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Oct 25, 2015 Eduardo Paganini El Baúl Nacional Comentarios desactivados en Tato Pavlovsky y el psicodrama II
Fuente: Revista Lo Grupal Nº 6 Editorial: Búsquedas
Psicodrama analítico. Su historia. Reflexiones sobre los movimientos francés y argentino
Autor: Eduardo Pavlovsky
Lugar: Buenos Aires
Fecha: mayo de 1988
Michele Basquin, Dubuisson, Testemale y Monod realizaban la formación a través de grupos de psicodrama analítico: “En la actualidad, prácticamente no constituimos grupos de psicodrama con objetivos terapéuticos sino sólo con el objetivo formativo”.
Establecen tres categorías de reclutamiento o convocatoria (médicos, psicólogos, trabajadores sociales).
1) Postulantes que han concluido un análisis personal. En estos casos el training dramático les brinda una buena experiencia de dinámica de grupo y una nueva forma “dramática” de visualizar sus conflictos, modalidad de las defensas y dinámica de la transferencia El psicoanálisis previo no constituye necesariamente una experiencia que facilite el ser un buen psicodramatista. A veces la experiencia psicoanalítica puede constituirse en “coraza caracterológica” en la experiencia dramática grupal. Una vez finalizada la experiencia dramática, de un año de duración, rara vez respondemos a la demanda del sujeto de practicar el psicodrama como psicoterapia: “Consideramos que la etapa indispensable que debe encarar es la coordinación de un grupo o el tratamiento de pacientes con un copsicodramatista experimentado”.
2) La segunda categoría es la de los postulantes que están en análisis. Les preocupa, en estos casos, el diagnóstico situacional de ambas terapias, intentando esclarecer cuándo la búsqueda de formación psicodramática se puede constituir en un acting out frente al análisis personal.
3) La mayor parte de las demandas provienen de sujetos que no tienen experiencia previa en análisis. A veces el pedido oculta una demanda terapéutica, otras veces el psicodrama aparece como una etapa necesaria para un psicoanálisis personal y pocas veces como un training específico.
Widlocher, citando conceptos de Lebovici, afirma que la práctica del psicodrama no basta para la formación de un psicodramatista. Sugiere que la práctica en psicodrama es, además, una de las mejores vías de aproximación para los que quieren formarse en psicopatología dinámica del niño y dinámica de grupos.
En relación a las tareas del futuro psicodramatista sugiere que si la tarea psicodramática va a encarar un proyecto estrictamente clínico-terapéutico (tratamientos psicodramáticos de neurosis o psicosis) necesitará imprescindiblemente comprender los mecanismos inconscientes y las relaciones de transferencia y contratransferencia y para este último caso entonces sugiere el análisis personal del psicodramatista.
Se refiere también al número de psicodramatistas auxiliares, limitando su número, los cuales actúan como terapeutas auxiliares al lado de una pareja de terapeutas principales. Cuando el número de auxiliares es excesivo hay que proceder a la división en dos grupos: uno permanente de psicodramatistas auxiliares y otro de “espectadores”. Este último no debe exceder de ocho o diez, como cifra tope[1].
Se supone que estos “espectadores” pasarán, poco a poco, a un grado cada vez más complejo de actividad.
La mayoría de los psicodramatistas analíticos franceses refieren su experiencia clínica al tratamiento de niños y adolescentes en tratamientos individuales o grupales. Casi toda la experiencia es referida a estas edades (Lebovici, Anzieu, Widiocher, etc.) y los grupos de adultos son siempre de formación, para aquellos interesados en el psicodrama. Los conducen como grupos de psicodrama analítico terapéutico de tiempo limitado.
Pueden existir sesiones breves de psicodrama en experiencia de fin de semana (Kaes, Anzieu), pero no grupos regulares.
Concretamente, no hay grupos terapéuticos para adultos. No existe en Francia el paciente común que es derivado a grupos terapéuticos de acuerdo a su psicopatología. Los pacientes de los grupos de psicodrama analítico son siempre técnicos que acuden con la demanda de formarse en psicodrama. El psicodrama es didáctico siempre.
Nuestro camino ha sido casi inverso. Todos nosotros comenzamos trabajando en grupos de psicodrama de niños en instituciones para luego dedicarnos casi exclusivamente a terapias grupales de adultos.
