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May 01, 2016 Eduardo Paganini El baúl Comentarios desactivados en En el cincuentenario de El Eternauta
Para homenajear al creador Héctor G. Oesterheld y a su creación inigualable, El Eternauta, el periodista Roberto Valle efectúa una vasta descripción del contenido y la evolución de esta saga que superó en energías y continuidades a las intenciones originales. Como se podrá ver aquí, numerosos dibujantes y guionistas se hicieron cargo de proliferar en la historia, muchas veces sin la fuerza artística del primer guión.
La inoxidable creación de Oesterheld y Solano López cumple medio siglo. Una historieta de ciencia-ficción capaz de atravesar el tiempo sin perder un ápice de su genialidad, atapando a nuevas generaciones y proponiendo relecturas novedosas a la luz de su contemporaneidad.
Por esos mágicos caprichos del destino, El Eternauta se ha vuelto una entidad atemporal que habita en el imaginario colectivo de la sociedad argentina. ¿Cuántos aficionados a las historietas habrán salido corriendo a cerrar puertas y ventanas, a mirar insistentemente el cielo a la espera de platos voladores cuando, el pasado 9 de julio, comenzó a nevar en Buenos Aires? La obra maestra del cómic nacional había nacido cincuenta años antes, y aun antes de eso había llegado al mundo Héctor Germán Oesterheld, un 23 de julio de 1919, casi un ario después de que nevara por primera vez en la ciudad.
De chico, el papá de El Eternauta leía prácticamente todo lo que tenía a su alcance, especialmente libros de aventuras, sobre todo los de Salgari, y clásicos griegos. Ya en su juventud, ingresó a la universidad para estudiar Geología y, mientras buscaba petróleo para YPF[i], escribió algunos textos alternando la divulgación científica y el cuento infantil. Uno de estos últimos —Truila y Miltar, la historia de dos gnomos— apareció por primera vez en el diario La Prensa, en 1943.
A comienzos de los 50, conoció a Elsa Sánchez, una muchacha que aún no había cumplido los 18 años. Se enamoraron y formaron una familia que, muy pronto, se agrandó con cuatro hijas: Beatriz, Diana, Estela y Marina. Cada vez menos interesado por los “asuntos terrestres” y más absorbido por la literatura, Oesterheld se volcó de lleno a la escritura de guiones de historieta, dando vida a algunos de sus más grandes personajes. Entre ellos, Bull Rocket, investigador y piloto de pruebas que conjugaba la acción y el saber científico (publicado en 1952 en la revista Misterix), y el sargento Kirk, antihéroe desertor que —ilustrado por Hugo Pratt[ii]— inició sus desventuras en 1953.
Los buenos resultados de estos primeros trabajos motivaron a Oesterheld y a su hermano Jorge a fundar una editorial propia. En 1957 nació Frontera, que tuvo a su cargo, entre otras, la edición de una revista semanal llamada Hora Cero. Una publicación humilde, con tapa color e interior en blanco y negro, apenas dieciséis páginas en formato apaisado y un valor por ejemplar de $1,50[iii].
Hora Cero Semanal aparecía los días miércoles en los kioscos y, en su número inaugural del 4 de septiembre, junto a las aventuras de Ernie Pike (corresponsal estadounidense que cubría la Segunda Guerra Mundial) y Randall the Killer (western “clásico” protagonizado por un justiciero melancólico), hizo su primera aparición El Eternauta, con guión de Oesterheld y dibujos de Francisco Solano López[iv].
Aquel hombre no tenía nada de fantasmal
Aunque la idea original del guionista era escribir un “cuento corto” (que empezara con unos amigos jugando al truco en el interior de una casa, mientras afuera la ciudad sucumbía, lentamente, por acción de una nevada letal), el éxito del folletín semanal lo obligó a extender la historia a lo largo de dos años. Fueron más de cien entregas de doce cuadritos cada una.
Así fue como El Eternauta pasó de narrar un conflicto inicial del tipo Robinson Crusoe (un grupo de individuos conviviendo en condiciones de aislamiento) a la típica invasión extraterrestre —con la necesaria resistencia— de los relatos de ciencia ficción para, al cabo, proponer un desenlace desolador.
A lo largo de estos cincuenta años, numerosos estudios críticos y ensayos se han ocupado de la mítica historieta de Oesterheld. Diversas son las lecturas e interpretaciones que se le ha dado a la epopeya de El Eternauta en un tiempo tan particular de la historia argentina. Sin embargo, a la hora de definir los valores distintivos de la historieta, todos coinciden: su ruptura con los estereotipos heroicos, la relevancia de las motivaciones existenciales y los conflictos éticos de los personajes, la puesta en escena de las peripecias en una ciudad y un “presente” reconocibles y verosímiles, la acción heroica grupal en reemplazo de la hazaña individual y el empleo de la lengua coloquial típica de la clase media porteña. En esta nómina de rasgos hay que buscar el porqué de la vigencia de El Eternauta.
