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Abr 15, 2018 La Quinta Pata Latinoamérica, Recomendada Comentarios desactivados en Trabajo infantil, una cuestión mayor
Miles de niñas, niños y adolescentes trabajan en las ciudades y el campo en Bolivia, sea en el ámbito familiar, para terceros o por cuenta propia y, en algunos casos, de manera organizada desde iniciativas autónomas. Durante el último decenio han sido varias las políticas públicas destinadas a proteger sus derechos, sin embargo, problemas de legislación, mezquindades políticas, inconsecuencias sociales, compromisos internacionales y, fundamentalmente, la posición prejuiciosa que busca la paja en el ojo ajeno(http://www.mintrabajo.gob.bo/
Por Sebastián Moro
*Las fotografías de niños mineros son de 2010, gentileza de Gloria Beretervide
Yuri Callisaya Miranda es educador, sociólogo y psicólogo y durante años trabajó en el Ministerio de Trabajo, Empleo y Previsión Social. De manera afable y abierta accedió a la entrevista realizada en un café paceño mientras se desataba un aguacero descomunal que obligó a peatones y laburantes urbanos a refugiarse donde pudieran. Detrás de los cristales respondió todas las consultas, desanduvo determinantes internos y factores externos del problema y especificó las diversas situaciones de niñxs y jóvenes trabajadorxs. El punto de partida fueron los limbos de legalidad y el bache legislativo respecto a las actividades y modalidades que el Estado Plurinacional permite a raíz de una puja reciente entre la Organización Internacional del Trabajo, la oposición gubernamental y el Tribunal Constitucional, con lo cual ha quedado sin efecto un nuevo Código (http://www.mintrabajo.gob.bo/PrincipalPublicaciones.asp?target=908) que a la vez visibilice y regule el trabajo infantil y juvenil.

“Se ha dicho que Bolivia es un país que legaliza el trabajo infantil, pero ese nunca ha sido el espíritu de la norma. He sido parte del equipo de redacción del Código y la idea es conocer una realidad latente, porque debajo de los 14 años existen miles de chicos y chicas trabajando, algunos en situación de calle. Durante cuatro años la política social referida a este tema ha sido en base a este Código, pero hace seis meses el Tribunal Constitucional Plurinacional ha declarado el artículo 129 como inconstitucional y este artículo es el que permitía las excepcionalidades, entonces estamos como antes de 2014. La edad mínima para trabajar en Bolivia es de 14 años, de 14 a 18 años hay una reglamentación especial que viene desde 2004. Ahora hay que ver qué políticas estatales van a sacar sobre esto, porque esto es algo de hecho, puedes declarar la edad mínima si quieres en 16, 17, como en los casos de Argentina, Brasil y Perú, pero eso no significa que vayas a arreglar la realidad ni que existan miles de chicos trabajando. Además, la explotación laboral infantil es una de las causas de la trata y del tráfico de personas, que son temas muy delicados”.

“Hay una doble moral de la OIT con países como Bolivia que han querido reconocer una realidad para encarar el problema con un nuevo enfoque y contemplando estas excepcionalidades para que los que sí trabajen estén registrados, tengan autorización de las Defensorías de Niñez y Adolescencia y de las familias, y nos han hecho bolsa. A mí me ha tocado estar en Ginebra en el año 2015 y realmente nos han tratado como un Estado violador de Derechos Humanos. Porque el Estado no quiere incentivar el trabajo infantil, sino más bien visibilizarlo, contabilizar cuántos son, dónde están, qué vulneraciones padecen y en base a eso generar políticas de erradicación. Pero a pesar de esto la presión social y económica es muy fuerte: Bolivia es parte del sistema de preferencias arancelarias de exportación con la Unión Europea, entonces para obtener esas facilidades debe cumplir ciertos convenios internacionales. Uno de esos el 138 de la OIT y, obviamente, si la OIT dice que tú has bajado la edad y has legalizado el trabajo infantil te presionarán y te sacarán las ventajas. Y ahí quedan comprometidos algunos productos de exportación como la quinoa y la soya. Lo que se venía para el gobierno era más presión social de estos sectores que decían ‘nos han quitado lo de Europa, bueno que ahora el Estado nos dé nuevos mercados porque están haciendo que las familias soyeras pierdan su trabajo…’. Todo va ligado a eso”.

