Última Actualización octubre 18th, 2022 8:09 AM
Abr 02, 2016 Eduardo Paganini El baúl Comentarios desactivados en Una opinión sobre la ética empresarial… que no ha perdido vigencia
Hace casi 20 años el autor de esta nota, Jorge Orduna, efectuaba con tono creativo y cierto coloquialismo un señalamiento crítico hacia nuestra deteriorada escala de valores morales, en este caso apuntando hacia el ámbito empresarial. Lo patético del caso es que —además del valor testimonial, como cualquier artículo de EL BAÚL— en el presente subyace una vitalidad y una actualidad de la problemática que nos despierta el desasosiego.
Sería muy lindo. Sería muy lindo que las mafias fueran grupos de personas enquistados en una institución. Con un jefe, un capo de cicatriz. Tipos malos, corrompidos, que imaginan y luego llevan a la práctica algún mecanismo ilegal, un chantaje, un engaño para apropiarse ilegalmente del dinero del contribuyente.
Y es que, si así fuese, bastaría con inspeccionar las instituciones; pronto se encontraría la falta, digamos sub o sobrefacturación, y a través de ella los culpables.
Se los extirpa y ¡ya!: Argentina libre de corrupción.
Pero no. No es así. El problema más grave de la de la corrupción en la Argentina lo constituyen las mafias institucionales, la institucionalización de las mafias o si se prefiere, la mafialización de las instituciones.
No es fácil producir un engendro de este tipo y lograr que carcoma un país. Son necesarias una historia y un sustrato cultural determinados.
La Argentina logró reunir esas condiciones. Justamente cansados de valores y jerarquías que la Revolución Francesa no logró desanquilosar, los inmigrantes aprovecharon el cambio de suelo para abolirlos. Pero traían siglos de humillaciones y desprecio en Europa y no pudieron detenerse, pasaron al otro extremo. Nadie vale más que yo; y todo vale con tal de juntar plata. Es cierto que el sector dirigente no hizo nada con su ejemplo para educar al país con otra cultura: casi ninguno obtuvo su situación social y económica como reconocido resultado de la propia valía. Las grandes fortunas industriales se formaron solo cuando se obtuvo al Estado como cliente, las grandes estancias se obtuvieron y conservaron por medio de cualidades muy distintas de la laboriosidad, la tecnificación o el amor al campo. Y como esto es cierto y lo ha seguido siendo durante un siglo, vaya usted ahora a hacer entender a su vecino, el dueño del carrito, que no toda situación económica o social mejor que la suya es resultado de algún (neologismo argentino): curro. Vaya usted a explicarle al Kiko que no debe tutear de entrada al juez o al físico nuclear, porque estas profesiones les significaron esfuerzo y sacrificio cargándolos más de responsabilidades que dinero. Hágale entender ahora que hay quienes luchan por mejorar, por educar a sus hijos, por poseer principios… y quienes hacen todo lo contrario. Explíquele hoy que los seres humanos son iguales pero no son iguales en todo y para todo y, por lo tanto, deben respetarse. En verdad la educación que hemos recibido del sector dominante como ejemplo de la manera de progresar en la vida no es lo más apto para lograr que nos tratemos como ¡citoyens![i].
Ya teníamos pues una cierta inclinación a tomar todo a la ligera, a no creer en nada y, sobre todo, a considerar que nadie es merecedor de nuestro sincero respeto. Todo fue mal leído. Cambalache. La Biblia junto al calefón fue una crítica amarga, no una cómoda aceptación del mundo como inmodificable. “Hacete amigo del juez…”[ii] fue un verso irónico, no un consejo. Culturalmente estábamos mal parados. Y llegó el posmodernismo poniendo de moda la manera de ser “light”, liviano, ligero, superficial… ¡justo lo que nos faltaba! Y luego Mauro Viale, la versión televisiva de la vidriera de cambalache. Y completó el cuadro el auge del libre mercado y la libre competencia… ¡truchos! jamás hubo en la Argentina ni un mercado ni una competencia remotamente libres. El monopolio, puerto de llegada de un sistema mercantil, fue aquí puerto de partida. El trasfondo cultural ya existía. Porque la mafia institucional no se crea a propósito, ex profeso, sino que surge como tendencia propia de un trasfondo general. Nadie la impone: las cosas están dadas de tal forma que tienen que conducir a la corrupción institucional.