Tras el éxito de la primera entrega, promocionada entonces como la historia del “hombre que viene de regreso del futuro, que lo ha visto todo, la muerte de nuestra generación, el destino final del planeta”, Oesterheld retorna el personaje y público entre 1962 y 1963, varios episodios novelados cuyas aventuras se sitúan en medio de dos grandes catástrofes mundiales: la destrucción de Pompeya y la caída de la bomba atómica en Hiroshima.
En el ‘65, escribe una suene de “precuela”[v] de la historieta original (llamada Muerte), ilustrada con composiciones fotográficas de Alberto Breccia. Con él se lanza, en 1969 y por encargo de la revista Gente, a realizar una remake de El Eternauta, en la que hace una adecuación ideológica de los textos a los tiempos que corren; de hecho, influenciado por los cambios sociales en el mundo, Oesterheld decide asumir un compromiso mayor en la lucha política y mantener una militancia activa en la agrupación Montoneros. Pero ni la carga política de los textos ni el alto grado de experimentación de las ilustraciones de Breccia logran la adhesión de los lectores, y el proyecto es rápidamente abortado por el editor Carlos Fontanarrosa.
Ya en diciembre de 1976, con el país en poder de los “Ellos”, Oesterheld, desde la clandestinidad, comienza, por pedido de Alfredo Scutti, director de Ediciones Récord, la escritura de la segunda parte de El Eternauta. Juan Salvo, el protagonista, sufre una transformación evidente, producto de los cambios asumidos por el propio guionista. Su lucha es a todo o nada: es necesario vencer a cualquier precio. Incluso a costa del sacrificio de la vida de aquellos más amados.
En 1977, la historia de Oesterheld y la de El Eternauta, su más grande creación, toman caminos diferentes. Mientras el personaje es recreado en sucesivas nuevas instancias por otros guionistas y dibujantes (una tercera parte a comienzos de los ‘80, dos nuevas historias a fines de los ‘90, un regreso oficial en 2003 y un reciente episodio “intercalable” en la historia original, con dibujos de Solano López y guión de Juan Sasturain, publicado en la revista Fierro), el destino del autor se iguala al de otros treinta mil compatriotas (entre los que se incluyen sus cuatro hijas): el secuestro, la tortura y la desaparición en manos de la última dictadura militar.
Sus existencias, las del guionista y el personaje, han dejado una enseñanza clara e invalorable: la única salvación posible es la salvación colectiva, Sin la solidaridad que lo humaniza, el hombre está condenado al aniquilamiento. Cincuenta años más tarde, cabe repetir la pregunta final que cierra la historieta: “Será posible evitarlo?”.
Los personajes
Fuente: Roberto Valle, El Eternauta: La nieve eterna en Rumbos, Buenos Aires, Año 5 número 211. Domingo 9 de septiembre de 2007, revista dominical anexa al diario Los Andes.
Referencias:
[i] De acuerdo con nuestras investigaciones uno de esos sitios fue la región del Valle de Uco: “Trabaja como alumno—geólogo en Y.P.F. Comodoro Rivadavia, Tupungato, Sapla [sic], ven pasar la figura del héroe, empeñado en la búsqueda de yacimientos…”, reza un guión autobiográfico que redacta para mostrar su técnica en Enrique Lipszyc (1958) La historieta mundial: técnica, realización, historia, Buenos Aires, Editorial Lipssic, Colección Famosos Artistas.
[ii] Hugo Eugenio Pratt (Italia, 1927—Suiza, 1995), fue un notable dibujante de historietas, creador de innumerables personajes entre los que se destaca Corto Maltés. Para mayor información puede verse en https://es.wikipedia.org/wiki/Hugo_Pratt
[iii] Correspondería al equivalente de u$s 37 aproximadamente. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Cotizaci%C3%B3n_hist%C3%B3rica_de_monedas_de_la_Argentina
[iv] Francisco Solano López (Buenos Aires, 1928–Buenos Aires, 2011) fue uno de los dibujantes más famoso de la historieta argentina, especialmente por haber ilustrado la primera versión de El Eternauta. Su frondoso obra abarca desde 1953 (Perico y Guillermina, serie historietística con guión del escritor argentino Roger Pla) hasta 2011 (Eva de la Argentina, película con guión de María Seoane)
[v] Neologismo inspirado en el inglés «prequel», refiere a una obra artística (especialmente narrativa) cuya historia precede a la de una obra inicial y central, enfocándose en los acontecimientos que se producen antes del relato inicial. Varios críticos reacios a los neologismos superfluos sugieren sea reemplazada esta palabra por la frase “historia previa”.
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