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Feb 17, 2019 La Quinta Pata Género y Feminismos Comentarios desactivados en Testimonios sobre violencia de género
“No pueden seguir habiendo mujeres muertas con una orden de restricción en la mano”
Son las palabras de una sobreviviente de violencia patriarcal. El proceso de dar testimonio se presenta como posibilidad de articular junto con otras mujeres un lenguaje propio, de experiencias compartidas para, de algún modo, torcer el discurso machista y patriarcal que nos mantenía en el silencio.
En otra nota sobre violencia de género que publicó La Quinta Pata se analizaron algunas de las consecuencias que la justicia desencadena en la vida concreta de las mujeres debido a su mirada misógina frente a esa problemática.
Ver Femicidios: violencia contra las mujeres y mecanismos jurídicos.
La relevancia del testimonio es poder tomar las experiencias en clave propia para nombrar nuestras propias vivencias, lo que nos resulta afín y poner en cuestión aquello que nos fue impuesto y como consecuencia nos es ajeno y hasta violento.
Al respecto de la relevancia del testimonio de mujeres se consultó a la Dra. en Ciencias Sociales, Fabiana Grasselli quien aclaró: “Desde algunas teorías feministas que han pensado el discurso se plantea que el ámbito del lenguaje es un espacio de ruptura hegemónica. En él las mujeres nos hemos visto obligadas a ejercer prácticas discursivas en las que se nos constituía como un objeto, no como quien posee el don de la palabra sino por quien es dicha, por quien es el poseedor de la palabra”.
Se recurre al testimonio para, de acuerdo a palabras de Grasselli, “hablar de los propios malestares, desde las violencias soportadas pero también desde nombrar eso que colectivamente se va construyendo como un lenguaje que habla de nosotras”.
Joaquina es su nombre de fantasía para resguardar su identidad. Tiene 30 años y se puso de novia con un “sujeto” de 47 años (en adelante, Juan), transportista de discapacidad, hacia fines de 2017:
– “Cuando ocurrió el hecho llevábamos un año de relación. Me lo encontré un par de veces en el lugar de trabajo cuando iba a dejar a pacientes”.
En una de las oportunidades le ofrece llevarla a la casa y le pide su tarjeta. Ella es psicóloga y ejerce en varias instituciones. Así arranca la relación. Él comienza a llamarla y empezaron a verse.
– “Yo estaba en pareja en ese momento y decidí terminar mi relación con él y empezar formalmente con este sujeto. Él está casado o estaba en ese momento. Siempre con la promesa que iba a dejar su casa, que hacen 8 años que viven en el mismo techo pero están separados…etc, etc. Ahora me doy cuenta de la intensidad de los llamados, la necesidad de saber dónde estoy, con quien estoy”.
Con el tiempo Joaquina se entera que la persona con la que estaba saliendo además tenía otras relaciones. Pero aun ante el asombro de la noticia no podía enfrentarlo “había algo de él que me seguía atrayendo».
– “Él no me dejaba espacio para que yo pudiera pensar en alguien más porque los ocupaba todos y yo lo permitía”.
En una oportunidad cuando ella tenía que ir a una institución que quedaba algo retirado de ciudad, en Las Heras, él ofrece llevarla y de regreso la invita a tomar un café a la casa de su primo.
-Yo pensé que en ese lugar me esperaba una familia. Cuando llego, de entrada el lugar no me gustó, había algo raro. No veo niños, ni esposa, sólo veo un hombre bastante desarreglado, es veterinario. Todo raro pero yo me dije: tomamos el café rápido y nos vamos, esto va a ser anecdótico”.
Joaquina me pide paciencia y comienza a llenársele los ojos de lágrimas. Era evidente que en ese momento los recuerdos comenzaron a agolparse en su mente, en su cuerpo. Su soltura, su postura “arrabalera” como ella misma se describe con importancia, van cediendo:
– “Una parte de mí se queda ahí y no se va más; una parte de mí se murió. Yo como mujer, como persona, hasta a mí me pasó”. Se dijo con la voz entrecortada, recordando entre sollozos las palabras de un juez que le dijo “pero vos sos psicóloga”. Y ella misma se responde/le responde a ese cuestionamiento que le quedó dando vueltas y se encontró con la necesidad de tener que explicar por qué llegó a esa situación:
– “Y que tiene que ver, soy psicóloga pero soy una persona, no estoy analizando todo el tiempo. Soy psicóloga mientras trabajo, el resto del día soy una mujer”.
