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Jul 19, 2015 Eduardo Paganini El baúl Comentarios desactivados en Un gobernador con sentido del humor…
Bufano, Tudela y Razquin, tres celebridades del mundo cultural mendocino son evocados por el Dr. Ernesto Arturo Ueltschi, gobernador de la provincia, quien los recuerda en este libro de memorias personales donde el humor y la sensibilidad son parte importante de su contendido.
Don Bernardo Razquin
En una visita que realicé a la sede de la Sociedad Vecinal de Dorrego, Guaymallén, conocí a don Bernardo Razquin, que a la sazón pertenecía a la Comisión Directiva de la entidad. Amante entrañable de la naturaleza, en especial de la montaña y el cielo, a fuerza de lectura y experiencia devino en astrónomo y climatólogo autodidacto. Los medios de comunicación comenzaron a publicar sus artículos e hicieron conocer sus pronósticos y paulatinamente fue adquiriendo un predicamento tan notable que excedió los límites de la provincia de Mendoza para hacerse conocer en todo el país, donde captó centenas de seguidores y simpatizantes.
Quiero relatar en qué modesta, pero curiosa forma contribuí al bienestar y mejor trabajo de este gran hombre mendocino.
Razquin vivía de su trabajo personal y con gran sacrificio se había hecho de un pequeño anteojo con el que efectuaba sus observaciones, preferentemente inclinadas hacia el sol, padre del universo, según solía decir. Pero el medio visual resultó insuficiente, al parecer y un día me solicitó le proporcionara un telescopio de la Provincia arrumbado después de prestar servicios panorámicos en el cerro de la Gloria y que había sido sustituido por uno más nuevo. Me explicó que era mucho más potente que el que venía usando y que le sería de mucha utilidad en sus observaciones, que necesitaba realizar desde su casa particular.
Me pareció que sería sencillo desprenderse de un trasto viejo y sin destino y rápidamente le di una respuesta afirmativa. Pero al redactar la resolución o decreto respectivo los asesores encontraron que la ley de contabilidad y otras normas lo impedían. El alquiler estaba prohibido, la donación debía ser por ley y la venta en subasta pública previo largos trámites.
Sentí que iba a quedar mal parado con Razquin pero me resistía a desdecirme de la promesa. Entonces apelé al Asesor de Gobierno, buen amigo y extraordinario jurisconsulto, al que sólo se consultaba para las grandes cosas y le rogué que se ocupara de este pequeño problema pero que para mí era mayúsculo y tras confirmar todo cuanto me habían dicho hasta el momento, me dijo que iba a pensar algo al respecto.
Al día siguiente el Rubio Boulin Zapata me dijo que había encontrado una salida jurídica que a su juicio podía adoptar sin temor a violar ninguna disposición legal y era recurrir a la vieja institución del Comodato. Así fue como firmé un contrato de comodato con Razquin para que éste gozara de los beneficios del anteojo durante tres años.
Nunca vi a un hombre tan feliz como cuando se le entregó el telescopio a Razquin y nunca, por mi parte, me sentí tan seguro de haber hecho una obra buena como aquel día. El instrumento ayudó muchísimo a Razquin en su tarea de escrutar el espacio y dio más fuerza y seguridad a sus observaciones.
Y tan preocupado estaba por la suerte del telescopio y de Razquin que al hablar con mi sucesor el Ingeniero Gabrielli acerca de la problemática del gobierno no pude resistirme a la tentación de solicitarle el pequeño favor de que a su vencimiento le renovara a Razquin el comodato.
Ricardo Tudela
Tuve el placer de conocer a Ricardo Tudela en unas vacaciones en la Villa 25 de Mayo de San Rafael, apacible rincón que amaban los poetas y al que Alfredo Bufano le dedicó tantos instantes y pensamientos de su vida, que sus restos descansan en el cementerio del lugar.
La señora de Tudela pertenecía a la familia Ureta de San Rafael; una hermana suya era a su vez esposa de Rafael Mauleon Castillo, conocido hombre de letras del Sur. En esas vacaciones también nos acompañaban Ramoncito Cuartara y Blanca Notti.
Cuando fui electo gobernador consideré que sería útil a mis funciones tener cerca a un hombre de la capacidad y discernimiento de Tudela, notorio en las letras mendocinas, según opinión generalizada de sus colegas y la crítica.
Mendoza consideraba a Tudela un hombre de izquierda. Para mí Ricardo era un hombre de la justicia, y la libertad. Por otra parte resulta difícil encontrar poetas de derecha.
Interioricé a Ricardo, bastante mayor que yo, diría un anciano viril, de las intenciones de mi gobierno; de los lineamientos del mismo y hasta le entregué algún material escrito o grabado para que confeccionara sobre ellos el Discurso Mensaje a la Honorable Legislatura, al hacerme cargo.
Me entregó su trabajo en la víspera y su lectura me proporcionó un gran placer. Había interpretado cabalmente mi pensamiento y estaba tan hermosamente relatado, que parecía un sueño.