“De allí que hace seis meses el Tribunal, en una salida salomónica, diera paso a un pedido de inconstitucionalidad que presentó el Defensor del Pueblo, opositor, en 2015. Un recurso de inconstitucionalidad tiene un plazo de tiempo para cumplirse y este se recontra atrasó, nunca salía. Fuimos a la OIT, estuvimos ahí, al año siguiente nos volvieron a citar y nunca salió. Hasta que el Estado vio que ya no podía resistir con el Código anterior, a alguien se le encendió la luz y dijo ‘momento, ¿qué tal si no decimos que la OIT nos ganó la pulseta y dejamos decidir a nuestro Tribunal? Ahí entra la división de poderes y estamos en paz con ellos aunque dijeran que el artículo es inconstitucional’. Por eso ahorita estamos a fojas cero. En 1990 salió la Ley 2026, que era el Código de la Niñez y la Adolescencia, hemos vuelto a eso”.
“Una cosa es la parte legal y otras, muy claras, son las determinantes. La ETI -Encuesta sobre Trabajo Infantil- sacó en 2008 la alarmante cifra de que por debajo de los 18 años tenemos en Bolivia a 848 mil niñas, niños y adolescentes trabajando(http://www.mintrabajo.gob.bo/PrincipalPublicaciones.asp?target=259), cuando el censo de 2012 dice que somos ¡10 millones en total! Es decir, un 10 por ciento de menores trabajando según los conceptos y parámetros de la OIT. Pero ¿dónde está la trampa de esto? Si yo vivo en el campo, en la zona andina, en provincia Incavi por así decirlo, trabajo en la chacra de la familia, mis papás me enseñan el cultivo de la quinoa o de la papa en el marco de la actividad familiar, según las encuestas es trabajo infantil. O si tu aprendes el oficio a los 14, 15 años, que tiene tu papá de carpintero, y ayudas en el taller aunque sea una hora a la semana, desde la OIT dirán ‘es trabajo infantil’. De allí se desprende que la cifra sea tan grande”.

“Pero la realidad ni es lo que dice la ETI, ni tampoco lo que se está planteando ahora de que se ha reducido, porque pese a que la economía del país, según indicadores internacionales, ha ido creciendo sostenidamente, con un PBI que pasó de 8-9 mil millones de dólares en 2003 a casi 37 mil millones en la actualidad, eso no se ve reflejado en la realidad de niñas, niños y adolescentes en situación de calle. Las determinantes no son solamente la pobreza, que es una de las más importantes, y siempre está ligada a otras. Por ejemplo, el consumo de los padres ligado a alcohol y drogas. O el consumismo, porque muchos niños, y a mí me ha tocado ver esto, no trabajan para su subsistencia sino porque el consumismo les ha enseñado que si no tienen las ropas con las que salen sus íconos y estrella en la televisión no son aceptados socialmente. Si tú no tienes un Smartphone como el grueso de tus compañeros eres menos. Y como tus papás no te lo pueden dar sales a buscarlo”.

“Obviamente sí existe un trabajo que es de extrema pobreza, que son los que lo hacen por la subsistencia diaria que vas a encontrar en trabajos más vulnerables y en la calle. Los que venden en los semáforos, los que te limpian el parabrisas, los que rescatan mineral en Potosí, en Yacuiba son los que despluman a las gallinas. Hay mucho trabajo que es explotación porque son actividades peligrosas. Y en ciudades como La Paz hay muchos oficios que han ido desapareciendo, como los que llamábamos ‘voceadores’ -que ´cantan´ las direcciones del transporte público- y ya casi no existen. Ahora la pregunta que hay que hacer es si estás reduciendo el trabajo infantil o si en verdad estos chicos han derivado a otras actividades más peligrosas e invisibles. Como en talleres de costuras clandestinos como hay en Argentina y en Brasil y que cada tanto se reciben noticias de que hay muchos residentes bolivianos en las peores condiciones que no pueden denunciar porque el dueño los echa a la calle”.