Describió el lugar en el que se encontraba, esa casa alejada, en Las Heras como con asco y dolor por tenerlo aún presente en la memoria, como si estuviera aún ahí.
– “Entramos a la casa, había una mesa como con un espacio chiquito para sentarse porque estaba lleno de cosas. Entrabas, tenías el living y como haciendo una U, estaba la cocina y un baño chiquito. En la cocina había una puerta a través de la que se veía una Eco sport negra, azul (no recuerda bien el color). Cuando el veterinario hacía el café no sabes la necesidad que tenía de ver qué estaba haciendo porque se ponía así (me muestra la posición de espaldas hacia ellos). Yo estaba atrás con el “nefasto” (por su pareja en ese entonces) que mide un metro noventa, muy agarrándome, como demasiado. Yo le dije, tranqui. No me gustaba, lo veía a él demasiado cachondo”. Mientras tanto se decía a si misma que no tenía nada de malo que la agarrara de la cintura porque era su novio.
En el medio de la situación comienzan a contarle eventos sexuales de los que “Juan” había participado y por los cuales gozaba de amplia experiencia:
– “Que se había acostado (el sujeto usó una expresión grosera) con la prima hermana, que había hecho tríos, cuartetos, quintetos, con hombres, con personas trans, etc. Empiezan a contar eso y también me pareció fuera de lugar. Ahí yo empiezo a darme cuenta… dije ahhh ¿y ahora? Empiezo a pensar dónde tengo el teléfono, mi mochila, me acordaba que tenía 3% de batería y me dije ay dios”.
Por otro lado pensaba:
– “Bueno, me tomo el café y nos vamos, ya está. Termina de hacer el café y empiezan a hablar de una cajita del amor, mientras el me tocaba por debajo de la camisa; cosas fuera de lugar, que vos no haces normalmente si vas a visitar a otra persona. Trae una caja de herramientas, la pone en la mesa y cuando la abre estaba llena de consoladores, de cosas para la vagina de la mujer, todo mugriento, no sabes que asco y lo empecé a mirar preguntándole que le pasaba. Pero yo ya no tenía este poder, la que he sido siempre; estaba disminuida, cada vez más chiquita y ellos cada vez más grandes, más altos, más poderosos, sabiendo que me estaban intimidando eh”.
Abren la caja y había todo tipo de vibradores, de color negro, de color piel, de color verde, explicándome para qué servían algunos de las cosas que estaban ahí. Mientras yo pensaba como mierda hacía para salir de ahí”.
En ese momento “Juan” comenzó a tocarla mientras el otro miraba y ella pensaba:
– “Si yo me opongo de esta no salgo viva”. Él no me va a dejar ir si yo me opongo. Sé dónde vive, se dónde está la esposa”.
Mientras él le decía cosas obscenas en el oído ella instintivamente se para y la acorralan contra la pared. Sigue el abuso mediante todo tipo de vejaciones. Joaquina no recuerda más de ese momento sólo se quería ir:
– “Entonces me dije: esto va cada vez peor y me van a hacer más daño. ¿Cómo hago para salir de acá viva? Esa era mi pregunta. Yo no me quiero morir. Lo único que pensas es que no te queres morir por unos HDP que se creen que te pueden hacer eso. Él tenía otra cara, era otra persona y yo le decía que por favor basta. Ahí pienso en cómo agarrar el teléfono y la mochila y me acordé un poco de lo que había estudiado de ese tipo de perfiles”.
En ese momento comenzó a hablarles para calmarlos, dando indicios de que la estaban esperando. Comenzó a irse hacia la puerta y ellos la siguieron. “Él se subió los pantalones como si nada, como un señorito inglés, porque es un psicópata. El siempre educado, ante todo buenas tardes, yo soy fulano de tal…”, lo describe con bronca.