El elemento básico no es la gran corrupción, las grandes tajadas. El elemento básico son las pequeñas. Todo comienza cuando El Portero, que no está autorizado reglamentariamente a recibir propinas, las recibe. Porque lo ven desde la Mesa de Entradas, a él, que es el único que podría denunciarlos y que con su falta perdió toda autoridad para hacerlo. No habiendo quién los pueda denunciar y existiendo ese ejemplo de alguien que se beneficia más allá de lo debido (¡5O centavos!), los de Mesa de Entradas comienzan a no respetar el orden de llegada del público y privilegian a parientes y amigos. En las oficinas del Primer Piso terminan por enterarse, y si en Mesa de Entradas privilegian a los amigos, “ché, haceme la gauchada: fichame mañana la tarjeta, así yo voy con el auto de la repartición a llevar unos paquetes a lo de mi suegra”. Esta oficina es la de los Ingenieros que controlan los proyectos de las oficinas del segundo piso. Y en este segundo piso llega un día en que se enteran de que en el primero fichan las tarjetas sin concurrir a trabajar y usan los vehículos de la repartición para usufructo personal, por eso, porque andan en la trampa, no se atreverán a levantar la voz ante este proyecto en que damos las obras de refacción del edificio, a la empresa a del sobrino de tu cuñado, el cual, agradecido, mandará después unos albañiles para que podamos hacer unos arreglitos en nuestras casas.
—Después de todo, che, de entre todas esas empresas de las que no se puede realmente saber el estado financiero —porque los balances son todos truchos—, más vale elegir la de alguien conocido que no nos va a dejar mal parados. Después de todo, los de Mesa de entradas también benefician a parientes y amigos, y los del Primer Piso, ¿por qué se entrefichan las tarjetas? ¿acaso no lo hacen porque son amigos? En cuanto a recibir un pequeño regalito por el otorgamiento de los trabajos, ¡si hasta el portero recibe propinas en flagrante violación del reglamento interno!
La pequeña corrupción de los inferiores autoriza la mayor en los superiores, así como la secretaria del Director General aceptó sin ningún prurito una invitación oficial para visitar Suiza con su familia, una invitación de índole puramente cultural. Fueron quince días maravillosos. A partir de entonces, el acceso de los empleados de la embajada Suiza a la oficina del Director General se vio sumamente agilizado. Es natural, es lógico, normal…
Los de la embajada de Suecia, en cambio, miraban con envidia cómo los suizos entraban sin anunciarse en la oficina y se comportaban allí con desenfado después de dar un beso en la mejilla de la secretaria. Ella, por su parte, sentía que había hecho bien en aprovechar esa oferta. Con lo elevado del costo de vida y lo magro de los salarios, unas pequeñas vacaciones son un respiro. En cuanto a la ética profesional, moralidad y otras pamplinas, ¡que me vengan a decir algo! ¡como si yo no supiera lo que pasa en este edificio!
Y así fue como el propio Director General decidió que, en la licitación internacional para la compra de aparatos de medición, los suizos parecían ofrecer los productos más apropiados para las necesidades argentinas. Quedó convencido del todo cuando, por invitación de las empresas fabricantes, visitó sus instalaciones en Ginebra, viaje que tuvo que repetir para dar los últimos toques al contrato.
Los suecos quedaron resentidos. Rencorosos, dicen que Argentina terminó comprando aparatos de medición que no son los apropiados para las necesidades y condiciones del país, y al doble del precio. Mala gente estos suecos, mala lengua. Han llegado a decir que el primero que insistió en dejar propina al portero era un suizo.
Fuente: Jorge Orduna, La mafia institucional y los porteros en Revista Zama, Mendoza, año I Nº 1, septiembre de 1998. Dirección: Emilio Vera Da Souza
Referencias:
[i] ‘Ciudadano’ en francés.
[ii] Obvia referencia a los consejos del viejo Viscacha en Martin Fierro de José Hernández.
Jul 29, 2018 Comentarios desactivados en «Primer verso», de Eva Zamporlini
Jul 09, 2017 Comentarios desactivados en Una mirada sobre la literatura regional cuyana (I)
Oct 02, 2022 Comentarios desactivados en ¿Cómo les fue a las principales empresas argentina en los últimos años? Ventas, rentabilidad y costos laborales
Acerca de Últimas entradas Eduardo PaganiniBaulero Últimas entradas de Eduardo Paganini (ver todo) Una mirada sobre la literatura regional cuyana (I) - julio 9, 2017 Para mersas y gente bien: chau Landrú - julio 9, 2017 Aimé Painé, portavoz de los pueblos originarios II - julio 2, 2017 El...
Sep 02, 2022 Comentarios desactivados en Informe fiscal: análisis de los ingresos, gastos y resultados del Sector Público Nacional – Datos a julio de 2022
Jul 27, 2022 Comentarios desactivados en Informe fiscal de junio 2022: menores gastos en subsidios y mayores en obra pública
Jul 26, 2022 Comentarios desactivados en ¿Qué pasó con el cuerpo de Evita?
Acerca de Últimas entradas Eduardo PaganiniBaulero Últimas entradas de Eduardo Paganini (ver todo) Una mirada sobre la literatura regional cuyana (I) - julio 9, 2017 Para mersas y gente bien: chau Landrú - julio 9, 2017 Aimé Painé, portavoz de los pueblos originarios II - julio 2, 2017 por...