo en 2018, los cálculos señalan un aumento del 90% en la Canasta Alimentaria, pero anualizada entre agosto de 2017 y agosto de 2018, el incremento ha sido del 123%. La reducción del consumo de carnes (54%), lácteos (34%) y frutas y verduras (63%) es correlativo al aumento promedio del 71% en estos alimentos.

En 2015, UNICEF evaluaba que el 24,5% de los niños y niñas de Argentina estaban bajo situación de pobreza[3]. Tres años después, las estimaciones indican que la pobreza afectaba al 47,7% de los niños y niñas argentinos. El registro de la pobreza en el universo infancia, desde que la Alianza Cambiemos gobierna, se duplicó. Estos porcentajes se traducen en millones de personas: 5,6 millones de niñas y niños pobres, de los que 1,3 millones están en situación de pobreza extrema, es decir, que residen en hogares cuyos ingresos son insuficientes para adquirir la Canasta Básica Alimentaria[4]. Cito aquí un informe pertinente: el “Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2018”, publicado este miércoles 7 de noviembre por la FAO, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) que establece que 3,8 millones de argentinos (8,7% de la población total) padecen “inseguridad alimentaria grave”[5]. Este dato, duplica el del último informe del INDEC[6], donde el organismo publicó que la indigencia de 2018 es prácticamente igual de baja (4,8%) que la informada en el año 2012, la más baja desde la recuperación democrática.
Íntimamente relacionado con aquello, la situación del mercado laboral (en medio de un ambiente recesivo e inflacionario) explica el impacto en los hogares de dicho contexto. Desde que asumió Macri, la desocupación se incrementó un 70%. En el segundo trimestre del año en curso, la tasa de desempleo subió al 9,6% de la PEA (Población Económicamente Activa), el más alto de los últimos doce años[7]. La desocupación total supera los 2 millones de personas mientras que la subocupación afecta a más de 2,5 millones. Por otra parte, la tasa de ocupados demandantes de empleo subió al 16% y la presión de esa demanda sobre el mercado de trabajo creció al 31,9%. En total -por uno u otro motivo- 7 millones de personas hoy tienen problemas de empleo y se consolida un esquema económico basado en la precarización laboral y la baja de los salarios reales.
Por ello, si se segmenta la población de niños en tres grandes grupos de edad se observa que la incidencia mayor de la pobreza aumenta al 85% cuando el niño reside en un hogar cuyo jefe o jefa está desocupado, al 64% cuando es inactivo, y al 65% cuando es un asalariado informal. La pobreza infantil también es mayor en hogares donde la jefa es mujer (55,3%), el jefe o jefa tiene un bajo nivel educativo (72,5%) o es menor de 25 años (51,6%).
Hacia 2015, la tasa de trabajo infantil[8] (niños y niñas entre 5 y 15 años) estaba en el 3% (205.000) y pasó abruptamente a situarse en el 10% en 2018 (763.544), resultando un incremento del trabajo infantil del 272%[9]. Más de la mitad de los niños y niñas que trabajan, lo hacen obligados por la crítica situación económica familiar y más del 54% de ellos, no perciben ninguna transferencia de ingresos no contributivos por parte del Estado.
En 2017, los hogares de bajos recursos (deciles 1 a 5) destinaban ya el 25% de sus ingresos para afrontar el pago de las facturas de servicios. En 2018, aquel porcentaje trepaba al 50%.
No hay dinero para adquirir los alimentos en la mayoría de los hogares argentinos. Por ello, no puedo darle crédito a los datos que informa el INDEC.
Parafraseando al ex senador radical Ernesto Sanz, la AUH hoy se va por la canaleta del tarifazo y la devaluación.
Referencias:
[1] CUPARO, M. “Por el pico inflacionario el salario real cayó en octubre al punto más bajo de la década”. BAENegocios. Bs. As. 09-11-2018
[2] Presidencia de la Nación. Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales. “Resumen de Indicadores Sociales”. Bs. As. 2018.
[3] PAZ, J. “Bienestar y pobreza en niños, niñas y adolescentes”. Instituto de Estudios Laborales y del Desarrollo Económico, Universidad Nacional de Salta / UNICEF Argentina. Bs. As. 2016.
[4] UNICEF, IELDE. “La pobreza monetaria en la niñez y la adolescencia en Argentina”. Bs. As. Junio de 2017. Este informe ejecutivo es el que contiene la información estadística más actualizada (vigente), aunque no disponga de los datos del impacto de la megadevaluación de agosto del corriente año, donde el dólar pasó los $40 y la inflación acumulada llegó al 32,4%.
[5] Diario Tiempo Argentino. Información General. Bs. As. 7 de noviembre de 2018.
[6] INDEC. Informes Técnicos, Vol. 2 N188 Condiciones de Vida, Vol.2 N 12. “Incidencia de la pobreza y la indigencia en 31 aglomerados urbanos. Primer Semestre de 2018”. Bs. As. Septiembre de 2018.
[7] INDEC. Informes Técnicos Vol. 2 Nº178. “Trabajo e Ingresos”, Vol. 2 Nº6. Segundo Trimestre 2018. Bs. As. Septiembre de 2018.
[8] UNICEF Argentina. “Estado de situación de la niñez y la adolescencia en Argentina”. Bs. As. Noviembre de 2016.
[9] INDEC. EANNA “Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes 2016-2017”. Bs. As. Noviembre de 2018.
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