En un momento ya estaba en la puerta y se decía:
– “Bueno, por lo menos voy a poder gritar. ¿Qué me pasa? No me acordaba donde estaba. Era mi momento de correr y pensaba ¿a dónde? Miraba para un lado, para otro y no había kiosco, nada. Me acordaba que había visto el WalMart pero no sabía si a media cuadra o a media hora. El nefasto me pone dos dedos acá (señala la nuca) y me sube a la traffic. Yo venía así en la traffic” (sentada con la cabeza baja). Cuando levanté la cabeza y vi que estaba en el lugar de trabajo lo miré y lo insulté. Él me miraba como si nada y me decía mi amor, pensé que te había gustado. Se pone enfrente como tapándome la pasada y yo le dije correte porque acá grito, forro”.
Cuando entró la estaba esperando la persona que tenía que atender y ella pasó la hora como pudo. Cuando salió, se dijo: “guau, mira por lo que pase. Llamé a un amigo, le conté y me paso a buscar”.
– “Esto pasó un lunes, cerca de las siete de la tarde. El martes en la noche me junto con amigxs para empezar a contar esto. Ellxs me dijeron que tenía que denunciarlo”. Al principio ella no quería hacerlo por miedo a lo que pensaran de ella como profesional. Se dijo: “me arruiné la carrera”. “Sentía asco, al principio me bañaba todo el tiempo, todas las partes del cuerpo. Él me molestó ese día y un amigo lo enfrentó. No me volvió a llamar”.
Le tomó una semana a Joaquina hacer la denuncia. La radicó en la Unidad Fiscal de Violencia de Género: “me costó mucho hablar; yo ahora te lo puedo contar más armada pero en su momento no podía decir palabra que era llorar, llorar, llorar. Estuve bastantes horas porque me costaba mucho hablar, no porque ellxs me demoraran”.
El 14 de agosto de 2018 hizo la denuncia y allí comenzó su “peregrinaje legal que es una cagada”. En ese momento le dan una orden de restricción de acercamiento provisoria en el Juzgado de Familia de Ciudad. Con ese papel el 15 de agosto va al Octavo Juzgado de Familia de Godoy Cruz, luego de dos horas le dan la prohibición efectiva. Cuenta cómo lo notifican a él acerca de esa orden:
— “A mí me dan la orden de restricción al mediodía y yo me tenía que ir a trabajar”. Era posible que se encontraran en el trabajo antes de que pudieran notificarlo en su domicilio. Por eso le dijeron que cuando él vaya a la institución a dejar pacientes ella llame a la policía porque lo notificarían ahí. “Imaginate el horror de tener que llamar a la policía. También tenía que dar aviso a lxs superiores jerárquicos porque las empresas tienen el deber ético de apoyar en situaciones como esta. No es nada fácil”.
Llegó la policía y le notificaron al sujeto que no podía ir más por ahí. Su jefa elaboró una nota y la presentó en legales de la obra social en la que Joaquina trabaja y exigió el cambio inmediato de prestador porque tenía una causa grave en su contra.
Joaquina destacó la conducta de una de sus superiores al actuar rápidamente ante la situación en consonancia con lo que estaba sucediendo. Agradeció el hecho de que ella misma se ocupara del trámite para evitar que Joaquina pasara por esa situación. Lo sacaron de esa institución. No tuvo el mismo apoyo de todas las jefas de las instituciones en las que trabaja.
Un día miércoles el sujeto recibe la notificación de la restricción de acercamiento y el día viernes se presenta en el lugar donde trabaja Joaquina y a menos de cincuenta metros. Cuando la ve le sonríe con burla. “Casi me muero. Me hago para atrás, me orino encima”. Este tipo de provocación la vivió varias veces desde el hecho de violencia que experimentó. Él se acercaba a lugares del trabajo hasta espacios a los que antes no se arrimaba y ella al verlo vomitaba y/o perdía el control de esfínteres. En esa circunstancia tenía que ir después a otros trabajos. A todo esto fue testigo su compañera, su coequiper, a la que define como “una genia”.