“A su vez el Código quería dirimir específicamente lo que es actividad familiar de lo que es trabajo en sí. Si yo estoy colaborando en la actividad familiar y esto no vulnera ninguno de mis derechos como salud, escolaridad, identidad, no puede ser considerado trabajo. En el caso del trabajo agrícola, es el modus vivendi que tienen las familias, no puede decirse que sea trabajo infantil. Es el ejemplo de cuando íbamos con el Ministerio a la zafra, que por el clima y los animales ponzoñosos es considerado trabajo peligroso según la reglamentación. Y había una mamá zafreando con su hija de 13 años al lado… ‘Señora, no se puede’. Y la señora: ‘Sí, pero si la dejo en la casa sola me la embarazan o me la violan, entonces ¿qué hago?’ Uy, y ahí te das el baño de realidad, a la que la ley no puede ser ciega. Pero eso no se ha entendido porque se encasilla así a los países llamados por ellos tercermundistas. Hay mucho prejuicio”.
“Mi lectura personal es un poquito triste. El tema de niñez y adolescencia sigue siendo el último eslabón de la cadena, o sea, no hay muchos recursos reales que lleguen a niñas, niños y adolescentes. Todavía hay una deuda pendiente con ellos porque en la realidad, si tú y yo damos un paseo ahorita mismo y mucho más si fuéramos en las noches, vas a encontrar niños trabajando y explotados por su misma familia. Porque la familia, que debería constituirse en el primer núcleo de protección de derechos es el primer lugar en dónde se los viola. Chicos que salen a vender dulces y chocolates muy de tarde, muy de noche, porque el efecto dolor que genera en los compradores es más eficaz. El papá puede salir a vender chocolates también, pero no le van a comprar la misma cantidad que a su hijo de 7 o 9 años. Y nosotros, al comprarle a un niño, muy lejos de contribuir a su economía, estamos persistiendo en el problema y estamos dándole la razón al papá diciéndole ‘sí, siga mandando a su hijo a vender a las once de la noche porque yo le voy a seguir comprando, porque así me siento mejor y limpio mi conciencia’. Y los chicos quedan vulnerables ante gente bebida a las que se les toca la fibra íntima y dicen ‘quédate con el cambio’. Las familias prefieren correr ese riesgo para ganar más plata”.

“Ese es el problema, la doble moral, que funciona también en las instituciones: Una vez estuve hablando con el alcalde de Llallagua, que es uno de los municipios más pobres del país en el norte de Potosí, y decía que mientras el alcalde de La Paz abría en diciembre hogares temporales para las mareadas de chicos de Potosí que llegan y les dan de comer y un colchoncito para que estén bien ese mes que dura la navidad, más niños se le iban de Llallagua para esas fechas. Entonces ésta, que era una acción municipal que se mostraba como ‘qué noble el alcalde, qué lindo’, lejos de solucionar el problema lo estaba fomentando. Pero si salíamos como Ministerio y decíamos ‘el alcalde debe cerrar esos hogares’, la gente nos crucificaba a nosotros. Y eso porque no hay una lectura profunda del problema”.
“Hay muchas fundaciones cómplices. Hace muchos años trabajé en Fundación La Paz y entonces no tenía una lectura profunda del problema y pensaba, por ejemplo, que los programas para los chicos lustras, que les daban las cajitas, las cremas, etcétera, era ayudarlos en su trabajo, pero en realidad era fomentarles que siguieran trabajando en la calle. Y esto porque para algunas ONGs el mejor negocio es la pobreza. Mientras haya pobreza tú vas a tener financiadores que digan ‘pobrecitos, esta fundación buena onda que quiere hacer algo con ellos, les demos plata’. Yo quisiera un estudio real de toda la cantidad de dinero que reciben las fundaciones cuánto se queda en sueldos administrativos y cuánto realmente llega a la población neta”.