En 1982, en Rio de Janeiro, me preguntó Mendel cuántos grupos terapéuticos tenía yo y le respondí doce. No me creyó. Sería impensable esto en Francia[2].
Con dos grupos terapéuticos ellos escriben cuatro libros teóricos. Un ejemplo de esto lo constituye Safouan (1963), quien escribió un libro sobre psicodrama sin haberlo practicado nunca y que tiene gran prestigio en Francia. Dice Safouan, en relación a la formación en psicodrama: “Si es psicoanalista ya ha realizado análisis de adultos o de niños y si por su temperamento no es reticente al método dramático el psicodramatista podrá prescindir perfectamente de un entrenamiento o de una formación psicodramática especial. Puede de todos modos no serle del todo inútil la formación dramática pero por el contrario ningún entrenamiento para la representación puede reemplazar la condición de ser analista.”
También, digo yo, la condición de analista podría habilitarlo para el violín o la física nuclear. No es así. En mi experiencia he visto entrar en pánico a psicoanalistas no entrenados en psicodrama, en sesiones grupales con niños, corriendo de un lado al otro de la sesión, sin encortrar lugar, O, por el contrario refugiars en un rincón, no paricjpar e invadir la sesión con todo tipo de interpretaciones fuera de lugar y de contexto. “Coraza caracterológica psicoanalítica”. Los niños son los primeros en denunciar esta falta de criterio clínico y de sentido común (falso self).
Si hablamos de psicodrama clínico lo menos que podemos exigirle al que habla es que haya vivido la experiencia psicodramática, de lo contrario teoriza sobre un modelo y no sobre una experiencia clínica.
Una persona tiene diez años de experiencia clínica y escribe un libro sobre su experiencia. Viene otro y escribe otro libro sobre la teoría de la experiencia del primero. Pero, ojo, el que realizó la experiencia es el primero. Pero ocurre que hay dos libros sobre el mismo tema. Un autor hizo clínica. El otro solo leyó un libro sobre una experiencia. En cuanto al encuadre francés, sean grupos de psicodrama analítico de niños y adolescentes o grupos de formación, la dramatización es el casi único recurso de la sesión, O se inventan historias (en los grupos de niños) o se traen escenas de la realidad cotidiana (grupos de adolescentes y de formación).
La sesión comienza generalmente con: “¿Quién tiene una historia para dramatizar o quién quiere dramatizar hoy?”
En ese sentido son morenianos por la estructura de la sesión. La historia nuestra en la clínica psicodramática sufrió una evolución a través del tiempo.
“En un principio (1963) algunos de nosotros alternábamos sesiones de psicoterapia verbal de grupo y sesiones de psicodrama. Es decir, que los integrantes del grupo sabían que de cada tres sesiones de psicoterapia verbal realizaban una sesión de psicodrama. A medida que nuestra experiencia y conocimiento teórico fueron en aumento fuimos incorporando de manera espontánea las técnicas dramáticas en las sesiones verbales, hasta llegar a nuestra técnica actual, donde la «dramatización» y la «verbalización» se integran en una concepción dramática del grupo. La dramatización pasa a ser así un elemento posible de ser introducido en cualquier momento de la sesión grupal. Creemos que esta concepción dramática de la psicoterapia de grupo incluye una modificación de la técnica tradicional […] a veces se percibe que sin utilizar las técnicas dramáticas en alguna sesión de grupo, estábamos incorporando una modalidad dramática en el equipo terapéutico.”[3]
“El psicodrama no representa entonces para nosotros solo un medio auxiliar de la dinámica de grupos, pues logró modificar nuestro enfoque habitual de la psicoterapia grupal. El equipo terapéutico se incluye en las escenas grupales con una actitud más activa y creadora, con la disponibilidad natural para jugar roles sobre la base de los sentimientos contratransferenciales de la pareja coterapéutica.
”A un primer paso estrictamente sensorial, pero comprometidamente vivido y explicitado, le sigue una conceptualización de la dinámica del proceso que nos abarca a todos, pacientes y terapeutas (Escena 2).
”En una nueva vuelta de la espiral dialéctica, psicodrama y psicoanálisis sintetizaron así esta nueva concepción dramática de la psicoterapia de grupo.”