En una de las oportunidades, luego de 48 horas de ser notificado se acercó al lugar de trabajo de Joaquina. Ella llamó a la policía y se arrimaron en bicicleta. Joaquina les manifestó lo ocurrido: “está ahí, vos lo notificaste, yo te vi, es más, lo saludaste con un beso” la increpó a la mujer policía ya que no hicieron nada al respecto porque “no podían iniciar una persecución en bicicleta”, se justificaron. Por esa situación, Joaquina y su amiga decidieron poner una denuncia por incompetencia a lxs policías. Se acercaron al destacamento correspondiente y en el lugar la convencieron para que no pusiera la denuncia a la uniformada ya que podrían despedirla y tenía un hijo. Personal jerárquico la persuadió asegurándole que la bici policía tendría una sanción. Joaquina desistió de poner la denuncia sin dejar de preguntarse/preguntarles: ¿ y yo que?
Por este hecho, gracias al ímpetu de Joaquina y el acompañamiento de su amiga, sumado al tiempo que pasaron en la comisaría para no dejar pasar por alto el acometimiento y la desidia policial, le pintaron los dedos al agresor y la causa está en etapa de instrucción.
Las situaciones de acoso se repitieron en varias oportunidades. En una de las Unidades Fiscales en las que radicó la denuncia le pidieron que presentara una prueba de ese acoso. Le aconsejaron que lo filmara y a pesar de su terror ante la presencia del agresor ella lo hizo, lo que le valió varios insultos por parte del sujeto.
Esa circunstancia le llevó varias horas. Pasar la filmación a cd; consultar con alguien con conocimiento en informática, etc.
Juan tiene una causa inicial por abuso sexual que está en etapa de instrucción. Cinco denuncias por desobediencia, una caratulada por amenaza y por la cual fue sobreseído. En una está imputado y las demás en proceso de instrucción.
– “Como verás los pasos yo los estoy haciendo, estoy siendo prolija. Hago las denuncias en tiempo y forma. Llevo lo que tengo que llevar, hago todo lo que me piden que haga y la justicia en lo preventivo no hace nada, nada, nada. Hasta que el tipo no me cague a tiros como dijo que iba a hacer. ¿Vos crees que él no acumula bronca con todo esto? ¿qué están esperando? Realmente el sistema es machista. ¡Trabajemos lo preventivo por dios! Todos los días nos están matando, todos los días. Estamos en peligro permanentemente y nadie hace nada. Por esta causa en la que fue sobreseído yo habré estado, tres, cuatro, cinco horas, ¿y?”.
En una de las audiencias que a Joaquina le toco asistir por sobreseimiento (en la causa por amenazas) manifestó a fuerza de coraje: “esto no hace más que empoderarlo a él cada vez más, que me siento en peligro, que le tengo miedo. Tengo miedo que me mate, tengo miedo que me vuelva a agarrar, que me haga algo, tengo miedo a perder la vida, a ver si nos entendemos”, exclamó.
“Ahí la pasé pésimo y ahí me pongo en contacto con la Dirección de la Mujer del Palacio de Justicia y aparece otra de las grandes protectoras que me ayudó mucho porque te encontras con gente del orto en el camino. Siempre tenes que estar esperando que te crean. Hay lugares donde te ponen en duda. En uno de los lugares de trabajo me enteré que una compañera estaba haciendo como una encuesta a ver quién me creía y quien no porque las cosas se filtran. Yo no sé si necesito eso. Yo sé lo que me paso, yo lo acabo de contar”. Silencio.
“Quizá para algunos más grave, menos grave. Para mí fue terrible. A mí me decían “te salvaste”. No, no me salvé, me pasó pero yo no doy tregua, no cedo más espacios”.
Ella tiene 35 años, conoció al papá de sus hijos (37) a los 19 años y tuvieron una relación de 13. Cuando se pusieron de novios comenzó el maltrato psicológico:
– “Siempre tuvo problema con la ropa, con qué me ponía, si usaba escote. Yo era delgadita y había problemas si usaba jeans, no podía usar calzas. Si estaba muy provocativa a su forma de verlo, era volver a cambiarme para vestirme de una manera ‘adecuada’, que a él le pareciera bien”.