“Como Ministerio íbamos a poblaciones duras como Catavi, Colquechaca y decíamos ‘hoy vamos a dar un taller a los chicos que trabajan sobre derechos laborales, ya que están trabajando por lo menos que sepan sus derechos’. Y venía la gente y decía ‘qué nos van a dar, mochilas, carpetas’, porque antes había venido UNICEF y había hecho eso. Entonces el mensaje adulto es dar y hacer asistencialismo en lugar de proteger sus derechos. Hace un par de años UNICEF decía ‘es tan difícil de creer que el norte de Potosí, que ha recibido mucho financiamiento del exterior durante 20 años, incluso más que África, continúa siendo uno de las regiones más pobres de Latinoamérica’. ¿Y eso es solamente culpa del Estado? Digo, en esos 20 años, con todas esas fundaciones trabajando, con toda esa plata que recibieron, ¿qué logaron y cuánto han cambiado la realidad de esos chicos? (http://www.mintrabajo.gob.bo/PrincipalPublicaciones.asp?target=49) Habría que ver… Hay gente muy bien intencionada, que quiere hacer algo, pero el problema es el enfoque. Además es más difícil trabajar desde el Estado que desde las ONGs, empezando porque las diferencias en viáticos son abismales”.
“En las minas menores de 14 no hay, sí hay adolescentes porque cuando el mineral está alto el salario jornal es atractivo: se pagan hasta 300 bolivianos por día. Entonces, para chicos de 15 años, aunque tú vayas y des un taller de productividad para hacer salteñas, o para ser zapatero o costurera, donde ganas 60-70 pesos al día y que venga el de la mina y te diga ‘che, ¿no quieres entrar ocho horas por 250?’ ¿Tú cuál vas a elegir? Estos chicos ven el momento y obviamente en la mina vas consumiéndote la vida, vas aspirando, te vas enfermando poco a poco. Esto está ligado a muchas otras cosas: si a los 15 ya eres perforista o eres cañero, ganas bien. Pero el viernes, que es el día de la chaya al Tío, igualito tienes que ir a beber con los adultos, ya eres minero, ya entraste, ya pichas coca con los adultos y le ofreces al Tío, y vas a ir a farrearte con ellos con lo que te pagan por la semana. Vas, conoces chicas también de tu edad, vas a ser padre a los 17, las chicas son madres, su segundo hijo llegará al siguiente año, entonces ya no vas a salir de la mina y es una cadena de todos los problemas. Entonces la mina te agarra”.

“Los chicos son conscientes de que muchas veces van al socavón y pese a las medidas de seguridad no saben bien cómo van a salir: si no escuchaste el grito de tus compañeros y estás muy cerca de la detonación o te cayó una piedra y te machucaste un dedo o dos… Es un trabajo muy riesgoso (http://www.la-epoca.com.bo/

“Desde afuera al gobierno de Evo Morales se lo critica mucho, se lo vilipendea de manera atroz, pero no se ve todo el panorama. Yo estoy convencido de que en lo social ha habido muchos avances que antes eran impensables: se ha reducido la brecha entre ricos y pobres, se ha cerrado la grieta del analfabetismo, el rezago escolar ha disminuido bastante, todo gracias a las políticas públicas. El bono Juancito Pinto les permite terminar la gestión escolar. Y el bono Juana Azurduy, que se da a las madres en etapa gestante, garantiza el nacimiento saludable de niñas y niños. La mortalidad materno infantil, y esto es un dato de la OMS, ha bajado notablemente y las mamás tienen un incentivo para ir a hacer sus controles. Se les da un subsidio de valor de casi dos mil bolivianos entre quinoa, leche, mantequilla, aceites, almendras, galletas. Entonces socialmente se ha avanzado mucho, habría que ser demasiado ciego para no verlo. Pero creo que en niñez y adolescencia aún nos está faltando entrar a la raíz de los problemas. De nada sirve que el presidente saque un bono de tantos bolivianos si el papá se lo va a quitar para ir a farrear, de ahí que el problema es la familia. Pero no hay que condenar a ese padre, sino que hay que preguntarse por qué ese padre es consumidor y buscar las soluciones. La idiosincrasia es un problema, es cultural, y sólo con educación se soluciona”.

“Vas a escuchar a muchos padres que han tenido infancias duras y que dicen ‘mi hijo tiene que saber el valor de lo que es el trabajo, yo lo he hecho desde los 9 años y mi hijo igual’ … Positivizan el trabajo y la idea de que así se van a hacer hombres. Es decir, no está la idea pedagógica del crecer, del disfrute de la infancia y la adolescencia. Obviamente que hay que aprender a asumir responsabilidades desde un trabajo, pero en su debido momento. Es algo que yo siempre explicaba a estas fundaciones, ellos dicen ‘el trabajo es un derecho, los chicos tienen derecho a trabajar’. Claro, pero es un derecho progresivo, van a acceder a ese derecho a medida que crezcan porque nosotros también tenemos derecho a casarnos, ¿verdad?, pero nadie se casa a los 3 años, o a los 8 o a los 12. Lo vas a hacer cuando puedas ejercer ese derecho. Igualito con el trabajo, cuando puedas ejercer ese derecho trabajarás. Y hasta le exigirás a tu Estado que te dé trabajo. Pero no puedes exigírselo a los 9 años”.

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