Podríamos decir hoy que la inclusión de las técnicas dramáticas a nuestro arsenal terapéutico nos introdujo en una nueva forma de concebir la psicoterapia. A esto llamaríamos concepción dramática de la psicoterapia.
Reproduzco un comentario de Rodrigué en el prólogo de nuestro libro Psicodrama psicoanalítico en grupos (Ed. Kargieman, Bs. As., 1970; Ed. Fundamentos Madrid, 1980), que es un buen ejemplo de la concepción dramática de la psicoterapia[4]:
“Ponerse en el grupo, en una escena, interpretando dramáticamente (es decir, desde las posbilidades de drama de los roles dados), representa quizás la nueva vuelta a la manija dialéctica. Decimos esto porque la actitud actual de muchos grupoterapeutas de interpretar, a veces, «al grupo» y, a veces, «en el grupo» (es decir, al individuo en el grupo) aunque razonable no representa un adelanto conceptual en la comprensión del fenómeno grupal.
Si se toma la situación dramática como foro terapéutico la distinción entre «al» y «en el» grupo deja de tener sentido: se tiene en cuenta otra cosa, la escena, que no es el individuo y no es el grupo, pero que abarca a todos: terapeuta incluido”
Otro de los aspectos importantes de diferenciación en relación al psicodrama analítico francés y el nuestro, es el problema de la edipización (por utilizar un feliz término de Deleuze) en la dinámica del grupo.
En casi todos los escritos sobre psicodrama analítico francés desde Lebovici hasta Lemoine hoy lo edípico parece ser el eje central de la transferencia en la dinámica grupal. Hemos pensado que la experiencia francesa en psicodrama individual con pacientes prepsicóticos borderline o psicóticos hubiera dado un material muy ligado siempre a lo transferencial edípico en función de la importancia del cuerpo de la pareja coterapéutica, como pantalla proyectiva de estos pacientes. En efecto, para estos pacientes tan regresivos, el “cuerpo” de la pareja coterapéutica se constituye en todo su único mundo posible de soporte emocional concreto.
Pero, al mismo tiempo, la constitución del equipo con una pareja heterosexual “como representantes de la pareja parental” también es un intento de anticipar las proyecciones transferenciales edípicas y entonces todo tipo de material es leído en los términos propuestos.
Si busco una pareja coterapéutica heterosexual para que los pacientes revivan en las sesiones la problemática edípica, todo el material lo voy a leer en esos términos (edípicos).
Para nosotros, en psicodrama la lectura del material grupal está no solamente atravesado por la problemática edípica, sino por otro tipo de determinaciones que configuran otro tipo de formaciones imaginarías grupales.
Solamente el trabajo de Anzieu y Kaes sobre un grupo de formación titulado: “El grupo, proyección del inconsciente social: observaciones psicoanalíticas sobre los acontecimientos de mayo de 1968, desedipiza el grupo.” Según Anzieu, el equipo terapéutico parecía “poseído” por una fantasmática social combatida (el autoritarismo) y sugería la relación entre la dinámica del seminario y la evolución de inconsciente social en Francia en 1968[5] y agregaba:
“Tal seminario, por razón de su metodología y del contexto social, había podido constituir una miniaturización de lo que es la circulación fantasmática en los movimientos sociales.”
Daría la impresión que la escuela francesa mientras realiza terapia solo vislumbra lo edípico y en algún grupo de formación sugiere otro tipo de lecturas como esta de Anzieu que parece más ligado a la concepción de transversalidad de Guatari[6]. Ana Fernández y Ana del Cueto, entre nosotros, realizan una pormenorizada descripción de las formaciones imaginarias grupales incluyendo: “a) la red de identificaciones cruzadas (y la red transferencial); b) las ilusiones grupales, los mitos del grupo y la institución (como disparador del imaginario grupal)”. Estas formaciones grupales, en permanente atravesamiento, darán a cada grupo su perfil, su identidad, único y exclusivo, de este grupo. En un trabajo titulado “Lo fantasmático social, lo imaginario grupal”[7] yo revelaba la formación inconsciente del “sospechoso” en las sesiones de terapia grupal durante la dictadura.