El tema era que se iban incrementando las cosas. Ya pasó de ser la ropa, el maquillaje a ser mis amigos, mis amigas. Era la falta de respeto: ‘te vas todo el día, sos una puta. Anda a saber las cosas que te tapan’. Ya era una cuestión que si yo iba a la casa de una amiga era porque algo me estaba tapando”.
No pasó mucho tiempo para que la violencia psicológica se transformara en física también.
– “Cuando nació mi hijo más grande en el 2006 en cierto modo le tomo celos al bebe también. Que yo le dedicaba mucho tiempo al bebe, que ya no le dedicaba tiempo como pareja, que no salíamos como antes. En el 2007 yo me separo por primera vez. Ahí empezó con los golpes más leves que tuvo la relación por decirlo de alguna manera. Yo hice la denuncia, la prohibición de acercamiento hacia mí y hacia el bebe porque venía a buscarlo y se lo llevaba y a lo mejor no me lo traía por un par de días. Después levantamos la restricción cuando yo volví con él. Siempre me trabajó mucho la psicología. Me decía que yo estaba dejando a mi hijo sin papá. Que estaba rompiendo una familia. Yo en ese momento tenía 23 años, era muy chica y en cierto modo entendía como cierto lo que me decía. Sentía mucha culpa. Volví con él y después, con mi hijo del medio, en el 2010 se tornó peor la relación. Tenía más celos de él porque se parece mucho a mi familia y yo creo que le molestó. Desde ahí todo fue en aumento. Para él yo tenía que estar en mi casa. Renuncié a muchos trabajos porque él no quería que trabajara. Solo teníamos sus amigos. Yo perdí todas mis amistades. Después el problema era con mi familia. En 2014 comencé a trabajar en una escuela de Lavalle y el me seguía todo el tiempo para corroborar que yo fuera a trabajar. Había veces que yo no lo veía y me enteraba que me seguía porque me mandaba fotos mías llegando a la escuela.
En 2014 me enteré que estaba embarazada de mi hijo más chico. Tuve muchos problemas en el embarazo. Me quería separar pero seguí con él. Mi hijo nació en 2015 y él renunció a su trabajo de seguridad con la excusa de que era para ayudarme con el nene. Yo dejaba a los chicos en la escuela, iba a trabajar y él se tomaba todo el día para perseguirme. No trabajaba, lo mantenía yo. Los gastos que hacíamos los decidía él. No nos alcanzaba la plata.
En marzo de 2016 decidí separarme. Antes no lo hacía porque le tenía mucho miedo. Vivíamos en una casa que es de mi mamá y él no se quería ir. Me tuve que ir yo.
Anabel volvió a la casa de los padres por dos meses en los que ocultó lo que estaba pasando, mostrando una buena imagen de su agresor. Finalmente decidió echarlo de su casa. Cambió las cerraduras y cuando él quiso volver se dio cuenta que las cosas iban en serio. Sin embargo tuvo algunas recaídas hasta que finalmente algo le hizo un “clic” y decidió cambiar su vida.
-“En agosto de 2016 se llevó a los chicos con él y eran las 2 de la mañana y no volvían. Desesperada empecé a llamar a todo el mundo. Como a las 2:30 llegó con los chicos. El entro con uno de los niños en brazos dormido”.
Esa noche fue definitiva para ella. Él la agarró del cuello, la acorraló contra la pared y empezó a golpearla brutalmente delante de su hijo y luego se fue. Su hijo le dijo ‘mamá no podemos seguir así’. Y esa frase la estremeció. Fue a hacer la denuncia y en menos de dos días le dieron la prohibición de acercamiento, la que desobedeció en varias oportunidades y en dos de ellas lo llevaron detenido.
-“Fue difícil la separación. Hasta el día de hoy lo es. Yo no tengo cuota alimentaria a pesar de que él trabaja. El año pasado, en noviembre, lo citaron a declarar porque mi abogado había pedido otra vez la cuota alimentaria urgente, la provisoria. El reconoció que trabajaba y que no pasaba cuota alimentaria ni se hacía cargo de sus hijos. A pesar de ese reconocimiento frente a las autoridades del Juzgado de Familia no resolvieron nada.
