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Dic 02, 2018 Ramón Ábalo La Pata Semanal Comentarios desactivados en Por qué Macri…? Por qué Bolsonaro…? Por la debilidad anti capitalista (IV)
No es cuestión de llorar sobre la leche derramada. Para nada, si no indagar en la historia con criterio crítico, desde el materialismo histórico, desde el marxismo-leninismo, desde la lucha de clases y con las épicas de los pueblos enfrentando al enemigo de la humanidad.
Que ha sido una constante, esa lucha, desde los albores mismo de la humanidad. Y, claro, tras un salto de decenas de centurias, pero no por encima del espacio universal, nos ubicamos en nuestra Argentina. Colonizados que fuimos, fue en el 1810 que dimos el batacazo de la Revolución de Mayo, con aquel antes del rechazo a las invasiones inglesas de 1806 y 1807. Y seguimos con la Asamblea del 1813, anti esclavista y anti oligárquica, las gestas al Alto Perú, el éxodo jujeño, el Ejército de Los Andes y la libertad a Chile y Perú, la Patria Grande de Bolívar y San Martín, para culminar con la batalla de Ayacucho, liberando a Bolivia y la expulsión total y para siempre del colonialismo español. Federalismo y unitarismo, la Vuelta de Obligado y la huida del invasor inglés-francés , Rosas y Rivadavia, y la deuda externa .
La historia oficial y el revisionismo histórico. La oligarquía pampeana, LA DÉCADA INFAME y el FRAUDE PATRIÓTICO. El radicalismo de Alem y el radicalismo de Irigoyen, y el de ambos en la lucha armada para el logro de una democracia republicana. En fin, el voto universal, secreto y obligatorio en 1916. En Mendoza y San Juan el radicalismo anti personalista de los Lencinas y en San Juan, el del cantonismo. En Mendoza, el socialismo y el anarquismo y después el comunismo. Pero antes, ese lencinismo que gobierna e institucionaliza, primero en el país, las ocho horas y el salario mínimo – en paralelo el cantonismo que incluso instituye el voto femenino, el primero en Latinoamérica.- Desde el peronismo recién instalado LA SOBERANÍA POLÍTICA, LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA y LA JUSTICIA SOCIAL
Después de la nuestra Revolución de Mayo y las libertarias de San Martín y Bolívar, las montoneras y la guerra de las republiquetas en el Alto Perú, los enfrentamientos tribales de la política criolla, hasta la institucionalidad de 1853. Pero revolución con sangre sudaca, recién un siglo después con la Revolución Cubana, aunque sí varios intentos fallidos pero por encima de todo la demostración dialéctica de que se puede. Pero vayamos a la Cubana, con la cual fue claro que la revolución proletaria comienza después de la toma del poder político del Estado burgués. Esa decisión revolucionaria tuvo su respuesta con posiciones fuertemente contras de la burguesía cubana, por lo que Fidel, el Che, Cienfuegos y demás revolucionarios no se limitaron a declararla. Todo lo contrario, no había otra decisión que poner un paredón y así terminar con los rabiosos. O sea, muerto el perro, muerta la rabia. Algunos, varios, se pudieron pirar al otro lado del mar, y se convirtieron en gusanos de los yanquis de Miami.
Fracasaron otros intentos en Centro América y el Caribe. Mucho tuvo que ver lo que lamentaba el gran Rubén Darío por su Nicaragua: «…pobre… tan lejos de Dios y tan cerca de Norteamérica”. O algo por el estilo. Pero lo ejemplificador de lo que queremos señalar, muy fuertemente fueron el CARACAZO en la Venezuela, de Chávez; y el TANCAZO, en el Chile de Allende. Pero también el PERONISMO primero, y posteriormente el kirchnerism cristinista en la Argentina, pero con rasgos transformadores del Estado burgués pero en el marco capitalista. Peor, con profundos rasgos de capitalismo imperialista y monopolista.
El progresismo -medio hijo del socialismo utópico, como su posterior versión de social democracia- es el mayor objetor de que las clases populares, incluidos sectores de clase media baja, en determinados momentos históricos en algunos países de la periferia capitalista, se encolumnaran en las propuestas transformadoras que se lanzan desde esos sectores, menos para una revolución socialista anti capitalista. Se omite el análisis, la visión crítica desde la raíz de la cuestión, que tiene que ver con los liderazgos de lo popular en su entramado social, político, ideológico.