Dice Lebovici: “La complejidad de los factores que intervienen en la terapia psicodramática se pueden resumir en juegos, fenómenos transferenciales y dinámica del grupo”.
En cuanto a la transferencia:
Lebovici distingue tres tipos de manifestaciones transferenciales:
1) En el psicodrama individual. Se trabaja con director de escena y/o auxiliares, que son los que dramatizan;
2) Transferencia en los tratamientos psicodramáticos de grupo. Distingue las transferencias entre los pacientes del grupo y las dirigidas al equipo terapéutico.
En un trabajo titulado “La dinámica del diagnóstico en la psicoterapia grupal del adolescente. Las técnicas dramáticas y su aporte”[8] señalábamos con Luis Frydlewsky la evolución y destino de las transferencias múltiples (transferencias con los compañeros de grupo) y transferencia con la pareja coterapéutica como diagnóstico y pronóstico de los adolescentes. Decíamos que la plasticidad de transferir a los compañeros del grupo diferentes tipos de vínculos transferenciales durante el proceso terapéutico es un elemento de diagnóstico y pronóstico favorable importante (transferencias móviles) en oposición a otro tipo de vínculos rígidos transferenciales donde no existe modificación durante el proceso terapéutico (transferencias rígidas).
Anzieu dice que la relación transferencial en psicodrama analítico (de grupo de niños) presenta particularidades que surgen de la multiplicidad de los psicodramatistas y los niños. El despliegue de la transferencia se transforma de temporal en más espacial.
Sugiere que la presencia de psicodramatistas de los dos sexos “evoca” la pareja parental y los temas traídos por los niños a sesión muchas veces reproducen simbólicamente la vida familiar, así como también funcionan como proyección de objetos parciales sobre cada terapeuta (bueno-malo, viejo-joven, etc.).
“La transferencia es indiscutible y toma formas particulares, pero no es el recurso central de la psicoterapia dramática; otros fenómenos, como la asunción de roles, la catarsis, tienen igual importancia.”
Nosotros sugeríamos en nuestros comienzos de psicodrama de niños (1962) que en todos los grupos de psicodrama la presencia de un líder transferencial (que no es siempre el director) reabsorbe la mayor cantidad de afectos (cariñosos u hostiles) y en quien se canalizarán las fuerzas emocionales del grupo. Es importante observar que los demás terapeutas, sean uno o varios, configuran siempre la pareja del líder, es decir que el equipo terapéutico siempre es sentido como una pareja, independiente del número de terapeutas que lo integran.
Arensburg propone, para detectar una fantasía básica común del grupo, que se refiere al aquí y ahora de la situación grupal, dos preguntas a formularse: a) ¿qué roles intentan llevarnos a representar?; b) ¿qué clase de relaciones intentan establecer inconscientemente entre ellos y nosotros?
Recordemos que a Moreno el hecho de que los terapeutas se presenten personalmente, en su misma realidad, corporalmente y actuando frente a los pacientes, le sugiere un nuevo tipo de relación entre el terapeuta y el paciente. Dice Moreno que el desarrollo de visiones proyectadas sobre la persona del terapeuta es sustituido por un nuevo proceso en el que predominan los sentimientos actuales y reales que el paciente experimenta con respecto al hombre o mujer que tiene ante sí.
Este proceso Moreno lo define como tele; se trata de un sentimiento recíproco de una relación de doble sentido entre el dramatista y el paciente y su idea es que esta “específica relación” actual entre dos personas reales constituye el fundamento de la relación terapéutica en el psicodrama.
Yo creo que este tipo de vínculo existe siempre, lo cual no impide que ciertas características personales de un terapeuta faciliten determinado tipo de proyecciones transferenciales y no otras.
Las características de la personalidad del terapeuta en terapia de niños fue tratada en un artículo que se titula: “Algunas consideraciones sobre la personalidad del terapeuta” (1966), donde se abordaba el tema del “efecto” sobre determinadas estructuras de personalidad de los terapeutas en los grupos de niños con psicodrama, donde dábamos ejemplos de las dificultades que habíamos observado en estructuras melancólicas y obsesivas en relación al tema de las falsas reparaciones y del orden, en las sesiones[9].