La verdad que el procedimiento del juzgado ha sido pésimo. La demanda por alimentos y tenencia se presentó en el 2017. En el 2018 lo citaron a declarar. Pasaron dos años y no resuelven nada. Él está declarado en rebeldía por tanto le corresponde al juzgado resolver y no lo hace. Durante estos tres años que llevo separada me hago cargo sola de los chicos. No sé si decirte que él ejerce la violencia económica y el juzgado lo ampara porque en definitiva el juzgado tampoco está haciendo nada para que él tenga que cumplir con esa cuota alimentaria. Yo de mi casa salgo a las 6:30 de la mañana para ir a trabajar a Costa de Araujo. Mis hijos van solos a la escuela porque el padre no se hace cargo de llevarlos. Si yo no cumplo mis obligaciones como madre hay un montón de cosas que pueden pasar, entre ellas, que me quiten a los niños. Pero la cuota alimentaria que es un derecho de todo niño ¿quién lo hace cumplir? No hay quien responda por esos derechos de los chicos. He visto un montón de casos que se resuelven en dos meses ¿cuál es el problema con el octavo? (por el juzgado donde se encuentra la demanda por alimento). Porque a mí después de dos años no me resuelven la cuota alimentaria y es urgente, los chicos comen ya. No pueden esperar dos años más.
Anabel estudia y trabaja para tener mejores oportunidades laborales porque en este momento no tiene opciones de elegir en que escuela trabajar para poder estar cerca de sus hijos: “Vivimos con lo que tenemos, con lo que podemos. Trabajo de 8: 30 a 12:30. Tengo cuatro horas de viaje entre ida y vuelta. Curso mis estudios de 16:00 a 21:00hs”.
-¿Te amenaza?
-“Siempre me amenaza que me va a matar. Que a mí me van a encontrar tirada en el piso con un tiro en la cabeza y nadie se iba a enterar porque él tiene amigos. Por amenazas tiene la denuncia de diciembre de 2017 que estuvo detenido; la de septiembre del año pasado, también detenido; y la de la primera vez que nos separamos en 2007. En esa oportunidad me pegó en el parque y la policía me llevo a hacer la denuncia. Y tiene una causa penal en el Primero correccional donde le indicaron hacer un tratamiento psiquiátrico que no lo ha hecho y él se sigue llevando a los chicos”. Aunque Anabel aclaró que no tiene miedo de que les haga algo ya que los cuida: “no será un buen padre pero mientras están con él los cuida”.
A través del testimonio se comparten experiencias que son propias de las mujeres: el miedo a la violencia machista en sus diferentes tenores y consecuencias.
-“Lo veo y me paralizo. Siempre pienso que si lo encuentro en la calle voy a hacer tal o cual cosa pero en el momento en el que lo veo todas las ideas que yo planifique se me bloquean. El miedo nunca se lo voy a perder, y creo que nunca se pierde después de haber pasado 13 años con él. Si hoy me tocara otra persona creo que no me volvería a pasar, ya estoy parada de otra manera”.
“Nadie sabe cómo se sufre estando adentro. La culpa que podes tener por ‘romper una familia’ porque eso es lo que te hacen creer. Que después no vas a tener futuro, que nadie te va a querer con hijos que no son de la otra persona. Que nadie te va a mirar porque tenés el cuerpo explotado. Porque eso me hacía creer él, siempre el denigrarme. Que no iba a haber nadie que me quisiera como él…y no me quería”.
Lo que está sucediendo en estos últimos procesos del feminismo, concluye Fabiana Grasselli en la entrevista que se le hizo sobre testimonio: “es que se están articulando narrativas, lenguajes, modos discursivos de contar experiencias propias de mujeres y disidencias sexuales violentando el lenguaje patriarcal, torciéndolo. Tomar el lenguaje como una herramienta para decir aquello que el lenguaje no nos proveía. Las palabras las hemos tenido que inventar para hablar de nosotras y para nombrar las violencias pero también los placeres. Entonces, que esas narrativas existan, que pujen, que entren en pugna, que debatan en el dialogismo social con los lenguajes hegemónicos eso ya es mucho, un paso muy importante en la lucha por la emancipación”. Joaquina y Anabel se animaron a dar ese paso.
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