A partir de la revolución industrial, (Siglo XVIII y XIX) en Inglaterra, que fue la transformación de ciertos medios de producción, fundamentalmente la invención de las maquinarias, produjo un salto cualitativo en ese sentido. Pero también en la organización sindical de los trabajadores. Pero fue también el momento en que la patronal acude a la cooptación de la organización, o sea de la sindicalización de esa fuerza de trabajo mediante concesiones, mínimas obvio, para evitar la propagación y profundización de las luchas sociales que llegaron entonces a un grado de tono revolucionario, más que nada la de los campesinos en el centro de Europa.
Retrocedemos en el tiempo calendario al Siglo XIX, a nuestra geografía americana y nos encontramos con las revoluciones libertarias de las colonias españolas. Pero se instala un nuevo colonialismo, el de la Inglaterra monárquica y a continuación el capitalismo imperialista yanqui con sus secuaces de la Europa central. Y las luchas del asalariado argentino, como la del resto de Latinoamérica, son reprimidas a sangre y fuego, porque, además, la patronal conservadora y explotadora encuentra la forma de que las respectivas fuerzas armada se transformen en su brazo armado para imponer y resguardar sus intereses mediante la represión y la toma del poder político del Estado burgués. Las FFAA y las llamadas de Seguridad, o sea Policía, Gendarmería y Prefectura, y de los grupos paramilitares y parapoliciales.
Como síntesis de lo que venimos afirmando y demostrando, en la nuestra Latinoamérica del Sur, del Centro y el Caribe se instalaron procesos reales, en el marco de la dialéctica de la insurrección armada en la punta de los fusiles, como la Revolución Cubana, la de Fidel y el Che.
Por eso lo reafirmamos con el EL CARACAZO y EL TANCAZO, sin dejar de lado la lucha armada del peronismo montonero y de la izquierda del Ejército Revolucionario Popular, de Santucho, y de otros grupos, los que en conjunto estaban en condiciones de dar batalla por el poder, sumando una auténtica adhesión popular.
Los liderazgos de esos momentos revolucionarios en este Sur de la América Nuestra no dieron el paso adelante para la concreción liberadora. Ni Chávez ni Allende montaron, cada uno, el paredón libertario. Y tampoco en Bolivia, la revolución nacionalista, la de la reforma agraria y la estatización minera, incluida la del estaño, la moneda fuerte del Altiplano. Y claro, ni el peronismo de Perón, el de la transformación del Estado para la recuperación de soberanía política, independencia económica y justicia social. También las transformaciones similares de Kirchner y Cristina. Pero claro, y lógico dialécticamente, porque tanto aquél como éstos, nunca dijeron que eran revolucionarios aunque la tenían claro que el capitalismo no es la panacea de los pueblos. En este nivel, podríamos ubicar aquel momento ya constitucional después del genocidio, cuando los carapintadas no querían saber nada con la democracia. Y fue entonces, aquel momento de Pascuas de 1965, que el ya presidente electo Raúl Alfonsín fue personalmente a enfrentar a los revoltosos. Y volvió y se asomó al balcón de la Rosada, para proclamar aquello de que LA CASA ESTÁ EN ORDEN…FELICES PASCUAS !!! Desechó, poco antes de parlamentar con los revoltosos, lo que un grupo de decenas de jóvenes oficiales del Ejército de los cuarteles de Palermo le solicitaron a Alfonsín y le dijeron: «Sr. Presidente, sin os da la orden, repartimos armas al pueblo que está concentrado por millones frente a los cuarteles de todo el país. Y será así, el fin de los golpistas». Pero Alfonsín se fue al centro de la crisis cuartelera y pactó, y volvió y dijo lo que dijo.
La revolución sudaca latinoamericana dejó pasar, varias veces, el tren de la revolución, como aquel en que Lenín se trasladó desde Berlín a Moscú y poco después le dio cuerda a la Revolución Rusa, la Bolchevique, la de la Unión Soviética.
No perdamos el tren de este momento en que el enemigo prácticamente nos está invitando a la lucha por el poder del Estado. Nos está escupiendo la oreja. Nos está invitando a la lucha por el poder revolucionario en la punta del fusil, con un clavel azul y blanco. Y también rojo ante el enemigo amarillento.
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