Creo que la coincidencia de Moreno y la nuestra en ese sentido es que pensamos que la pantalla proyectiva neutral del terapeuta no existe en el psicodrama. Existen determinadas personalidades de psicodramatistas que se recortan en siluetas fácilmente identificables a través del proceso terapéutico y es sobre esas características personales donde se proyectan determinadas imagos.
Estas primeras impresiones nos llevaron después a pensar en la existencia de las Escena 1 y Escena 2.
Escena 1, terapeuta como pantalla de las proyecciones de los pacientes; Escena 2, abarca al terapeuta incluido como persona total en la escena (personalidad, ideología, contexto sociopolítico actual, etc.).
“Plataforma” y “Documento” fueron escisiones por conflictos en la Escena 2 de los psicoanalistas. El “Manifiesto del Grupo Experimental Psicodramático Latinoamericano”, leído por Moccio, Martínez Y Dinello en el VI Congreso Internacional de Psicodrama, en Ámsterdam, en 1971 (anterior a la escisión de la A.P.A.) fue otro ejemplo de Escena 2 de los terapeutas.
Para Widlocher, la presencia de varios terapeutas en el equipo psicodramático y la multiplicidad de los niños atenúa y diluye el efecto de la transferencia. Los efectos propios de la dinámica del grupo sustituyen en parte los efectos de la transferencia. En el grupo, las relaciones entre los participantes además, no dependen solo de sus experiencias pasadas, sino también del lugar que ocupan en el grupo (rol asumido) y “estos fenómenos no solamente vienen a disimular los efectos de la transferencia, sino también a sustituirlos parcialmente.”
Anzieu describe tres modalidades de contratransferencia en psicodrama analítico:
Respecto al tema de la intertransferencia nosotros decíamos en nuestros primeros trabajos con psicodrama en niños (1962) : “También deben ser explicitadas las tensiones existentes entre los miembros del equipo terapéutico. Las situaciones de rivalidad entre los miembros del equipo deben ser analizadas, ya que a veces los conflictos dentro del equipo terapéutico corresponden a conflictos que se producen entre los pacientes del grupo y que no han sido suficientemente analizados (de la contraidentificación proyectiva a la contratransferencia)”.
Debemos decir al respecto que es importante una tele positiva para trabajar en coterapia. Al respecto decíamos con Abadi en “Una experiencia de psicoterapia grupal, la coterapia” (1966) (Clínica grupal 1, Ediciones Búsqueda): “Pensamos que detrás de toda psicoterapia está la ecuación personal del psicoterapeuta y que el ingrediente esencial de esa ecuación (más allá de teoría y técnica) está dado por lo que llamaremos con un término quizás gastado por el abuso, ideología. Vale decir, la concepción que ambos terapeutas tienen acerca del ser humano, de la salud mental y del destino de la convivencia.”
Nota: La primera parte de este texto puede consultarse en la edición anterior de La Quinta Pata
Referencias:
[1] Lebovici trabajaba con 10 ó 12 “espectadores” que sólo observaban la sesión sin intervenir, luego paulatinamente los hacía intervenir en las sesiones de psicodrama como auxiliares.
[2] Gerard Mendel. Creador del sociopsicoanálisis institucional en Francia.
[3] Psicodrama, cuándo y por qué dramatizar, Martínez-Moccio-Pavlovsky, Editorial Proteo, 1971, Fundamentos, 1980 (Madrid) y Ediciones Búsqueda, Buenos Aires, 1984.
[4] E. Rodrigué fue uno de los iniciadores del movimiento de la psicoterapia grupal en la Argentina allá por 1960.
[5] El grupo y el inconsciente, D. Anzieu, Madrid, 1978.
[6] “El dispositivo grupal”, Lo grupal 2, A. Fernández-A, del Cueto, Ediciones Búsqueda, Buenos Aires, 1985.
[7] Lo grupal 1, Lo fantasmático social y lo imaginario grupal, E. Pavlovsky, Ediciones Búsqueda, 1982.
[8] Clínica grupal 2, L. Frydlewsky-E. Pavlovsky, Ediciones Búsqueda, Buenos Aires, 1980.
[9] Psicoterapia de grupo de niños y adolescentes, cap. IV, E. Pavlovsky, CEAL, Buenos Aires, 1968; Fundamentos, Madrid, 1980 ) y Ediciones Búsqueda, Buenos Aires, 1987.
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