Tan perfecto me pareció, que, en función de mis auténticas limitaciones pensé, en primer lugar, que los oyentes dirían: “Esto se lo han escrito al gobernador!”. Con lo que perdía la autoría del pensamiento, que era mía. Además no había que andar mucho para descubrir que allí campeaba el estilo de Tudela.
Y como no está permitido contratar con un tercero la redacción de algo que es tan personalísimo como el mensaje de gobierno, no me quedaba otra salida que podar personalmente el mensaje lo más posible salvando la estructura. No agregué nada esa noche. Me limité a entresacar algunos párrafos. Así fueron cayendo epítetos, tropos, calificativos floridos, frases largas, lo grandilocuente en el símil sanmartiniano, etc. Un discurso excelso, de ingreso libre a la literatura grande se transformó en un ensayo objetivo y sin rigor literario. El mensaje estaba íntegro pero desnudo.
No obstante tuvo buena acogida. Había sorteado la temida situación política a costa del arte y la belleza que había agregado Tudela en forma magnífica.
Le pedí disculpas a don Ricardo por la impía censura y con esa gentileza que lo caracterizaba me contestó: “¡De todas maneras ha quedado en pie el pensamiento, que es lo que hace al político!”.
Alfredo R. Bufano
Fue profesor de Literatura y Geografía Argentina en la Escuela Normal Mixta de San Rafael.
Alto, casi calvo, de nariz bellamente dibujada, su perfil parecía la figura del Dante. Elegante en el vestir, armonioso en el habla y el andar.
Vivió con su familia en Ballofet, pero cuando el premio Municipalidad de Buenos Aires por su libro Romancero pasó a vivir en la Ciudad, en Belgrano entre Bombal y Buenos Aires, a una cuadra del Bombal 366 de mis padres, en una linda casa que denominó precisamente “Romancero” Algunas veces lo acompañé caminando a la salida de la escuela.
Faltaba a la clase con alguna frecuencia, al parecer cuando hacía inmersión en su creación lírica. Pero cada clase que daba valía por cuatro. Los alumnos lo seguían atentos y embelesados cuando abarcaba el tratamiento de los escritores españoles y nacionales.
Mucho más intenso aún era el interés por las clases de geografía argentina. Viajero incansable conocía muy bien el país y enseñaba geografía por el paisaje. Se situaba en un determinado lugar y se ocupaba de su historia, de sus árboles, de sus aves y animales, del carácter y costumbres de los pobladores, de las actividades económicas de sus hombres. Hablaba pausadamente. Nosotros no dábamos importancia al latiguillo continuo del ¿no? que usaba en su hablar. Alguna vez cerré los ojos y olí la tierra, los yuyos y las flores del relato. Era una exageración apropiada.
Tal vez su sordera tendía a aislarlo y reconcentrarse más en su pensamiento. Cuando hablaba en clase parecía un profeta con los ojos puestos en la lejanía. Corno estaba obligado a integrar mesas de exámenes se aburría bastante por la dificultad de oír a los expositores y en alguna de esas oportunidades escribió un epitafio que decía más o menos:
Yace aquí Alfredo Bufano
bajo esta planta de hiedra,
en los exámenes fue
el convidado de piedra.
Bufano, en su docencia, contribuyó a formar discípulos en la disciplina de la poesía.
Así fueron poetas Juan Solano Luís[1], Juan Francisco Vittone, Nélida Salvador, Iverna Codina, y Luís Ricardo Casnati, a mi juicio este último su mejor alumno que ha emulado a Bufano en la poesía y ha adquirido contornos continentales en la prosa, a través de los extraordinarios libros que produce con regularidad.
Muchas veces me he acercado a su tumba en la Villa 25 de Mayo a rendir mi admiración a un grande del idioma que supo cantar en el más puro castellano y con profundo amor al paisaje y las cosas de Mendoza.
| Contratapa: Ernesto Arturo Ueltschi, hijo de Oscar Rodolfo y de Marta Isabel Hübbe, nació en San Rafael, Mendoza, el 1º de abril de 1922. Maestro Normal Nacional (1939), Bachiller (1940) y Abogado (1944). Militó en la Unión Cívica Radical, siendo Diputado Provincial (1946), Secretario General del MIR (1956), Diputado Nacional Constituyente (1957) Y Gobernador de Mendoza por la Unión Cívica Radical Intransigente (1958-1961).Ejerció la abogacía, fue profesor universitario, dirigente de empresas y consultor. Casado con Zulema Inés Lasa, tiene tres hijos y seis nietos. Reside en ciudad de Buenos Aires, donde actualmente es Secretario General de la fundación [no hay mención de nombre] |
Fuente: Ernesto A. Ueltschi, Remontando el olvido: Vivencias de un mendocino memorioso, Municipalidad de San Rafael, 2004.
[1]Mi madre sentía gran cariño por Juan Solano porque había sido alumno suyo en la primaria en la Escuela Manuel A. Sáez donde obtuvo el primer premio provincial en los concursos de composición para los alumnos de 60 grado. [Nota en el original]
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